fbpx Tratando de agarrar algo que ya no está desde hace tiempo | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Fractura //// 30.05.2020
Tratando de agarrar algo que ya no está desde hace tiempo

Mansalva presenta el séptimo libro de Enrique Campos, donde intenta llevar una mirada instrospectiva hacia una escritura sencilla, íntima, muy cercana a la canción. 

Foto: María Campos

Por Norman Petrich

Apareció el séptimo libro de Enrique Campos, Todos menos el mismo, editado por Mansalva, y parece marcar un pequeño quiebre con respecto a los anteriores. La escritura se muestra más sencilla, menos barroca, más enfocada en la mirada observadora, pero vivencial.

Ya en los primeros versos, la voz poética, nos habla de la incapacidad de reconocerse si no es como reflejo de quien lo necesita: la nube, el pájaro, el viento. En un decir chiquito, nos invita a un paisaje introspectivo, a buscar algo en el recuerdo, donde “las manos se estiran tratando de agarrar algo/ que ya no está desde hace tiempo”, donde se extraña “aquella libertad de alzar el vuelo/ sin tener que arrastrarme por el piso”.

Tienen algo de canción, estos poemas sin titular. Narran pequeñas historias que se unen en un hilo conductor de la cotidianeidad, en “la singularidad del ahora, del yo”: “No hay mañana ni ayer;/ tan sólo un recuerdo que se borra con la lluvia”.

El miedo, el dolor, la indiferencia son latitudes que se cruzan en la posibilidad de perderse, en la posibilidad de que “los mensajes” formen “oraciones incomprensibles”, que la palabra tan necesaria se transforme en trampa. Pero ahí está, aunque las luces comiencen a apagarse y sea el silencio el que hable, el yo creador, ese que es capaz de hacer surgir “peces que prometieron/ un amanecer durante la tarde”.

El nombre no dicho como resumen de la búsqueda del ojo, que cuando lo aprende se resigna a recordarlo en medio de tanto ruido, a acrecentar la lejanía. La noche como pesadilla y la mañana como tranquilos anuncios de demolición.

Dice Washington Cucurto en la contratapa: Poesía en movimiento. Poesía del ser interior en constante desliz. Y en esa forma de decir en tono menor, con ligereza y plasticidad, sin perder ni por un ápice la simpleza; en esta manera de epigrafiar el alma de las cosas, es donde este libro se vuelve fundamental. Ahí está el gran compromiso y la aventura que, como estética y práctica poética, nos ofrece Enrique Campos. La incertidumbre que antecede/ al primer rayo de sol, dice en un verso notable el poeta. Y ahí podría ubicarse el quid de la cuestión: caminar en la oscuridad, la incertidumbre como una luz, la supremacía de la emoción y la maravilla del mundo que nos rodea como claves de este libro.

 

 

El dolor fue tan hondo como cuando se cerró

la puerta oscura de la tormenta.

 

No volví a dormir como antes

ni a despertarme de la misma forma.

 

Todo se tiñó de vacío, de ausencia,

y hasta las emociones no fueron

más que una distracción.

 

 

***

 

El miedo siempre presente

en la arena de una tarde.

 

Miedo al mar, al viento, a los pájaros blancos

que vuelan en círculo.

 

Miedo a perder, a perderme

y que me encuentren demasiado tarde,

a que se haga de noche y quedar atrapado

en el olvido ciego de la ausencia.