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Fractura //// 25.07.2021
Oíd lo que se oye

La descomunal obra de Lamborghini recorre toda la historia reciente del país y propone una reflexión sobre el lenguaje.

Por Matías Farías

En 1975, Leónidas Lamborghini publica (en una edición a su cargo) El riseñor. Casi a modo de subtítulo, puede leerse en la tapa del libro una frase que resume su programa poético y político: “asumir la distorsión, asimilarla y devolverla multiplicadamente”. Uno de los poemas que integra El riseñor, “Oíd lo que se oye” (que a continuación trascribimos) condensa en gran medida una serie de apuestas y procedimientos poéticos que definen su estilo: la reescritura de un texto clásico (la letra del Himno Nacional), el canto como campo de inscripción y disputa entre lo singular y lo colectivo, el “tronche”, esto es, el entrecortamiento de las palabras, como forma de poner en cuestión ese principio de orden que llamamos “sintaxis”, la ausencia de mayúsculas para sostener un ritmo no enfático pero también como protesta ante las jerarquías y, fundamentalmente, el poder de la elipsis para nombrar sin nombrar y disponer al lector a un ejercicio que encomendaba el género gauchesco: la escucha, es decir, la disposición a “oír lo que se oye” (y, como se dijo antes, asumirlo, asimilarlo y devolverlo multiplicadamente). De este modo, luego de la lectura del poema, la reconstrucción del Himno que el lector acostumbró a cantar desde su infancia resulta ya prácticamente imposible; es que, como en la Argentina de 1975, lo que el poema oye no es la identidad, sino la identidad que se rompe. Y se abre.

Oíd lo que se oye

lo mortal
lo que se oye.
—oíd: el ruido de lo roto en el trono de la identidad
en
lo dignísimo.
—oímos
respondemos: el ruido de lo sagrado de lo unido en
lo dignísimo de
la identidad que se rompe.
oímos lo abierto a lo mortal. la salud rota en
lo mortal: el grito.
—oíd lo roto. lo mortal en libertad. la libertad de lo mortal.
oíd: la libertad de lo roto. el grito.
el trono. el ruido de lo mortal en el trono de lo sagrado
del trono de la identidad.
el ruido de lo roto: la identidad. el trono.
—respondemos: oímos en el ruido el ruido. oímos en el ruido el
ruido. lo sagrado roto o
lo que se une. la identidad en el trono de lo dignísimo o
lo que se rompe en lo unido que se rompe y
abre.
las cadenas rotas de la identidad que se rompe y une. oímos
en lo mortal lo mortal que oímos. lo que se abre a lo mortal:
el grito.
—oíd lo que se oye
oíd lo que se oye.
—oímos el grito de lo mortal de
lo roto de las cadenas. oímos el ruido de lo mortal
en el trono. oímos en el ruido el ruido de lo roto de
las cadenas. de la identidad unida que se rompe y
une: —respondemos
respondemos.
—oíd lo que se oye: en el camino su oíd la salud rota
en el trono. en sus cadenas.
las cadenas de la libertad de lo mortal en el trono
en lo que está coronado o de gloria que se rompe o
une.
—oímos en el ruido el ruido. oímos en lo roto lo
roto coronado que
se rompe.
—oíd lo que se oye. —oíd lo que se oye. —oímos lo que se abre: respondemos. lo que está abierto
en el ruido. respondemos respondemos.
oímos en el ruido el ruido. el grito. el trono
de la identidad que se abre a lo mortal. el ruido de
lo mortal. el ruido en
libertad de las cadenas. el trono en la gloria de lo
dignísimo de la identidad de
lo sagrado de la identidad coronado o
que se rompe. o que se abre
en el camino su de. y se rompe o une y se une y rompe.
respondemos respondemos.
—oíd lo que se oye. oíd
lo que se oye.
—oímos la libertad de lo unido o su gloria o lo roto
que se rompe o une, el ruido de la identidad unida que
se abre rota. lo mortal.
oímos en el ruido el grito. el trono en la gloria de
la identidad unida o en lo mortal abierto
a
lo que se rompe. el grito
de la identidad en el trono
de lo unido en su gloria o
que se rompe y une en el grito.
en lo dignísimo de la identidad o
lo roto que
—oíd lo que se oye.
—oíd lo que se oye.
—oímos en el ruido el ruido. oímos
en el ruido el ruido. oímos. respondemos.