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Fractura //// 30.05.2020
Bosquejos de la vida en soledad

Anagramas es la nueva novela de Lorrie Moore, la escritora norteamericana en boga, editada por Eterna Cadencia. La autora de ¿Quién se hará cargo del hospital de ranas? participó en el FILBA 2019 y, en esta ocasión, es traducida por Cecilia Pavón. 

Foto: Eterna Cadencia

Por Milagros Carnevale

 

La definición que aparece en Internet de la palabra “anagrama” es: procedimiento que consiste en crear una palabra a partir de la reordenación de las letras de otra palabra. Con los elementos 1) Benna 2) Gerard 3) Música 4) Aerobics 5) Poesía, la novela Anagramas de Lorrie Moore arma diferentes escenarios que van siendo cada vez más desoladores (y brillantes). La Benna Carpenter femme fatale que canta en bares y rechaza el tierno amor de su vecino Gerard, deviene en una Benna Carpenter profesora triste que se choca con las paredes de su casa y mata hormigas, mientras busca a alguien para compartir la vida. Tiene muchas, como los gatos. Todas las Bennas Carpenter hacen divertidos anagramas esperando a Gerard en Hank’s para tomar el desayuno, anotándolos en una servilleta, o mientras toma café con su amiga Eleanor. Se nota todo el tiempo que es poeta, más que nada cuando les dice a sus alumnos que el Holocausto es culpa de gente como ellos.

Su sinceridad es muy poética. Los acontecimientos de la vida de Benna Carpenter, aunque son descaradamente triviales, son mágicos, porque no hay rastros de causalidad. Es como abrir un paquete de fideos, que salga un elefante y que eso esté perfectamente bien (casualidad podría ser el anagrama de causalidad).

Anagramas puede leerse como un rejunte de borradores posibles. ¿Por qué elegir uno solo? La voz de la protagonista es firme, se mantiene a lo largo de todo el libro y elimina cualquier tipo de confusión que pueda generar la multiplicidad de Bennas Carpenter. En este libro, Lorrie Moore logra que lo patético se alce y parezca glorioso, y que el mundo interno abandone la introspección para aparecer en la superficie de todo lo tocable.

 Este es un libro sumergido en el orden del tacto. Quizás porque se alimenta de lo infantil, y en la infancia todo se descubre tocando. La novela recorre el sinuoso camino de la adultez como si se estuviera abriendo un regalo en la primera navidad, o como si se estuviese jugando con la masa para hacer galletitas.

En medio de esta pandemia, más de uno se habrá deprimido en algún momento: estamos muy solos, odiamos nuestros trabajos, queremos amor y no tenemos, pocas cosas nos salen bien. Los objetos son más importantes. El pensamiento suena más alto porque no está el ruido de la calle. Este un gran momento para leer Anagramas, porque muestra lo difícil que es lidiar con la vida. Sin peros ni sin embargos ni aunques. Sin moraleja esperanzadora. Y quizás, mientras estemos hablando solos, nos responda un amigo imaginario.