fbpx Dossier COVID-19: “Hay que recuperar el arte a la par de la ciencia” | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Coronavirus //// 01.06.2020
Dossier COVID-19: “Hay que recuperar el arte a la par de la ciencia”

AGENCIA PACO URONDO dialogó con el médico Pedro Silberman, director de Talento Humano del Ministerio de Salud de la Nación. Cuáles son los campos que comprende la Dirección, a qué refiere el concepto que la define y cuáles son los desafíos que enfrenta ante la pandemia de coronavirus.

  • Pedro silberman

Por Diego Kenis

La pandemia de COVID-19 sumó un urgente desafío a la nueva gestión nacional de salud pública, que comenzó en diciembre con la recuperación del estatus ministerial que le había arrebatado el gobierno de Mauricio Macri. La administración de ese campo comprende también a los erróneamente llamados “recursos humanos”, para los que cabe una mejor definición: esa tarea compete a la Dirección Nacional de Talento Humano del Ministerio de Salud de la Nación que encabeza Ginés González García.

AGENCIA PACO URONDO conversó con su titular, el médico Pedro Silberman, quien además es docente y decano (ahora en uso de licencia) del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Nacional del Sur (UNS), con sede en Bahía Blanca. Durante la entrevista, Silberman se refirió al escenario actual, las tareas que demanda, el acompañamiento que debe brindarse a quienes se desempeñan en ellas y la necesidad de buscar un nuevo perfil para la profesión médica, donde el afecto constituya el vínculo entre dos sujetos: “uno que sabe de medicina y otro que sabe de su sufrimiento”.

 AGENCIA PACO URONDO: La Dirección de Talento Humano tiene un nombre que puede parecer enigmático o curioso a quien no la conozca. ¿Qué campos comprende y a qué refiere el concepto?

Pedro Silberman: La denominación de Talento Humano tiene una lógica de potenciar aspectos del sujeto que permita una respuesta mejor en este caso para el sistema de salud. Previamente se denominaba “Dirección de Capital Humano”. Lo de “capital”, más allá de su concepción ideológica, o no tanto, plantea una acumulación dada u obtenida con la cual uno debe “administrar”. Cambia la perspectiva, trabajar en promover una capacidad o potencialidad y generar otro producto mejor o administrar una capacidad ya dada. Modifica el objeto de la gestión, lo hace más amplio, pero también desafía y requiere de mayor empeño.

APU: Comenzó la nueva gestión y casi de inmediato llegó la pandemia de coronavirus, un hecho excepcional. ¿Cómo se para un profesional y funcionario ante tal desafío?

PS: Esta pandemia nos expone a una dinámica de la gestión que no da tiempo, uno tiene que hacer con lo que ya trae. En mi caso, la experiencia y la formación adquirida me permiten desarrollar varias iniciativas que se acompañan de un fundamento teórico y también evidencia práctica que permiten ser optimista con los resultados. Naturalmente no siempre sucede cómo uno desea, pero los márgenes de seguridad son mayores. Además, esa experiencia y formación permiten incorporar la nueva evidencia que se va generando en torno a la pandemia de manera más rápida, ponerla en diálogo con lo otro. Eso es otra cosa que resulta importante de contar con formación en este campo: te permite poder asimilar lo nuevo más rápido, más eficientemente.

APU: En este contexto específico, ¿qué tareas desarrolla la Dirección?

PS: La Dirección se responsabiliza de la fuerza de trabajo, tanto en su desarrollo académico-profesional como también de su salud: la salud ocupacional depende del área actualmente a mi cargo. En el caso de la pandemia, tenemos por objetivo la ampliación de la fuerza de trabajo, la distribución democrática del conocimiento, el entrenamiento para su mejor desempeño y que a la par de cuidar la salud del prójimo, también cuide la de los propios trabajadores y trabajadoras.

APU: ¿La pandemia ha permitido detectar falencias preexistentes? ¿Confirmó fortalezas?

PS: Las falencias del sistema de salud son evidentes, faltan profesionales en los lugares alejados de los grandes centros urbanos, faltan especialidades y profesiones  que son más necesarias para la salud de la población pero resultan menos rentables. Estas debilidades son históricas pero se vieron profundizadas durante el gobierno de (el expresidente Mauricio) Macri. Sus políticas de desfinanciamiento de la salud, como el caso del Malbran y la subejecución de programas, la desinversión en Ciencia y Tecnología y la degradación de los Ministerios respectivos como elemento simbólico, pero también presupuestario, muestran lo que a mi entender fue la peor gestión de gobierno desde el advenimiento de la democracia. Este escenario tan hostil, que fue el encontrado al comenzar la gestión, junto con la pandemia, confirmó las fortalezas de tener un Estado presente, verifició la importancia del Ministerio de Salud, ratificó que los mejores cuadros técnicos y políticos salen de las Universidades Públicas y nos permitió saber que formamos parte de un espacio que convence, enorgullece, enamora y, sobre todo, gestiona en el medio de una pandemia, de una forma que es reconocida a nivel mundial.

APU: ¿Cómo caracterizaría al mapa de distribución de profesionales, especialistas y trabajadores y trabajadoras de la salud en el país?

PS: Como anticipaba antes, la distribución geográfica y por especialidades está más relacionada al mercado que a las necesidades de salud de la población. Esa es una deuda, y el gran problema es el enorme poder corporativo de las profesiones liberales. Requiere de cambios micromolares para que en algún momento pueda resolverse, y en esos cambios, la ciencia de la salud es la que menos poder revolucionario tiene, la subversión debe venir de la política, por eso es indispensable que los intelectuales de la salud se comprometan con la política.

APU: ¿Qué proyección trazan de la relación entre el posible curso de la pandemia y la distribución del talento humano disponible?

PS: Creo que no habrá inconvenientes, el tiempo que retrasamos la curva permitió desarrollar estrategias para cubrir las potenciales necesidades que se vendrán.

APU: Antes de ser director en el Ministerio, pasó por el decanato del Departamento de Ciencias de la Salud de la UNS y la presidencia del Foro de Facultades y Escuelas de Medicina. ¿Cómo se trabaja en la preparación académica y humana de estudiantes para algo tan excepcional como la situación que atravesamos?

PS: Se prepara como siempre en términos conceptuales, intentar que entiendan y aprendan que todo proceso de salud-enfermedad se da en un sujeto, en un contexto dado y en un momento histórico, y que esas determinaciones también estructuran el tratamiento y la posibilidad de que viva mejor. En el caso de la pandemia, el contexto y la subjetividad son dos de las dimensiones que marcan y marcarán el desarrollo de la salud de la población y de la práctica médica. Quien no entienda eso, será un mal médico y fundamentalmente un mal ciudadano. Lo cual no quita, ni por asomo, la posibilidad que sea un médico exitoso, lamentablemente.

APU: Al participar en la conferencia de prensa del 9 abril, mencionó que los y las profesionales del sistema de salud no sólo se arriesgan al contagio de coronavirus, sino a situaciones de angustia. Algo que a veces olvidamos, la humanidad del trabajador o trabajadora. ¿Cuáles pueden ser, en esta circunstancia específica, los detonantes de esa angustia? ¿De qué modo se puede contribuir a mitigarla, desde el Estado y desde usuarios y usuarias del servicio?

PS: La angustia y la alienación son dos procesos psíquicos que tienen manifestaciones insospechadas. Pero ambas se dan en un modelo de trabajo o un modelo de atención del cual no hay forma de escaparse de aquellas situaciones. El “sistema” de salud (es mejor llamarlo “campo” como lo hace Hugo Spinelli basándose en Pierre Bourdieu, donde un conjunto de fuerzas traccionan, compiten y se desarrollan de acuerdo a su capital acumulado) está planteado de manera que el trabajador sea objetivizado y a su vez objetivice: de esta manera aquel resultado que permiten la medicina y las  profesiones de salud en general, donde un trabajador del conocimiento vea la devolución de su obra en términos subjetivos, es barrido por los intereses de la organización que le pide resultados objetivos propios de un trabajador manual. Esa pérdida del valor subjetivo, esa recompensa emocional del artista, es modificada a un número de consultas, horas de trabajo, o cantidad de estudios. Ese camino no tiene salida, termina en la pérdida del interés y la desmotivación absoluta. Hay que recuperar el arte a la par de la ciencia, el amor por la profesión, el amor por el otro, lograr un trabajo médico-usuario donde haya un encuentro entre dos sujetos, uno que sabe de medicina y otro que sabe de su sufrimiento.