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Violencia Institucional //// 19.05.2020
El coronavirus mata: la falta de vivienda digna también

"El Estado local falló en su obligación de garantizar el agua, pero además no tuvo respuestas que suplieran la falta de dicho elemento tan esencial. Los camiones cisternas fueron insuficientes, tampoco estuvo garantizada la distribución de alcohol, que hubiera sido una buena medida paliativa." Por Observatorio de Derechos Humanos de la ciudad de Buenos Aires (ODH)

Por Observatorio de Derechos Humanos de la ciudad de Buenos Aires (ODH)

El tratamiento de la pandemia del COVID-19 en las villas por parte del Poder Ejecutivo local a cargo de Horacio Rodríguez Larreta ha sido deficitario, y ha sido operado con desidia y desinterés. El principal problema, el más evidente, ha sido la falta de agua potable. Miles de habitantes, en plena epidemia, se han quedado sin agua, sin la posibilidad de lavarse las manos, sin ese único método para higienizarse y mantener el virus alejado. La responsabilidad es del Gobierno de la Ciudad, que es quien tiene que proveer de servicios básicos a los habitantes de esta Ciudad. Ocurrió en Villa 31. Hoy ocurre en Villa 1-11-14.

El Estado local falló en su obligación de garantizar el agua, pero además no tuvo respuestas que suplieran la falta de dicho elemento tan esencial. Los camiones cisternas fueron insuficientes, tampoco estuvo garantizada la distribución de alcohol, que hubiera sido una buena medida paliativa.

Georgina Banzer, adolescente de Villa 31 bis, nos contó que estuvo algunos días sin agua y afirmó que hubo vecinos que estuvieron casi tres semanas sin agua y la mayoría de ellos están infectados con Covid 19: “Desde el gobierno de la Ciudad jamás nos escucharon”, relató.

Por su parte, el aislamiento y la consecuente merma laboral ha generado un parate económico de envergadura que solo pudo ser paliado con la asistencia de comedores comunitarios o por la labor entrañable de referentes barriales. El movimiento en el barrio, por este y otros motivos, ha disminuido pero ha sido constante, sin que el gobierno de la Ciudad lograra un control eficaz del cumplimiento de la cuarentena.

“Es como si no les importara los de la villa porque somos unos “negros” para ellos y les da igual venir a ver si hacen la cuarentena o no”, relató Georgina Banzer.

La prevención falló notablemente en el caso de Villa 31, que es dónde hoy se registran más casos positivos de todos los barrios populares de la Ciudad de Buenos Aires. En manifestaciones vertidas por el Secretario de Integración Social y Urbana Diego Fernández, en la última reunión de la Comisión de vivienda de la Legislatura porteña, indicó como una de las principales medidas preventivas, las campañas de difusión con altoparlantes, y a través de WhatsApp entre sus listas de difusión.

A su tiempo, los referentes barriales reemplazaron con sus pocas herramientas al Estado, y reforzaron sus tareas de asistencia, poniendo en riesgo su propia salud. Este hecho ha dejado como saldo el contagio de diversos referentes barriales, tales como Carlos Ramírez de la Corriente Villera del Barrio San Martín (Villa 31), Daniel Castillo de La Cámpora (Villa 31), o Víctor Giracoy del histórico comedor Estrella de Belén (Villa 31) y Ramona Medina de La Poderosa (Villa 31), quienes han resultado fallecidos recientemente.

El Covid 19 vino de afuera del país, junto a aquellos que pudieron viajar. Está pegando fuerte, y matando, a aquellos que no pudieron hacerlo. Ni podrán. Los habitantes de los barrios vulnerados de Buenos Aires.

Hemos recibido, a su vez, denuncias de trabajadores de cooperativas de limpieza de los barrios vulnerados que prestan un servicio esencial para este momento y que han reclamado no contar con los elementos básicos de higiene y protección para llevar a cabo su tarea en plena pandemia.

Consultado el gobierno de la Ciudad por un pedido de informes de este ODH, el Director General de la Dirección General Fortalecimiento Sociedad Civil del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat, Rodrigo Vieiro Magaz ha indicado genéricamente que “atento la situación excepcional suscitada a causa del COVID19, se está haciendo entrega a los efectores (sociales) de elementos de limpieza e higiene”, sin especificar qué elementos, en qué cantidad y con cuánta regularidad. Los hechos demuestran que esta acción ha resultado claramente insuficiente.

También debemos indicar que hemos recibido denuncias respecto a que en algunos barrios la asistencia social del gobierno no ha llegado a todos o, en algunos casos, los bolsones con comida han sido distribuidos con discrecionalidad por algunos referentes barriales. Esto también debe ser corregido.

Los comedores, en líneas generales, también han sufrido el desdén del gobierno porteño recibiendo tardíamente materiales sanitarios y de manera escasa. En algunos casos, la falta de seguridad sanitaria ha generado cierres preventivos de comedores como el Padre Carlos Mugica de Retiro o el Hormiguita Viajera del Bajo Flores.

En relación a los testeos, el titular de la Secretaria de Integración Social y Urbana declaró que se sigue el protocolo de la autoridad sanitaria y que se testea sólo a quienes tienes dos síntomas, y con sus contactos estrechos el procedimiento es que se auto aíslen durante 14 días. Quienes conocemos los barrios populares, sabemos que ante esta circunstancias, y con un virus tan contagiosos, todos los vecinos y vecinas son contactos estrechos, debido al hacinamiento en el que viven. Por lo cual exigimos la aplicación de un protocolo específico para barrios vulnerados.

Por último, nos han llegado denuncias desde Villa 31, sobre la situación de vulneración de derechos y discriminación a la que se somete a las personas que son testeadas y dan positivo. Por empezar deben en promedio 7 horas hasta que un micro escolar las recoja por el barrio y las lleve a una Unidad Febril, dónde los espera otro par de horas, hasta que son derivadas a un hospital o un hotel de acuerdo a su estado de salud. Comparten micros y lugares a la espera de resultados, todos juntos, sospechosos y positivos, incrementando las posibilidades de contagio. Durante ese tiempo son destratados y le dan sólo un sándwich para comer para todo el día, tal como denunció el referente barrial Daniel Castillo de La Cámpora (Villa 31) en un video que se volvió viral en su barrio.

Todas estas violaciones de derecho apuntadas provocan que haya vecinos y vecinas que no quieran ir a testearse y prefieran atravesar los síntomas en sus hogares, según declaraciones que hemos recibido.

Nos sumamos a lo que nos dijo Georgina Banzer: “A Larreta lo único que le pedimos es que nos traten como a todos. Somos humanos también. No somos bichos raros. ¡Todos somos iguales! No queremos ser discriminados. Queremos que nos traten como a todos”.

La villa, aquella que no tiene garantizada el agua, que siempre es un elemento indispensable para la vida, pero más en estos momentos que atravesamos, es la que sufre. Es el incumplimiento de la norma que ordena la urbanización de las villas, y la provisión digna de todos los servicios básicos, por parte del gobierno de la Ciudad. Desde la Constitución en su artículo 31, hasta decenas de normas que la establecen para cada villa en particular. Sin embargo, otra vez la ausencia y demora del Estado. Digámoslo con toda claridad: La falta de vivienda digna es un crimen.

Con vivienda digna, es decir, con servicios básicos y no hacinamiento, la pandemia no hubiera explotado en las villas. Todo es consecuencia de una estado ausente en el barrio, lo que es imperdonable teniendo en cuenta que vivimos en la ciudad con mayores recursos del país. Exigimos un protocolo especial y la urgente dedicación prioritaria para frenar este virus en las villas de Buenos Aires.