Violencia Institucional //// 07.11.2018
Caso de la policía Céspedes: “Bullrich sabe captar las fibras autoritarias de una sociedad cada vez más atrincherada”

AGENCIA PACO URONDO dialogó con el docente e investigador de la UNQ, Esteban Rodríguez Alzueta, sobre la creciente violencia policial y la reciente difusión del video de la policía de la Ciudad fusilando por la espalda a un ladrón que intentaba escapar desarmado. 

Por Santiago Asorey

El 22 de diciembre de 2016, la policía de la Ciudad Carla Céspedes (24) fusiló por la espalda a Ariel Santos, un joven desarmado que había intentado robar un supermercado e intentaba huir en una moto. La agente policial fue absuelta el viernes pasado en un polémico fallo dividido del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 14. “Se ve cómo están matando a mí hijo por la espalda. Si me decís que era un tiroteo.... Pero acá, no, lo remató desde atrás. Y no estaba armado", sostuvo la madre de Santos, Adriana Rodríguez, en torno al brutal caso de gatillo fácil. En este marco, AGENCIA PACO URONDO dialogó con el docente e investigador de la UNQ, Esteban Rodríguez Alzueta, sobre la creciente violencia policial y el apoyo del Gobierno en su accionar represivo. 

APU Ayer, se difundió un video de un nuevo caso de la doctrina Chocobar. Una mujer policía asesinando a un ladrón por la espalda. Se trata de la agente Carla Céspedes. Una vez más, Bullrich respaldó el fusilamiento. ¿Estamos ante una profundización de la doctrina Chocobar?

Esteban Rodríguez Alzueta: Me parece que el caso de la policía de la Ciudad Carla Céspedes forma parte de la misma pirotecnia verbal de la gestión Bullrich. Un gobierno que le dice a los vecinos alertas lo que éstos quieren escuchar, lo que vienen reclamando a través de la cultura de la queja policial. Bullrich sabe captar las fibras autoritarias de una sociedad cada vez más atrincherada, económicamente insegura y, por añadidura, desorientada. El macrismo intuye que ahí, en el miedo nuestro de cada día, existe la posibilidad de hacer pie. Cuando la economía doméstica se desfonda, los temores, el resentimiento y la indignación vecinal, son un buen plafón para seguir parados, posicionados, enganchados electoralmente hablando.

APU ¿Usted plantea que detrás de la violencia policial está el reclamo vecinal?

ERA: El precio de la seguridad es la libertad. Y los vecinos están dispuestos a resignarla porque su vida se reduce a las zonas de confort. Una vida chata es una vida disimulada con fetiches que hay que estar dispuestos a defender mostrando los dientes y con el dedo en el gatillo para que las cosas no se vengan del todo abajo. 

APU: Además, el Gobierno tomó esa agenda policial….

ERA: Cuando el gobierno celebra el fusilamiento policial y el linchamiento vecinal pone a los barrios en callejones sin salida, la ciudad se convierte en un lugar hostil. Este gobierno está empujando a la sociedad cada vez más a la derecha, llevando a la gente a identificarse con prácticas y sentimientos que ponen a la vida cotidiana en lugares cada vez más violentos. ¿Cómo puede ser que un celular te pueda costar la vida? Y lo digo no solamente porque a veces te pueden matar por un celular, sino sobre todo porque te pueden matar porque lo robaste o intentabas hacerlo. Y no estoy pensando sólo en la letalidad policial, porque el gatillo fácil no es patrimonio de las policías. También los vecinos matan, y los pibes también se engorran. La violencia está escalando hacia los extremos. ¿Cómo puede ser que una infracción o un pequeño accidente de tránsito puedan impulsar al otro conductor a tener ganas de romperte todo? ¿Cómo puede ser que la música a alto volumen, los ladridos de los perros puedan ser un pretexto para que el vecino te amenace con un arma? ¿Cómo puede ser que un policía desenfunde el arma porque alguien dijo que aquel que sale corriendo del negocio se robó uno botella de vodka?

APU: ¿Qué relación existe entre la prevención y la violencia letal?

ERA: La prevención del delito, que tendría que ser una forma de prevención de la violencia, es una manera de ejercerla, de incentivarla, de provocarla. Nunca entendí por qué la policía de proximidad tiene que estar armada. Siempre le digo a mis alumnos, imagínense la siguiente situación: una persona que acaba de robar en la peatonal y sale corriendo es avistado por un policía. ¿Qué hará ese policía? ¿Va a apuntar a un blanco móvil que tiene seguramente como telón de fondo a cientos de personas? Si lo hace corre el riesgo de ser sumariado, procesado, separado de la institución, con todo lo que eso implica, porque tiene serias chances de errar el tiro. Los policías se debaten todos los días entre dejarse llevar por la prepotencia del gobierno o conservar su trabajo. Saben que Chocobar es una propaganda de patas cortas. Saben que no todos recibirán la misma celebración, saben que no todos los jueces están dispuestos a amparar la violencia letal. Saben, entonces, que la protección depende de muchas circunstancias que escapan a la voluntad de cada policía, incluso de cada funcionario. Entonces, no es fácil apretar el gatillo. Además, imaginemos que puede errar el tiro y enchufarselo a una niña que juega en la vereda. De modo que a nadie le conviene que dispare. Ni a la gente que pasaba por ahí, ni al policía, ni a su jefe, ni siquiera al funcionario. Si esto es así, la pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿por qué los armamos a estos policías? ¿Por qué creemos en la capacidad didáctica de la violencia? Un policía armado sólo llevará a la otra persona a armarse también. ¿Por qué puede evitar los robos? Los robos callejeros son al voleo, se llevan a cabo sin demasiada planificación, sin medir los costos y beneficios. Cuando uno entra a un banco privado los guardias no están armados y los clientes se sienten segurísimos. Lo mismo sucede cuando la gente frecuenta las grandes cadenas de hipermercados o electrodomésticos. Ahora bien, ¿para cuidar un kiosco desde la vereda hay que estar armados? Por eso se le dice a la hinchada que un policía sin arma más que un policía es un boy scouts. Esa violencia, la amenaza que supone la violencia, atrae la violencia. Pero bueno, la vecinocracia no piensa, siente. Cuantos más policías haya en la calle, más policías armados hasta los dientes, más violencia habrá. Y el destinatario de esa violencia puede ser cualquiera de nosotros

APU: ¿Se puede bolsonorizar la Argentina?

ERA: La violencia policial no tiene la capacidad de detener la violencia sino que la escala cuando genera bronca, resentimiento, humillación. La violencia cotidiana es la expresión de la incapacidad de política. No es cierto que la guerra sea la continuación de la política por otros medios. La violencia se dispara donde falla la política, y más aún, donde no hay política, donde se licencia la política. Este es un gobierno que desautoriza la política. No necesita diálogos sino de la común indignación. Por eso los consensos que compone son afectivos, producto de las emociones profundas que no contiene ni procesa políticamente, sino que las interpela y aviva precisamente para sortear la político, para desactivar la política, es decir, para legitimar y activar la fuerza más allá del estado de derecho. 

APU: En ese punto se fortalece la doctrina Chocobar…

ERA: La doctrina Chocobar es la decisión del gobierno de vacacionar a las policías, de exceptuarlas a tener que rendir cuentas, de poner a la fuerza más allá de cualquier formalidad. Un paraguas a la violencia policial pero también una manera de poner en entredicho a la democracia. Porque recordemos que la democracia consiste en debatir y decidir entre todos y todas cómo queremos vivir. Y acá, con la pirotecnia verbal se busca descartar el diálogo, extorsionar la palabra. "Hay que actuar urgente", eso es lo que reclama la vecinocracia y uno de los estandartes de este gobierno. La doctrina Chocobar es la expresión de la articulación del punitivismo de abajo con el punitivismo de arriba, una forma de organizar los castigos de manera emotiva y ostentosa, una forma de gestionar la justicia sin pruebas, sin presunción de inocencia, sin derecho a una defensa, una justicia rápida y difamatoria, con castigos para siempre. Dicho todo esto no me parece que lo que sucede en Brasil sea replicable en la Argentina. Brasil nos lleva décadas de violencia, de pobreza, y su racismo no es el nuestro. Tampoco su trama política. Ahora, eso no implica que algunos funcionarios del macrismo no quieran colarse en la estela abierta por Bolsonaro. Al fin y al cabo el punitivismo no es una marca registrada y la represión no sólo es brasilera.