Sociedad //// 14.09.2018
"Empezamos a cocinar porque había que dar respuesta a nuestros chicos”

Así lo aseguró la vicedirectora del CEC Nº 801 (donde trabaja la docente torturada en Moreno), María Fuentes. ”Con mis compañeras y docentes estamos consternadas. Estamos tratando de juntarnos y rearmarnos para ver durante la crisis qué hacemos", agregó. 

Por Daniela Morán

Luego de tres amenazas de protestas y ollas populares, en el Centro de Educación Complementaria Nº 801 de la localidad de Moreno ocurrió lo peor. A la salida de su lugar de trabajo la docente Corina De Bonis fue interceptada por personas que la secuestraron, le pusieron una bolsa en la cabeza y le escribieron en la zona abdominal con un objeto punzante “Ollas No”.  

La vicedirectora del CEC Nº 801, María Fuentes, relato que las docentes venían recibiendo amenazas. Con una frecuencia semanal, esto comenzó cuando desde el CEC comenzaron a hacer ollas para darles de comer a los niños y jóvenes que concurren a estudiar. “Nosotros empezamos a cocinar porque había que dar respuesta a nuestros chicos”, dijo la vice de este espacio escolar de Moreno que, como el resto de las escuelas, no posee gas desde la explosión en la Escuela Nº 49. “Conseguimos unas anafes y lo hacíamos afuera. Parece que eso empezó a molestar”, comentó Fuentes.

A casi un mes y medio de la explosión que se cobró la vida de Rubén y Sandra, la olla instalada frente al CEC Nº 801 comenzó a tomar vida. Padres, vecinos e instituciones locales acompañaron esta iniciativa en el barrio para mejorar la alimentación de los chicos escolarizados. Pero por esa acción, autoridades y docentes comenzaron a recibir  amenazas. “Primero telefónicamente, luego deslizaron notas por la puerta del colegio”, contó la vicedirectora. “También se atrevieron entrar a un patio interno para dejar una nota doblada en el parabrisa de un auto. Y lo de ayer fue lo máximo”, relató.

¿Quién puede hacer algo así? Nadie lo entiende, tampoco María Fuentes: “Quien hace esto no reconoce el trabajo que tienen los comedores escolares. Nosotros lo que hacemos es complementario, no somos un comedor, ni un merendero”, explicó. La causa de las amenazas y la tortura que recibió la docente se están investigando. Desde el espacio escolar se hicieron todas las denuncias pertinentes, en comisaría y ahora es la UFI Nº 7 de Moreno, quien tiene el encargo de hallar las respuestas.

Según la vicedirectora, “a partir de la primera amenaza nos habíamos puesto en contacto el Concejo Escolar, y con el jefe distrital Luis Villarreal con quienes llegamos al acuerdo de que retirábamos las ollas en la medida que nos complementaran el alimento que estaban entregando”. Una flautita de pan, dos fetas de jamón y queso, una fruta y tres galletitas fue lo que recibieron para darle de comer a los estudiantes todos los días. “Le dijimos que eso era un desayuno”, apuntó Fuentes.

Llegado el acuerdo y con un poco de temor, el jueves pasado suspendimos las ollas. Los vecinos y padres decidieron continuarlas en una plaza y en una casa particular.

Sobre Corina, la vicedirectora del CEC 801 informó que “esta físicamente bien, y  psicológicamente está contenida, sedada y tranquila en su domicilio. Está  tratando de entender qué le pasó”.  Además de Corina toda la comunidad educativa de Moreno está tratando de entender. ”Con mis compañeras y docentes estamos consternadas. Estamos tratando de juntarnos y rearmarnos para ver durante la crisis qué hacemos. Vamos a intentar salir de la crisis transformados y seguir porque la escuela es nuestro espacio y desde acá no nos van a mover, proponga quién se lo proponga”, describió. 

“Moreno está muy golpeado”, expresó María Fuentes. ”Había un término que se nos incorporó últimamente a nuestro léxico y es: estamos explotados”, expresó conmovida la vicedirectora. "Queremos estar en la escuela y queremos dar clase. Queremos que la escuela sea segura”, dijo intentando derribar la cantidad de frases que se dicen en contra de los docentes y establecimientos públicos. Desde ese lugar agregó: “No quiero tener miedo de que se caiga el techo o explote algo”.

Al mismo tiempo que sus compañeros cortaban el Accedo Oeste en repudio a lo sucedido, y marchaban llegando de a cientos a Plaza Carlos Fuentealba, Fuentes concluyó: “Queremos estar, y queremos que nuestros pibes estén adentro, seguros. No podemos más, pero seguimos”.