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Sindicales //// 15.06.2011
Mendoza: La rebelión de los periodistas

Mendoza (Agencia Paco Urondo, por Eva Guevara, publicado en Revista 23) La profesión periodística está empezando a reaccionar frente al acuciante problema de la precariedad laboral. Horizonte y límites de una rebelión histórica que declaró el estado de alerta y apuesta a torcer la relación gremio-patronal.

El periodista Ryszard Kapuscinski decía que eran cinco los sentidos de los que debía estar dotado el periodista: estar, ver, oír, compartir, y pensar. Esta enumeración no estaría completa sin otra potestad a cuenta de su conciencia como trabajador y no simple peón al servicio de los empresarios periodísticos. Como bien lo formulara Ramón Abalo, uno de los reconocidos luchadores del gremio de prensa y militante por la causa de los derechos humanos, excluyendo a ciertas “plumas” que expresan claramente el sentir empresarial, tantísimos “escribas rasos” tendrían que tener en cuenta aquello que le decía su tía Eulalia, sin demasiada letra pero con mucha sabiduría de la vida: “Muchacho, si no gastás las alpargatas es porque andás de rodillas.”
Este consejo no cae en saco roto, llega más bien en un momento oportuno cuando se haya instalado un clima de debate producto de la sanción de la Ley de Medios. Ha quedado en evidencia el peso de los conglomerados periodísticos locales (El tándem Clarín-Los Andes, el grupo Vila-Manzano, Sigifredo Alonso, Orlando Terranova y Omar Alvarez entre otros) los cuales han inclinado demasiado la balanza en el interior de los lugares de trabajo dejando en tremenda debilidad a los periodistas que hoy de reojo se miran el estado de sus rodillas. Hay una realidad objetiva: el rango salarial del periodista lo sitúa muy por debajo de un empleado de comercio o por caso, un bancario que recién ingresa bien puede duplicar el salario del periodista.
En general hay algo de autocrítica –de los que se desafiliaron pero también de los que nunca se afiliaron ni siquiera contemplaron la vía gremial- y un gran interrogante sobre el rol que cada cual ha de jugar en la difícil relación entre el capital y el trabajo, además de una bronca vehemente y puntual contra la actual conducción del Sindicato de Prensa que conduce Roberto Picco por haber acordado con los empresarios la modificación del Convenio Colectivo de Trabajo (CCT) 17/75. Dicho convenio es la más alta cristalización de derechos alcanzada hasta ahora para el trabajador de prensa de Mendoza. Un dato relevante es que se trató de unos de los primeros Convenios celebrados en el país poco tiempo antes del golpe militar de 1976. Y puede remarcarse su valor simbólico: con la dictadura militar, los que le habían puesto el cuerpo a esa lucha gremial, caso de Ventura Pérez que conducía el Sindicato y había integrado la conducción de la FATPREN a nivel nacional, fueron inmediatamente reprimidos: con un bazucazo el Ejército destruía el frente de la casa sindical, mientras que Ventura Pérez se convertiría en un preso político más.
Causas para una revuelta
La traición es la piedra de toque de la rebelión de los periodistas mendocinos. Tiene una fecha precisa: 20 de abril de 2011. Ese día se acordó un “nuevo” Convenio Colectivo de Trabajo, con la anuencia de las empresas y a espaldas de los trabajadores. Lo que esta modificación supone es que se den por válidas las distintas negociaciones que el gremio ha firmado con cada empresa, siempre con salarios por debajo de lo que marca el CCT y en algunos casos desconociendo la aplicación de varios artículos como es el caso de las empresas constituidas como medios digitales.
Entre las modificaciones más escandalosas está la redacción de una cláusula que admite el rol “multifunción” o “multiplataforma” del periodista. Según ésto, los fotógrafos, además de su tarea específica, deberán cubrir algún evento sin la asistencia de un periodista, aportando datos o información adicional, labor que según el Convenio quedaba reservada a la figura del cronista o redactor. Tan grande es la indignación de los periodistas que ya se constituyó Periodistas en Alerta, un grupo que tiene más de 1000 adherentes. La idea que los moviliza es ingresar masivamente como afiliados al Sindicato de Prensa, paso ineludible para después disputarle la conducción al actual Secretario General Roberto Picco.
Amén de esa estrategia, la gran misión es lograr que el Ministerio de Trabajo no avale el acuerdo de modificación del 17/75. Por ahora se sabe que el acuerdo cuenta con el respaldo del multimedios Uno de Daniel Vila y José Luis Manzano y del Diario Los Andes, propiedad de Clarín y La Nación, firmantes junto con el gremio que designó miembros paritarios sin llamar a asamblea. Si bien Sigifredo Alonso no firmó, él también impulsa acuerdos con cada uno de sus empleados que también son a la baja en materia salarial. Otro que también está interesado en la modificación es Terranova, quien quiere para su medio digital la lisa y llana anulación de una serie de artículos del CCT en virtud de su diferente “plataforma” de difusión.
En apoyo de los periodistas en estado de asamblea se han manifestado los representantes del pueblo, incluso hubo un compromiso expreso de la Legislatura provincial para intervenir ante el Ministerio de Trabajo de la Nación, organismo que finalmente debe decidir a favor o en contra de la homologación del nuevo convenio. Todo indica que la tensión no cesará ya que de perder esta instancia, el gremio acudirá a la justicia donde la batalla promete continuar.
Y es que la justicia es un actor más, oscilante a la hora de decidir los reclamos por diferencias salariales que hay que decir no han sido planteadas a título individual. El único caso –ya un caso-testigo- es el del periodista Orlando Assumma, quien por seguir el juicio fue despedido se la empresa Supercanal S.A. Su abogado es el Dr. Adolfo Marengo, quien asesoró al gremio de prensa desde 1972 hasta el 2002.
Es Marengo quien refiere cuál es el nudo de todo este conflicto: “Hemos vivido muchos años de debilidad gremial en donde si algo hacían los dirigentes gremiales era evitar modificar el Convenio Colectivo. Esto tenía su por qué. Quien había alterado el CCT era el gobierno de facto que lo dejó sin vigencia hasta 1984; después vino la Ley de Alfonsín por la cual se ponen en funcionamiento todos los convenios colectivos de trabajo, salvo algunas cláusulas que las postergan hasta el año 1988 que es el caso del salario de los periodistas”.
Marengo relató que ya en 1985 comenzaron los reclamos en el Diario Los Andes y el Diario Mendoza (de cuya quiebra se hizo cargo el Estado), siempre por diferencias salariales, pero que recién después del período 1988/1989 se puso en funcionamiento la comisión de salario mínimo vital y móvil con lo cual hubo que esperar que la justicia le hiciera lugar”. Marengo explicó que “el CCT 17/75 está hecho sobre la base de que el aspirante gana dos veces el salario mínimo vital y móvil. Luego, el reportero, cronista, redactor, jefe de sección, y demás van incorporan un porcentaje diferenciado lo cual compone la escala salarial”.
Respecto al devenir de esta lucha, Marengo relató que “hay que recordar que durante mucho tiempo no hubo aumento del salario mínimo de entonces, con lo cual los periodistas mantuvieron un básico de 719 pesos y que esta situación duró hasta el año 2004”. Lo insólito, continúo el abogado, es que “en vez de exigir su cumplimiento a las empresas, el gremio hace una presentación –equivocada, a mi juicio- en el Ministerio pidiendo homologación de la nueva escala en función del aumento del salario mínimo. El resultado de esa gestión es que las empresas comenzaron a buscar argumentos para no aplicarlo. No está de más decir que las empresas ya habían resistido el Convenio cuando se firmó en el año 1975”.
Otro dato a tener en cuenta es que en el 2004 se presenta una nueva escala la cual se choca con dos leyes: una era la ley de Emergencia Ecónomica que había dictado Menem en 1989 la que establecía que las deudas no podían ser actualizadas mediante la referencia a índices de costo de vida ni al salario vital y móvil ni nada, o sea, las deudas no iban a ser repotenciadas. Otra fue Ley Nacional de Empleo que salió en 1991, que establecía que el salario vital y mínimo no se iba a tener en cuenta para la determinación de beneficios remuneratorios de los convenios colectivos de trabajo.
Estos dos argumentos –según Marengo-son los que acepta el sindicato. ¿Qué cómo es posible? “A mi juicio es por una estrategia equivocada, actuaron sí presentando recursos de amparo, pero tenían otras acciones por hacer, como es reclamar las diferencias salariales. El gremio perdió ese amparo y decidió continuar con otro en el su, allí el Juez Federal sí decide hacer el lugar y así es como LV4 es la única emisora que está pagando la escala de acuerdo al salario mínimo.”
Sintetizando, tanto la Subsecretaría de Trabajo como el Ministerio de Trabajo avalaron lo que fue una interpretación equivocada, hubo una movida muy fuerte de las empresas que fueron llamadas a negociar por separado, y el gremió se plegó. Primero negociaron con el grupo UNO, dejando abierta la puerta para que la empresas poco y nada aumentaran. Orlando Assuma fue el único que se decidió ir a juicio contra Supercanal S.A: en febrero de este año se vio respaldado por un fallo de la Suprema Corte de la provincia y a causa de ésto lo echaron. (Agencia Paco Urondo)