fbpx La CGT en River: Una lección de poder obrero
Sindicales //// 16.10.2010
La CGT en River: Una lección de poder obrero

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, por José Cornejo) “Esta no es una demostración de fuerza. Nosotros sabemos bien la fuerza que tenemos”. Así inició su discurso el titular de la CGT y del PJ bonaerense, Hugo Antonio Moyano. El lugar era el Estadio Monumental de River, con la platea Belgrano vacía a sus espaldas pero con las otras tres bandejas y el campo de juego repletos de trabajadores y sus estandartes multicolores.
Veinte minutos antes, el secretario general del gremio de Peones de Taxi, Omar Viviani, había hecho las veces de presentador. Luego de cantar el himno y en una exposición muy breve, recordó la razón de la convocatoria. “Pasado mañana es 17 de octubre, día de la Lealtad. Fue cuando los trabajadores rescataron a Perón de las garras de la oligarquía. Hoy somos muchos para festejar la Lealtad. Pero hay algunos que hoy no quisieron venir. Evita tenía una palabra para aquellos compañeros que atacan a otros compañeros. ¡Traidores!”. Viviani no hablaba en clave, hacía referencia a los Gordos (West Ocampo - Sanidad, Daer - Alimentación y Lescano - Luz y Fuerza) y a Barrionuevo (Gastronómico, ahora fuera de la CGT). El populoso sindicato de Comercio (Cavalieri) no asistió orgánicamente, pero se hizo presente una fracción crítica de esa conducción, la Agrupación Borlenghi.
Los que sí estuvieron presentes fueron los albañiles (UOCRA) que ocuparon la tribuna superior de la Belgrano (la visitante), y debajo de ellos, los estatales (UPCN). La platea San Martín superior, frente al escenario, se dividió en tres: docentes privados (SADOP), mecánicos (SMATA) y metalúrgicos (UOM). Debajo de ellos, otro sector del SMATA y la Unión Ferroviaria. La popular local, Enrique Sívori, estaba repleta de Camioneros, pero los sectores más destacados fueron Recolectores, Aguas y Gaseosas, una nutrida filial chubutense y la Juventud Sindical. El último extremo lo tenía una delegación del Movimiento Evita. En el campo también predominaba el verde camionero, junto a una fornida columna amarilla de los taxistas. Y entre ellos se mezclaban otros gremios menores, como el de Tabaco y el de Gaseosas (FATAGA). A nadie le pareció una casualidad lo de Camioneros en la tribuna local y la UOCRA en la visitante. Luego de los incidentes en el traslado del féretro de Perón y la asunción justicialista en la cancha de Almagro, esos dos gremios son el Boca - River de las hinchadas sindicales.
Cedido el micrófono, Moyano estaba visiblemente emocionado. Luego de la introducción, tuvo que detenerse un minuto, se le ahogaban las palabras. Mientras toda la jefatura sindical y una decena de legisladores lo aplaudían, Kirchner sonreía y la presidenta Fernández le hacía señas de tomar agua. Moyano se repuso, y como si encendiera un poderoso motor V8, arrancó su discurso. Este tuvo tres ejes. El primero, les explicó a los asistentes que él no era “obsecuente con el poder ejecutivo, sino consecuente”. Describió la resistencia del MTA en los 90 al neoliberalismo y como ese modelo vino a cambiar con el kirchnerismo. El segundo, un punto de inflexión en la recuperación del poder obrero que fue la re-conquista de las paritarias. “El mecanismo que tenemos los trabajadores para recuperar los que los patrones nos sacan con la inflación”. Este ítem es un clásico de las exposiciones del Camionero. El tercero, pidió por el proyecto presentado por el diputado Héctor Recalde: que las empresas repartan “una parte de sus enormes ganancias”. Luego se preguntó cuándo iba a tocarle a un trabajador estar en la Casa Rosada y dio su definición de Lealtad. “La Lealtad es con un proyecto, eso es lo que debemos defender”. El estadio rugía ante sus palabras. En un momento, desde la Sívori, desplegaron una enorme bandera que rezaba “Nuestros hijos dan las gracias, nosotros la vida. Recolectores” (de residuos).
Fue el turno de la presidenta de la Nación. Repitiendo la lógica del debate que se había dado en el acto de la Juventud Sindical, en el Luna Park a fines de agosto, Cristina Fernández realizó algunos contrapuntos con el Camionero. Primero, en tono irónico, advirtió que ella trabajaba desde los 18 en el Ministerio de Economía de La Plata, mientras estudiaba Derecho. No le endilgó a Moyano que ella misma es hija de otro chófer, el señor Fernández, un colectivero del barrio obrero del Mondongo. Segundo, volvió con el concepto policlasista. “Juntos, empresarios, obreros y el Estado como mediador, debemos profundizar esta Argentina productora de riquezas”, señaló. “¿Ustedes se imaginan un acto como este, diez años atrás? Tenemos que tomar conciencia de la profunda transformación política, económica y social de la Argentina. Agradezco la enorme responsabilidad que han tenido los dirigentes sindicales de apoyar el actual proceso político”. Luego, llamó – tácitamente - a los sectores medios a “no tener miedo, a asistir a estos actos”. Esa frase de Cristina se completaba con otra que expuso recientemente en un acto de la Juventud Peronista: “cuando la clase media se quiso separar de los clase baja, nos fue mal a todos”. De nuevo el policlasismo, pero ahora hablaba de la unidad por dentro del campo popular. Finalmente, saludó a las madres en su día, y se despidió.
Alguien dijo, a mi lado: “si en 2011 ganan los radicales y quieren hacer caer las paritarias, con este nivel de movilización obrera, los que caen son ellos”. Sonaba muy razonable. 60 mil trabajadores acababan de escuchar una lección sobre el poder que está en sus manos.  (Agencia Paco Urondo)