Jueves 17.5.2012 - 
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PobreEl mejor 

Sociedad

En las últimas semanas ha cobrado relieve mediático uno de los temas considerados exitosos por el gobierno nacional: el funcionamiento del CONICET, dependiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCyT).

El programa de becas de la institución incluye formación inicial doctoral (Tipo I), terminalidad doctoral (Tipo I 3 años y Tipo II), especialización posdoctoral (posdoctorado) y una vez al año se abre la convocatoria para el ingreso de doctores al plantel de investigadores (ingreso a Carrera). Si se siguiera el procedimiento establecido, este sería: presentación del postulante, evaluación de pares en comisiones que elaboran órdenes de mérito según criterios académicos, supervisión por parte de la Junta de Calificaciones y luego aprobación del Directorio, instancia máxima de resolución.

En los últimos años se incrementó notablemente la cantidad de becas e ingresos a Carrera. Esto no es atribuible a la gestión de Lino Barañao, cuyo desempeño merece una nota aparte, sino a la gestión de Daniel Filmus, entonces ministro de Néstor Kirchner. Según datos proporcionados por el blog Becaria Wannabe, entre 2003 y 2005, las becas de iniciación se duplicaron respecto del año anterior hasta 2006 cuando empezó un leve retroceso. Las de finalización de doctorado (Tipo I 3 años y Tipo II) se triplicaron en tres años, hasta alcanzar 3.464 becas. La posdoctoral mantuvo un aumento / descenso en torno al 10%. El ingreso a Carrera fue expansivo: cerrado durante el menemismo, a partir de 2003 ingresaron 500 investigadores por año.

Este significativo mejoramiento de la cantidad becarios e investigadores aparejó, por lo menos, dos tipos de problemas.

Problema I

Así como es cierto el aumento presupuestario en ciencia y técnica por parte de los gobiernos kirchneristas, también lo es que el Directorio del CONICET no siempre ha respetado el procedimiento mencionado anteriormente, mientras en otros casos introdujo (una vez cerrada la convocatoria) nuevos criterios para el proceso de selección. El Directorio sistemáticamente se ha negado a entregar los órdenes de mérito y explicitar los motivos que fundamentaron sus decisiones. Por el contrario, estos fueron precisados genéricamente como “área vacancia” (temática) o “geográfica”.

Esto ha sido reconocido por el mismo Directorio en la nota “Acerca de los criterios de asignación de Becas y cargos de la Carrera del Investigador” publicada el 28 de diciembre de 2011 en la página web institucional: en el concurso 2010 “el Directorio decidió asignar las posiciones de acuerdo con el orden de mérito producido por los órganos asesores en una proporción del 80%, reservándose el 20% restante para atender postulaciones de acuerdo con criterios de oportunidad y pertinencia institucional”; mientras que en el concurso 2011 “esa proporción pasó al 70% y 30%, respectivamente”.

Este es uno de los principales cuestionamientos por los colectivos de becarios y sindicatos: la falta de claridad y previsión respecto de los criterios de selección. En términos prácticos esto implica que muchos becarios pasan sus horas escribiendo “papers” de dudosa utilidad social porque así lo indican los usos y costumbres del CONICET, pero en los momentos decisivos pesarían razones tales como los acuerdos con rectores y directores de Institutos, preferencia de áreas, etc.

Este conflicto podría resolverse fácilmente si se clarificaran los criterios que se priorizarán en cada concurso antes de abrir la convocatoria, realizando las evaluaciones conforme lo informado y respetando los órdenes de mérito elaborados en consecuencia.

Problema II

El problema del destino de los doctores formados los últimos años presenta una complejidad mayor ya que este es un debate que concierne a toda la sociedad. Es decir, el Estado tiene la facultad de decidir qué cantidad de becas e ingresos a Carrera ofrece por año según una planificación u horizonte societal. Lo que no debe perderse de vista es que el desarrollo científico de una sociedad debe beneficiar a esta última. Por ello, no puede restringirse a la productividad de empresas, que pretenden nuevamente usufructuar el patrimonio nacional. Pocos saben que la Sociedad Rural o la Unión Industrial Argentina designan representantes en el Directorio.

En este debate, pueden establecerse dos posturas mayoritarias. Una, que podría agruparse en torno al colectivo Jóvenes Científicos Precarizados (JCP), que propone que el Estado incorpore a todos los doctores, sin planificación, pero sin modificar la desigual distribución entre “ciencias duras” y “ciencias blandas”. Esta postura es insostenible desde lo económico y desde un programa científico al dar por supuesto que el CONICET debe ser el único organismo que debe financiar la investigación. La segunda postura es sostenida por kirchneristas que reconocen los logros de estos gobiernos y admiten que se abrieron nuevos conflictos a los que hay que dar respuesta. Sintéticamente, vislumbran la necesidad de un plan científico a mediano plazo que tenga como horizonte la sociedad argentina y que en concreto implicaría:

1) Organizar un sistema científico nacional clarificando los objetivos de todos los centros como CONICET, INTA, INTI, hospitales y CONEA que el MINCyT no logró llevar a su órbita. Esto evitaría la dispersión característica del sector con las consecuencias negativas para una distribución racional de recursos.

2) Corregir la progresiva renuncia de las universidades nacionales a programas de financiamiento de investigación. Esto ha sido sumamente perjudicial para la producción autónoma de conocimiento y ha generado una masa de gente que si quiere formarse debe recurrir inexorablemente al CONICET generando un círculo vicioso.

Estos temas no son nuevos, hace tiempo que viene discutiéndose. Jorge Sábato, Gregorio Klimovsky u Oscar Varsavsky fueron pioneros en el debate en torno a una política científica orientada al bienestar de la sociedad. El notable avance de los últimos años en materia presupuestaria permite abrir un debate más interesante de cómo capitalizar los recursos que la sociedad invierte en Ciencia y Tecnología. La peor solución es no animarse a debatir. Los conflictos, como indica una premisa sociológica básica, son inescindibles a lo social.

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