Cultura
05.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, publicado en Espacio Iniciativa, reportaje de Ariel Goldstein) Iniciativa entrevistó en forma exclusiva a María Pía López, socióloga y ensayista. Docente e investigadora en la Universidad de Buenos Aires, participa activamente en el espacio Carta Abierta. En esta oportunidad, analiza el proceso político, social y cultural argentino inaugurado en 2003 y aporta a la reflexión acerca de las identidades políticas y las formas actuales de politización.

Hace unos días en la presentación del libro “Kirchnerismo, una controversia cultural”, de Horacio González, en la Feria del Libro señalaste que este proceso necesitaba menos soldados y más intérpretes, ¿podrías extenderte un poco más al respecto?
Esto tiene que ver con algo en lo que vengo pensando en relación a una crítica que tengo sobre la idea de batalla cultural y el uso de ciertas metáforas bélicas para pensar la vida política. Me parece que hay una diferencia si uno piensa las cuestiones de la construcción simbólica en el plano de la política, de la disputa cultural dentro de esa construcción simbólica. Esto resulta muy pertinente para trabajar la categoría de hegemonía de Gramsci. Esto se está discutiendo, he leído notas de Mocca sobre esto, notas de Sarlo: aparece esta discusión sobre si el kirchnerismo construye hegemonía o no cuando interviene con programas de televisión, con muestras, etc. Mi impresión es que esa idea de hegemonía es muy porosa y eso la vuelve muy interesante: es una idea que lleva a la pregunta de ¿cómo hace un bloque histórico o un conjunto de sectores para construir ciertos valores como si fueran comunes a todos o poner ciertos valores que son de un sector como valores generales? Pero al mismo tiempo, explica la idea de que hegemonía implica que ese sector, que se vuelve dominante políticamente, también lo hace porque logra expresar valores de los otros. Logra traducir y logra hacerse cargo de demandas que no surgen de él.
Ya que aludiste a los dispositivos que constituyen hegemonía, Isidoro Cheresky se había referido en una ocasión a “678” como un “programa faccioso”, ¿Cuál es tu opinión al respecto?
678 es de las cosas que considero que están en un borde complicado. Por un lado hay algo que está en el plano del montaje, de la repetición y de la lógica con la que se construye, que uno podría asociarlo como faccioso en el sentido que se priva tanto por momentos -como se priva TN- de dar cuenta de un mínimo de objetividad. Hay momentos en que la producción construye elementos que están omitiendo muchos debates de la realidad. Por otro lado, hay algo que pertenece a la misma lógica del programa, que para mí es lo que lo vuelve interesante, que es revelar un procedimiento. Y cuando revela un procedimiento, queda impedido de ser solamente faccioso. A diferencia de TN, donde tenés el montaje salvaje, la omisión de los datos, la negación de una cantidad de cosas y todo esto se presenta como pura neutralidad, como la voz de la objetividad encarnada en un medio de comunicación. A diferencia de eso, lo que hace 678 es ser parcial, fragmentario, repetitivo, todo eso, pero declarando que lo es. Declara que lo es y muestra cómo es el procedimiento. Al hacer esa demostración, es como si el programa, al mismo tiempo que toma una lógica facciosa, hace la crítica de la lógica facciosa. Por lo tanto, creo que le da al espectador un lugar mucho más interesante al situar al programa como objeto de la crítica más que objeto de la adhesión. Reducirlo a la lógica de la facción es complicado porque inauguró un tipo de periodismo que es distinto y tiene que ver con que se sacó un saber que estaba montado en la carrera de Ciencias de la Comunicación y es como si se lo hubiera puesto disponible al acceso masivo. Ese saber, como todo saber, sirve para que la gente haga otras cosas con eso.
En referencia a la discusión sobre el mito de Néstor Kirchner, ¿Cómo pensás que se recordará su figura y cómo no sería productiva la sedimentación del mito?
Es difícil porque se trata también de modo como uno lo recuerda. Yo tiendo a hacerlo con mucha nostalgia, con muchas tristeza por lo que significó su figura. Un punto que me interesa mucho de su figura es algo que se encuentra en el libro de Horacio González. En alguna parte lo va describiendo menos como un estratega calculador y más como alguien de una fragilidad que no sabía todo lo que estaba haciendo. Esa figura me interesa mucho para pensar a Kirchner porque el llega sin cuadros, sin grupos, sin partidos y, sin embargo, logró cambiar la vida política argentina entera. Me parece que esa fragilidad estaba asociada a una fuerte escucha social, a una especie de capacidad comprensiva muy profunda que lo llevaba a interpretar, de manera muy cabal y estrictamente aguda, todos los signos de la época. Fue el gran lector de la crisis de 2001, el gran lector de la crisis de los partidos políticos y el que vio la necesidad de liquidar los efectos de la dictadura en la vida social y política argentina. Lo considero como un gran intérprete; registraba y mapeaba lo que estaba ocurriendo, a los grupos, a las ideas. En este sentido era un hombre virtuoso, podía ser capaz de aceptar la contingencia, el azar y, a partir de eso, actuaba. Era un hombre sin programa; en lugar de eso tenía esta capacidad de escucha y comprensión. Es difícil mitificar a un hombre así porque el mito residiría en formas más integrales, más del orden de lo heroico. Y a mi me interesa lo otro de Kirchner, su capacidad de leer lo que estaba ocurriendo. De todas formas no hay que tenerle miedo al mito. No sería grave que se mitifique esa figura; sí sería grave convertir su figura en una especie de estampita que obligue. Pero mientras sea un impulso emocional, algo que conmueve, que unifica y lleva a la acción, no me parece que tenga ribetes peligrosos ni complejos.
Se cumplen 8 años del kirchnerismo, ¿podrías hacer un balance en cuanto a las políticas y a la transformación cultural que se ha producido en la sociedad en relación con lo vivido en la década de los ’90?
En primer lugar, la idea de que es posible hacer justicia frente al pasado. El cuadro de Videla y la renovación de los juicios es lo contrario a los indultos. Es una ruptura durísima con los noventa en el sentido de que en ese momento se había planteado que la Argentina se privaba a sí misma de una revisión del pasado. Una segunda cuestión tiene que ver con el dialogo con los diferentes actores sociales. El kirchnerismo viene a decir que nunca se puede reprimir una protesta social. Ese enunciado viene a significar un cambio enorme en cuanto a cómo el Estado se relaciona con la sociedad. Se trata de un Estado que deja de ser pensado como el garante de un orden, que necesariamente deviene en represivo, para convertirse en un Estado que escucha, registra y actúa. Por último, un tercer aspecto tiene que ver con una lógica implantada de la reparación que tiene que ver con la afirmación de de Kirchner de que “salimos del infierno”, que estaba signado por la corrosión o el daño de la trama social que había producido el neoliberalismo. Frente a la pobreza, la desocupación y la destrucción del aparato productivo, el kirchnerismo introdujo una lógica reparatoria. Todos teníamos la idea de que faltaba mucho y creo que esta cuestión de la reparación se termina de plasmar con la Asignación Universal por Hijo. Es el momento en que se toma la decisión de universalizar la ayuda social y salir del mundo de los planes o subsidios acotados. Esto representó un salto enorme para la vida social argentina porque dice que ningún chico deja de recibir un ingreso. Y para que eso fuera posible, se necesitaron dos cosas: la estatización de los fondos de las AFJP, que significó un cambio fundamental porque habían convertido a las jubilaciones en un negocio de una magnitud fenomenal y porque habían roto con la lógica de la solidaridad intergeneracional, cosa que fue más perversa. Esto rompía con la idea de que una sociedad no es solo la suma de los éxitos individuales sino la suma de las compensaciones colectivas. La segunda cuestión que hizo materializar la AUH fue que se perdieran las elecciones en 2009. Al pensar los últimos años, tengo la impresión de que todo se va haciendo más preciso. Si no se tenía un programa al principio, se va definiendo su programa. Recién con el tiempo se va definiendo su perfil y su contorno más definitivo. En este sentido, quizás otra medida que significa una ruptura con respecto a los noventa tiene que ver con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Es otro gran salto. Es por ello que pensar el proceso que va desde el gobierno de Néstor al de Cristina, nos hace optimistas respecto a una posible reelección de la Presidenta. (Agencia Paco Urondo)

02.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) En el primer número de la revista En Ciernes ( http://enciernesepistolarias.
wordpress.com/ ) se publican dos cartas que nos permiten repensar el nuevo espacio que podemos encontrar en nuestra memoria reciente. La propuesta editorial es recurrir a las cartas, esos vetustos objetos del saber, para profundizar e interpretar diversas realidades. Allí están las de Nicolás Prividera y Mariana Casullo. El primero, en la sección Cartas al padre elige escribir una carta abierta a los padres, a los de la generación de los suyos, a aquellos que han desaparecido. Y a Casullo le proponen reseñar el libro Sobre la responsabilidad/No Matar, (que reúne la polémica desatada hace unos años en torno a la violencia política de los ’70, http://archivo.lavoz.com.ar/anexos/Informe/07/2607.pdf ); en una carta que tendría a Albertina Carri como destinataria. Y en la imposibilidad de escribirla, de una carta sobre cartas, desnuda los lazos con nuestra historia reciente.

De todo eso, sale ahora esta carta, que empiezo a escribir, como respuesta a esas cartas, a esa posibilidad de repensar hoy nuestra memoria.
 
Nicolás y Mariana:
 
Les escribo a los dos, sin saber si será solamente esta carta lo que compartan. Creo que no, que en el marco de lo que escriben (y viven) esta presente también la militancia de sus padres, un pasado que los une. Quería escribir una lectura critica de lo que dicen, y elijo hacerlo también en carta abierta, para poner en este gesto mi cuota de responsabilidad. El genero epistolar nos involucra de un modo más tajante con nuestras palabras.
 
Sus cartas no están juntas en la revista en que han sido publicadas, pero me llevan a pensar en lo mismo. El pasado reciente de la militancia de los ’70 esta ahí como tema, que luego retoma otros posibles destinos. Nicolás aborda la cuestión del recuerdo critico de la experiencia pasada, la posibilidad de quitarlos del museo para profundizar nuestra relación con esos espectros que nos acosan. No juzgar a los muertos, pero si “al espectro que desató la Tragedia”. Y ahí empiezan a molestarme sus palabras. Hay un lugar filial que permite decir ciertas cosas sin tener que pedir permiso a nadie. Madres, Abuelas, Familiares, Hijos: todos han formado esta conciencia social que tanto tarda en aparecer, en  sentir que el genocidio nos toca a todos. Pero quienes tan cerca están del horror pueden, parece, permitirse una relación más lacerante con ese pasado.
 
Tu película M, tus opiniones en periódicos y esta carta siguen ese devenir. Me molesta esa postura, me disgusta tu película, tu carta. Soy un setentista: nací en el ’80, mis viejos no militaron, ni tenían una visión demasiado positiva de los militantes (ahora ha cambiado su mirada, y no solamente en ellos). Quizás por eso en el enfrentamiento generacional, se arraigó en mí desde chico un interés profundo por esa década cercana y lejana a la vez; por ese tiempo de plomo, de cuentos tristes y extraños a la vuelta de la esquina. Mis lecturas, mi formación política pasó por recuperar personas, historias, memorias. Pero siempre como homenaje, reivindicación, alegría. Tengo presente al 25 de Mayo del ´73 mucho más que al 24 de marzo del ´76. Aunque todo es parte de lo mismo, hay una decisión política en donde uno acciona la memoria. Y no por fanatismos, ni por cargar con el espectro de los ausentes. Y vos, Nicolás, creo que para intentar desacralizar la memoria (algo que comparto), al mismo tiempo la terminas despolitizando. Porque siento tus criticas y lecturas demasiado post-modernas (y vos decís esto en alguna parte de la carta, no se si de vos o de otros), y entiendo que sea ese el sino de nuestra época. Pero no permite comprender lo que pasó y lo que pasa, en quienes decidimos continuar el relato trágico de una idea de progreso y revolución. Preguntas en tu carta: “¿Realmente creyeron poder dominar el cuerpo del peronismo inyectándole su sangre? ¿Realmente imaginaron que solo podríamos verlos como mártires o héroes?”. Y la respuesta es necesariamente afirmativa, no solo en ellos sino en nosotros. Y no es nostalgia, sino entender que una lucha nos atraviesa y reencarna en nuevas almas. Porque los padres de los padres de los padres continúan esta senda. Y aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria. ¿Son tus padres quienes comienzan este derrotero, o tus abuelos en una plaza bombardeada? ¿O los abuelos de tus abuelos, peleando en las luchas de liberación de la patria? ¿Hay algún camino nuevo que abrieron los ´70, o no fue más (y nunca menos) que intentar la segunda independencia?
 
También creo erróneo separar a Rodolfo Walsh de Victoria Walsh. Ella no siguió una lucha “de él”, y hasta es difícil saber si esa militancia no tuvo que ver con ella (podemos pensar también en el caso de Rodolfo Puiggros). Decís “esa hija que podría haber sido nuestra hermana, pero que se convirtió en el espectro del padre”. Es un juicio agraviante para semejante combatiente. Por eso este ejemplo que trabajas complejiza la línea padre-hijo en cuanto a los ideales y las luchas revolucionarias. ¿Qué generación puede atribuirse el derecho de la batalla?
 
Decís que la memoria o esta estancada en los museos, o es repetida de un modo acrítico. Citando a Marx sobre el pasado que tomamos prestado para pensar el hoy, decís: “como si nos hablara también del presente, frente a los poseídos imberbes que se cantan a sí mismos como “la gloriosa JP””. Y seguís con Marx, que dice que esas resurrecciones de los muertos sirven para glorificar las nuevas luchas, para exagerar en la fantasía la misión trazada, para encontrar de nuevo el espíritu de la revolución. Pero (te parece) que no es ésta, no el peronismo, ni los imberbes de “la gloriosa JP”. Ni la de tantos que ni siquiera se asomaron al peronismo. El desastre montonero creo que nubla tu interpretación histórica, cayendo a veces en una liviana falta de respeto. Estos “poseídos imberbes” saben que el pasado tiene vistas del futuro, y no quedan congelados ni adheridos a él. Por suerte va siendo vieja esta historia, cierta parte de justicia va permitiendo que nuestros muertos no sean solo memoria, sino también acción política. Y no es tu generación ni la mía (si es que son distintas) las que lo hacen. Y creo por eso que suenan viejas  estas memorias. Y no por vos, ni por otros (o quizás por todos); sino justamente por la Historia que nos atraviesa, y a veces nos supera. Esa Historia que somos todos, este proceso histórico que esta en ciernes.
 
Y siguiendo esta lógica es que también encuentro viejas tus preguntas, Mariana. De una generación que no es la actual, que (creo) esta logrando recuperar ese pasado sin tus/nuestras dudas. Preguntas “¿Como asumir nosotros, nuestra generación, la responsabilidad de comprometernos con las escrituras de la memoria de los setenta sin ser considerados (o considerarnos) meros espectadores inocentes, ajenos, enjuiciadores e incluso, a veces, despolitizadamente académicos?” Son las dudas que arrastramos quienes nos acercamos a esa década, quizás ensimismados por la herencia. Discurrís sobre la cuestión del  legado, vos, participe de una herencia cercana y profunda. Compartís con Nicolás la cercanía de las ideas en carne filial; sus padres encarnando lo que para un (otro) nosotros es ideología. La pregunta vuelve a ser: ¿que tienen de distinto los ´70? ¿Que construcción hay que aun parece ser que estamos tan lejos? La muerte, esas y otras, no solo le pertenecen a los setenta. ¿Podemos ser espectadores inocentes de la Historia que aun se vive? ¿Es que el genocidio ha quebrado nuestro lazo con el pasado? ¿No estamos unidos a los bombardeados en la plaza, a los fusilados en Suárez o en la patagonia, a los muertos de las montoneras federales, o los de la semana trágica?
 
Nuevamente aparece esta sensación de post-modernia, post-historia. “¿Cómo “intervenir” con nuestra voz -formada básicamente bajo el “Nunca Más”- en una polémica motorizada por voces testigos militantes, por voces protagonistas?”, te volves a preguntar. Esta autoconciencia desplegada nos habla de tu hiriente inquisición, un volver sobre la no-sutura. En esto es todo viejo lo que decimos, porque el Nunca Más ya no representa a nadie, más allá de los que quieran enquistar la memoria. Hoy la ESMA parece ser memoria abierta, institución que se aleja del relato bienpensante radical; de esa mentirosa primavera de los dos demonios (hoy con Sabato muerto, autor responsable de aquel prologo endemoniado). “¿Dónde debe pararse nuestra generación que intenta pensar lo que no perdió pero imita y bordea y demora la pregunta por el sentido de esas palabras perdidas?” Creo que es en este ahora, en esta generación, donde debe pararse. ¿A quien le interesa nuestras perdidas, nuestras dudas, nuestras lecturas de esa generación? Supongo que solo a nosotros, que estamos ahora claramente entre dos momentos trascendentales de esta reciente historia. Y eso nos quedó viejo, se hizo viejo hace 5 años. Decís muy bien: “¿No es en cierto modo ése el camino (fotos, documentales, novelas, ensayos...) que nosotros fuimos siguiendo para acercarnos a esa época trágica de nuestra historia reciente?” Y podemos pensar en M, justamente de Prividera. Y en el 2007 conmovió un tanto el avispero memorial. Pero hoy, ya es viejo ese discurso. Aun si no ha logrado recuperar esa memoria critica nuestra generación, las próximas parecen haber superado esos momentos del dolor. ¿O es que solo fue trágica esa época? Volvemos a la gloriosa JP, que no son sus muertos, sino la vida que han hecho.
 
Y como decía antes, en este setentismo que me formó, reconozco ahora como viejo todo esto que discurrimos. Un tanto por la (parcial) justicia que estamos logrando. Por la sociabilización del legado político de los ´70. Por el reconocimiento que han alcanzado Madres, Abuelas, Familiares e Hijos. Por las discusiones de futuro que no paran de aparecer. Por la distancia histórica que ya podemos tener. Creo que no es tiempo ya de proteger esa memoria; parece estar abierta y expuesta al futuro que despierta.
 
Sus cartas me inquietaron, comparto alguna idea pero discrepo en ciertas líneas que intente explicitar. No sé si les interesara lo que tenia para decirles; no quise tampoco ofenderlos o trivializar lo que escribieron. Vuelvo a que creo que ya es pasado irredento todo esto. ¿A quien le interesan los ’90? ¿Alguien lee hoy la otra década infame, esa de los ’30? Sí, podemos decir, para seguir las discusiones contra los que quieren volver, pero ¿que luz encontramos en esos años? Si ni siquiera tuvimos una FORJA, ¿vale volver tan sólo para pelear con los dinosaurios? Somos una generación en entredichos, y como tal podemos ser puente uniendo ese pasado y este futuro, sin los lastres de lo que fue nuestro presente. (Agencia Paco Urondo)

02.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) El 12 de abril de 1960 Ernesto Che Guevara le mandó una carta al escritor Ernesto Sábato. ¿El motivo? Explicarle que la revolución cubana no tenía nada que ver con la Libertadora argentina, como había comparado el autor de El Túnel. Ver la carta completa.
Estimado compatriota: Hace ya quizás unos quince años, cuando conocí a un hijo suyo, que ya debe estar cerca de los veinte, y a su mujer, por aquel lugar creo que llamado “Cabalando”, en Carlos Paz, y después, cuando leí su libro “Uno y el universo”, que me fascinó, no pensaba que fuera usted poseedor de lo que para mi era lo más sagrado del mundo, el título de escritor, quien me pidiera con el andar del tiempo una definición, una tarea de reencuentro, como usted llama, en base de una autoridad abonada por algunos hechos y muchos fenómenos subjetivos. Fijaba estos relatos preliminares solamente para recordarle que pertenezco, a pesar de todo, a la tierra donde nací y que aún soy capaz de sentir profundamente todas sus alegrías, todas sus desesperanzas y también sus decepciones. Sería difícil explicarle por qué “esto” no es Revolución Libertadora; quizás tendría que decirle que le vi las comillas a las palabras que Ud. denuncia en los mismos días de iniciarse, y yo identifiqué aquella palabra con lo mismo que había acontecido en una Guatemala que acaba de abandonar, vencido y casi decepcionado. Y, como yo, éramos todos los que tuvimos participación primera en esta aventura extraña y los que fuimos profundizando nuestro sentido revolucionario en contacto con las masas campesinas, en una honda interrelación, durante dos años de luchas crueles y de trabajos realmente grandes. No podíamos ser “libertadora” porque no éramos parte de un ejército plutocrático sino éramos un nuevo ejército popular, levantado en armas para destruir al viejo; y no podíamos ser “libertadora” porque nuestra bandera de combate no era una vaca sino, en todo caso, un alambre de cerca latifundiaria destrozado por un tractor, como es hoy la insignia de nuestro INRA. No podíamos ser “libertadora” porque nuestras sirvienticas lloraron de alegría el día que Batista se fue y entramos en La Habana y hoy continúan dando datos de todas las manifestaciones y todas las ingenuas conspiraciones de la gente “Country Club” que es la misma gente “Country Club” que Ud. conociera allá y que fueran a veces sus compañeros de odio contra el peronismo. Aquí la forma de sumisión de la intelectualidad tomó un aspecto mucho menos sutil que en la Argentina. Aquí la intelectualidad era esclava a secas, no disfrazada de indiferente, como allá, y mucho menos disfrazada de inteligente; era una esclavitud sencilla puesta al servicio de una causa de oprobio, sin complicaciones; vociferaban, simplemente. Pero todo esto es nada más que literatura. Remitirlo a Ud., como lo hiciera Ud. conmigo, a un libro sobre la ideología cubana, es remitirlo a un plazo de un año adelante; hoy puedo mostrar apenas, como un intento de teorización de esta Revolución, primer intento serio, quizás, pero sumamente práctico, como son todas nuestras cosas de empíricos inveterados, este libro sobre la Guerra de Guerrillas. Es casi como un exponente pueril de que sé colocar una palabra detrás de otra; no tiene la pretensión de explicar las grandes cosas que a Ud. inquietan y quizás tampoco pudiera explicarlas ese segundo libro que pienso publicar, si las circunstancias nacionales e internacionales no me obligan nuevamente a empuñar un fusil (tarea que desdeño como gobernante pero que me entusiasma como hombre gozoso de la aventura). Anticipándole aquello que puede venir o no (el libro), puedo decirle, tratando de sintetizar, que esta Revolución es la más genuina creación de la improvisación. En la Sierra Maestra, un dirigente comunista que nos visitara, admirado de tanta improvisación y de cómo se ajustaban todos los resortes que funcionaban por su cuenta a una organización central, decía que era el caos más perfectamente organizado del universo. Y esta Revolución es así porque caminó mucho más rápido que su ideología anterior. Al fin y al cabo Fidel Castro era un aspirante a diputado por un partido burgués, tan burgués y tan respetable como podía ser el partido radical en la Argentina; que seguía las huellas de un líder desaparecido, Eduardo Chivás, de unas características que pudiéramos hallar parecidas a las del mismo Yrigoyen; y nosotros, que lo seguíamos, éramos un grupo de hombres con poca preparación política, solamente una carga de buena voluntad y una ingénita honradez. Así vinimos gritando: “En el año 56 seremos héroes o mártires”. Un poco antes habíamos gritado o, mejor dicho, había gritado Fidel: “Vergüenza contra dinero”. Sintetizábamos en frases simples nuestra actitud simple también. La guerra nos revolucionó. No hay experiencia más profunda para un revolucionario que el acto de la guerra; no el hecho aislado de matar, ni el de portar un fusil o el de establecer una lucha de tal o cual tipo, es el total del hecho guerrero, el saber que hombre armado vale como unidad combatiente, y vale igual que cualquier hombre armado, y puede ya no temerle a otros hombres armados. Ir explicando nosotros, los dirigentes, a los campesinos indefensos cómo podían tomar un fusil y demostrarle a esos soldados que un campesino armado valía tanto como el mejor de ellos, e ir aprendiendo cómo la fuerza de uno no vale nada si no está rodeada de la fuerza de todos; e ir aprendiendo, asimismo, cómo las consignas revolucionarias tienen que responder a palpitantes anhelos del pueblo; e ir aprendiendo a conocer del pueblo sus anhelos más hondos y convertirlos en banderas de agitación política. Eso lo fuimos haciendo todos nosotros y comprendimos que el ansia del campesino por la tierra era el más fuerte estímulo de la lucha que se podría encontrar en Cuba. Fidel entendió muchas cosas más; se desarrolló como el extraordinario conductor de hombres que es hoy y como el gigantesco poder aglutinante de nuestro pueblo. Porque Fidel, por sobre todas las cosas, es el aglutinante por excelencia, el conductor indiscutido que suprime todas las divergencias y destruye con su desaprobación. Utilizado muchas veces, desafiado otras, por dinero o ambición, es temido siempre por sus adversarios. Así nació esta Revolución, así se fueron creando sus consignas y así se fue, poco a poco, teorizando sobre hechos para crear una ideología que venía a la zaga de los acontecimientos. Cuando nosotros lanzamos nuestra Ley de Reforma Agraria en la Sierra Maestra, ya hacia tiempo se habían hecho repartos de tierra en el mismo lugar. Después de comprender en la práctica una serie de factores, expusimos nuestra primera tímida ley, que no se aventuraba con lo más fundamental como era la supresión de los latifundistas. Nosotros no fuimos demasiado malos para la prensa continental por dos causas: la primera, porque Fidel Castro es un extraordinario político que no mostró sus intenciones más allá de ciertos límites y supo conquistarse la admiración de reporteros de grandes empresas que simpatizaban con él y utilizan el camino fácil en la crónica de tipo sensacional; la otra, simplemente porque los norteamericanos que son los grandes constructores de tests y de raseros para medirlo todo, aplicaron uno de sus raseros, sacaron su puntuación y lo encasillaron. Según sus hojas de testificación donde decía “nacionalizaremos los servicios públicos”, debía leerse: “Evitaremos que eso suceda si recibimos un razonable apoyo”; donde decía “liquidaremos el latifundio” debía leerse “utilizaremos el latifundio como una buena base para sacar dinero para nuestra campaña política, o para nuestro bolsillo personal”, y así sucesivamente. Nunca les pasó por la cabeza que lo que Fidel Castro y nuestro Movimiento dijeran tan ingenua y drásticamente fuera la verdad de lo que pensábamos hacer; constituimos para ellos la gran estafa de este medio siglo, dijimos la verdad aparentando tergiversarla. Eisenhower dice que traicionamos nuestros principios, es parte de la verdad; traicionamos la imagen que ellos se hicieron de nosotros, como en el cuento del pastorcito mentiroso, pero al revés, tampoco se nos creyó. Así estamos ahora hablando un lenguaje que es también nuevo, porque seguimos caminando mucho más rápido que lo que podemos pensar y estructurar nuestro pensamiento, estamos en un movimiento continúo y la teoría va caminando muy lentamente, tan lentamente, que después de escribir en los poquísimos este manual que aquí le envío, encontré que para Cuba no sirve casi; para nuestro país, en cambio, puede servir; solamente que hay que usarlo con inteligencia, sin apresuramiento ni embelecos. Por eso tengo miedo de tratar de describir la ideología del movimiento; cuando fuera a publicarla, todo el mundo pensaría que es una obra escrita muchos años antes. Mientras se van agudizando las situaciones externas y la tensión internacional aumenta, nuestra Revolución, por necesidad de subsistencia, debe agudizarse y, cada vez que se agudiza la Revolución, aumenta la tensión y debe agudizarse una vez más ésta, es un círculo vicioso que parece indicado a ir estrechándose y estrechándose cada vez más hasta romperse; veremos entonces cómo salimos del atolladero. Lo que sí puedo asegurarle es que este pueblo es fuerte, porque ha luchado y ha vencido y sabe el valor de la victoria; conoce el sabor de las balas y de las bombas y también el sabor de la opresión. Sabrá luchar con una entereza ejemplar. Al mismo tiempo le aseguro que en aquel momento, a pesar de que ahora hago algún tímido intento en tal sentido, habremos teorizado muy poco y los acontecimientos deberemos resolverlos con la agilidad que la vida guerrillera nos ha dado. Sé que ese día su arma de intelectual honrado disparará hacia donde está el enemigo, nuestro enemigo, y que podemos tenerlo allá, presente y luchando con nosotros. Esta carta ha sido un poco larga y no está exenta de esa pequeña cantidad de pose que a la gente tan sencilla como nosotros le impone, sin embargo, el tratar de demostrar ante un pensador que somos también eso que no somos: pensadores. De todas maneras, estoy a su disposición. Cordialmente Ernesto Che Guevara.
 
(Agencia Paco Urondo)
 

01.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Murió Ernesto Sábato. Alguien dijo que elegió un día gris, sombrío, acorde con su mirada de las cosas, para despedirse. Altos funcionarios del gobierno nacional, como así también de la oposición, lamentan y ofrecen sus más sentidas condolencias. Aunque hoy son masivas las muestras de dolor, Sábato puede ser el sujeto de los predicados más disímiles, más contradictorios. Así, las voces de la cultura popular que lamentan dolidamente su muerte, como Alejandro Dolina, conviven con los silencios de quienes que no le perdonarán su reunión con Videla en 1978, o la escritura del prólogo del Informe de la CoNaDep, más conocido como el Nunca Más, que instalaba a la “teoría de los dos demonios” como la interpretación oficial de los conflictos políticos que estallan en los años setenta argentinos. Entre esas voces y esos silencios reaparece la complejidad de los vínculos entre cultura y política en la Argentina del siglo XX.

Literariamente, Sábato quiso ser el escritor del existencialismo argentino y ese proyecto es muy claro en su primera novela, El Túnel (1948), donde la referencia no es Sartre sino Camus. Un escritor existencialista, que pretendía que la literatura sea la vía privilegiada para expresar el sinsentido inaudito que dominaba el mundo a partir del avance de la ciencia moderna y de la crisis de las ideologías que justamente habían llegado para liberar al hombre (Sábato muy rápidamente se desencanta con el giro estalinista que había tomado la revolución bolchevique). La crítica a la ciencia resultaba convincente no tanto por la solidez argumentativa de sus ensayos sino por el hecho de que, hacia la década del cuarenta, Sábato ya poseía una suerte de “aura”: había trabajado con Marie Curie y conocido de manera pormenorizada los campos especializados de la física moderna, de modo que había sido partícipe desde adentro de aquello que ahora venía a denunciar en su obra artística. Por eso su figura en ese momento tenía un “aura”: se le concedía que sabía de aquello de lo que hablaba.
Nunca Sábato perderá del todo esa “aura”, aunque por otros motivos. Acusó a Borges en varios de sus ensayos de ser el escritor de los laberintos, de la razón, de los cuentos policiales que narraban crímenes sin que se derramara una gota de sangre. Lo parodió con suma crueldad, incluso, en las primeras páginas de su segunda novela Sobre Héroes y tumbas (1961). Sábato quiso disputarle a Borges el centro del campo literario y para ello se colocaba en sus antípodas: si Borges se encerraba en los laberintos, el escritor existencialista reclamaba volver “a las cosas mismas”, aun cuando el universo de lo concreto se revelara angustiante y a través de paisajes sumamente sombríos. La primera novela de Sábato narra la historia de un artista que mata por amor, no se sabe si por la decepción que le había causado su amada o para seguir vinculado con ella para siempre a través del crimen; Borges, desde ya, no se hubiera permitido semejante trama.
Aunque quería desplazar a Borges del centro de la literatura argentina, hasta 1955 compartirá con él y todo el grupo de la revista Sur un marcado anti-peronismo; pero tan pronto sea derrocado Perón, será uno de los pocos intelectuales –sin contar, desde ya, al inolvidable Rodolfo Walsh- en denunciar los fusilamientos de José León Suarez. Y en un texto no muy difundido, Las dos caras del peronismo, escrito en respuesta a Mario Amadeo, un escritor “nacionalista” que formaba parte del grupo de Lonardi, sostendrá que, si bien Perón había sido un demagogo, las masas peronistas que habían llorado su caída eran la expresión genuina de un país que había sido relegado por sus elites letradas y políticas. El escritor existencialista, ahora descubría en el concreto pueblo peronista una dimensión de verdad irrecusable. Y en ese mismo momento, junto con el ensayista Ezequiel Martínez Estrada, romperá con el grupo Sur, en medio de agrias polémicas con Borges y Victoria Ocampo.
En este mismo período, simpatizará con el programa de Frondizi y será un interlocutor polémico de Arturo Jauretche y de Hernández Arregui, para quienes Sábato es considerado un adversario con el que es posible dialogar. Desde ya, su simpatía por el frondicismo dura más que la de otros pares y tal vez donde mejor queda manifestado este compromiso es en el final de Sobre Héroes y tumbas: el personaje principal de la novela, tras quedarse solo en el mundo, pero habiendo pasado la noche en una casa de familia humilde, decide iniciar un exilio interior que lo conducirá a la Patagonia argentina, tierra del petróleo, símbolo del programa frondicista.
Su obra literaria está cargada de alusiones a los conflictos políticos más dramáticos de la historia del país, como el fusilamiento a Dorrego, que en Sobre Heroes y tumbas es narrado desde una perspectiva trágica, que hace foco en la muerte de Lavalle y en el drama de un general independentista que ha decidido fusilar a otro general de la independencia. Sobre estas escenas se montó sucesivas veces una puesta teatral muy lograda en la que Sábato recitaba pasajes de su texto acompañado por la musicalización de Falú. Asimismo, el Informe sobre ciegos incluido en Sobre Heroes y tumbas fue interpretado más de una vez en clave alegórica: se dijo que allí se expresaba el drama de una Argentina en el que las masas seguían “ciegamente” a un líder despiadado –léase Perón- o que ese líder evocaba agriamente el itinerario de Simón Radowitzky. Se trata de interpretaciones, cierto, pero al interior de una literatura en que la reivindicación de lo “concreto” convivía con un tratamiento alegórico de los conflictos sociales. En la literatura de Sábato, no pocas veces los conflictos políticos eran “resueltos” de manera alegórica, como si las imágenes artísticas pudieran cumplir una función catártica respecto a las tensiones sociales. La “teoría de los dos demonios”, así, bien puede ser leída como la última y más famosa alegoría de la literatura de Sábato, sólo que incluida en el Nunca Más, un texto central de nuestra cultura, que demostraba de manera nada alegórica el carácter sistemático del genocidio.
Con esa alegoría tan polémica, que poca justicia hacía al pasado reciente, no sólo en la medida en que equiparaba a los militares con las organizaciones revolucionarias, sino también porque exculpaba a la sociedad de cualquier responsabilidad respecto a lo ocurrido en la última dictadura militar, en la medida en que la violencia quedaba circunscripta a “los demonios”, Sábato se convirtió, ya en los años ochenta, en “maestro de los argentinos”, en una suerte de “reservorio moral” de la nación. Tal vez porque con esa teoría venía a exculpar a la sociedad de las responsabilidades políticas que le cabían en la última dictadura, tal vez también porque había presidido una comisión que, aún con todas las querellas que mantuvo con los organismos de derechos humanos, dejó en patrimonio de los argentinos un documento invalorable.
Junto con Favaloro y María Elena Walsh ocupó un sitial privilegiado para ciertas franjas de la clase media e incluso su nombre trascendió esa frontera de clase; esa estima hoy se manifiesta en innumerables muestras de condolencia que exceden el campo de la cultura. Para muchos jóvenes de la década del ochenta y noventa, Sábato fue la puerta de entrada a la literatura, como también lo ha sido, de manera muy distinta, Julio Cortázar. ¿Será de aquí en más recordado por sus libros? ¿O esos libros serán la seña implícita para adentrarse en un itinerario zigzagueante, en donde la figura de Sábato quedará ligada al anti-peronismo, a la denuncia de los fusilamientos de la “Libertadora”, al apoyo al frondicismo, a la cena con Videla, a la imagen entregándole a Alfonsín el Informe de la CoNaDep, a la imagen última con Néstor Kirchner?
Murió Ernesto Sábato, el científico desencantado, el escritor existencial, el autor de la teoría de los dos demonios, el maestro de muchos, el personaje controvertido. (Agencia Paco Urondo)

30.04.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, en Télam) El escritor Ernesto Sabato murió en la madrugada de hoy debido a una bronquitis que complicó su delicado estado de salud y sus restos comenzarán a ser velados desde las 16 de esta tarde, en el Club Defensores de Santos Lugares.

Sabato iba a ser homenajeado mañana en la 37ma. edición de la Feria del Libro que se realiza en el predio de La Rural, con motivo de cumplir 100 años el próximo 24 de junio.Doctorado en Física, trabajó en el Laboratorio Curie, en París, y abandonó definitivamente la ciencia en 1945 para dedicarse exclusivamente a la literatura.Entre sus obras más destacadas figuran "El escritor y sus fantasmas" (1963), "Apologías y rechazos" (1979), "El túnel" (1948), "Sobre héroes y tumbas" (1961), y "Abbadón el exterminador" (1974).
(Agencia Paco Urondo)
 

27.04.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Introducción

La escena puede resultar exótica y casi de ciencia ficción en la mayoría de los países de nuestra América: cientos, miles de jóvenes (estudiantes secundarios y universitarios, trabajadores sindicalizados y simples pobladores de los barrios populares aledaños a la ciudad de Buenos Aires) marchaban en apoyo a la presidente de la nación, Kristina Fernández de Kirchner, respaldando con el cuerpo en las calles su proyecto político, el pasado 1 de marzo de 2011 en ocasión de la apertura del año parlamentario. Se trataba de una porción más que significativa del movimiento social que escenificaba las diferencias sustanciales entre el proceso político argentino, por un lado, y el de la mayoría de los países de nuestra América que se hallan alienados con los E.E.U.U, por el otro. Tal vez no pueda exhibirse un hecho más paradigmático de los grandes aciertos de Néstor Carlos Kirchner que el que relatábamos líneas arriba y que consiste en repolitizar (a favor o en contra) a gran parte de la sociedad y particularmente englobar en su espacio a grandes franjas entre las personas de un promedio etario de alrededor de un cuarto de siglo, a los cuales la narrativa dominante en los grandes medios describía como hundidos en el alcohol, las drogas y el pasatismo.

Muerto el 27 de octubre del 2010, el patagónico no llegó a brillar ni siquiera una década en el firmamento político argentino. Los líderes políticos en las tierras platenses suelen figurar en el centro de las controversias públicas durante al menos un término medio de tres décadas (Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón y Raúl Ricardo Alfonsín). Si bien, la militancia del “pingüino• se remonta a casi cuatro décadas atrás, no era conocido en los grandes escenarios ni siquiera cuando gobernaba su provincia. Llegado casi de casualidad a la presidencia el 25 de mayo de 2003 exhibió infrecuentes virtudes (y también ciertos defectos) que analizaremos en el presente artículo de cara a construir una provisoria interpretación de su legado histórico. Digamos a modo introductorio, con el importante sociólogo argentino Julio Godio, que “Ha sido el gobierno de Kirchner el que, concretando una “revolución desde arriba” decisionista durante 2003-2007, continuada por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, ha creado las condiciones para resolver el gran problema político que tiene pendiente: crear la organización político-social que represente y organice a una enorme fuerza sociopolítica que encuentre su cemento político-cultural en el peronismo-kirchnerismo . En las líneas subsiguientes serán analizados los contenidos de la referida revolución por arriba:

En los claroscuros, brillan los claros

Los dirigentes políticos impolutos y perfectos sólo existen en la imaginación de dogmáticos de pelajes diversos o delirantes místicos. La actividad política es resultado y resultante de variadas condiciones, entre las que no ocupan menor relevancia las relaciones de fuerza. Por ello, todo conductor sabe que hay momentos en los cuales debe retroceder o hacer concesiones. Lo destacable es poder mantener un rumbo favorable a los sectores populares (claros) y minimizar todo lo posible los retrocesos (oscuros). Comenzaremos con el análisis de los primeros. Por cierto que no es un acierto menor la pertinacia en no doblegarse frente al poder real (mediático y económico) declamada durante la campaña del 2003; para incredulidad de muchos observadores de la política (incluyendo este escriba). Luego desde la primer magistratura exhibió una consecuencia entre sus dichos preelectorales y la realidad infrecuente en estas y otras latitudes. La capacidad de iniciativa y la consecuencia lo distinguieron a él y son marca registrada en el gobierno de su esposa y sucesora. Sirva como ejemplo la ley de Servicios Audiovisuales (medios de comunicación) sancionada en el peor momento del proyecto kirchnerista, luego de la derrota en las legislativas del 2009.

Su gobierno nació marcado por un doble sino:

1) Llegó a la presidencia una vez agotado irremediablemente el doble ciclo neoliberal (la política económica de la dictadura militar iniciada en 1976 y las reformas privatizadoras impulsadas por su co-partidario Carlos Saúl Menem en los nefastos ’90.). Habida cuenta de lo dicho, su única chance de construir un proyecto viable pasaba necesariamente por dar vuelta la hoja de los dictados del consenso de Washington.

2) No fue un presidente débil sólo porqué accedió al cargo con el 23 % . Es que un dato nada menor fue que en los comicios que lo catapultaron a la Casa Rosada dos candidatos neoliberales extremos (Menem y López Murphi) hayan arañado sumados casi la mitad del electorado; lo cual marcaba la inmensidad de la batalla económica, social y cultural que debía librarse. Semejante bloque compacto en sufragios de la derecha más pura y dura sin dudas obraba como condicionante para el nuevo presidente. Y, por añadidura su principal apoyatura era… el peronismo que venía de participar con mucho más gozo y entusiasmo que críticas del saqueo del patrimonio nacional y el empobrecimiento popular realizado en la nefasta década de los ‘90. Como segunda línea lo secundaban un conjunto de movimientos sociales y retazos de fuerzas progresistas que no podían sustentar- en razón de su escasa fuerza política- las nuevas perspectivas que parecían abrirse en el país.

Desde antes de asumir envió señales a los dueños del poder (real) consistentes en que él no sería un esbirro a su servicio. Desde la repetición constante que las convicciones no las dejaría fuera de la casa de gobierno hasta el rechazo que le profirió al jefe de redacción del matutino conservador La Nación, Claudio Escribano, cuando el periodista se le apersonó con un insólito e insolente pliego de exigencias (que iban desde asumir el programa económico de los grandes organismos económicos internacionales hasta sepultar bajo una lápida de silencio todo reclamo contra la impunidad de los crímenes dictatoriales); quedaba claro que la derecha puesta a presionar no se baja de su programa máximo. El desconocido presidente que se preparaba para asumir le propinó una sonora tarjeta roja y el diario mitirista respondió afirmando que la Argentina se había dado un gobierno para nada más que un año. El pase a retiro de un conjunto de oficiales sospechados de complicidad con la dictadura y el modo que forzó cambios en la Corte Suprema de Justicia fueron sus primeras y sorprendentes medidas; con lo cual señalaba que no existe un país con justicia si se permite la impunidad para crímenes aberrantes y el más alto tribunal parece integrado por personajes muy semejantes a los mercaderes que el nazareno expulsase oportunamente del gran templo.
Comencemos a realizar un balance más de fondo de las grandes coordenadas del gobierno Kirchnerista yendo desde lo más importante hacia lo que podría revestir una significatividad menor; pero que no por ello merece quedar fuera del análisis. Al modelo Kirchnerista se le debe el final de un ciclo nefasto iniciado durante la dictadura de 1976, pero profundizado por el menem-peronismo consistente en lo esencial por los siguientes ejes, a saber:
a) Se desarrolló un saqueo y privatización inimaginables poco tiempo antes del patrimonio nacional.b) Se impulsaron planes de desindustrialización con el consiguiente incremento del desempleo y la pobreza.c) Ligado a los dos puntos anteriores se desarmó la capacidad estatal para influir en cuestiones económicas, maximizando- contrario sensu- las funciones represivas.d) La perversidad del menemismo llegó inclusive a garantizar impunidad- indulto mediante- para el genocidio perpetrado en los ’70. Tal medida no era casual, señalaba de modo inusual la identidad consustancial entre la dictadura criminal y el latrocinio de los ’90.e) Finalmente entre los ejes más destacados en lo social del ciclo neoliberal no podemos omitir la liquidación del movimiento obrero (y los sindicatos) como actor colectivo en la negociación de las convenciones colectivas de trabajo, llamadas en la Argentina paritarias.
En efecto en todos los aspectos señalados el gobierno kirchnerista pudo revertir a favor de los sectores populares lo que hasta entonces era una colección de derrotas por goleada. Si bien quedan en el item A un rosario de materias pendientes (hidrocarburos y minería, entre otros), un conjunto de empresas estatales- que podría incrementarse en el futuro- ha comenzado a poblar el páramo neoliberal. Correos, algunos ferrocarriles, la creación de una aerolínea pública (que garantiza la conectividad a través del espacio aéreo para el conjunto del territorio nacional), una red ejemplar de medios audiovisuales, la empresa de agua y cloacas que brinda el vital servicio en Capital Federal y localidades adyacentes y hasta un emprendimiento con tecnologías de punta que elabora radares de última generación y exporta reactores nucleares. El balance general puede ser tildado como insuficiente, pero no pueden quedar dudas de lo favorable a las fuerzas populares de las medidas tomadas, que se agigantan al tomarse en cuenta la (re)estatización de las aseguradoras de jubilaciones privadas (decisión tomada siendo presidente ya Kristina): que le quebró el espinazo a uno de los sectores centrales del poder económico. Sólo un desprevenido o un cómplice inveterado podría desconocer las causas del rechazo a los Kirchner en las derechas: es que los grandes medios de comunicación y los políticos a su servicio no le perdonan al gobierno que el dinero de los trabajadores no pueda ser ya utilizado para financiar los grandes negocios y luego se le pague una miseria ínfima a cada pasivo en devolución por una vida de esfuerzo.
La tablita cambiaria (durante la dictadura) y la ley de convertibilidad (durante los años de Menem) fueron instrumentos de política monetaria y cambiaria cuyo resultado intencional fue desproteger a la industria vernácula y, consecuentemente, estimular el consumo de bienes elaborados en el exterior. Ello provocó un incremento de la miseria popular y el desempleo que dio como resultado la aparición de movimientos de desempleados de alcance inédito en la historia Argentina. Y el crecimiento exponencial y desesperante de las variables indicadas provocó el célebre estallido de fines del año 2001. La Argentina comenzó a vivir desde el año 2003 una nueva etapa de crecimiento industrial que le ha llevado a modificar el perfil de sus exportaciones- compuestas tradicionalmente por productos primarios casi en su totalidad- para componerse crecientemente por un fuerte volúmenes de manufacturas y pasar a ser también vendedor externo en rubros sumamente sofisticados (software) o diseños variados. Ello significó un cambio altamente favorable en las expectativas de vastos sectores de la población. Para decirlo de modo muy simple: el cambio de época viene dado porqué a comienzos del siglo XXI los jóvenes en su mayoría sólo pensaban en abandonar el país. Y ahora la emigración dejó de ser un tema en el país y, por añadidura, muchos que se habían ido han vuelto.
Nada de lo logrado podría haber sido realidad si no se hubiere reconstituido la capacidad del estado para intervenir en la economía. Desde los primeros tiempos del patagónico- en que no funcionaban ni los timbres- hasta la actualidad en que la formación pública se ha modernizado y brinda servicios crecientemente complejos ha corrido mucha agua bajo los puentes. El estado actual tiene deudas muy profundas con la sociedad. Pero es mucho mejor y por añadidura se ha negado pertinazmente a reprimir el conflicto social.Para referirnos al item D en nuestra enumeración es preciso señalar que ningún gobierno en la historia argentina, ni de ningún país de nuestra América, ha sido tan consecuente en la persecución (judicial) a los crímenes de una dictadura. El gobierno radical presidido por Raúl Alfonsín (1983-1989); si bien impulsó el juicio a las juntas, borró con el codo lo escrito a mano con las nefastas leyes de obediencia debida y punto final. La consecuencia en la búsqueda de justicia (justicia, justicia, perseguirás, dice la Biblia) no es un mérito menor. Pero además le agrega que ningún gobierno en la actual etapa democrática enalteció tanto a los organismos de derechos humanos, que pasaron a entrar a la Casa de Gobierno, casi sin pedir audiencia. Y la significación del querido presidente patagónico en la historia de las madres de plaza de mayo fue refrendada por la presidente de la referida asociación, Hebe de Bonafini, por medio de una emocionante carta post-mortem que le enviase con motivo del cumpleaños primero luego de su muerte y allí le confiere el galardón que más hubiere valorado el gran militante muerto el 27 de octubre de 2010: lo llama hijo .
La reindustrialización argentina comenzada luego de la larga noche y niebla neoliberal no pudo menos que influir para volver a colocar en el centro del escenario económico social (algunos dicen empoderar) al movimiento obrero y a los sindicatos. Por cierto que son dos nociones que, si bien se rozan, no constituyen la “misma cosa”. Los sindicatos son la forma más institucionalizada del movimiento obrero, que puede manifestarse por fuera o dentro de las formas institucionalizadas. Pero sea conducidos por la C.G.T. o luchando de modo autónomo en el combate cotidiano o desde las convenciones colectivas de trabajo, la recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores y la disminución del empleo en negro o precarizado se deben a la propia lucha de los trabajadores y al cambio de época. No puede desconocerse que la negociación colectiva favorece al mundo del trabajo; ya que el capital prefiere interpelar individuos y no a sujetos colectivamente constituidos. Y por cierto que no es lo mismo la situación de los sujetos subalternos en una etapa de recesión y desocupación que cuando se reconstituye el tejido social. Impulsar un ciclo de crecimiento económico y del empleo- y defenderlo a rajatable- es uno de los aciertos más significativos del tandem Kirchner que más ha beneficiado a las fuerzas populares. Y un ejemplo más del cambio de época: en los años más duros de la crisis argentina (1998-2003) los trabajadores ocupados debían soportar muchos avances contra sus conquistas impulsados por los capitalistas. En la actualidad los asalariados luchan- entre otros aspectos- para no ser gravados por el impuesto a las ganancias habida cuenta de todo lo que ha subido el salario nominal y real.

Más claros: para los oscuros hay tiempo

Vistas y consideradas las referencias contenidas en el parágrafo anterior corresponde avanzar en enunciar dos aspectos más del proyecto k que, en nuestra opinión, no pueden ser soslayados. Se trata de dos cuestiones nada menores:
A) La clara inscripción del kirchnerismo en el proyecto emancipatorio latinoamericano cuya máxima expresión es la revolución bolivariana. Resultado de tal orientación es el diseño de una política exterior independiente y alineada con los pueblos de nuestra América. Además del indiscutible sustento ético que presenta la citada elección, presenta un costado práctico en la medida que resulta mucho más eficiente para preservar los puestos de trabajo y asegurar a nuestro país más y mejores fuentes energéticas que si la Argentina permaneciere bajo la influencia directa de los E.E.U.U.
B) Néstor Kirchner recuperó la dimensión emotiva (propia del militante) en la política. Para fundamentar nuestros dichos haremos mención a dos ejemplos; pero podríamos dar muchos más. El 24 de marzo de 2004 procedió a entregar a los organismos de derechos humanos el predio de la Escuela de mecánica de la Armada (E.S.M.A.), paradigma de los campos de concentración en la Argentina. La finalidad era convertir el lugar en Museo de la Memoria. En el acto realizado en el lugar, quienes pudieron ver a Kirchner notaron la emoción y el profundo desgarramiento que lo tensaba mientras decía su discurso; algo por entero alejado del político que escenifica todas sus poses apoyado por una nube de asesores. El otro ejemplo fue en el año 2005, en ocasión de la Cumbre de las Américas en la que los gobiernos independentistas le dijeron un rotundo NO a George W. Busch y su proyecto del ALCA(carajo con la producción nacional). Rechazada la iniciativa imperialista festejaba abrazándose con Hugo Chávez como un pibe que había hecho un gol definitorio en una copa mundial. Sirvan las dos referencias citadas como ejemplos de un proyecto político que, al recuperar la dimensión emotiva de la política, recuperó a la propia política sin más, como herramienta transformadora a favor de las grandes masas.

Algunos oscuros y cierre final

No estaría completo nuestro análisis si no hiciéremos mención a algunos errores incuestionables cometidos por el fallecido ex presidente. La conducción del proyecto K puede ser muy bien denominada como “foco” pacifista, en razón de su condición de elite que interpela a los sectores populares como beneficiarios de la orientación impulsada por el gobierno nacional; pero nunca como sujeto de la transformación. El núcleo decisorio rara vez ha superado las tres o cuatro personas y casi no existen vínculos orgánicos y comunicantes entre la conducción y las masas, los generales y los soldados rasos. De tal modo, se dificultaron en modo sumo las posibilidades de romper la desmovilización tan característica de la de la posmodernidad.

Ligado a lo anterior se encuentra la renuncia a construir una organización propia. Resultaba una tarea posible y accesible durante en el cenit del “romance” con la sociedad entre 2005 y 2008. Sin embargo no fue el camino adoptado por el matrimonio Kirchner y la opción por recostarse en el peronismo mostró sus límites en las dos derrotas importantes del gobierno nacional:
1) El revés sufrido en el enfrentamiento contra la oligarquía no hubiera sido posible sin la deserción de vastos sectores peronistas.2) Lo propio puede decirse de las elecciones legislativas del 2009. El vencedor del proyecto nacional no fue ningún espacio antiperonista, sino un gajo justicialista más bien derechoso. Se trata, sin dudas, de uno de los dilemas más complejos para resolver en la Argentina: sin dudas: sin el peronismo, el país es ingobernable. Por otra parte, dependiendo en exceso de la fuerza creada por el general Perón la sociedad no puede ser transformada en la medida de las necesidades populares. La presidente en los días que corren parece aferrarse a su identidad peronista: “Y yo me siento muy orgullosa de estar hoy aquí, de estar en este espacio. Milité desde muy joven en el peronismo. A mí no me gusta decir Justicialismo, yo soy y seré toda la vida peronista, me siento así. Pero ser peronista significa entender su verdadera significación que es la de no ser excluyentes, que es la de saber que puede haber otros que no tengan esa misma identidad pero también formar parte de un espacio que quiere una patria mejor, un pueblo más feliz. Eso es lo que hizo Perón en el '45, abrir sus manos y sus brazos para recibir a todos los hombres y mujeres que quisieran participar de esa verdadera gesta nacional .
Néstor y Cristina K han demostrado una enorme capacidad e iniciativa política (enfrentaron a “el ejército de ocupación de nuestro tiempo”, los grandes medíos al servicio del poder globalizado); pero hay límites infranqueables. Pudieron evitar la dispersión de su espacio luego de la derrota en las legislativas del 2009 y mantuvieron el rumbo progresista en una fuerza cuasi mafiosa. Con todo, la suerte de pueblo argentino no puede depender más de uno o dos dirigentes, por providenciales que fueren. Urge construir la organización popular que conduzca el proceso de transformaciones.
En eso estábamos cuando los medios nos conmocionaron el 27 de octubre del 2010 con la triste noticia de la muerte de Néstor Kirchner. Todo lo que dijimos en el presente artículo podía ser tomado como realidad virtual. Las multitudinarias muestras de dolor popular que se sucedieron fueron la mejor demostración que no se trataba de imaginación informática; sino de auténtica popularidad (una indudable fuerza material) forjada a contrapelo del discurso dominante en los grandes medios. Si hubiere un cielo, más allá, mundo de los muertos o como se lo deseare denominar, desde allí Néstor Kichner podría haber corroborado que la batalla política y cultural librada por él no había sido en vano. La continúa el conjunto del pueblo, en especial, los jóvenes, que tomaron en sus manos la reivindicación de la política iniciada por él. (Agencia Paco Urondo)

23.04.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, en diarioshow.com) Alberto Samid empapeló Palermo con afiches del escritor peruano saludando, en los años ’80, a Margaret Tatcher, la Dama de Hierro. El Nobel de Literatura llegó al país para inaugurar la Feria del Libro. Samid denostó a Mario Vargas Llosa con una campaña a través de unos afiches que aparecieron esta mañana en los alrededores del predios de la SRA (Sociedad Rural Argentina).

El Nobel de Literatura fue invitado para protagonizar la inauguración de la 37ª Feria del Libro de Buenos Aires. En torno a esta invitación se dieron varios debates.  Teniendo en cuenta las opiniones que el escritor tiene sobre este gobierno... ¿es correcto que Vargas Llosa inaugure la Feria del Libro?.
Intelectuales K, en su mayoria, se opusieron a la presencia del peruano en la feria. Otros, quiza más alejados, estaban de acuerdo. Alberto Samid, opinó a través de un poema impreso en los afiches, que dice así: “¡Que país generoso!… Vargas visita y saluda sonriente a Margaret en el país de los piratas. Servil admirador de Margaret Tatcher, Vargas es hoy invitado de honor en la Feria del Libro, ¡Qué país generoso!
Y te dispones, sin vergüenza, a inaugurar la Feria, ¡Qué país generoso! Sólo has dedicado groserías a los gobernantes que eligió el pueblo argentino, y aquí te damos tribuna. ¡Que país generoso!” Alberto Samid, Militante de un gobierno nacional y popular que recuperó la Argentina”. (Agencia Paco Urondo)

23.04.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, en base a Radio 10) El ministro del Interior, Florencio Randazzo, contestó las críticas que realizó el premio Nobel de Literatura al peronismo. "Tiene un desconocimiento del peronismo. Y cuando él fue candidato a presidente en Perú, salió cuarto", dijo en diálogo con Radio 10 “En lo político, Mario Vargas Llosa está en las antípodas del pensamiento del peronismo. Tiene un desconocimiento de que el peronismo es un fenómeno cultural, que por eso sobrevivió después de 50 años y que en su esencia es un movimiento transformador”, declaró Randazzo. De ese modo salió al cruce de las declaraciones realizadas por el escritor peruano, que esta tarde indicó que no entendía cómo el peronismo había logrado subsistir con el pasar de los años. “Debería haber sido un espacio marginal”, indicó (ver notas relacionadas). El ministro del Interior dijo, además, que Vargas Llosa tiene un “gran desconocimiento” sobre lo que es en la actualidad el peronismo, “en un momento formidable que vive la Argentina”. “Creo que está en las antípodas del pensamiento nacional y de entender un proceso como ha sido el peronismo. Vargas Llosa ha sido candidato a presidente en Perú y ha salido cuarto en las elecciones. Eso no tiene nada que ver sobre la calidad que tiene como un hombre de la literatura”, ahondó. Pese a estas diferencias, el funcionario destacó el gesto que tuvo el peruano con la presidente Cristina Kirchner, durante su conferencia en la Feria del Libro, y resaltó que el Gobierno no es “nadie” como “para vetar” a alguna persona. “Por suerte, estamos en un momento en el cual la democracia está consolidada y la libertad de prensa es moneda corriente. La democracia no es un patrimonio de este gobierno, sino de todos los argentinos, que hemos sufrido momentos muy trágicos en donde opinar distinto nos costó la vida”, completó.
(Agencia Paco Urondo)

23.04.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Josefina Adrover es presidenta de la Cooperativa de Comunicadores Populares LA MINKA,Movimiento Nacional OCTUBRES.
Sr. Vargas Llosa:

Me presento, soy como Ud. una comunicadora. Expresamos, difundimos, enunciamos, informamos, transmitimos mensajes. Ud lleva la ventaja de la pluma literaria. Yo me remito a la comunicación popular, oficio que aprendí en el diario La República, en el Perú a los 6 años. Soy argentina y me crié en el Perú. Por lo tanto tengo una sola Patria: la Grande.

Esa mayúscula identidad me invitó a leer las obras de nuestros escritores latinoamericanos. Entre ellos, uno que le recomiendo: El Laberinto de la Soledad, de Octavio Paz. Yo, por mi parte quiero contarle que leí su libro “Pantaleón y las Visitadoras”. Me gustó mucho. Aprendí con Ud lo patéticos que son nuestros militares moldeados por las potencias gringas, una verdadera metamorfosis a lo Kafka desde los gloriosos ejércitos de San Martín y Bolívar. A San Martín me lo presentaron a los 7 años en una escuela peruana cerca del Río Mantaro. Y cuando volvimos a la Argentina en el ‘84, me lo volvieron a enseñar, pero desde una escuela con programas escolares muy atrasados. Allá en Huancayo recuerdo que estudiábamos a Tupac Amaru, a los 14 incas y saludábamos al padre Sol.
Sin embargo, si algo me enseñó mi país es que hay mucho que desaprender. Para eso sacamos la nueva Ley de Medios en Argentina, una Revolución Cultural que llevó el bisturí hasta el hueso en eso de cuestionarnos quien cuenta “la realidad”? desde dónde? qué intereses se defienden? cómo se moldea un pueblo? quién gana? quién pierde?..
Qué buen libro Pantaleón y las Visitadoras! Y hoy, 22 de abril Ud. visita Salta!
Debo decirle que tanto geográfica como ancestralmente Salta es igual al Perú. Bueno, es una región propia del Tahuantinsuyo! Nada tienen que ver las fronteras políticas trazadas por Rivadavia, Mitre y un puñado de terratenientes con los espacios culturales de miles de años.
Por eso Salta tiene dos mundos, que digo mundos… dos galaxias! Por una parte, un patriciado rancio, heredero hasta en la última vocal de su doble apellido de la vieja colonia española; conservador, acumulador, apropiador de tierras originarias; cuya única actualización histórica, es la tecnocracia neoliberal, visible en la administración empresarial del Estado provincial, en el más alto índice de desempleo del país, en las relaciones con los poderes transnacionales de intereses concentrados, en un falso federalismo que esconde la autonomía separatista provinciana, similar a la medialuna boliviana… o en el diámetro minúsculo del brazo de un niño de Tartagal cuando se muere por desnutrición.
La otra Salta con la que a lo mejor se encuentre cuando baje de un remís: es la del inmenso mosaico cultural. Una joya en la Argentina que cuenta con todos los climas, todas las geografías, todos los colores y la mayor concentración étnica de la Nación: Nueve Culturas! con conocimientos invaluables a patrón oro o a cualquier moneda de cambio, quienes nos enseñaron que el Estado es la suma de los habitantes, los recursos y territorio de un pueblo. Si tiene suerte podrá ver en vida los pómulos gastados de los niños en la puna tal como lo exhiben los niños momias del incanato, hace 500 años ofrendados a la Pachamama y hoy exhibidos en los museos profanadores de tumbas y cultos, en el centro de la Ciudad frente a la plaza, a un costado de la Catedral.
No se asombre cuando descubra que la Cultura está bajo el ejido del Ministerio de Turismo. Por lo que se reduce a la imagen de un aborigen tejiendo en la vidriera de la Casa de Salta, en Bs. As., a las gigantografías con la foto de una llama o al palabrerío de la oligarquía criolla en un libro ponderando al gaucho… o a un poncho que seguramente le regalarán.
Ayer los medios locales informaron que se quedará varios días para hacer turismo, pero que primero iba a almorzar con el gobernador.
De acuerdo a sus declaraciones mediáticas de los últimos tiempos, seguramente, más que de literatura, le habrá contado a Urtubey cuáles son los principios de la Sociedad de Mont Pelerín.
 
Seguramente también, desde su imaginario Nobel, le habrá hablado de la unidad en esa sociedad de timbre francés, de personajes como Aznar, cómplice de Bush en la guerra contra Irak, la cual Ud. mismo promovió transmitiendo desde el lugar; de cómo se reacomodan los nuevos generales, herederos de Milton Friedman en la Escuela de Chicago; de la eficaz represión de Macri a las hordas totalitarias de villeros, del vaciamiento táctico de recursos en escuelas y hospitales; de la tenacidad política de Duhalde que, desde aquella Masacre de Pasco en Lomas de Zamora hasta las muertes de Kosteki y Santillán, continúa queriendo dar batalla por una nueva presidencia. Con su verba frondosa se habrá tentado de convencer al gobernador reelecto y actual adalid del peronismo de derecha en la Argentina, que reúne todas las condiciones para referenciar otro modelo de país, distinto al del matrimonio de los Kirchner; que se avecinan los tiempos en que las potencias desarrollas del norte aleccionarán de una vez por todas a las subdesarrollas del Sur, y que para eso está la cuarta flota.
Habrá elogiado en la mesa no sólo el buen vino, sino también la actitud díscola y prudente del joven gobernador cuando no apoyó las leyes de matrimonio igualitario, la de medios o las retenciones a los exitosos de la soja. En ese almuerzo le habrá aplaudido el gabinete de expertos de la anterior administración, la mansa relación con los amigos del opus dei, la enseñanza del culto católico obligatorio en las escuelas, la prohibición de la educación sexual y la mesura en cada declaración para no quedar evidenciado en una sola línea ideológica.
Como creador de la Fiesta del Chivo tiene Ud. un gran imaginario, podría decirse que una libertad de amplio espectro!
Desde el respeto que me inspiran sus obras y desde el rechazo que me pueden sus declaraciones políticas, me despido con una aclaración y un par de pedidos:
Aclaración.- Más allá de si le importa o no, quiero decirle que elegí ser Comunicadora Popular porque a diferencia de Sociedades como la de Mont Pelerin, la Comunicación Popular defiende intereses populares.
A diferencia de Sociedades como la de Mont Pelerín creo en la distribución de la riqueza y no en la libertad de mercado que garrapiñea los recursos naturales de nuestras naciones y los justifica con la retórica del capital financiero. A diferencia de sociedades como la de Mont Pelerín y sus reuniones de elite a puerta cerradas, creo en el debate popular de los miles que, como en las ollas populares elaboran el saber público. Un ejemplo: los congresos de “el populista” Evo Morales en Bolivia, con más de 6000 congresales dialogando en 4 idiomas, al cual pude entrar más que por identificación ideológica porque las puertas estaban abiertas.
1er. pedido: Cuando elija ser más que un escritor y husmear en el a veces lodo y otras prado mundo de la política, hay que hacerse cargo. Y cuando saque el estilete del hombre político no saque el escudo o el preservativo del escritor.
2º pedido: Reflexione sobre el concepto LIBERTAD. Vea la película Revolución de nuestro compartido Libertador José de San Martín quien dice sabiamente: “No luchamos por cualquier Libertad!” (Agencia Paco Urondo)

22.04.2011

 
Capital Federal (Agencia Paco Urondo, Por Matías Farías y Soledad Guarnaccia) En un lapso muy corto de tiempo un premio Nobel y un “taquillero” filósofo español han criticado ferozmente al peronismo. Como todo mensaje supone un destinatario, es interesante tratar de pensar a quiénes les hablan Varga Llosa y Savater y sobre qué tipo de ideas buscan cierta complicidad con el público al cual se dirigen –cierto, no por mucho tiempo puesto que en sus dichos hay una clara estrategia marketinera tendiente a despertar una disputa que brinde algún rédito también de taquilla ahora que se abre la Feria del Libro-

En un punto, Varga Llosa y Savater se dirigen a un mismo público: esa franja social que hoy bajo la palabra “populismo” quiere darle prestigio “teórico” a un odio de clase que al fin de cuentas le resulta difícil disimular. Ahora bien: ¿cómo se racionaliza ese odio de clase? Apelando a una mirada de la historia argentina singular, que por vías distintas llega a la misma conclusión: el peronismo ha impedido que la modernidad se realice en la Argentina. En el caso de Varga Llosa, la idea se expresa de manera decadentista: el peronismo es la causa de que un país que estaba en condiciones de ser la “Suecia” Latinoamericana, un país del “Primer Mundo”, no sea más que un país con irremediable destino latinoamericano, lo cual en la visión del premio Nobel, es todo un problema. Savater dice lo mismo pero al revés: según el español, decirse peronista hoy, es actuar contra la modernidad, como reivindicar a los dinosaurios. Pero en uno u otro caso, la “modernidad” es connotada como valor supremo; el peronismo, en cambio, es el movimiento que detiene su impulso. De este modo, en el marco de un contexto de gran crecimiento económico y  distribución del ingreso, estos “intelectuales” buscan la complicidad de su público con uno de los argumentos que más repite el arco opositor: que la Argentina sigue desaprovechando las chances para ser un país moderno. El argumento es tan viejo como el gorilismo, pero aparentemente es una vía privilegiada para atacar al gobierno nacional y popular de Cristina –toda esa historia en torno a la otra vía de ataque, la libertad de prensa, es tan disparatada que no puede ser sostenida ni por los empleados de la oposición, es decir, la “prensa libre”.
¿Qué decir de estas intervenciones? Por un lado, dejan ver que la oposición no tiene hoy argumentos novedosos contra el peronismo. A su vez, estos argumentos necesitan ser avalados por la palabra de un “otro” extranjero, con cierto prestigio cultural, para que la palabra opositora resulte autorizada: en un típico caso de colonialismo cultural, no les alcanza con lo que dicen los “intelectuales” locales opositores. También, que Vargas Llosa y Savater  han perdido ciertos reflejos mínimos que pueden reclamarse a un intelectual: que digan algo novedoso, no algo que convalide lo que su público está dispuesto de antemano a escuchar. Vargas Llosa sabe que al decir que Buenos Aires es como París está halagando a su público y no emitiendo un juicio con algún valor de verdad. Cuando Savater equipara a Franco y a Perón sobre la única base de ¡lo que él pensaba cuando era más joven!, funda en un prejuicio personal una aseveración que pretende tener validez histórica y encima es expresada en una escuela pública. La pregunta, así, cae de maduro: ¿qué clase de intelectual es aquel que no puede ni por un instante problematizar sus propias creencias?
Sin embargo, si la “modernidad” es la divisa de la oposición, y ella está fundada en una serie de prejuicios tenidos como válidos de antemano, más interesante es desmontar esta falsa dicotomía (peronismo o modernidad) para habilitar un interrogante: ¿cómo profundizar un modelo en el que la modernidad no es el rostro feroz de la “globalización”, sino una tarea a realizar colectivamente de la mano de la justicia social? Este es justamente el desafío que nos propone Cristina en sus discursos y actos de gobierno.
 
(Agencia Paco Urondo)
 
 

21.04.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Este mes puede verse en la cartelera porteña la monumental obra de Alexander Kluge que intenta abordar al libro bisagra de la modernidad: El Capital, de Karl Marx. Retomando la idea del cineasta ruso Sergei Eisenstein de llevar a la pantalla el texto canónico del marxismo, Kluge utiliza múltiples herramientas para alcanzar momentos cuasi oníricos de reflexión político-filosófica. Una película experiencial que nos interpela en tanto pasivos espectadores (de la existencia); que permite enriquecer nuestro conocimiento de la realidad.   

Fundacion Cineteca Vida Boulogne Sur Mer 549 (Teatro IFT)  Tel. 4963 7591 Entrada $8.
NOTICIAS DE LA ANTIGÜEDAD :
Jueves 21 de Abril - 20:15 hs
Parte I - Marx y Eisenstein en la misma casa –
duración : 180 minutos
Jueves 28 de Abril - 20:15 hs
Parte II - Todas las cosas son personas encantadas –
duración: 200 minutos
Jueves 5 de Mayo - 20:15 hs
Parte III  - Paradojas de la sociedad de cambio –
duración 185 minutos
 

 
 
(Agencia Paco Urondo)

18.04.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Respuesta a la nota La superficialidad del mal, de Beatriz Sarlo, en el diario La Nación, del jueves 7 de abril de 2011.
¿Se habrá visto aterrada la señora Sarlo, ante la posibilidad imaginaria de que le vuele un pelotazo por el marulo, fruto de la vehemencia futbolera de unos purretes peronistas, caminando por alguna plaza porteña?

Al parecer, un juego llamado “Tírele al gorila”, dado en arrojarle pelotitas a un muñeco de gorila a cambio de puntos, cual kermesse de barrio, en una muestra de Homenaje al pensamiento y al compromiso Nacional, realizada por el gobierno en el Palais de Glace, despertó la ira de la señora Sarlo; a quien da la sensación de que pese a la “imprecisión semántica e ideológica” que le atribuye al uso de la palabra gorila sabe, aun intuitivamente, donde se encuentra parada sin necesidad de que nadie la encasille.
Cola de paja, que le dicen en mi barrio.
La nota arranca con una copiosa enumeración de los movimientos revolucionarios en el mundo a partir de la década del  60. Le dedica a esto casi la mitad de su artículo. Lo que abunda no daña, dirá Bety, para desacreditar a quienes según ella misma pretenden hoy emular aquellos movimientos de manera berreta.
Sin embargo; como escribió José Hernández acerca del crimen, el que lo comete “se agazapa, se esconde, pero siempre deja la cola afuera.”
Y no puede la señora no terminar esta introducción de ponderación falsamente benévola a los movimientos revolucionarios (solo a los fines de, por oposición, intentar ridiculizar al kirchnerismo) sin decir lo que es su pensar y el del diario que la publica: “La historia seguía cauces que no por equivocados, e incluso maléficos, dejaron de tener un eco grandioso.”
(Las negritas, dicho sin ánimo de ofender a nadie, me pertenecen).
O sea, la preciosa Bety Sarlo nos dice: revoluciones y revolucionarios eran los de antes; no los que ahora se pretenden, para peor falseando la historia. El mayo francés; los Black Panthers; el maoísmo; el propio Sartre y Foucault repartiendo periódicos de literatura marxista; los montoneros, e incluso el movimiento de sacerdotes por el tercer mundo, etc: eran verdaderos revolucionarios, eran “grandiosos”. Revolucionarios en verdad destacables para la señora, por todas las virtudes que les profiere; pero tanto más porque ya no existen, porque ya no hacen peligrar ningún privilegio. Están lejos en el tiempo, y la mayoría de los mencionados hasta en el espacio; esa es su gran cualidad. No es original la señora en este aspecto; dado que hay sobrados ejemplos de aguerridos progresistas argentinos, militantes de las causas de todos los pueblos del mundo, menos del suyo. (Es real también, y lo cortés no quita lo valiente, que los negros de Nicaragua o de Ruanda tienen, al menos desde Buenos Aires, un olor a pata muchísimo mas tolerable que los de Rafael Castillo).
Incongruencia de entrada: para defenestrar a un movimiento pretendidamente transformador como el kirchnerista, pondera movimientos revolucionarios que se jugaban en serio; que no se andaban con chiquitas; dice Sarlo: “no se trataba de un juego menor”, como ahora; “no era el capricho o la conveniencia de un puñado de dirigentes empleados por el Estado”; como se deduce inferir que sucede en estos tiempos de la mano del movimiento nacional conducido por Cristina Fernández.
Ahora; me asalta (siempre el drama de la inseguridad) la pregunta ¿desde donde está expuesta esta crítica; desde la alabanza a los movimientos revolucionarios; o desde la vereda de enfrente?
Porque decir que esto no es una revolución sino un coro de funcionarios mediocres y oportunistas y que los verdaderos revolucionarios eran los de antes; implica reconocerle mérito político, o cuanto menos moral, a los revolucionarios “verdaderos”. Pero; ¿no eran estos “maléficos y equivocados”? Maléficos: aptitud moral. Equivocados: aptitud política.
Entonces; si los revolucionarios son, al fin, maléficos y equivocados: será que Bety lo plantea desde el lado conservador; liberal; o de derecha, digámosle, en términos del amigo Tomi Abraham? O sea; debo entender que está parada entonces desde el no estar de acuerdo con las transformaciones sociales propiciada por esos, paradójicamente, “grandiosos” aires de cambio que Bety agota en elogios antes de blanquearnos que son maléficos y equivocados, en la introducción del artículo?
Si está parada, pues, desde la vereda de enfrente, entonces; desde una posición conservadora; desde la articulista estrella del diario La Nación, le pregunto: ¿Qué es lo que le molesta tanto que los berretas y farsantes emuladores actuales “K” hagan mal su papel de jacobinos? Ya veo que, según el criterio que plantea Sarlo, serían elogiados por ella, aun desde la vereda de enfrente, si Cristina al frente de una columna de obreros vivando la revolución social, declarase a la Argentina como una nación socialista y rompiera relaciones comerciales con EEUU; o quizás si expropiara por medio de un decreto el gran diario argentino; o declarase la propiedad colectiva estatal bajo control de los trabajadores de todos los resortes estratégicos de la economía, como la banca, el comercio exterior, los recursos naturales; o al menos si se dejase crecer el bozo y comenzara a fumar habanos?
Pero; ¿estaría satisfecha, aún en la disidencia, Bety Sarlo con el kirchnerismo si actuara de este modo: como verdaderos revolucionarios? ¿O estaría exactamente igual que ahora, pero mucho mas indignada y seguramente sin disfrutar de la libertad de expresión que ahora (pese a lo que dicen algunos trasnochados) disfruta libre y rentadamente?
(Libertad claro, que no pudieron tener los periodistas arrojados vivos desde los aviones por el gobierno militar que su compañero y colega de diario Mariano “Demócrito” Grondona apoyó ferviente.)
 
No es mi interés defender el juego “Tírenle al gorila”, ni lo contrario. No fui a la muestra, y vengo a enterarme de la existencia del mismo gracias a la señora Sarlo. De haberlo sabido, y si la puntería se pagase con premios, seguro hubiera asistido; todos saben en mi barrio Palermo, que en materia de puntería siempre fui un privilegiado.
Dícese de primates herbívoros que habitan los bosques del África central.
Anticipándosenos, la señora Sarlo, ya no podrida sino harta, de que la encasillemos como gorila, lo hace por si sola. Pero es curioso a las conclusiones a las que llega Sarlo quizás en la mezcla de su encono con alguna fiebre otoñal.
Primero dice: “Nadie se animaría a montar un jueguito de "tírenle pelotas al asesino o al estafador", porque se sabe que los linchamientos, incluso los simbólicos, están mal vistos. El "gorila" queda fuera de esa protección legal.” (Negritas propias.)
O sea; inventa algo que no existe y que no tiene ningún sentido (tírenle pelotas al asesino y al estafador); y dice que eso no lo haríamos porque “se sabe”(¿?) que los linchamientos aun simbólicos están mal vistos! Toda esta ingeniería del lenguaje para poder decir ahora esta obra maestra de la confusión: denunciar el retiro de esa (reciente y ficticiamente inventada como conjetura retórica) libertad democrática o garantía constitucional que vendrían a tener los asesinos y estafadores de no ser linchados simbólicamente en el caso de que alguien decida ponerlos en un juego de pelotas!!! Así quedarían, pobres los gorilas, a merced de algún peronista loco que se le ocurra hacer justicia por mano propia e inaugure un terrible caso de “pelota fácil”. Como mínimo: bastante rebuscado el “argumento” de la Sarlo para decir no sentirse identificada en el apelativo primate.
Pero lo mas curioso viene después; refiriéndose a la palabra gorila dice: “incluso es imprecisa la categoría (gorila) a la que, en fila india, pertenecemos todos los no peronistas, según el talante de quien califica”.
Y mas abajo nos esclarece: “El helado páramo del lugar común donde vibra la palabra "gorila" oculta una realidad: en vez de revelar grupos verdaderamente antidemocráticos que existieron a lo largo de la historia argentina, nos coloca a todos en ese lugar impreciso, sin límites semánticos o ideológicos.”
Entonces; la señora primero tacha de imprecisa la categoría (gorila); y luego la liquida desnudándola: “sin límites semánticos ni ideológicos”; pero en el siguiente párrafo nos indica a quien sí deberíamos adjudicarle el pueril e imprudente término: “A lo sectores verdaderamente antidemocráticos que existieron en la Argentina!!!“.
Bety no se priva de retarnos por descalificar a cualquiera de gorila (incluso a ella), pero llamativamente luego se arroga lo inmediatamente antes criticado! Determinar a quien le cabe o no el simiesco apelativo!!!
Entonces Bety sí puede, y sabe con certeza y sin abusos, administrar el impreciso concepto; e incluso nos arenga, combativa, contra quiénes debemos apuntar nuestros cañones (pagos por pauta oficial): contra los verdaderos gorilas! Ellos sí son gorilas! No yo! Dirá Bety.
Si; eso dice Sarlo, pese a que dos renglones mas arriba acababa de decir casi que gorila era un término inutilizable por impreciso y vago! Pero, como para Aristóteles el hombre: para Bety, la medida de todas las cosas es ella misma; y su intelecto, claro.
Una perlita al pasar: Bety nos dice que los “grupos verdaderamente antidemocráticos que existieron en Argentina”, o sea: no existen más en la actualidad. “Que existieron”, en el pasado; no en el presente: los que interfirieron la radio del avión presidencial y vivaron la fina proclama de “matemos a la yegua” no existen; los grupos como el de Cecilia Pando que consideran presos políticos a los militares presos por la justicia por delitos de lesa humanidad, no existen. (Ni mencionar que Chechu Pando estuvo en el lanzamiento de la candidatura presidencial del lula argentino: Eduardo Duhalde). La mesa de enlace que cortó las rutas del país durante tres meses y desabasteció al pueblo, no existen. Los que le hicieron un golpe exitoso aunque, gracias a Dios, luego revertido a Chávez en Venezuela, no existen. Los que intentaron derrocar sin éxito a Correa en Ecuador, no existen; etc.
Es verdad que no tienen peso político en nuestra sociedad estos sectores; pero (como las brujas) que existen: existen.
Dos en uno.
Vayamos a la forma. El artículo es maniqueo, porque emparenta como si fuera uno solo, dos hechos totalmente independientes y separados entre si; dos hechos que son abiertamente distintos uno del otro; sin ningún tipo de relación mas que la relación interpretativa hecha por la democrática imaginación de Bety. O sea: presenta dos hechos distintos y sin relación casi como si fueran uno solo. Y cito: “Por eso el juego "Péguele al gorila", ya comentado en Perfil por Tomás Abraham, es una pobre miniatura. Y es singularmente asqueroso el cartel con imágenes para escupir que colgó La Poderosa. Algunas fotos muestran impecables niños de capas medias, con buen corte de pelo y buenas remeras, muy publicitarios, en la primorosa instantánea de la escupida... (Nuevamente mis negritas).
Vemos como sin intermediar aclaración ni nada similar; luego del “Péguele al gorila”, Bety nos declara su asco por una acción realizada por un grupo llamado “La Poderosa”(del cual no se nada mas que lo que me cuenta Bety) que es utilizado por la señora para mezclar y generar el escándalo por los dos acontecimientos (péguele al gorila y el de los escupitazos de la poderosa) al precio de uno.
Y así como al pasar: ¿No les da la sensación que la señora se indigna aún más porque los chicos que gargajean son chicos bien; como uno? Como si la tendencia a los gargajos, a los desmanes, y hasta al peronismo, fuera menos escandalosa y hasta mas esperable en mis pequeños amiguitos de Rafael Castillo que en los nenes “publicitarios” con los cuales se abruma Bety..?
De una u otra manera; lo que es claro es que Bety nunca, ni aún en sus más setentosas épocas, fue seguidora de los Pistols ni de la cultura punk; donde los escupitajos vuelan como hurras, en cualquier recital.
También me llama la atención la costumbre de los intelectuales opositores que como Sarlo, utilizan el recurso de arrogarse saber que estarían pensando los fundadores y otros referentes del pensamiento nacional, del cual son detractores; para esmerilar las políticas del kirchnerismo o las visiones históricas. En ese sentido Sarlo se toma esta atribución de dudoso gusto (sobre todo porque habla de muertos) de decir que a Evita por ser una mujer de su pueblo le gustaría o le dejaría de gustar tal o cual cosa; que Hernández Arregui se tomaría las cosas en serio porque era un tipo aburrido; o que mengano se mataría de la risa, etc.
¿Tanto tiene que conjeturar públicamente cosas que son, de manera perpetua, incomprobables, y que en caso de ponerlo a consideración creo que pocas personas estarían de acuerdo con Sarlo en que los homenajeados odiarían a sus homenajeantes y estarían de acuerdo con una persona que se encarga de combatirlos enérgicamente como ella?
O sea: ella pretende hacernos creer que referentes de nuestra tradición política estarían descontentos con los que los reivindicamos; pero estarían chochos con ella; que pertenece a otra tradición. (¿Se reconoce en alguna tradición política Betu Sarlo..?)
En fin.
Violencia política en la Argentina del bicentenario: del fusilamiento de Dorrego al “Tírele al gorila”.
Ahora digo; busqué copiosamente en google, y no encontré ningún artículo de la señora Sarlo, hablando del mágico episodio en que la diputada Camaño, presidenta de la comisión de asuntos constitucionales de la cámara de diputados de la Nación, le pegó una trompada en vivo y en directo (¿sociedad del espectáculo?) al diputado (si, digámoslo: ultrrra K) Carlos Kunkel.
Pienso: tirarle una pelota en un juego a un gorila aparte de tonto y aburrido (lo digo yo) es, para Bety, una prefiguración reveladora de la clave violenta con la cual está atravesada la ideología del movimiento gobernante. Para peor, motorizada desde las propias entrañas del monstro: una secretaría de Estado!
Ahora, pegarle un sopapo a un diputado ante las cámaras de todos los medios nacionales, en el lugar democrático por excelencia de la vida política del país, el congreso; eso no amerita ninguna nota ni mucho menos ninguna indignación; ni aun una denuncia histórica del tipo: “sopapos eran los de antes! Sopapos eran los cadenazos que te pegaban los CdO en los setenta; y sin subsidio estatal; no el bife siome que le pega una diputada que cobra su salario de las arcas estatales.”
Ni eso, Bety…
Ni buenos ni malos; incorregibles.
Y para ir concluyendo, Sarlo dice: “Con un gesto burocrático, que sólo puede hacerse desde una secretaría de Estado, no sólo se cuenta la historia argentina como epopeya de un único pensamiento nacional…”
Primero, de paso cañazo, demoniza al Estado como si fuera un lugar desde donde solo pueden emanar atrocidades privativas de la libertad de los individuos; nunca derechos ni medidas protectoras de los derechos de los pueblos. Pero fundamentalmente, con bastante de cinismo, desde las páginas del diario fundado por Don Bartolomé Mitre!!! El autor que escribió (macaneramente) la historia argentina; olvidada de genocidios varios, entre otros muchísimos olvidos; le hecha la culpa al gobierno de contar la historia con un “único pensamiento nacional”: el pensamiento nacional, que históricamente fue acallado, reprimido, torturado, viene a ser acusado de privativo de otras miradas! Como si no fuera que desde hace 200 años el relato histórico viene siendo narrado maniqueamente por una clase social y sus promotores y propagandista en la Argentina! Pero el ladrón, cree que todos son de su condición; y la señora Sarlo cree ver en cada actividad cultural del gobierno, lo que ellos hicieron toda la vida de nuestro país.
Bienvenida.
Por último arriesgo: creo ver una fascinación por parte de Bety sobre nuestro movimiento. Ahí van los indicios: se queja de que le decimos gorila, pero no nos espera y sola saca una nota escudándose por lo que cree le vamos a decir; pero luego se toma el gusto de propiciarle ese mismo calificativo a otros, tanto mas y de hecho estrictamente gorilas, nos enseñará Bety contradictoriamente con su reto inicial. (Esto es perdonable: creo que ningún argentino debería perderse el derecho de poder enrostrarle gorilismo a otro. Debería ser un derecho consagrado en la carta magna. Y Bety se da el gusto.)
Primer guiño.
Después se anticipa nuevamente y responde por nosotros, “que los peronistas siempre somos políticamente incorrectos”; lo dice hasta orgullosa pareciera.
Segundo guiño.
También se da el lujo de halagar de alguna manera, a muchos movimientos de liberación, históricamente hermanados con el peronismo; incluso menciona a montoneros en particular en esa tímida pero iniciática alabanza.
Tercer guiño.
Conclusión.
Bety; compañera, las puertas del peronismo siempre estarán abiertas para todos  los que se decidan a aportar a la construcción de la felicidad del pueblo y la grandeza de la patria; vengan de donde vengan; incluso lo dijo la Presidenta en huracán hace muy pocas semanas. Y como nos patentizó genialmente el maestro Teodoro Boot en su insuperable artículo “Ser peronista”: acá nadie te pide el carnet; no hay que llenar ninguna ficha de afiliación; no hay que rendirle examen a nadie. Para ser peronista solo hay que sentir al peronismo.
Y creo que; con el mayor de los respetos compañera Sarlo, no le vendría nada mal, a estas alturas, sentir un poco de peronismo.
Además; los peronistas siempre recibimos de muy buena gana a las mujeres lindas de todas las corrientes.
Aunque hay algo que tengo que decirte, querida Bety; desde Evita hasta Cristina, mi presidenta; las chicas mas lindas fueron, son y serán siempre peronistas. (Agencia Paco Urondo)

14.04.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) La Asociación Argentina de Especialistas en Estudios del Trabajo (ASET) y la Fundación Friedrich Ebert tienen el agrado de anunciar la realización del Ciclo de seminarios: El modelo sindical en debate. La actividad tendrá lugar los días jueves 28 de abril y 5 de mayo, de 15 a 20 hs., en el Salón Auditorio del IDES, Aráoz 2838, Ciudad de Buenos Aires.

El objetivo general es contribuir a una reflexión acerca de las dimensiones sociales, culturales, históricas y legales del modelo sindical en Argentina, a la luz de los principales debates planteados en la actualidad. La existencia de una o más centrales sindicales es, sin dudas, uno de los temas de debate acerca del modelo sindical; pero no es en absoluto el único. Simultáneamente existen divergencias respecto de la forma que debería adoptar la organización sindical argentina para enfrentarse a los cambios políticos, económicos y sociales, para fortalecer la representación gremial y garantizar la unidad de los trabajadores en sus luchas.
Participarán en los seminarios reconocidos especialistas en las temáticas planteadas y actores sindicales que puedan dar cuenta de sus experiencias. Se buscará reflejar la pluralidad de posiciones existentes, que den respuestas diversas a las preguntas planteadas.
El ciclo de seminarios está estructurado en cuatro paneles sobre diferentes temáticas. En cada panel, las propuestas para el debate estarán a cargo de un expositor, proveniente del ámbito académico, quien presentará previamente un breve artículo que sirva, a la vez, para disparar la discusión y para ordenar el debate en torno a una serie de preguntas. Además, se invitará a algunos comentaristas, tanto del ámbito académico como del sindical o político, para que expresen sus opiniones y reflexiones sobre el tema.
JUEVES 28 DE ABRIL
Panel 1. Sobre la vigencia del modelo sindical argentino. ¿Continuidad, reforma o cambio? Propuesta para el debate. Sebastián Etchemendy (UTDT). Comentaristas: Héctor Recalde (Diputado Nacional, CGT). José Tribuzio (CTA). Moderador: David Trajtemberg (ASET).
Panel 2. La representación sindical en la empresa. ¿Un concepto desactualizado? Propuesta para el debate. Agustín Santella (IIGG-CONICET). Comentaristas: Victoria Basualdo (FLACSO). Horacio Meghira (CTA). Rubén Cortina (FAECYS). Moderadora: María Rigat-Pflaum (F. F. Ebert)
JUEVES 5 DE MAYO
Panel 3. El sistema de obras sociales y la complementariedad con el sistema público. ¿Modelo vigente o necesidad de cambio? Propuesta para el debate. Claudia Danani (UNGS). Comentaristas: Eugenia Barbieri (Academia Nacional de Medicina) (a confirmar). Jorge Yabkowski (Federación Profesionales de la Salud). Daniel Santoro (UOM Quilmes) (a confirmar). Néstor Perrone (Maestría en Salud Pública UBA). Moderador: Mariana González (ASET).
Panel 4. ¿El sindicalismo argentino está preparado para un mundo global? Propuesta para el debate. Héctor Palomino (Ministerio de Trabajo). Comentaristas: Pedro Wasiejko (SUTNA). Gerardo Martínez (UOCRA) (a confirmar). Moderador: Achim Wachendorfer (F. F. Ebert). (Agencia Paco Urondo)
 

11.04.2011

 
Capital Federal (Agencia Paco Urondo, por Juan Ciucci) Casi al cierre de la muestra Homenaje al pensamiento y al compromiso nacional le llegó el turno a John William Cooke. Se organizó una charla, en la que disertarían el director de la Biblioteca Nacional (entre tantas cosas que podríamos decir de él, elegimos este presente militante) Horacio González, y el periodista e historiador Hernán Brienza. Tarea ardua la de homenajear al Bebe, no por la justicia que merece el homenaje sino por su formidable vida revolucionaria.
 

Brienza se encargó de contarnos al hombre, en un recorrido por sus pensamientos y acciones. Y seguirlo a Cooke siempre es difícil, porque nos enfrenta a la historia y al presente con todas sus complejidades expuestas. Las tramas de nuestra realidad aparecen en el quehacer de este argentino que fue diputado del primer peronismo, que se retiro a una trinchera de apoyo critico durante el segundo gobierno peronista, que peleo revolver en mano en la Plaza de Mayo del ´55, que armó e incentivó la resistencia, que peleo en Playa Girón para defender a la revolución de sus queridos Castro y Guevara. Pero que también interpeló como nadie a Perón, y estructuró un pensamiento y un proyecto para y con el peronismo que aún perdura por su ambición y necesidad histórica de consecución.
Brienza lo homenajeó como “el último Sancho Panza”, por el arrojo de exigirle a su Quijote que no termine claudicando de sus verdades ante la muerte . Que con su compañía obligaba a aquel otro a proseguir, a profundizar, a batallar. La heroicidad de sostener la coherencia, pero también de ver en esa realidad construida una promesa de superación histórica. En su exposición se encargo de historiarlo, explicando procesos y sucesos que lo llevaron por distintas ideas y destinos. De la lectura de Cooke del peronismo como la mayor toma de conciencia de la clase obrera en la Argentina, Brienza encuentra el corazón del pensamiento cookista: “no se puede ir más allá del realismo político desde donde se debe analizar la historia. No se puede pedir más de lo que el pueblo esta dispuesto a dar”. (En esto disentimos: creemos que Cooke lo que hace es marcar una base desde donde partir, de esta realidad que estamos viviendo. No para pedir menos, sino para saber desde donde partir). Y entre disculpas que fue pidiendo por aseveraciones que podían molestar a algunos ortodoxos; se despidió con la duda sembrada de qué hubiese pasado si Cooke no hubiese muerto, tan joven en ese temprano 1968.
González acometió al auditorio (de quien recibió una estruendosa ovación) con una exposición de múltiples pensamientos. No es sencillo seguirlo a Horacio, siempre nos obliga a estar atentos y dispuestos al largo río de las asociaciones. Esta vez decidió comenzar el recorrido por el Cooke escritor de cartas. Se internó en el epistolario que mantuvo con Perón, un intercambio desde el cual podemos pensar toda nuestra historia. Las disputas que sostuvieron, los planes generales que van esbozando, las citas que deciden arrojarse el uno al otro, los centros de pensamiento desde donde se erigen; fueron sólo algunas de las líneas trazadas a partir de ese cuantioso patrimonio nacional que son esas cartas intercambiadas. Que le permitieron razonar sobre las diversas implicancias de esa apuesta a la palabra en forma de epístolas: no sólo los correos entre ambos, sino sobre todo aquella famosa carta en la que Perón dice “Su decisión será mi decisión, su palabra, mi palabra”. Darle la palabra, un gesto que González apunta como fundamental, trascendente. Nuestra palabra cedida a un otro que la utilizará, que dirá aquello que podríamos decir. Es quizás el legado en vida más importante que partiera de Perón. Y que complejiza nuestra lectura de esa relación tajante y conflictiva, ambigua entre dos maneras de entender la política y la argentinidad. Y que lo lleva a particularizar esta relación por encima de las otras presentes en la muestra, por la profundidad de lo tratado y lo amplio de sus acciones.
Se hizo un tiempo para analizar las lecturas de Cooke en los primeros ´60, lecturas modernas y anticipadas en la Argentina, aun a los sectores de izquierda clásicos: Lukacs, los manuscritos económicos y filosóficos de Marx, Sartre. Una mirada sobre el militante político en formación constante, con una capacidad de investigación y aplicación de teorías y conceptos que le permitieron analizar con profundidad la realidad. Y todo esto en relación con los surcos profundos que transita nuestra historia, sin ahogarse en “la chiquitografía de los diarios”. La Historia que va transcurriendo a la par que nuestra existencia. Cooke como un ser conflictivo, que nos obliga a repensar nuestras categorías, por la incapacidad que tienen de abarcarlo. (Agencia Paco Urondo)

09.04.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) La Familia Argentina es la única obra teatral que escribió el director Alberto Ure, a finales de los años ochenta. Con dirección de Cristina Banegas y actuaciones de Luis Machín, Claudia Cantero y Carla Crespo, se presenta por primera vez en Buenos Aires, en el Centro Cultural de la Cooperación.
Tolstoi decía que todas las familias se parecen en su dicha pero se singularizan en sus tragedias. ¿Qué tragedia singulariza a La Familia Argentina? Una arquitecta cuarentona descubre que el psiconanalista que fue su pareja durante diecisiete años y del que se acaba de separar, tiene un romance con su única hija, una muchacha de veinte, a la que además deja embarazada. Bajo esta mirada, la familia argentina es presentada como una familia incestuosa.

Ahora bien, una historia incestuosa puede ser motivo de escándalo o resultar verdaderamente corrosiva. Ésta última es la dimensión que adquiere el incesto en la obra de Ure, porque muestra cómo la “familia argentina” se carcome por dentro. Esa corrosión es el trayecto que va de las desdichas más o menos “comunes”, que los personajes dicen cargar sobre sus espaldas, a una serie de actos desmesurados que son indicativos de que se ha tocado un umbral. Pero una vez trasvasado el límite del incesto, los personajes sobrellevan de manera ambigua su vínculo con la familia, a tal punto que se aferran a la institución después de haber hecho todo lo posible para ponerla en crisis. Así, aunque separados, Carlos y Laura nunca dejan de comportarse como marido y mujer, y Gabriela nunca deja de ser la “hijita” que desde París envía a la madre fotos de su hija –cuyo padre es asimismo su padrastro-. Por eso la “Sagrada Familia” se sostiene a rajatablas, con la misma pasión con que se violan sus reglas.
De esta manera, lo que corroe no es el conflicto que se desata entre madre, padrastro e hija/hijastra, sino más bien su negación, lo que da lugar a una violencia incontenible: “todo el mundo grita, pero al final el olvido llega” –dice, ni bien empieza la obra, el psicoanalista. La frase dice bien que la violencia emerge del hecho de actuar como si no se hubieran violado las reglas. Por eso, si en palabras de Ure “violencia es jugar a que una herida no duele”, los personajes que transitan el escenario se han convertido en expertos jugadores.
Es justamente en esta dimensión donde los conflictos familiares permiten leer los conflictos políticos argentinos. De hecho, la pregunta “¿qué pasó para que la “familia argentina”, inicialmente feliz y compuesta por individuos más o menos exitosos, haya devenido una familia incestuosa, es decir, haya tocado lo intocable?”, está en sintonía  con una pregunta central de los años ochenta: ¿qué tuvo que pasar, en un país que solía pensarse como excepcional y cuyo destino de grandeza creía garantizado, para que sus trabajadores y sus jóvenes sean enviados masivamente a los centros clandestinos de detención? Pero si la trama de La familia Argentina dialoga con las preguntas de la “transición democrática”,  también dialoga con el modo en que esa sociedad pretende desembarazarse rápidamente de las preguntas que, por otra parte, no cesan de irrumpir. Así, si la dinámica del conflicto familiar le permite a Carlos recordar el caso de un paciente que era militante del ERP –llegado al consultorio porque comenzó a tener sexo con su hermana justo en la noche previa a un operativo militar (¿Monte Chingolo?), al que finalmente llegó tarde-, esa dinámica pretende ser prontamente neutralizada por esos mismos personajes. “¿Qué le dijiste?” –pregunta Laura a su marido, en referencia al paciente. “Simplemente –responde él- que alguien con ese tipo de sexualidad no puede ser analizado”. La expulsión del conflicto –“abortá”, le pide Laura a su hija- es el reflejo que los personajes mantienen intacto a lo largo de la obra.
El hecho de que Carlos violase al interior de su familia la regla por la cual expulsa del consultorio al militante no sólo es índice de que lo que pasa en la familia ocurre también en la sociedad sino que también reproduce su comportamiento respecto a las reglas familiares: las avala sin querer ser alcanzado por sus efectos. No muy distinto del comportamiento de importantes sectores de nuestra sociedad respecto a la dictadura; consentimiento con el golpe sin hacerse cargo de los efectos que ello suponía: la tortura, el secuestro y la desaparición.
Esa doble moral es atribuida en la obra a un sector específico de la sociedad argentina: nuestra clase media. Pero no se trata de una clase media clerical ni tradicionalista, sino de una clase media profesional y presumiblemente progresista. Así, La Familia Argentina pone en cuestión a ese tipo de “familia”, cuyos integrantes son los mismos que pagan la entrada por ir a ver la obra. Por eso no queda claro si las risas extendidas en el público son producto del patetismo de algunas escenas, o de la incomodidad que genera ese ambiente tan “familiar”.
Hecha no para producir identificación sino para instalar un cuestionamiento, La Familia Argentina exhibe a través de una historia familiar el itinerario de una clase social que se comporta en tiempos democráticos reproduciendo patrones propios de los años de la dictadura. Con una dirección perfecta, donde los silencios, las palabras y los movimientos duran exactamente lo que demanda la obra; y con actuaciones que van a fondo representando a personajes que no van a fondo, la obra de Ure impacta, en términos arltianos, como un cross en la mandíbula. (Agencia Paco Urondo)