Cultura
23.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) El autor es Académico del Instituto Eva Perón y Juan Manuel de Rosas
En estos tiempos de riqueza en debates y relecturas históricas Beatriz Sarlo realizó un interesante aporte en su último libro La audacia y el cálculo sobre los años de gobierno del ex presidente Néstor Kirchner. Diversos periodistas y escritores han realizado aportes de dispar valía, pero este último texto contribuye a pensar (y pensarnos) en el marco de los cambio políticos culturales producidos desde el 2003 y que hoy conduce la Presidenta Cristina Fernández de  Kirchner cimentando nuestro proyecto nacional y popular.

Ya en un artículo Pablo Alabarce sobre 6 7 8, adelanto de su reciente libro junto a Mará Julia Oliván, sostuvo sobre el emblemático propagara de la televisión pública:
“La política de medios del kirchnerismo fue inicialmente mera continuidad del tardo-menemismo: negociación y cesión con las empresas de medios y continuidad acrítica de la hegemonía tinellista en la cultura de masas, aunque salpimentada con acciones más activas e inteligentes en el plano de los medios públicos, con transformaciones en la programación de canal 7 y la invención de Encuentro. Sólo con la nueva crisis, la del “campo”, decidió simultáneamente que el peronismo era de izquierda, que los medios de comunicación eran más eficaces que el napalm y que hacía falta un vietcong. Aunque, en lugar de Ho Chi Minh o el Che Guevara, prefirió confiar la empresa a Diego Gvirtz”.[1]
Pero ahora la propia Sarlo, entronizada en el templo racionalista de la calle Puán, busca desentrañar el misterio de la ofensiva comunicacional K, y como el candombe Nunca Menos, las fiestas populares, el apoyo juvenil y los independientes progres de 678 se han sumado a apoyar a un gobierno sostenido por las huestes bárbaras pejotistas y cegetistas.
 
Lo cierto es que, luego de algunos hechos adversos y de un replanteo en las formas comunicacionales, son la difusión de la ejecución continua de políticas públicas, impulsos de carácter cultural con llegada al gran público y la difusión de hechos de nuestro pasado silenciado – que fueron resignificados en el presente - los basamento de la comunicación del oficialismo.
 
La supuesta “hegemonía” del oficialismo implicaría el silencio de actores políticos, instituciones acalladas y medios de comunicación cerrados. En cambio tenemos una superestructura cultural en una contraofensiva de carácter burdo e insultante a la inteligencia del ciudadano argentino profiriendo mentiras sobre la administración de Cristina.
 
Es cierto que después de la victoria del 2003 y la posterior construcción de poder popular, el ex presidente Néstor Kirchner fue percibido por sectores militantes como continuador de una línea del peronismo que parte del 17 de octubre de 1945, la impronta de Evita, la Resistencia y el peronismo de los ‘70. Justamente el ex presidente hizo de la reivindicación de los setenta uno de sus rasgos de su fisonomía ideológica, fundamentalmente a través del discurso sobre derechos humanos, justicia y terrorismo de Estado.
 
Pero también replanteó el rol del Estado, de políticas activas a favor de los humildes y de un nuevo rol de las organizaciones sociales tras el derrumbe institucional de fines del 2001. Y esas políticas fueron profundizadas por la firmeza con que la Presidenta impulsó la resolución nº 125 y la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales.
 
Adversarios políticos se aliaron a la lógica de los factores de poder, abandonando su basamento ideológico para ser portavoces de aquellos que más de una vez conspiraron para finalizar mandatos constitucionales.
 
Ante esa contradicción principal entre pueblo y grupos monopólicos (de lo económico y de la producción de sentido), explicitada en la brutalidad de los hechos desestabilizadores contra el proyecto nacional, es que agrupaciones políticas afines al peronismo y sectores independientes visibilizaron un compromiso mayor con el actual modelo político.
 
El movimiento obrero organizado, los sectores progresistas y la juventud politizada han concretado en la movilización y la participación popular su papel de integrantes de un frente nacional.
 
La generación del Bicentenario interpela al país desde su fuerza transformadora, con una escala de valores y voluntad de cambio, sumado a su fervor de la política libre de vicios, definiéndose por lo positivo.
 
Y se definen desde su formación audiovisual, en un mundo interconectado, por la velocidad de la Internet y las TIC’s, a través de la difusión de las pantallas que mediatizan y resignifican la producción de sentido actual.
 
Difusión explícita en formas modernas de difusión y con base en el replanteo de la historia, abrazando el pensamiento nacional, único posible para apuntalara este proceso de liberación cultural.
 
Tal como afirmó nuestra Presidenta hace algunas semanas: “Quiero una juventud que construya su propia historia, como la hicimos nosotros, ustedes son la Generación del Bicentenario”!
 
Sarlo puede sentirse extrañada por este fenómeno que pareció tener pantalla durante los funerales del ex Presidente. Quienes estamos en la arena política cercanos a la militancia popular sabemos que esto es un proceso de años que hoy es acompañado por las políticas estatales que dan marco al desarrollo político cultural actual.
 
Pero no es hegemónico ya que hay pluralidad de voces que desde los medios de comunicación hasta en la calle señalan sus diferencias con el actual modelo.
Guillermo O'Donnell desestimó, en recientes declaraciones, aplicar tal categoría al fenómeno político actual. A la vez que otras voces como la de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe replantean la utilización tanto de dicho término como de “populismo”.
Las imágenes del Eternauta, en blogs, pintadas y frases ingeniosas exteriorizan un basamento cultural enraizado en las tradiciones propias del federalismo, del radicalismo yrigoyenista y del peronismo. Ya que cuando hay una revolución cultural es porque se acompaña a una revolución política donde el pueblo es protagonista.
Y del otro lado quizás la ficción de Canal 13 El Puntero nos aporte alguna cuota de creatividad de mensaje “contrahegemónicos” de un grupo monopólico en retirada en cuanto a  su pérdida en credibilidad popular y pérdida en sus ventas.
Palabras valiosas, sin ironía, como las de Beatriz Sarlo nos alumbran los hechos políticos actuales y generan debate entre la militancia. Aunque como peronistas que adherimos al proyecto de Néstor y Cristina lo vemos cotidianamente, al estar en permanente contacto con el pueblo, con aquellos que tienen luz propia y nos marcan la senda para profundizar el modelo.

ALABARCEs, Pablo; 678, publicado en: http://agenciapacourondo.com.ar/comunicacion/1889-sobre-678-por-pablo-al...
(Agencia Paco Urondo)

23.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, en Página 12) Julio Godio murió el viernes pasado, a los 72 años. Sociólogo, filósofo, analista político, historiador del movimiento obrero, fue uno de los mayores conocedores del mundo sindical argentino y latinoamericano. Trabajó en la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de las Naciones Unidas y, en la actualidad, asesoraba al Ministerio de Trabajo nacional. “Era un hombre absolutamente íntegro, y siguió trabajando casi hasta los últimos días”, contó Carlos Godio, su hermano.

Godio había nacido en 1939, en La Plata, en el seno de una familia de socialistas españoles. Estudió filosofía, sociología y economía en la universidad de esa ciudad. Siguió la tradición familiar y empezó a militar tempranamente. En su primera juventud pasó por un abanico de partidos: la UCR de Sergio Karakachoff, que sería asesinado por la dictadura en 1976, el socialismo –en el sector que acompañó la candidatura de Arturo Frondizi–, el anarquismo y el comunismo. Antes de cumplir los 20 lo habían elegido presidente de la Federación Universitaria de La Plata. Sus amigos Karakachoff y Osvaldo Papaleo le pusieron “Nikita”, parodiando a Kruschev, el secretario general del PC soviético.
Aunque dedicaría sus mejores años a la investigación y la escritura, Julio Godio fue también futbolista. En el año ’60 jugaba como wing derecho y llegó desde las inferiores a la Primera División de Estudiantes de La Plata. El problema fue que muchos de los que lo conocían de la universidad lo iban a ver a la cancha: le gritaban desde la tribuna “¡Dale, Nikita!” y los agentes de inteligencia de entonces, que lo tenían fichado, le exigieron al club que lo echara, porque no podía tener a un comunista. Y así fue, duró apenas tres partidos.
En los ’70 debió exiliarse. Perseguido por la Triple A, en el ’74, luego de que las fuerzas represivas mataran a cinco de sus compañeros –a él también fueron a buscarlo, pero no lo encontraron– y tiraran los cuerpos en Punta Lara, Godio debió dejar el país. Su exilio comenzó en Maracaibo, Venezuela, país donde vivió diez años. Ya en el ’84 inició su retorno a la Argentina, proceso que duró unos diez años más, mientras mantenía sus funciones en la OIT como responsable de las federaciones de los trabajadores en América latina.
“Fue una decisión de vida volver –dijo su hermano Carlos a Página/12–. De a poco fue trasladando su gran biblioteca, que tuvo que reconstruir en el exterior, porque la que tenía había sido sustraída por la dictadura.” Se instaló en su casa de Buenos Aires, pero seguía viajando por trabajo y permanecía largos períodos en el extranjero. Su último destino, en 1995, fue Santiago, Chile, donde representaba a las Naciones Unidas en la OIT, cosa que había hecho ya en Venezuela y en Perú.
En febrero pasado, la editorial Capital Intelectual publicó su último libro, El futuro de una ilusión, “un testamento, una conclusión de todas sus ideas”, en palabras de Carlos Godio. “Julio fue un profundo conocedor del movimiento sindical argentino, y era muy respetado por el mundo obrero, al que le dedicó su vida. La semana trágica, su primer libro, fue un hito porque tenía una nueva visión, un enfoque que hablaba de una renovación en el pensamiento social de nuestro país. Después vinieron La caída de Perón y otros libros que integran su historia del movimiento obrero”, completó.
Godio fue investigador de las universidades de Glasgow (Escocia), Del Zulia y Central (Venezuela) y, en la Argentina, la UBA, La Plata y Comahue. En los últimos años se desempeñaba como director del Instituto del Mundo del Trabajo. Entre sus obras más recordadas figura la monumental Historia del Movimiento Obrero Argentino, que abarca desde 1878 al año 2000 y fue editada en cinco tomos. Julio Godio tenía cáncer de pulmón, había sufrido un ACV y el viernes falleció víctima de un paro cardiorrespiratorio no traumático.

 
 
(Agencia Paco Urondo)

20.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, gentileza Ernesto Jauretche) Este lunes 23 de mayo a las 18.30 en la Casa Patria Grande Presidente Néstor Kirchner (Carlos Pellegrini 1289) se realizarán las jornadas Artiguistas. Expondrán: Nelson Caula, periodista, escritor y biógrafo de Artigas; Hernán María Patiño Mayer (embajador e historiador); Felipe Pigna, (historiador y escritor); Delia Etchegoimberry (historiadora y escritora). Moderador: Ernesto Jauretche. Coordinador del programa de reivindicación de la figura de Artigas.

En este Bicentenario suramericano, en que los gobiernos de nuestros países están más cerca que nunca de sus pueblos, es oportuno rectificar desafueros e infamias que fueron producto del apasionamiento con que se debatieron y guerrearon ideas y proyectos históricos. Venimos a reivindicar la figura del conductor político y líder de su pueblo en armas y genial estadista que junto a José de San Martín y Simón Bolívar entregó su vida a la causa de la libertad, la justicia y la soberanía de los pueblos sudamericanos: Jefe de los Orientales, Protector de los Pueblos Libres y Padre del Federalismo Argentino, José Artigas.
El pensamiento y la acción de Artigas vuelven hoy a convocarnos, tras las señeras huellas de su lucha por la unidad del Continente, la construcción respetuosa de repúblicas federativas, la defensa de los intereses de los desvalidos, la justa distribución de la riqueza y la democracia popular. A este hombre probo, valiente y lúcido, pero por encima de todo patriota, se lo calificó de bandido, de bárbaro, de traidor. Y se condenó al silencio la historia de todo el movimiento artiguista, sin discusión ni respeto. Se levantaron cadalsos donde debió haber estatuas y estatuas donde debieron haber cadalsos.
Convocamos al pueblo todo de la Argentina y en particular al de las provincias que formaron parte de la Liga de los Pueblos Libres, a iniciar una campaña de divulgación, reconocimiento y redescubrimiento de José Artigas como ceremonia y celebración del prócer americano. Cuando el próximo 18 de mayo de 2011 se cumpla el Bicentenario de la victoria artiguista en la batalla de Las Piedras, primera y fundamental en el frente oriental de las guerras de la Independencia, en la conciencia histórica de nuestros pueblos habrá un espacio de recordación de aquella epopeya, nuevos argumentos para fundamentar históricamente sus demandas sociales, un motivo más para afirmar la hermandad con el pueblo de República Oriental del Uruguay y la oportunidad para reponer en su lugar al héroe y pensador que representa al Uruguay, la Argentina y a todos los pueblos libres del Continente.
Convoca a la Secretaría de Cultura de la Nación. (Agencia Paco Urondo)
 

20.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) El programa Código Político, que se emite en TN, del Grupo Clarín, juntó a Beatriz Sarlo y a Horacio González, dos de los intelectuales más importantes de la actualidad. Compartimos el video completo del debate, para seguir discutiendo y reflexionando.

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(Agencia Paco Urondo)

19.05.2011

 
Capital Federal (Agencia Paco Urondo, por Matías Farías) 1024x768 Normal 0 21 false false false Uno de los giros más importantes de la política kirchnerista en el plano internacional constituyó la apuesta por construir la patria grande latinoamericana. Uno de los desafíos de dicha tarea no es únicamente articular un “mercado común”, sino hacer justicia a una historia que sea el sostén de un proyecto político con vistas al futuro. Por eso, mientras algunos medios se deleitan con las controversias suscitadas en estos días en las relaciones comerciales entre Argentina y Brasil, no está mal evocar las tramas culturales y políticas que sostienen el vínculo entre ambos países, mucho más poderosas que las que se encuadran en el marco de las “relaciones comerciales bilaterales”.

Esas tramas culturales, que incluye los mundos imaginados por la literatura infantil, como así también la narrativa política que moldeó ideológicamente a toda una generación, aparecen imbricadas en el prólogo de Cristina Fernández a “Las aventuras de Naricita”, del cuentista infantil brasilero José Monteiro Lobato (1882-1948). Los nombres, entre otros, de Darcy Ribeiro, Freire y Walsh, mencionados por Cristina en el prólogo, son indisociables de una voluntad política que ayer y hoy lleva el nombre de “América Latina”.
 
El libro de Monteiro Lobato ha sido reeditado recientemente en Brasil y el prólogo de Cristina puede encontrarse en el último libro de Horacio González, “Kirchnerismo: una controversia cultural”. Tanto el libro de González como el prólogo de Cristina, que a continuación trascribimos, son piezas fundamentales para comprender nuestra historia reciente y, por ende, nuestro presente político.
“Prólogo de Cristina Fernández a Las aventuras de Naricita, de José Monteiro Lobato”:
“Mamá o mi abuelo acostumbraban atender a cuanto vendedor de libros tocaba el timbre de nuestra casa. Eran épocas de ventas en cuotas interminables. Diccionarios en tres tomos, gigantescos y pesados, que apenas con mis seis o siete años alcanzaba a bajar de los estantes para leer, colecciones enteras de todo tipo de enciclopedias, revistas y fascículos de la Biblia, y otros relatos que luego mamá mandaba a encuadernar. La lista sería infinita, como grande la biblioteca que se fue formando en esos años de infancia. Sin embargo, mi memoria registra con absoluta nitidez la llegada a casa de la colección completa de lo que recuerdo como Las travesuras de Naricita y Perucho, de Monteiro Lobato. Su formato de tapas duras, coloradas, con las líneas de los rostros de Naricita y Perucho, en dorado, constituyen un registro visual imborrable. Más que leerlos, literalmente devoré esos textos que iban de las fantasías más alocadas a la enseñanza de historia, geografía, geología y todo tipo de conocimiento. Emilia, la muñeca de trapo, terca y caprichosa, intrigante y rezongona, pero querible como pocas, convivía con el Vizconde – un marlo de maíz con galera e impertinentes – siempre atinado, serio y responsable. Naricita y Perucho, dos niños fantasiosos, aventureros, inquietos y siempre deseosos de saber más, podrían haber sido uno de nosotros. Doña Benita, la abuela, era una “abuelísima” de gafas y pelo blanco que con la ayuda de la negra Anastasia – la “tía” inefable creadora de Emilia, la muñeca – hacían de la quinta del “Benteveo amarillo”, un lugar en el que todos hubiéramos querido vivir. Pasada mi niñez pensé que todos esos personajes pasarían a formar parte de los lejanos recuerdos de una infancia feliz de muñecas y libros, de juegos y conocimientos. Sin embargo, la vida, el destino personal o el del país, o ambos en intensa combinación, hicieron que volviera a encontrarlos en dos oportunidades más. Una fue durante el año 1976. Había transcurrido largo tiempo desde mis lecturas infantiles. En nuestra biblioteca familiar, bajo mi impronta, y luego la de mi hermana Gisele, se habían incorporado otros textos. Junto a Monteiro Lobato, estaban Hernández Arregui, Rodolfo Puiggrós, Arturo Jauretche, Scalabrini Ortiz, Marechal, Cooke, Franz Fanon, Walsh, Perón, Galeano, Benedetti, Darcy Ribeiro, Paulo Freire, Sartre, Camus, y tantos otros. Las fantasías habían dado paso a las utopías, las aventuras a la militancia, el conocimiento puro y casi aséptico a otros conocimientos: el del entramado cultural que, al amparo de dictaduras militares recurrentes, sumía en la desinformación y la expoliación a nuestro país y a nuestra Latinoamérica. Una tarde de febrero de 1976, irrespirable, no sólo por el calor, sino por lo que sucedía – que presagiaba tragedias mayores –,  llegué a casa de mamá. Ya no vivía allí, el año anterior me había casado con un compañero de la facultad. La encontré a mi hermana forrando las tapas de los libros cuya sola tenencia, en caso de allanamientos – muy frecuentes en aquellos días – eran el pasaporte directo a la cárcel, en el mejor de los casos. Gisele al mismo tiempo cortaba las primeras páginas de los libros de Naricita y Perucho y los pegaba en los libros de Puiggrós, de Fanon, Walsh o Cooke. “Qué estás haciendo loca?”, le pregunté – siempre amable y diplomática-. Me miró y me dijo: “¿yo, loca?”, loca está mamá que nos quiere quemar todos los libros; te aviso que ya te tiró al pozo ciego todos los “desca” y las “militancia” – El Descamisado y Militancia eran dos semanarios obligados de aquella época -, y siguió forrando tapas “peligrosas” y pegando páginas de los libros de Monteiro Lobato, mientras yo la miraba absorta, sin saber si reír o llorar. No hice ninguna de las dos cosas, me fui a mi casa de City Bell, en las afueras de La Plata, donde vivía con Néstor Kirchner, quien había dejado de ser mi compañero de facultad, para transformarse en mi compañero de vida. Nunca allanaron la casa de mamá; nunca volví a preguntarle a mi hermana si Naricita y Perucho seguían mezclados con aquellos libros de mi juventud. La mente humana se las arregla para esconder, en algún pliegue lo que no queremos recordar. Pasaron los años y la dictadura. Néstor fue elegido intendente de su ciudad natal en 1987, y yo, diputada provincial de Santa Cruz en 1989. En 1991 él fue gobernador de la provincia, cargo por el que fue reelegido en los años 1995 y 1999. En el año 2003, fue electo presidente de todos los argentinos. Treinta años exactos después de aquellas lecturas, de aquellos fuegos. Comenzó su presidencia en un país al borde de la disolución económica y social después del default, sin olvidar Malvinas y una generación desaparecida, que había abrevado en aquellos textos queriendo escribir una historia distinta. Desde 1995, fui elegida, en distintas oportunidades, como diputada y senadora nacional, cargo, este último, que ocupaba cuando Néstor asumió como presidente. Durante el año 2008, tuvo lugar mi tercer encuentro con Naricita y Perucho. Esta vez fue – cosas de la vida – en el Brasil. El Brasil de Monteiro Lobato. Ya no era una niña que leía incansablemente; tampoco era la joven militante peronista del cigarrillo permanente en la mano, que leía y discutía todo el tiempo. Tenía 55 años y era la presidenta de la República Argentina, en visita oficial a la hermana República Federativa del Brasil. Compartía la mesa con Luis Ignacio Lula da Silva, su presidente, y Celso Amorim, su canciller, entre otros. De repente, en la conversación volvieron a aparecer Naricita y Perucho – nunca voy a recordar el motivo –. Celso hace referencia a Monteiro Lobato y entonces le conté acerca de mis lecturas infantiles. No lo podía creer. Eran también sus preferidas. Allí surgió la idea de patrocinar por parte del gobierno del Brasil una nueva edición de las aventuras de Naricita y Perucho, esta vez prologada por mí. Y aquí estamos. No sé si éste será mi último encuentro con estos niños entrañables; si los hijos de mis hijos leerán libros, o serán definitivamente atrapados por Internet. No lo sé. Espero que no, por ellos: se perderían el placer indescriptible de abrir un libro y no saber qué van a encontrar, a imaginar, a fantasear. Se perderían las sensaciones que provoca atravesar esta vida, construyendo utopías y abriendo caminos, que parecían definitivamente cerrados para nuestro país y nuestro continente. Por eso, espero nuevos encuentros. Por ellos y por nosotros. En definitiva, por todos. A Naricita y Perucho, a Emilia y el Vizconde; a Anastasia y doña Benita y a todos lo que contribuyeron a alimentar mis sueños y forjar mis Utopías”.(Agencia Paco Urondo)

18.05.2011

 
Capital Federal (Agencia Paco Urondo) La Casa Nacional del Bicentenario-Secretaría de Cultura de la Nación inaugura Economía y política. 200 años de historia, una exposición que retrata el recorrido de la economía argentina, desde 1810 hasta la actualidad. Economía y política. 200 años de historia es fruto de un trabajo de investigación de más de un año en el que realizaron el asesoramiento, la selección de contenidos y el guión expositivo el Doctor en Historia y economista Mario Rapoport, el economista y periodista Alfredo Zaiat, y el escritor y periodista Julio Fernández Baraibar.

Documentos, piezas históricas, material audiovisual y obras de artistas visuales componen el relato expositivo que propone acercar a los visitantes información amplia para promover la reflexión, y generar un debate sobre un tema constitutivo de la sociedad argentina.
Durante el evento de inauguración, el martes 17 de mayo de 19 a 22 horas, habrá espectáculos en vivo con la participación de Liliana Herrero, Lidia Borda, Alfredo Piro, Dolores Solá, Antonio Birabent, Pablo Dacal, Andrés Gimenez, Fena, Nuria Martínez, entre otros.
Acompañan este recorrido por la historia económica de nuestro país obras de los artistas Marie-Gabriel Biessy, Martín Bonadeo, Antonio Berni, Gabriela Bocchi, Alejandra Bocquel, Ernesto de la Cárcova, Ricardo Carpani, Juan Carlos Castagnino, Juan Carlos Distéfano, Diana Dowek, Fermín Eguía, Omar Estela, Roberto Fernández, León Ferrari, Carina Ferrari, Luis “Búlgaro” Freisztav, Karina Granieri, Norberto Gómez, Magdalena Jitrik, Alexandra Kehayoglou, Martín Kovensky, Geraldine Lanteri, Patricio Larrambebere, Marcos López, Liliana Maresca, Vicente Marotta, Juan Mathé, Marta Minujín, Eduardo Molinari, Daniel Ontiveros, Diego Perrota, Cristina Piffer, Ricardo Pons, Juan Pablo Renzi, RES, Juan Carlos Romero, Graciela Sacco, Jorge de Santamaría y Alejandro Somaschini; y con la asesoría de Judith Gociol se exhiben obras de los humoristas gráficos Calé, Roberto Fontanarrosa, Sergio Langer, Julio Málaga Grenet, Daniel Paz, Quino, Miguel Rep y Luis Guaragna entre otros.
La producción audiovisual que se exhibe fue realizada por la Casa Nacional del Bicentenario; y por el Centro de Producción Audiovisual de la UNTREF y Alejandro Areal Vélez como realizadores invitados. (Agencia Paco Urondo)
 

17.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Una de las leyes no escritas del periodismo deportivo actual expresa que sería muy fácil –y además deshonesto o poco profesional- opinar de un partido “con el diario del lunes”. Sin embargo, para evitar una perorata sentimentalista basada en las interminables lágrimas vertidas por amor a Martín Palermo, este cronista decidió trabajar con los diarios del lunes. Un día después del histórico 2-0, con las imágenes y los movimientos grabados ya en la memoria de millones, hace falta aún señalar en qué elementos, en qué gestos y por intermedio de qué estrategias Boca le ganó este clásico a River.
¿Dónde se gestó el triunfo? El gran maestro de la filosofía política moderna, Thomas Hobbes, escribió que los hombres, impulsados por el deseo de gloria, son a menudo capaces de llegar a la guerra apenas por una palabra, o incluso por una sonrisa. Un detalle, un gesto casi imperceptible, puede resultar determinante y convertir a un poderoso imperio en un montón de ruinas. En una clase magistral de política (y por lo tanto también, de fútbol), Boca colmó el superclásico de gestos y contragestos, obligando al rival a un tedioso ejercicio de traducción al que llegó inexorablemente tarde. Dentro y fuera de la cancha, dentro y fuera del estadio, River se convirtió en el destinatario de toda suerte de correos y amenazas: hubo mensajes inofensivos y otros intimidantes, entre el folklore y el crimen (un ataque al micro en Retiro obligó a los visitantes a arrojarse al suelo). En esta política gestual, Boca distribuyó mensajes en código en todas direcciones, confundiendo hasta a la prensa, que acabó adormecida –ya en la previa- entre los “sueños del último gol” de Palermo y las palabras de elogio de Riquelme para Carrizo. ¿Cuál fue el gesto decisivo de Boca? Ni el abrazo de Román con Martín, ni los abrazos de ambos con Falcioni, ni los saludos con J.J. López. Boca aplastó a River con el gesto barrabrava de un ajuste de cuentas con Jonathan Maidana. Y el defensor-goleador de River pagó esa deuda abandonando la cancha a los veinte minutos de juego, sin hacer gestos. O sí, acaso algún gesto de dolor. Seguramente un dolor muy intenso, indisimulable.
En los diarios del lunes, el caso Maidana aparece sobre todo como un desacierto del técnico de River, que lo habría “arriesgado” sin tener en cuenta las molestias físicas que condicionaron al jugador durante la semana. Se mencionan los insultos que recibió, especialmente al final, y su buena intención, en el inicio, cuando se acerca sonriente al banco de suplentes del local (¿a saludar a ex compañeros de Banfield, de Boca, a saludar a todos, de paso?). Esta “buena onda” con Boca lo dejó a merced del rival. Con el antecedente fresco de haberle convertido al xeneize en el Monumental, Maidana tendría que haber sido advertido sobre la necesidad de darle la espalda a los recuerdos y entrar a la Bombonera a cara de perro, como si fuera el más orgulloso hincha de River. En lugar de elegir ese camino (el que tomó Ruggeri cuando llegó a River, el de Caniggia en Boca), Maidana prentendió jugar el clásico “con respeto” hacia la 12. Y se lo comieron crudo. Cada vez que subió a cabecear terminó en el piso. Los únicos que podían ver los penales de Caruzzo eran los que lo miraban por TV, y el propio Maidana que, en lugar de protestar y avisar a Almeyda de los golpes recibidos en el área de Boca… prefirió pagar su deuda sin comentarios: “silencio atroz”.
Es impresionante ver al defensor volviendo a su puesto mudo, a toda velocidad, incapaz de pedir penal, después de cada apriete de Caruzzo, que lo tomaba de la camiseta como diciéndole “nene, hoy gana Boca, no te hagas el pelotudo y quedate quieto”. En cada pelota disputada, Maidana supo que había un ensañamiento con él. Y si todavía tenía dudas, hay que ver la cara del defensor cuando se toma el rostro enrojecido después de un violentísimo contacto provocado nada menos que por Juan Román Riquelme (un movimiento digno de playstation, pero no del FIFA sino de algún juego de combate cuerpo a cuerpo). A los 22´del primer tiempo River se quedó sin su mejor defensor, herido de muerte. Fue reemplazado por un chico que –a juzgar por su inexperiencia- mostró grandes condiciones. Al menos gritó “penal” cuando Caruzzo lo revolcó por el área chica. Conclusión: mientras el millonario creía que el juego pasaba por los pies de Lamela y el mal viaje de Somoza… Caruzzo, Román y la 12 dejaron a Juanpi Carrizo sin su mano izquierda. Con la otra mano, el arquero de River abrió el marcador. Lo demás… la emoción de Palermo, la vuelta en el aire de Monzón en sentido inverso a las agujas del reloj (inesperado gesto que dejó girando en falso, hipnotizado, a más de uno), los penales no cobrados, la calentura final de Almeyda, todo esto se repetirá hasta el hartazgo. En cambio, el ajuste “a lo Boca” y filo-barrabrava con el seis de River, quedará en la memoria lastimada del ex Boca.
Demasiado tarde, Matías Almeyda se dejó de amagues y violentas exquisiteces y se hizo cargo de que a Boca habría que haberlo pasado por encima redoblando esa apuesta cargada de gestos. Terminó siendo el pelado el que apareció en todos lados provocando, puteando, arañando, maltratado por la policía y demorado. Más tarde aún, a la medianoche, salió a declarar en el programa de Fantino (en pico de rating) que a River no le metieron un dedo sino “la mano entera”. Muy bien, ¿y cómo reaccionó Juan Román Riquelme, algunos años atrás, cuando efectivamente un marcador le metió una mano entera en el culo? El Topo Gigio, que sabe de gestos y códigos tanto como de fútbol, respondió a aquella agresión con otro gesto. Ese gesto de la mano en el culo, Román (que no largaba la pelota) lo convirtió en gesto de dolor. ¿Cómo no se le ocurrió a Almeyda que el único modo de frenar a Boca era con un trompazo genuino como aquel de Riquelme? ¿O es que nunca llegó a sentir esa mano? ¿De qué mano habla Almeyda, la de Boca o la de AFA? ¿Y por qué firma River la solicitada a favor de don Julio Grondona en el mismo diario –el del lunes, el de ayer- donde se queja de los arbitrajes que designa AFA a través de sus representantes? ¿O esas quejas son sólo un gesto más, a destiempo?
Si cambiáramos de tema por un segundo, a modo de apéndice (y un saludo a Baldassi) deberíamos referirnos al impensable polvo de Falcioni: “Bárbaro”, dijo. Préstese atención, fue un polvo bárbaro, no civilizado. En esa verborrea, Falcioni sacó un insólito erotismo –un poco asqueroso- de la galera al tiempo que se ganó, al fin, el mote de “bostero” por primera vez en lo que va del año. Al menos, será un verdadero bostero según el ideario millonario (lo que no es menor). No se le perdonará jamás la escandalosa metáfora ligada al placer del orgasmo.
No hay que confundirse. No fue Carrizo el que pagó los platos rotos. Tampoco fue J. J., ni Maidana, con su deuda interna el La Boca. Aunque parezca mentira, el periodismo disparó contra Funes Mori, que (hace falta repetirlo) llegó a la Bombonera –como el resto de sus compañeros y el cuerpo técnico- cuerpo a tierra. Literalmente, en el piso, debajo de los asientos del micro.
En el vestuario visitante, increíble ingenuidad millonaria, los utileros de River esperaban al plantel con arengas, banderas y fotos gigantes de los titulares, para que se sintieran protagonistas. Un consuelo: al menos, Palermo no volverá a marcarles jamás (si cumple con su palabra), apenas quedará el recuerdo, como bien sabe el xeneize cada vez que ve, por casualidad, una pelota naranja. Fantasmas que quedan dando vueltas, como Monzón, en el aire.
(Agencia Paco Urondo)

17.05.2011

 
Capital Federal (Agencia Paco Urondo, en Télam) La actriz y productora argentina Martina Gusmán, protagonista de filmes de Pablo Trapero como “Leonera” y “Carancho”, está viviendo “un sueño hecho realidad” en su papel como miembro del jurado oficial de la competencia del 64to. Festival de Cine de Cannes, donde comparte sus opiniones con Robert De Niro y Olivier Assayas, entre otras estrellas mundiales.

“Para mí esto es como un sueño. Primero fue como un estado de shock, no podía creerlo”, afirmó la joven actriz, quien recordó que todo comenzó cuando el director artístico del certamen francés, Thierry Frémaux, le pidió a Trapero -su marido y socio artístico- su teléfono personal para llamarla y ofrecerle ser parte del jurado de la selección oficial de este año.
Muy sonriente y entusiasmada, Gusmán llegó junto al director de “Carancho” -que el año pasado compitió aquí en la sección oficial Un Certain Regard- al stand que el cine argentino posee en la Village International Riviera y respondió a las preguntas de Télam en la arena, junto al mar, con una imponente vista panorámica de la ciudad de Cannes, la avenida Croisette y sus lujosos hoteles, como telón de fondo.
“Nosotros ya teníamos una historia de participaciones variadas en el Festival, ya que habíamos traído varios proyectos y luego competimos en la sección oficial con `Leonera´ y el año pasado volvimos acá con `Carancho´. Yo creo que ese fue uno de los motivos que llevaron a Frémaux a elegirme como jurado este año”, opinó.
Sin embargo, Gusmán -cuya primera visita a Cannes fue en 2001, acompañando la presentación de “El bonaerense”, la película de su marido que ella produjo- reconoció que “fue una sorpresa muy grande y, si bien ya estoy aquí trabajando a diario con mis compañeros, para mi es algo casi surrealista”.
Si bien se está codeando con grandes estrellas del cine mundial como el actor estadounidense Robert De Niro, la actriz Uma Thurman, el actor británico Jude Law, el cineasta francés Olivier Assayas y su colega chino Johnnie To, la actriz señaló que se siente “muy cómoda”, ya que todos ellos tienen con ella un trato cordial y amigable.
“Estaba muy nerviosa con el encuentro, debido a que admiro profundamente tanto a De Niro como a Assayas y a Johnnie To. Todos mis compañeros en el jurado son personas muy famosas y talentosas.
Y lentamente me fui tranquilizando, cuando descubrí que De Niro es una persona cálida, informal y hasta un poco tímida”, confió la actriz.
En relación a su responsabilidad como jurado, Gusmán destacó que “cada persona tiene su propia sensibilidad, su forma de pensar, sus sentimientos y emociones. Lo que yo intento en este nuevo desafío es ser una espectadora más, sumergirme en cada película, ver qué es lo que quiere proponerme cada director y perderme en la trama”.
Y agregó: “A mí la palabra `juzgar´ no me gusta porque siento que emito un juicio, que estoy diciendo si algo está bien o mal. Lo que quiero es simplemente manifestar cuál es el cine que me gusta de esta selección plagada de grandes películas y directores”.
“Para mi es una posibilidad de aprendizaje enorme, más allá de toda la responsabilidad que esto implica”, dijo la intérprete, quien antes de arribar a Cannes se ocupó de estudiar la historia de cada uno de los directores que están en competencia oficial, viendo sus películas anteriores y “tratando de entender su experiencia previa”.
A pesar de haberse desempeñado como productora durante los últimos diez años, desde que fundó Matanza Cine junto a su marido, Gusmán es esencialmente una actriz cada vez más solicitada: acaba de filmar “Una bala para el Che”, de la uruguaya Gabriela Guillermo, y protagonizó “La vida nueva”, una película de Santiago Palavecino donde actúa junto a Germán Palacios y el escritor Alan Pauls.
En relación a este último filme, cuyo director también la acompaña en estas jornadas en Cannes, Gusmán aseguró que “la experiencia con Santiago fue alucinante. Me tocó interpretar el papel de una profesora de piano que está pasando por un momento muy crítico con su pareja y se entera que el amor de su vida está por volver al pueblo en el que vive. Es algo que le revoluciona su presente”.
También filmó un cortometraje junto a Trapero en su estancia en el reciente Festival de Cine de Rapa Nui, en la Isla de Pascua, donde incluso realizaron tomas submarinas, pero todo ese material estaba dentro de una computador que se perdió por estos días en Cannes, y aún no sabe si podrán recuperarlo.
Gusmán, que además volverá a actuar bajo las órdenes de Trapero haciendo “un pequeño papel” en su próxima película, estudió Artes Aplicadas en la Universidad de Buenos Aires y cursó estudios de arte dramático con Carlos Gandolfo antes de volcarse por completo al cine.
 
 
(Agencia Paco Urondo)
 

15.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Nace en Baigorrita -partido de General Viamonte, provincia de Buenos Aires- Alejandro Ricardo Dolina; escritor, músico, trabajador de la radio y la televisión; creció en la localidad bonaerense de Caseros, al que recordó en verso: “Soy, señores de Caseros: / lo digo con el pico, / lo defiendo con el cuero". Su madre era maestra, de apellido Colombo.Estudió música y literatura desde muy joven. Siempre evitó comentarios sobre su vida privada, pero a veces cuenta anécdotas de su juventud en compañía de músicos y una fauna interesante de atorrantes. Fue operario de ENTEL y estudiante de Derecho.A los 22 años abandonó la carrera de Derecho y no trabajaba. En una reunión, conoció a Manuel Evequoz, quien interesado por su fina inteligencia y humor, trabó amistad y le consiguió trabajo en una agencia publicitaria. Fue su introducción a los medios de comunicación y el descubrimiento de su vocación. Fueron buenos amigos con Evequoz y en él inspiró su personaje de Manuel Mandeb. Evequoz adhería al peronismo revolucionario y desapareció durante la dictadura de 1976.Siempre aficionado al tango, a la filosofía y la literatura. La mujer cumple un papel protagónico en sus relatos y aún en sus incentivos, cuando asegura que “todo lo que hago, lo hago para levantar minas”.En 1974 publicó sus primeras notas humorísticas en la revista Mengano. Continuó escribiendo artículos para Satiricón, revista que usaba el humor para comentar temas de política, sociedad y costumbrismo. Trabajó con Carlos Trillo, quien también se dedicó a la publicidad y luego se convertiría en un exitoso guionista de historietas.En 1978, Satiricón fue clausurada por la dictadura; Dolina comenzó a escribir para la revista Humor. Se dedicó, entonces, a escribir sobre el honor, el amor, la amistad y hasta creó cierta mitología marechaleana centrada en personajes como el Ángel Gris de Flores y el escritor Manuel Mandeb. Se hizo una recopilación que fue publicada en el libro Crónicas del Ángel Gris en 1987. Una edición corregida y aumentada de esta última obra apareció en 1996.En 1975 comenzó a trabajar en la radio en Mañanitas Nocturnas, programa de Carlos Ulanovsky y Mario Mactas, por Radio Argentina. Interpretaba al “periodista Gómez”. Así apareció por primera vez el Sordo Gancé, músico improvisado, persistente en el tiempo, aún en La venganza será terrible. Gancé "Siempre tocaba la misma canción: Milonga sentimental -recuerda Dolina- y lo echaban a patadas".El 2 de abril de 1985, Dolina debutó como conductor en la radio en un programa que emitía El Mundo: Demasiado tarde para lágrimas. Con el mismo nombre, el programa se trasladó en 1989 a Rivadavia y durante 1991 (sólo duro un mes) a Nacional. Luego pasó a la radio Viva FM, cambiando su nombre por El ombligo del mundo. Durante 1993 siguió en FM Tango, pero ya su nombre era La venganza será terrible, llegando a Continental (1994-2000 y 2002-2006) y Del Plata, donde se transmitió sólo durante 2001 mientras, a la misma hora, Continental emitía programas grabados de temporadas anteriores. A finales de 2006, el programa se trasladó a Radio 10, donde permanecería hasta 2009. Desde febrero de 2010 se emite por LRA Radio Nacional. Lo acompaña todas las noches Patricio Barton; Gabriel Schultz y Jorge Dorio, alternadamente. Por su trabajo en este programa, Dolina ganó, en 1991, el Premio Konex al mejor conductor.Su programa de radio es líder en su franja horaria desde el primer año de emisión, con un encendido superior al 50% de los receptores. Es un clásico de la radiofonía del Río de la Plata, cuando sale de Buenos Aires llena todos los lugares donde se presenta. Estuvo en el ex cine de Burzaco, donde la gente del partido de Almirante Brown llenó el recinto y a la finalización del mismo, lo ovacionó de pie. Dolina dice “es extraño cómo se sostiene una audiencia numéricamente tan grande en un país donde se supone que no se lee, cuando para entender mi programa al menos hay que haber ojeado dos libros”. Cotidianamente invita a compartir la historia, la literatura y el surrealismo. El “Negro” hace prosa tanto de un texto de la Odisea como de disparatados consejos para quitar mejor las manchas de la ropa. Su capacidad de improvisación como narrador, actor y músico es asombrosa.Después de Crónicas del Ángel Gris publicó El libro del Fantasma (1999) y Bar del Infierno (Planeta, 2005). Son colecciones de relatos breves. Aborda temas históricos, filosóficos y costumbristas en torno a los Hombres Sensibles de Flores, sus personajes recurrentes. De clara influencia marechaleana, alterna la literatura fantástica, el ensayo y el relato histórico. Actualmente se encuentra escribiendo su primera novela que la editorial Planeta publicará en Argentina, América Latina y España.
Dolina es cantante y compositor. En sus programas de radio y televisión siempre incluyó bloques musicales. En 1990 adaptó las “Crónicas…” y presentó la comedia musical El barrio del Ángel Gris. Recibió por ella el premio Argentores.(Agencia Paco Urondo)
 

15.05.2011

 
Capital Federal (Agencia Paco Urondo) La ensayista Beatriz Sarlo presentó el libro "La audacia y el cálculo. Kirchner 2003 - 2010", de la Editorial Sudamericana. En el texto analiza, entre otros temas, la cultura 2.0, el "triunfo cultural" kirchnerista y los años del expresidente. En exclusivo, La Paco Urondo comparte un fragmento del libro.
 

La “Forma” Kirchner (parte del Capítulo VII, páginas 199 - 200)
Kirchner acertó una apuesta, cuyo resultado no era evidente, al convertir las elecciones parlamentarias del 2005 en un plebiscito de medio término. Todo Presidente prefiere ganar esas elecciones antes que perderlas. Eso es muy obvio, y por eso, acá y en Estados Unidos, como en cualquier parte, participa en las campañas de sus candidatos. Pero Kirchner fue un paso más lejos al jugar a Cristina Fernández como cabeza de lista en la crucial Provincia de Buenos Aires (donde debía derrotar al duhaldismo, sobre cuya debilidad todavía no se estaba demasiado seguro). Plantear las elecciones dramatizando al máximo la coyuntura implica abrir un momento de decisión, donde el pueblo actúa como voluntad soberana. Implica, entonces, un momento político por excelencia. Kirchner tomó ese riesgo. De allí en más todas las acciones se concentraron en acumular lo ganado como trofeo del poder de decisión presidencial. No ganó un partido sino un hombre. El “liderazgo de la popularidad” es, por supuesto, personalista.
En la campaña para esas elecciones, Kirchner pedía el voto como llave maestra para abrir una nueva etapa. Si las ganaba, derrotaba, en primer lugar, a quien había sido su antecesor, Eduardo Duhalde, y con esa derrota calculaba acertadamente, porque conocía el Partido Justicialista, que recibiría de inmediato los apoyos y las transferencias de poder que todavía lo esquivaban. Kirchner, con una boleta que no llevaba el término “justicialista” y con apoyos ilusionados de extra partidarios, consolidaba su poder en el peronismo. No se equivocaba: en la madrugada de la victoria, entre gallos y medianoches, abandonaron a Duhalde y se hicieron kirchneristas los fieles Díaz Bancalari y Pampuro, nombres importantes del derrotado peronismo bonaerense que hasta entonces llevaba los colores duhaldistas. Había llegado su gran momento.
Kirchner lo había preparado con su discurso de campaña. En todos los rincones del conurbano, mientras entregaba títulos de propiedad, inauguraba pavimentos o prometía obras, repetía: “cuando venga octubre me van a decir si me dan la fuerza para seguir cambiando Argentina o eligen otro camino. Le pido firmemente al pueblo argentino que me ayude”. Y ya con los resultados en la mano, el Jefe de Gabinete Alberto Fernández no fue más cauto: el resultado era “casi como un plebiscito a la gestión”. El Presidente vivía el primer triunfo electoral nacional.
Después de la victoria, Kirchner se percibe a sí mismo como constructor de una línea del peronismo que no parte del 17 de octubre de 1945 y de los Hechos del General, como la que fuera durante décadas la línea canónica, sino de los Hechos de los Apóstatas, los jóvenes peronistas radicalizados. Por eso, como se vio, cuando lo anunciaba en su pasado, Kirchner hizo de la reivindicación de los setenta uno de los rasgos de su fisonomía ideológica, fundamentalmente a través del discurso sobre los derechos humanos, justicia y terrorismo de Estado. En la década de los 90, esas ideas habían perdido gran parte de su capacidad para seguir produciendo hechos en el presente; Kirchner abrió de nuevo un capítulo cerrado, excepto para los más fieles a esa tradición de los setenta que, por eso mismo, eran también bastante marginales en el Partido Justicialista, o se habían reconvertido como menemistas o directamente estaban fuera de sus estructuras.
Carlos Altamirano, en un reportaje aparecido en Perfil, ha dicho, con desprejuiciada inteligencia y buena observación del terreno: “Hoy gobiernan los Montoneros”. ¿Pero qué quiere decir “Montoneros” hoy? Kirchner trazó un nuevo punto de partido del peronismo, promoviendo una línea de autorreconocimiento generacional, con la siguiente fórmula: identificación con el ethos de entonces, creación de las políticas adecuadas del presente. Ahora bien: ¿Sólo el rescoldo de los valores queda de aquel pasado?
También sobrevive la distancia desdeñosa frente a las instituciones republicanas y la libertad de prensa. Como a la juventud peronista radicalizada, al kirchnerismo no le importan las formas “burguesas” institucionales de la política. En 1973 este desprecio se alimentaba de la confianza en que las masas, siguiendo un élan revolucionario, desarrollarían formas más profundas e igualitarias de Gobierno; la conducción del General Perón sería desbordada por el movimiento del pueblo (que respondería a su vanguardia armada). Hoy, en cambio, significa que la república institucional, siempre incómoda para el peronismo, es reemplazada por un Ejecutivo poderoso, implacable y concentrado en la figura presidencial. Con el ethos de los setenta, regresa la antipatía histórica del peronismo por las instituciones deliberativas, donde hay que escuchar voces opositoras, júzgueselas como se las juzgue.
Algunos razonan, con la agudeza del cinismo, que con este Parlamento y esta oposición la república kirchnerista es la república posible. De hecho, durante décadas se ha dicho esto de diferentes maneras y con diferentes jefes. Con Kirchner pareció más a propósito, en primer lugar por la importancia de las políticas de justicia en lo que concierne al terrorismo de Estado y la renovación de la Corte Suprema; también por el trauma del 2001 con sus episodios emblemáticos: los saqueos y muertes, y la desorganización total de la Nación, entre otras razones por la difusión de las cuasi monedas provinciales y los años de inestabilidad jurídica provocada por el corralito y el default. Kirchner también es aceptado por la prosperidad económica que embellece cualquier distorsión de la República, como sucedió durante parte del gobierno de Menem.
Así, no es sorprendente que el somero aunque enfático discurso de Kirchner lograra cubrir una parte considerable del espacio progresista. (Agencia Paco Urondo)
 

12.05.2011

 
Capital Federal (Agencia Paco Urondo, en el blog Tirando al Medio) Por Gerardo Fernández
 
En el libro de Beatriz Sarlo sobrevuela la idea muy trillada en ciertos ambientes de que todos los que desde distintos lugares apoyamos la experiencia kirchnerista en un punto somos inocentes que pensamos que el gobierno es lo que ellos saben que no es. Esta mirada superada no es, obviamente, exclusividad de la columnista de La Nación y, como ya he escrito en algún otro post, anida en un sector -que presumo reducido- para el que tanto oficialismo como oposición son las dos caras de la moneda del presente político argentino, moneda que, como no podía ser de otra manera, consideran absolutamente devaluada.

Si decís lo que decís del kirchnerismo, si lo caracterizás como algo no ubicable en la derecha pero  absolutamente intrincado con “los piqueteros”, “los intendentes” y la burocracia sindical, pero al mismo tiempo reconocés que cuando ves una columna robusta de Facebook 678 decís “A la pipeta”, la verdad, estás diciendo que toda esa gente es un colectivo de nabos que creen que el gobierno es lo que en realidad vos y algunos más saben que no es. El problema es la mirada o si se quiere el lugar desde donde se mira un proceso. Por supuesto que si uno se pone a analizar si cada acción del kirchnerismo cumple con las normas Iram de la política muy probablemente obtenga un resultado negativo, lo mismo que si lo hubiera hecho con el gobierno de Alfonsín o con el de Lula. En la realidad, los gobiernos casi nunca superan el desafío de la blancura…. Tienen cosas buenas y malas, virtudes y defectos, lo que los define, empero, no es un saldo entre aciertos y errores sino las tendencias generales, la orientación, para qué lado avanzan. Por eso es que desde este costado del análisis nadie puede negar que el kirchnerismo va para un lado que favorece a los intereses populares. Puede discutirse si va bien o más o menos, si podría ir mejor, si por momentos avanza y por momentos se queda. Puede y debe debatirse todo eso (algo que está en toda conversación intra-K que se da a lo largo del país) lo que no puede suponerse es que es un gobierno más, un proceso más, que dejará al país peor que como estaba. El kirchnerismo dejará una marca profunda y muy difícil de borrar en la historia política argentina.
Uno entra al libro de Sarlo con respeto porque es una intelectual que viene en el candelero a lo largo de las últimas 5 décadas, pero básicamente porque la considera una mina piola, pero este libro en buena medida defrauda y quiero ser honesto. Digo que “La Audacia y el Cáculo” defrauda no porque lo haya comprado para leer un panegírico K sino porque no encontré lo que buscaba, no encontré ideas nuevas, planteos novedosos, no me sorprendió, ahí está la idea. En música como en el ensayo político me gusta lo que me sorprende, lo que se cuela por la ventana, lo que me dice “Ey, hola” con un formato nuevo, desconocido pero al mismo tiempo fulgurante. Bien, el libro de Sarlo es como un disco de Pat Metheny, perfectamente tocado, con una pulcritud y fineza que asombra pero las notas son todas viejas. Está tocada perfectamente una música que ha envejecido. Eso es lo que me quedó cuando lo terminé..
Como tipo que ha protagonizado este fenómeno de la bloguería, me interesó conocer qué tenía para decir de nosotros Beatríz Sarlo, es más, hasta en cierto punto lo consideraba un reconocimiento desde las altas esferas de la intelectualidad porteña, pero a poco de andar me dí cuenta que no se dignó leernos, estudiarnos. Creí que por lo menos se había tomado el trabajo de caminar por la blogosfera, pero no, no lo ha hecho y termina dando una imagen de los blog que es verdaderamente ofensiva porque nadie va a negar que en la bloguería kirchnerista hay de todo en cuando a gustos y calidad, pero me defraudó que la autora no se haya demorado en, ponele, Manolo, en Fede Vázquez, o en Mendieta, para nombrar sólo a tres amigos. Porque si se hubiera tomado una copa en uno de esos tres boliches no hubiera escrito tantas superficialidades. Pero además, lo grave de no detenerse en el fenómeno bloguero es que perdió la posibilidad de entender verdaderamente de qué se trata esta batalla cultural del presente. Porque hasta 678 mismo es inentendible sin analizar a fondo la significación de la bloguería ya desde mediados de 2007 (que luego explotó con la sedición agromediática del 2008 pero ya venía pisando fuerte desde por lo menos un año atrás. Recuerdo, por caso, las discusiones en torno a las elecciones porteñas de 2007 entre Artemio y El Criador de Gorilas, que se jugaba a que Lozano no entraba a la HCD) La bloguería fue la explosión protagonizada por un montonazo de gente que vislumbró en internet un campo de batalla novedoso y que puso muchísimo esmero, muchísimas horas y en algunos casos muchísimo talento para ensanchar el ágora. Pero lo más importante es que lo logró, lo más importante es que se metió en la plaza, que dijo “acá estoy y tengo estas cosas para decir” y tuvo la suficiente calidad como para ser reconocida antes que nada por la gente, por los internautas que hartos de leer lo mismo en los mismos lugares de siempre se puso a buscar no sé si ideas nuevas pero al menos algo distinto, y lo halló en los blogs. Explicar el fenómeno por lo fácil que es hacer un blog es un reduccionismo conceptual imperdonable en alguien que se ha pasado la vida discutiendo ideas y procesos vanguardistas. Equivale a decir que el fenómeno de las radios de baja potencia de fines de los ochenta se debió a que era barato equiparlas. Es no entender o, lo que sería peor, negar, que había un cuello de botella en la comunicación en tanto sólo estaban representados los sectores dominantes y no había amplificación de otras voces y que por lo tanto ya las radios truchas en su momento como la bloguería después vinieron a ser el canal de representación de toda una gama de voces que no tenían cabida en un sistema de medios monopolizado por un puñado de empresas.
A Sarlo le termina sucediendo lo mismo que a José Pablo Feimann y da la impresión de que en el fondo les molesta soberanamente que hayan surgido estas ventanitas donde la gente puede manifestar sus “pienso de que”, pareciera que no se lo bancan, da la impresión de que les encantaba el mundo prebloguero, que estaban comodísimos en un sistema de medios reducido donde ellos tenían chapas de exclusividad y títulos nobiliarios que nadie osaba discutir y que si lo hacía era mediante el quimérico recurso de enviar una carta de lectores que invariablemente no era nunca publicada. En realidad no es que nadie se animara a discutirles, lo que no había era una plataforma donde colgar esas interpelaciones, no existía un espacio para subir ideas, hasta que aparecieron las plataformas para hacer blogs y  se posibilitó que en una PC hogareña el internauta pudiera encontrar, además de las páginas rimbombantes de los grandes diarios y sitios de renombre, pequeñas bitácoras con ideas que, buenas o malas, de mayor o menor rigurosidad (eso no es del todo central) empezaron a amplificar otras voces y de alguna manera se fue ensanchando la plaza pública y
se sumaron otras voces que a juzgar por la importancia que se les ha dado desde el establishment periodístico e intelectual, pero antes que nada por la cantidad de lectores que conquistaron, es evidente que algo tenían para decir.
Si el movimiento bloguero hubiera sido el del blogero “activista” que imagina Sarlo, no hubiera tenido sentido este libro porque no estaríamos hablando de un fenómeno que impactó en redacciones, en asesores de prensa, en dirigentes políticos y en todos los lugares donde se debate el destino del país. Si los blogs no hubieran tenido la aceptación que tienen, si diariamente no hubiera miles de argentinos que los leen, no se los habría demonizado ni difamado como se lo hace a diario. Si los blogs no generaran opinión no serían objeto de agresiones semanales desde uno u otro lado de ese periodismo que se siente interpelado por desconocidos que aparecieron no se sabe de dónde explicitando un montonazo de ideas que, al parecer , a ellos nunca se les hubieran ocurrido.
A Beatriz Sarlo la historia le hizo un delivery sin costo y le dejó en su PC la posibilidad de entender de qué se trata el debate en los tiempos del 2.0 pero no abrió del todo el paquete. Se dejó llevar por dimes y diretes, chusmeó un poco y lo tiró a la basura. Lamentablemente, el espacio del pensamiento y las ideas se perdió la posibilidad de contar con un aporte suyo novedoso, a la altura de su currículum.
Una pena. (Agencia Paco Urondo)
 

12.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Luego de los multitudinarios festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo, quedó consolidado un espacio de análisis e investigación sobre nuestra historia. Lo más interesante es que ese espacio esta constituido tanto por los encargados formales de ese estudio (academias, órganos oficiales, periodistas) como por los mismos ciudadanos que participaron u observaron ese festejo popular. La irrupción de la Historia es un fenómeno que nos viene acompañando desde hace unos años, quizás el primer momento fue luego de la crisis del 2001. Al estar el país en sensación de disolución, volver sobre nuestro pasado pareció la manera más lógica de tratar de pensar nuestro futuro. Así lo testimoniaron gran cantidad de publicaciones históricas que acompañaron y fueron fomentadas por este interés. El caso de Felipe Pigna y sus libros Los mitos de la historia argentina quizás sea el más conocido.

Porque no solo fue un interés por conocer nuestra historia, sino además por escapar de la historia mitrista. Así como los medios tergiversaban nuestra realidad actual, habían tergiversado nuestro pasado aquellos historiadores de la historia oficial. Habían construido esos próceres de bronce completamente alejados de nuestro presente, habían ocultado genocidios como el realizado por Roca o el que le hicimos al Paraguay, habían tergiversado la historia de los caudillos federales. Volvió una historia emparentada al revisionismo histórico; y nos permite pensar que éste es otro momento, como aquél, en que se intenta refundar nuestra patria. Y allí la Historia nos aparece como un espacio de lucha, de conflicto.
Y el Estado no se mantuvo al margen de esa disputa. Justamente el guión histórico del festejo del Bicentenario tuvo una fuerte orientación revisionista, como asi también la decisión de celebrar con la presencia de la presidenta la gesta de La Vuelta de Obligado. Y en este marco es que debemos posicionar a las recientes películas sobre dos de nuestros máximos próceres: San Martín y Belgrano. Ambas contaron con el apoyo y financiamiento de la Televisión Publica, el Canal Encuentro y el INCAA. Y son aproximaciones a estos próceres en donde uno encuentra lo vital de sus existencias. No deja de ser extraño que ocurra por parte del Estado, que siempre tuvimos asociado al bronce y al mármol.
Revolución. El cruce de Los Andes nos presenta al héroe colectivo, esa creación presente en El Eternauta de  Oesterheld. San Martín es uno más, aunque claramente no uno cualquiera, de esa epopeya que tuvo como artífice al pueblo cuyano, al pueblo de la patria. Se encarga de dejar en claro que no puede un solo hombre llevar nada a cabo, si no esta unido a los deseos y anhelos del pueblo, de la patria. Con un trabajo brillante de Rodrigo de la Serna, el prócer es narrado por un joven soldado que lo acompaña en el camino a Chile. La película arranca en los años de la repatriación de los restos de San Martín, con un periodista que busca un testimonio sobre aquellos tiempos. Y el que fue ese joven soldado hoy es un anciano pobre y abandonado por ese estado liberal de 1880; y será quien cuente sus recuerdos del general. Recuerdos que no son lineales, que generan conflictos, que complejizan al Padre de la Patria.
Es una recuperación de aquellas zonas confusas de la vida y la lucha por la liberación: los ejércitos de libertos que morían por su libertad, las peleas internas dentro del ejercito, las decisiones de un hombre que pueden provocar la muerte de tantos otros. Es una película que no provoca airadas exaltaciones a la patria y a su prócer; sino más bien que genera inquietud, emoción, reflexiones. Nos enfrenta a nuestro deber histórico, observando el de aquellos que dejaron todo por legarnos una patria libre.
Belgrano, La Película se centra en la figura de aquel que intentaron hacer pasar a la historia solamente como el creador de nuestra insignia patria. Porque además de crear nada menos que nuestra bandera (polémica historiográfica sobre colores y forma que se retoma) fue también un hombre de su época que se brindo de lleno a la revolución. Que se estreno militar sin serlo, y que tuvo que pelear con los españoles tanto como con los unitarios. Que fue raleado, y que termino sus días solo y enfermo. Aquí lo vemos como un hombre conflictuado, al final de sus días, por una vida brillante y fatigosa. Con hijos dejados por un ideal revolucionario, con familias que nunca empezaron, con el cuerpo molido por sus continuas luchas. En una escena, su encuentro con San Martín termina versando sobre antídotos y curas aprendidas en la campaña; dos hombres jóvenes y viejos, arrastrando cuerpos hasta la extenuación.
Y no podemos separar la película de sus instancias de exhibición. Un recorrido por el país, en plazas y centros en los cuales se reunieron multitudes a compartirla. Momentos plenamente populares, comunales; en donde la práctica artística servía de elemento aglutinador, convocante. Fue, según contaron los organizadores, la primer película que se proyectó en la Plaza de Mayo. Y en Posadas, Mendoza, Rosario, Necochea, Arequito, etc. Más de 250.000 personas la vieron, en un circuito alternativo de distribución, ya que no fue estrenada en salas comerciales. Y Revolución. El cruce de Los Andes está cerca de los 200.000 espectadores (difieren los datos al respecto).
Esto nos habla del interés popular por nuestra historia que estamos presenciando; y que además, si el Estado organiza y difunde materiales audiovisuales con contenido nacional, es posible establecer nuevas discusiones y espacios de disputa sobre nuestra historia. El anuncio de una futura película sobre Dorrego va en ese camino. (Agencia Paco Urondo)

12.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) La productora del recital que el Indio Solari iba a brindar en Junín el próximo 28 de mayo anunció su postergación para el mes siguiente (será el 28 de junio). "Chakal" es la misma que organizó el recital de La Renga que finalizó con un seguidor muerto a causa de una bengala. Antes, el propio artista había difundido una carta en la que pedía a sus seguidores que asistieran al show sin pirotecnia.

 
(Agencia Paco Urondo)

10.05.2011

 
Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Por Jorge Rafael Fachostegui, columnista de derecha de La Paco.
Por fin alguien con sentido común en la oposición. A pesar de su alta imagen positiva y su alta intención de voto en el país, mi amigo y colega (y excelente bailarín) Mauricio Macri, decidió bajarse de la candidatura nacional.
 
Lejos de tener ambición de poder como tiene la presidenta, nos da un ejemplo a todos los argentinos. Y como dijo en el lanzamiento a su reelección en la Ciudad, se la juega por amor. A los porteños, a los argentinos, a la especie humana.

Mauricio tuvo para con nosotros, los ciudadanos de esta capital, una actitud paternal, dándose cuenta que al ir por la presidencia nos dejaba huérfanos de honestidad y gestión.

Habiéndose bajado primero mi querido amigo y colega "Pino" Solanas, inmediatamente, por ser el más grande estadista de los últimos veinte años, Mauricio hace lo propio para que nada detenga el extraordinario crecimiento de esta ciudad.No me quedan dudas que esta Ciudad, caracterizada por tres millones de personas muy calificadas para el ejercicio de la democracia, acompañará la decisión de Mauricio.

Más subtes, más hospitales con la más alta tecnología, escuelas impecables, y por sobre todas las cosas, lo que más nos preocupa, la seguridad: más efectivos de la Metropolitana en las calles.

Por último, comparto un dato que nada tiene que ver con la historia de amor entre Mauricio y la gente. Refiere a la presidenta y me lo contó de primera mano un allegado de un hombre fuerte del gobierno, muy cercano a un amigo de uno de los funcionarios de primera línea que suele frecuentar Olivos. "Cristina sonrió cuando se enteró", me dijo guiñándome un ojo. La mandataria sabía - así lo dicen las encuestas serias - que era un cabeza a cabeza de final abierto.

Pero Mauricio tiene mucho para dar en la Ciudad de Buenos Aires. Sus habitantes, felices, se lo agradecemos. (Agencia Paco Urondo)
 

10.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) El escritor y abogado de Derechos Humanos, Javier Garin, autor del libro “Manuel Belgrano: Recuerdos del Alto Perú” y del “Manual popular de Derechos Humanos”, firmó ejemplares de su nueva biografía "El discípulo del diablo", sobre el prócer americanista Bernardo Monteagudo el pasado 30 de abril en la Feria del Libro de Buenos Aires. Asimismo, conversó con los lectores e hizo entrega de ejemplares al embajador cubano durante la celebración del Día de Cuba en la Sala José Hernández, y al historiador Felipe Pigna.

 
“Monteagudo es uno de los próceres más calumniados de la historia sudamericana, porque los historiadores de las oligarquías nacionales no le perdonaron su lucha a favor de la liberación de indios y esclavos ni su gran idea de la confederación sudamericana”, explicó Garin en su diálogo con los lectores. Además resaltó que su libro está especialmente dirigido "a ese sector de jóvenes idealistas que en los últimos tiempos se han volcado con ilusiones a la política, ya que nadie mejor que Monteagudo ejemplifica el papel fundamental que puede tener la juventud en los procesos de transformación política y social".
"La idea de escribir sobre Monteagudo venía desde tiempo atrás, y también hacía rato que estaba recopilando material sobre él y sobre Mariano Moreno, pero decidí centrarme en Monteagudo al ver tantos jóvenes llenos de ideales políticos durante las exequias de Néstor Kirchner", dijo Garin.
El escritor aclaró además que la figura de Monteagudo "es un ejemplo de jóven revolucionario, que ya a los veinte años estaba encabezando la Revolución de Chuquisaca y participó junto a Castelli, San Martín y Bolívar en todo el proceso de emancipación continental".
Garin entregó un ejemplar asimismo al historiador Felipe Pigna, "cuya orientación a grandes rasgos comparto", y al Embajador cubano "como muestra de adhesión al Día de Cuba", destacando "el paralelismo que se puede encontrar entre esos dos grandes argentinos americanistas y revolucioanrios que fueron Monteagudo y el Che".
“El discípulo del diablo - vida de Monteagudo, ideólogo de la Unión Sudamericana”, continúa la revisión histórica de la emancipación que comenzó Garin en su exitoso libro sobre Belgrano, cuyas dos ediciones fueron presentadas en todo el país, declaradas de interés en varias legislaturas y auspiciadas por el Fondo Nacional de las Artes.
Para más información, javiergarin@yahoo.com.ar, cel.155-990-9876. (Agencia Paco Urondo)