Por Nahuel Placanica I Las tapas del diario Clarín siempre funcionaron como herramienta de presión para la realización de los objetivos del Grupo. En el año 1999, las usó para extorsionar a la facultad de ciencias sociales de la UBA.
En el año 1989 se creó la facultad de Ciencias Sociales de la UBA, que durante la década del noventa experimentó un crecimiento exponencial de alumnos ingresantes, sobre todo en la carrera de Ciencias de la Comunicación. Por entonces, las cinco carreras de la facultad se cursaban en la sede ubicada en Marcelo T. de Alvear 2230, en un edificio funcionando al límite de sus capacidades, con escaleras saturadas y gente cursando en el piso. Las pocas veces que la facultad apareció en los medios fue justamente para reflejar la situación de colapso por la que atravesaba.
Tras un proceso de lucha y movilización, los estudiantes obtuvieron para la facultad un nuevo espacio en Parque Centenario, en la calle Ramos Mejía 847, donde funcionó con anterioridad una fábrica textil.
La mudanza se concretó en el año 1998. En ese momento se produjo el acercamiento del Grupo Clarín a las autoridades de la facultad, cuyo decano era Fortunato Malimacci, con la intención de lanzar una Maestría en periodismo cuya matriz de contenidos se basaba en un acuerdo más general que tenía el diario Clarín con la Universidad de Columbia en Estados Unidos.
Clarín, encaraba una experiencia similar en la Universidad Católica Argentina donde se dictaba un curso de perfeccionamiento de grado (conocido como Beca UCA-Clarín), pero este convenio no era una Maestría, tan solo le servía al diario para seleccionar estudiantes de periodismo para su staff. De esta manera, Clarín se veía en la necesidad de formar un plantel de jerarquía, producto de su acuerdo con la Universidad de Columbia, con gente relevante del campo comunicacional y no solo con sus cuadros periodísticos.
La oferta de Clarín implicaba para Sociales: una alianza con uno de los grupos mediáticos más importantes del país; el lanzamiento de una Maestría en Periodismo, siendo que la facultad no tenía posgrado alguno en comunicación; y fundamentalmente la posibilidad de obtener equipos para radio y televisión, para una carrera que poseía escasos recursos.
Los grupos que se movilizaron contra la propuesta, señalaron algo problemático: la tendencia concentradora del grupo mediático y el acuerdo a libro cerrado sobre el contenido del posgrado.
En un contexto de fuerte presión de estudiantes y profesores, las autoridades de la facultad rechazaron la oferta. De todas maneras, Clarín lanzó su posgrado con la universidad de San Andrés, institución privada con reconocimiento en el exterior que en la década de los noventa había realizado una jerarquización de su planta docente.
Muchos de los docentes de la facultad de Sociales se sumaron a la Maestría Clarín-San Andrés, entre ellos, Eliseo Verón, Aníbal Ford y Estella Martini, es decir que en definitiva, lo que no se concretó a través de la facultad de Sociales, se concretó con sus cuadros en una institución privada.
Fiel a su política extorsiva, en principio, y como represalia más tarde, Clarín dedicó varias notas polémicas que ponían en el centro de la escena a la facultad de Ciencias Sociales. Básicamente, los artículos giraron alrededor de tres tapas que el “Gran diario argentino” publicó en el año 1999:
1- "¿Un brote machista en la Universidad?" Miércoles 17/03/1999
2- "Barbarie en una facultad" Miércoles 20/10/1999
3- "Obligan jubilar la inteligencia" Domingo 03/02/1999
Una vez más, la máscara del “periodismo independiente” se desvanece para mostrar el verdadero rostro de estos medios cuya única razón de ser no es ni más ni menos que la defensa de sus intereses corporativos.