Sábado 25.10.2014
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El conductor del programa, Carlos Barragán, y el bloguero Oscar Cuervo discurrieron sobre el ciclo que se emite en la Televisión Pública todos los días en horario central. Mirá las tres columnas completas.

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En el blog Taller La Otra I

Por Oscar Cuervo: 678 es un esquema agotado

En distintos momentos fui acérrimo defensor y detractor de los programas de Diego Gwirtz. Estoy convencido de que en una fase del kirchnerismo cumplieron una misión indispensable. Todavía hoy necesito verlo para entender en qué andan las operaciones de la derecha golpista: no estoy abonado a Cablevisión, no tengo TN ni Canal 13, y en una hora 678 me permite enterarme de las groserías cotidianas de Clarín y otras cosas por el estilo. Pero el formato hoy se volvió una rutina agotadora. El desempeño de los panelistas, fijados en un mismo rol durante tanto tiempo, se hizo previsible e irritante. Sobre todo cuando dan indicios de vanidad y no se muestran capaces de escuchar una crítica fraterna y sensata.

El momento de anoche con Hugo Presman como invitado fue a la vez interesante y penoso. Interesante porque alguien invitado por la producción y considerado amigo se sale de la rutina diaria. Presman dice que 678 fue muy importante, pero que las voces discordantes que solían aparecer en los primeros años aparecen en el programa cada vez menos. Es un momento penoso porque la reacción general de los panelistas fue la peor: una defensa corporativa no ya del gobierno, sino de su propio kioskito. Entonces se me ocurrió pensar que 678 ya ni siquiera es un programa cristinista a ultranza, sino solamente un programa que se defiende a sí mismo.

Un rato antes Presman había tenido un cruce interesante con Sergio Berstein sobre la causa Amia y la actuación de las organizaciones judeo-argentinas y el estado de Israel, discusión que no se dejaba reducir al previsible eje Clarín vs. Gobierno, y el panel se notó algo incómodo por una conversación que no iba por los carriles habituales. Después pasaron un informe en el que Enrique Pinti dejaba mal parado a un alcahuete de Radio Mitre. Lo interesante era precisamente que Pinti no caía en la trampa que le tendía Clarín -que pretendía armar una especie de continuación del "caso Darín". Pinti conestó rápido y bien, dijo que él sabía lo que era el miedo, porque tenía los suficientes años como para haber conocido la Triple A y la dictadura militar. Desarmó la operación de Clarín con un movimiento sencillo y elegante, en las propias fauces del Grupo: en Radio Mitre, no en 678. Termina el informe y van al panel: entonces Presman empieza a explicar por qué cree que 678 ya no cumple la función de romper el cerco comunicacional que alguna vez tuvo: por la monotonía de las voces que convoca. Otro momento interesante: un invitado dice algo no esperado, que descoloca a todos. Era una gran oportunidad para dejarlo explayarse, para exhibir fortaleza y apertura ante una crítica fraternal, escuchar la crítica de alguien que no viene de Clarín y que apoya las líneas generales del gobierno pero difiere con la línea del programa. Entonces los panelistas se muestran ofendidos: fruncen ceños, levantan la voz, interrumpen a Presman y le dicen que no se puede ser neutral. Alguien, muy desafortunado, le atribuye a Presman o a Pinti (a esta altura no se entiende bien) la teoría de los dos demonios. Los panelistas de 678 usan la crítica a la neutralidad para defenderse a sí mismos, para justificar la propia incapacidad para apreciar sus defectos: si me criticás, estás alineado con Clarín.

Para mí el programa se había desmoronado la última vez que fue Lucas Carrasco. Lucas habitualmente se luce cuando lo invitan programas opositores, los desarma con gracia y agudeza. Pero una estructura pesada como 678 hoy tiene que dedicarse más que nada a cubrir los flancos que muestran sus panelistas, y no parece capaz de contener a uno de los tipos más interesantes que pueden estar en la tele. La ofensa que en ese momento cometió Dante Palma contra Lucas fue algo peor que una gaffe: se convirtió en el síntoma de una estructura obsoleta, sin flexibilidad para aprovechar los imprevistos, que deja muy expuestas las debilidades ideológicas de sus integrantes y su incapacidad para rectificar un error. NUNCA hubo en 678 una autocrítica, ni explícita ni implícita, sobre ese bochorno. Yo presencié azorado ese programa porque era amigo de Lucas y de Dante, pero me resultó imposible permanecer neutral.

Después, la noche en que Cynthia García fue a entrevistar ella solita a los caceroleros produjo un gran hecho televisivo. Entonces volví a abrigar una esperanza. Que se volvió a diluir anoche.

El kirchnerismo ya no puede sacar ningún rédito de la estructura actual de 678. Es un programa contraproducente. Como producto televisivo es previsible y solo cabe esperar un momento interesante cuando la cosa se sale de quicio y sus panelistas la pasan mal. El prime time de la Televisión Pública necesita algo más.

El que da en la tecla es el Pájaro Salinas:

"Una de las cosas que a mi juicio debilita a 678 es el sectarismo de Gvirtz hacia adentro del propio kirchnerismo. Después de cuatro años de emisiones es harto evidente que hay gentes e intelectuales que, a pesar de estar a favor del gobierno, jamás serán invitadas al programa. No se trata tanto de polemizar en 678 con López Murphy sino de vehiculizar las polémicas internas del movimiento, de darle cabida a todas sus vertientes. Néstor Kirchner solía repetir los meses previos a su muerte parafraseando a Mao que debían florecer mil flores, pero Gvirtz parece no haberlo escuchado".

No adhiero en absoluto a los que desde la corporación mediática pretenden descalificar a los panelistas de 678 tildándolos de corruptos, chorros o ruines. Creo que el formato está agotado y la exposición diaria amplifica los defectos que cualquiera tiene. A mí, la suerte del programa no me preocupa demasiado. La Televisión Pública sí.

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Por Carlos Barragán: 678 no está acabado

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Oscar Cuervo en su buen blog que suelo leer con mucha atención nos presenta el siguiente comentario con título “678 ES UN ESQUEMA AGOTADO”.

Copio un párrafo “Presman dice que 678 fue muy importante, pero que las voces discordantes que solían aparecer en los primeros años aparecen en el programa cada vez menos. Es un momento penoso porque la reacción general de los panelistas fue la peor: una defensa corporativa no ya del gobierno, sino de su propio kioskito.”

Y entonces me pregunto: ¿Cuervo también nos está tratando de asalariados K? Si es así, qué feo. No veo defensa de kiosko porque las reacciones de los panelistas fueron eso: las reacciones de los panelistas defiendiendo lo que creen que hay que defender, errados o acertados. La crítica kioskera de Cuervo (con quien suelo coincidir en sus columnas en más de un 90%, para peor está respaldada por el amigo Gerardo Fernández con quien suelo coincidir en más de un 100%) es la de ubicarnos en espejo con la corporación TN y afines.

Aclaración: usaré la primera persona del plural sin permiso de mis compañeros del programa. Me hago cargo y tomo ese riesgo.

La verdad que hacer 678 no se parece a ganarse unos pesos en un kioskito, es más parecido a picar una montaña de gentes corporativas y medios corporativos y empresas más poderosas que nosotros. Y cuando digo nosotros incluyo a Cuervo y a muchísimos más.

Hacer este programa es angustiante, es difícil, es pesado, es complejo, es arriesgado, y a veces te deja literalmente la espalda arruinada, o te da dispepsia, y también es emocionante, y es hermoso, y provoca insomnio, y calenturas, y tristeza a veces. No es que uno sea un héroe, pero estamos lejos de ser la burocracia de un kiosko. Es un laburo porque recibimos un sueldo. Como recibe un sueldo el médico que te cura a tus hijos. ¿El médico tendría un kioskito entonces?

Pregunto: ¿Por qué no podemos defender lo que queremos y lo que creemos?

Hacer 678 es esto también, tener que defendernos de compañeros que nos dicen que defendemos nuestro kioskito. Explicar el delito de cobrar por trabajar. Explicarles cosas cuando nos dicen obsoletos, cuando nos critican desaprensivamente como si fuésemos muñecos de la tele. Hacer 678 es hermoso y es horrible.

Y también creemos, quienes hacemos 678, que defenderlo es defender otras cosas mucho más importantes que un programa de televisión. Aún ante esa obviedad Cuervo ya no lo defiende, lo quiere descartar y está bien. Para él es un kioskito que se puso viejo. Un vagón de la línea A con proyección de asado.

Me esmeré anoche –y la producción- para que Presman tuviera todos los descargos posibles y más, para que esto que Cuervo mal cuenta aquí no ocurriera. Y el invitado los tuvo. El programa duró diez minutos más de lo habitual para darle a Presman la última palabra. (A nadie le importa, pero es inédito en la tevé que un programa se estire diez minutos). Para que ningún amigo o periodista pudiera escribir “y como había un invitado haciendo críticas, levantaron el programa del aire”. Ese era mi miedo. Confieso entonces que mi “dar la palabra” no fue porque soy un alma caritativa ni un demócrata del pluralismo republicano super sport y todo eso, sino por perseguido, por psicopateado, porque 678 es el “politburó”, el monstruo de la comunicación. Eso también es 678, un espacio donde a veces no es posible mantener una charla con naturalidad, primero porque es televisión y segundo porque hay que calcular que muchos que nos están viendo piensan que somos unos fanáticos autoritarios que odiamos al hermoso pluralismo.

Y aquí se ve que el fuego amigo igual nos cae encima por más esfuerzos que uno haga para parecer lo suficientemente pluralista. Pero veo que al pluralistismo no le alcanza con las voces disonantes, el pluralistismo quiere más, pero no sé qué es.

Fuimos tan pluralistas con Sarlo que nos callamos la boca ante sus críticas.

Hacer 678 es sentir que uno hace algo malo, porque muchos se encargan de que uno lo sienta. 678 está mal. Es el hecho maldito de la televisión hamburguesa.

Yo no sé si 678 es un esquema agotado como parece saberlo Cuervo. Sí sé lo que dijo Presman y acuerdo con él: en la televisión pública –aclaró que no se lo pedía a 678- debería haber programas periodísticos donde poder ver a opositores discutiendo y aportándonos sus proyectos, sus críticas y sus sueños. Sería bárbaro. No sé por qué eso no existe. Sólo existe 678 y eso no depende de mí, ni de Gvirtz, ni de Barone.

Cuervo también anota “…Presman había tenido un cruce interesante con Sergio Burstein sobre la causa Amia y la actuación de las organizaciones judeo-argentinas y el estado de Israel, discusión que no se dejaba reducir al previsible eje Clarín vs. Gobierno, y el panel se notó algo incómodo por una conversación que no iba por los carriles habituales.”

Traducción mía: los incomodó no hablar de Clarín que es lo único que saben hacer.

Me pregunto: ¿estuvo mal? ¿tendríamos que haber estado cómodos escuchando a Burstein contando las interminables penurias de los familiares de los asesinados para obtener algún tipo de justicia, y a Presman poniendo en duda esa calidad de justicia y contando la siniestra calamidad que es el caso AMIA, con implicancias en las internas de la comunidad judía argentina, y la internacional, EEUU, Israel, Siria, Irán, las presiones de adentro y de afuera, el encubrimiento, los chanchullos descomunales, terrorismo, presidentes, jueces, naciones, víctimas…?

No entiendo cuál es la crítica de Cuervo. Debería estar contento de que en un programa de la televisión pública ocurran estas cosas de sinceridad descarnada. Pero no, parece que lo bueno hubiese sido quedarnos con cara de piedra, cara de tele, cara de “periodistas serios”. Nunca incómodos. Siempre sobrevolando. Afuera.

Retomo porque me doy cuenta cuando Cuervo escribe “discusión que no se dejaba reducir al previsible eje Clarín vs. Gobierno” que se trata de una acusación. Quiere decir que somos unos imbéciles que todo lo reducimos a eso. Parece no darse cuenta que es él quien utiliza la verdadera reducción que se ha creado para que 678 aparezca como un engendro de imbecilidad donde todo es Clarín o Gobierno. Su acusación es un chiste de Nik. Y en ese slogan lanatiano somos binarios, fanáticos, y tontos rentados. Una imagen muy conveniente para esconder la verdadera dimensión que tiene el famoso grupo como articulador de todos los intereses contrarios al gobierno. Cosa que Cuervo no puede desconocer, pero sin embargo, a la hora de criticar no puede evitar el slogan: son binarios. No son inteligentes.

Cuervo escribe “Otro momento interesante: un invitado dice algo no esperado, que descoloca a todos. Era una gran oportunidad para dejarlo explayarse, para exhibir fortaleza y apertura ante una crítica fraternal, escuchar la crítica de alguien que no viene de Clarín y que apoya las líneas generales del gobierno pero difiere con la línea del programa. Entonces los panelistas se muestran ofendidos: fruncen ceños, levantan la voz, interrumpen a Presman y le dicen que no se puede ser neutral.”

Mentira o error de Cuervo. El invitado se explayó, escuchamos las críticas, y… lo siento, se le respondió. A lo mejor hubiese sido preferible no responderle o darle la palabra a Presman hasta las 22:40, hora en que terminó el programa de anoche. A lo mejor hubiese correcto decirle a todo que sí, que tenía razón.

Otra hipótesis: a lo mejor lo más correcto, porque a 678 siempre se le puede pedir mucho más, sería habernos plantado y decir: es verdad, 678 ES UN ESQUEMA AGOTADO, vayámos todos a casa, cerremos este kioskito.

Y dice una verdad Cuervo o acierta: las críticas de Presman fueron fraternales. Siempre lo son.

Cuervo anota “Los panelistas de 678 usan la crítica a la neutralidad para defenderse a sí mismos, para justificar la propia incapacidad para apreciar sus defectos: si me criticás, estás alineado con Clarín.”

Es raro, porque en ningún momento se le hizo ese tipo de crítica a Presman. Pero sí es interesante que el comentario de Cuervo parece estar preformateado por lo que Clarín dice de nosotros. Debería recordar Cuervo, si le parece bien, todas las oportunidades incluída la de anoche, en que escuchamos a nuestros invitados cursarnos críticas en nuestras caras televisadas. Fueron muchas, muchísimas. Porque 678 siempre parece estar haciendo algo mal, algo que no hacen otros programas de televisión donde nadie va a decirles lo mal que hacen ese programa. Así es 678, un programa donde cada dos por tres cae un invitado que nos cuenta a quienes estamos ahí -haciéndolo todos los días- que eso que hacemos está mal hecho. Pero enfrentar y aceptar esa situación parece que no alcanza. Debemos ser de otra manera. Debemos “apreciar nuestros defectos” dice Cuervo.

Qué interesante psicopateada la de Cuervo quien llegaría a un lugar para marcar defectos y ante la primera defensa del supuesto defectuoso le recomendaría “usted debería ser más capaz de apreciar sus defectos, no los está apreciando como corresponde”.

Sigue la nota “… el programa se había desmoronado la última vez que fue Lucas Carrasco. Lucas habitualmente se luce cuando lo invitan programas opositores, los desarma con gracia y agudeza. Pero una estructura pesada como 678 hoy tiene que dedicarse más que nada a cubrir los flancos que muestran sus panelistas, y no parece capaz de contener a uno de los tipos más interesantes que pueden estar en la tele. La ofensa que en ese momento cometió Dante Palma contra Lucas fue algo peor que una gaffe: se convirtió en el síntoma de una estructura obsoleta, sin flexibilidad para aprovechar los imprevistos, que deja muy expuestas las debilidades ideológicas de sus integrantes y su incapacidad para rectificar un error. NUNCA hubo en 678 una autocrítica, ni explícita ni implícita, sobre ese bochorno.”

En principio habría que agregar que Lucas Carrasco, a quien no sé por qué carajo quiero mucho, es muy capaz de desbarrancar por sus propios méritos y en cualquier ámbito que se le presente. Aquel programa horrible, donde no supe qué hacer como conductor (defecto que Cuervo tendrá más que claro) lo terminé diciendo que me sentía muy mal por lo que había pasado, y le mandé un abrazo grande y disculpas a Lucas. Claro que eso también es insuficiente porque al parecer 678 no puede pagar sus errores con mis disculpas. Nada alcanza en 678, todo es poco, y todo es mucho.

Sobre esta exigencia de que deberíamos haber sabido contener a Lucas, me parece muy poco respestuoso para con él. Ni Carrasco es un psicótico a contener, ni yo soy un psiquiatra conteiner. (Quisiera recordarle a Cuervo que 678 es el único programa a donde Carrasco es invitado como un periodista y analista político y no como usa la televisión inteligente para mostrar a un fanático y desprolijo militante ultraK maleducado.)

Sobre la falta de “flexibilidad para aprovechar imprevistos”. Bueno, realmente Cuervo es un televidente de altísima exigencia. Quizá conozca cómo es hacer un programa de estas características en vivo y a diario, donde todo es un imprevisto, y bueno, por eso exige más flexibilidad y pericia.

Y sobre la actuación de Dante sólo voy a decir que fue muy defectuosa, tanto como mi reacción posterior. Ahora que de eso se desprenda la obsolescencia del programa, no lo sé.

Es que 678 tiene estas cosas. Invitás a un amigo a un asado en tu casa y te cuenta que ya no ve 678 porque no es como antes, porque deberíamos hacer otras cosas, invitar a otros, hablar de otros temas, poner otros informes, tener otros panelistas. Sí, y uno escucha su lista de defectos, como pide Cuervo. (Para peor después te das cuenta de que tu amigo lo ve todos los días, pero te lo ocultó.) ¿Debo aclarar que no se me ocurre criticar a mis amigos por cómo hacen sus trabajos?
Porque parece que 678 lo podría hacer mejor otro, siempre otro, cualquiera. Hay una tensión ahí que no existe en otros ámbitos públicos. Hay algo de fantasma en 678. Una permanente virtualidad, un inventario de potenciales que se conjugan sin parar.

A nadie se le ocurre pensar que el programa de Nelson Castro lo haría mejor Pepe Eliaschev. Pero nosotros somos piezas defectuosas, falladas, con un coro de amigos que a diario propone cambiarlas por otras mejores.

Por eso Barone (que es amigo personal de Presman y por eso se animó a contestarle de manera tan naturalmente brusca) lo corrigió cuando Presman dijo “678 fue un programa importante”. Porque hay algo personal, como la amistad, como el amor que tenemos por el programa, por nosotros mismos, y por nuestras ideas. Algo personal como el dolor de que te comenten que ya no servís. Paradoja cruel: ya no servís para que alguien venga acá a decir lo que yo estoy diciendo ahora. (Eximo a Presman de esta idea, todo hay que aclararlo).

Así es 678. Un programa que no acepta las críticas que con frecuencia van los invitados a hacerle “no estás aceptando mi crítica”. “No estás invitando a nadie que piense diferente, como pienso yo”.

Un programa donde quien lo conduce se toma cuatro horas de su día para dar a conocer las críticas de un bloggero no conocido, y responderlas. ¿Quién otro de la tele haría lo mismo? ¿Quién “bajaría” de la pantalla a discutir con un tipo “sin pantalla”?

Presman anoche disparó este debate. No con los mismos conceptos que Cuervo y otros, pero fue imposible al escuchar su crítica no escuchar las críticas de los que sabemos que piensan como Cuervo. Por eso Mocca lo aclaró, hizo la salvedad. No era a Presman a quien se le respondía, era a Cuervo que por eso apareció con fuerza y muy temprano esta mañana con su propuesta de obsolescencia.

Cuervo cierra su comentario con una aclaración: “No adhiero en absoluto a los que desde la corporación mediática pretenden descalificar a los panelistas de 678 tildándolos de corruptos, chorros o ruines.”

De ser así, el estimado Cuervo podría haberse ahorrado lo de “el kioskito” que me resuena tanto al ingrato Nicolás Repetto cuando antes de tirar el corchito preguntaba a sus invitados dónde estaban currando.

Un amigo me dice ¿para qué le vas a dar identidad a Cuervo que no es nadie? ¿para qué le vas a contestar si no lo conoce nadie, si no tiene trascendencia?

Tengo una respuesta: porque así también es 678. Porque no soy un muñeco de la tele, soy un tipo como Cuervo que compra el pan y arregla una canilla mientras intenta pensar qué está pasando con nosotros y nuestro país. Porque trato de hacer algo bueno por todos nosotros, igual que Cuervo. Porque cuando voy a una plaza o ando por la calle tengo que contestar a desconocidos y rendir cuentas por 678. Porque sé que Cuervo representa a otros compañeros que piensan como él. Porque descubro que mientras yo creo que 678 me pertenece, hay miles que creen lo mismo: que les pertenece. Y quizá sea cierto.

Que 678 es de todos. El único programa de la tele que cualquier tipo de la calle siente que puede cambiar, mejorar, o descartar por agotado. Ese milagro también es 678. Esa cosa que es de todos y que por eso despierta tanto celo. Esa sensación de “678 es mío, deberían cuidarlo mejor”. Es quizá ese sentido de pertenencia, ese cariño, ese apego el que también resulta en poco respeto por quienes lo hacemos.

Porque logramos que al ser un espacio de sinceridad (no sé si Cuervo es conciente de que la sinceridad y la televisión son cosas imposibles de juntar, pero nosotros lo hacemos) parezca que el programa se hace solo. Que no hay que hacer nada. Que no hay más que unos boludos alrededor de un escritorio como dijo Lanata.

Que entonces se dicen algunas cosas y después todos a casa. Pero 678 es difícil y cuesta. Tiene un alto costo moral para hacerlo todos los días. Moral y energético, y un costo ético, de autorreflexión, de autocrítica, de temores y de introspección. Por eso, porque nosotros sabemos lo que nos cuesta, es que nos quejamos cuando nos piden más, o nos piden otras cosas.

Porque además, yo lo sé, tampoco van a gustar estas líneas.

Porque nadie nos obliga a hacer lo que hacemos, y nadie nos pidió el esfuerzo que describo. Mis disculpas por ser sincero entonces.

Pero esta discusión estaba latente, anoche Presman puso la pelota sobre el círculo y hoy Cuervo la pateó. Y yo sigo creyendo que tenemos que jugar todos los partidos. Hasta cuando algunos compañeros como Cuervo tienen la mala suerte de patear en contra.

678 no está agotado. Lo que ocurre es que hay una inagotable cantidad de fantasías, ilusiones y deseos en quienes lo ven con simpatía. Todo eso se lo piden y nos lo piden. La deuda es enorme, impagable. Imposible.

Alguna vez un muy astuto estudiante de periodismo empezó a hacerme todos estos reclamos y le pregunté por qué creía que él y otros podían exigirle tantas cosas a un programa de tele. Me contestó que a lo mejor era porque nos veían como superhéroes: los pequeños davides que pelean contra Goliath.

Yo creo que eso no es verdad. Y es un peligroso error. A Goliath no se le gana con un programa de tele, se le gana con una sociedad que se pone las pilas todos los días.

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Por Oscar Cuervo: Estimado Barragán

El "Estimado" del encabezamiento no es un formalismo, lo escribo en sentido propio y literal. Sos estimado, a pesar de no conocerte personalmente, por tu desempeño ante cámaras y micrófonos. Hace poco leí en el blog de Lucas una nota tuya que me hizo acercarme a tu experiencia, la de alguien que conduce un espacio en el prime time de la Televisión Pública, un espacio con un altísimo perfil que en los últimos años se convirtió en algo más que un simple programa de televisión, aunque después de todo 678 es también un simple programa de televisión. Creo que esa dualidad entre ser una cosa y ser la otra debe producir en quienes lo hacen un vértigo especial. Ese alto perfil mediático y político del programa que conducís te llevó, por lo visto, a vivir situaciones de violencia emocional y moral que muy bien narraste en tu nota, y que también se dejan ver en tu respuesta a mi nota: "Hacer 678 es sentir que uno hace algo malo -decís-, porque muchos se encargan de que uno lo sienta. 678 está mal. Es el hecho maldito de la televisión hamburguesa". No me parece casual que seas vos, entre todos tus compañeros, el que se haya tomado el trabajo de contestarme extensamente, eso habla de una sensibilidad especial y de una apertura. Aprovecho esa apertura para responder solo a algunos puntos de tu nota, los que exigen alguna aclaración, para que este intercambio no se ramifique infinitamente:

1) Mi frase "No adhiero en absoluto a los que desde la corporación mediática pretenden descalificar a los panelistas de 678 tildándolos de corruptos, chorros o ruines" fue escrita con toda seriedad y espero que así sea tomada. Si leés este blog con frecuencia, como decís, habrás notado que no suelo recurrir a ese tipo de sospecha mezquina para invalidar la posición de alguien con quien discuto, e incluso rechacé ese recurso cuando en su momento reivindiqué 678 como "el mejor programa de la televisión" (a veces soy desmesurado). Yo hablo sobre 678 desde una perspectiva política o estética y no me interesa para nada ni moralizar ni criminalizar la disputa. Creo que gran parte de tu respuesta gira alrededor de haber entendido, erróneamente, que los acusaba de "ganarse unos pesos en un kioskito K", o del "delito de cobrar por trabajar", lugares comunes de la injuria que ustedes reciben de parte de los medios corporativos. Bueno, no. Mi frase final y mis notas anteriores sobre 678 impiden esa interpretación.

No estoy tildándolos de corruptos cuando hablo de "una defensa corporativa no ya del gobierno, sino de su propio kioskito". Todos tenemos un kioskito, yo lo tengo: pongamoslé que este blog o que el programa de radio o la revista que hago son mi kioskito: una carrera, un emprendimiento, un rol, una imagen pública, un objeto de afanes, satisfacciones y disgustos. Cuando uno recibe ataques, trata de cuidar su kioskito. Cuando uno se obsesiona con el cuidado del kioskito, puede terminar pensando que todo el que hace una crítica quiere destruir el kioskito, o lo que es peor, que cuando te critican el kioskito te quieren aniquilar a vos mismo. Entonces uno se encierra en una posición defensiva y termina quedando atrapado en su kioskito. Si uno fuera capaz de no cuidar el kioskito, quizás podría dejar entrar corrientes de aire fresco que transformen el kioskito en un lugar más respirable.

Creo que ustedes, los de 678, fueron atacados injustamente, sin fundamentos y con mala leche por un sector muy poderoso de la Argentina, lo que yo llamo "la Normalidad Argentina". Y los atacan no por sus posibles errores, sino por sus aciertos. Por haber ayudado a romper el cerco comunicacional en que nos encontrábamos allá por 2008. Eso los puso en la mira y vienen recibiendo palos y palos desde hace años. Esta exposición feroz, este perfil altísimo, es el costo de haberse puesto en el ojo de la tormenta. También es un privilegio para ustedes ocupar el prime time de la Televisión Pública y ser el centro de tantas miradas y críticas, no es necesario que lo estén padeciendo como un martirio. Están en un lugar interesante, después de todo: calavera no chilla.

Me da la impresión de que los duros ataques les provocaron una rigidez defensiva a la hora de escuchar cualquier crítica. Antes de que fuera Presman yo vi a Horacio González hacer algunas objeciones atinadas a las rutinas más mecanizadas del programa y pudo verse en las caras y en el tono de voz de algunos de los panelistas una reacción arisca, nula predisposición a la escucha de una disidencia de parte de los compañeros de ruta. Cierta soberbia también los ha llevado a poner el acuerdo o desacuerdo con la línea del programa en el campo de la teoría de los dos demonios, como dijo con mucho desvarío uno de los panelistas el lunes pasado. Quizá no todos los panelistas estén de acuerdo en reducir en forma tan brutal las posibilidades de Pinti, Darín o Presman para tener que estar totalmente a favor o absolutamente en contra de 678, pero lo cierto es que prima cierto espíritu de cuerpo cuando el compañero panelista dice una barbaridad así. Ese espíritu de cuerpo lo vi de manera muy insoportable la última vez que fue Lucas Carrasco. Pero entonces tengo que pasar a otro item.

2) Dije: "una estructura pesada como 678 hoy tiene que dedicarse más que nada a cubrir los flancos que muestran sus panelistas, y no parece capaz de contener a uno de los tipos más interesantes que pueden estar en la tele". Y en tu interpretación de la palabra "contener" agarraste para el lado de los tomates. Mirá, yo lo escribí en este blog ni bien pasó ese episodio:

"Lucas logró lo que una vieja amargada (Sarlo) hubiera querido pero no sería capaz: mostrar la cara retrógrada de una clase media de modales correctos. No solo porque a Dante Palma se le escapó una cosa, fea, horrible, sino porque después vino la reacción ortiba de Nora Veiras y el resto del panel no tuvo la sensibilidad ni la inteligencia de revertir la vergüenza en algún tipo de reflexión y en cambio hicieron como que nada pasaba, la peor reacción posible. Para mí, primero fue penoso, porque me considero amigo tanto de Lucas como de Dante, pero eso no importa tanto porque es asunto mío. Después me quedé pensando que una forma televisiva que no es capaz de asimilar el desafío que plantea la brillantez desbordada de Lucas debe revisar el trasfondo político de su funcionamiento".

Entonces lejos estoy de pensar que a Lucas hay que aplicarle una contención psicológica, cuando lo que pienso es que la estructura de 678 no se pudo bancar su brillantez y lo salieron a cruzar malamente. No es casual que al final de ese programa vos hayas sido el único en expresar tu simpatía o tu respaldo a Lucas. Se notó que vos te pusiste mal por el episodio. Pero también se notó mucho que el resto del panel no tuvo el valor de discutir públicamente la ortibeada de Dante, quizá porque estaba de acuerdo con él o por simple espíritu de cuerpo. Si todo ocurrió en cámaras, no se vio después que este episodio pudiera ser analizado también ante cámaras. Ustedes mismos se presentan como un programa de análisis de medios y ponen la lupa sobre cada pequeño lapsus de los periodistas de Clarín. El asunto es que pasa algo grosso en el mismo programa de ustedes y no encuentran manera de procesarlo. Tu simpatía hacia Carrasco se hizo sentir, pero en términos de una crítica de medios hace falta algo más que un mimo para analizar una actitud de moralismo pequeño-burgués de parte de un integrante de su panel. Si a Lucas le hubieran hecho eso en TN, habrían pasado el tape 25 veces a lo largo de cinco semanas. Pero al otro día no dijeron nada: no hubo auto-crítica de medios.

Por otro lado, no creo que a Lucas haya que cuidarlo: es un periodista brillante y convierte cada aparición suya en cualquier programa de tele (hasta los más pedorros) en motivo de regocijo. Tiene uno de los blogs más leídos e influyentes de habla hispana. Así que me parece que muchas veces él nos tendría que cuidar a los demás.

3) No puse el acento en llevar a figuras de la "opo" para mostrar el pluralismo de 678 (aunque no le ha ido mal al programa las pocas veces que apareció la "opo": ya dije que el trabajo de Cynthia en el cacerolazo fue genial). El día después del cacerolazo 8N yo me entusiasmaba: "¿Tendría Cynthia que haber tratado de hacer quedar bien a los caceroleros? Para eso trabajan los medios de Clarín y sus socios todo el tiempo. Lo que la Televisión Pública tiene que hacer de ahora en más todo el tiempo es dejarlos hablar, conversar con ellos con agenda abierta, que se explayen hasta donde puedan llegar. Si dicen cosas inteligentes, aprender de ellos y, si se desbocan, dejarlos expuestos".

Pero fijate que cité al Pájaro Salinas acerca del sectarismo de Gvirtz hacia adentro del propio kirchnerismo. Y ni vos ni los otros que salieron a defender el programa recogieron ese guante.

4) Si te parece que mis críticas a 678 son excesivas y soy condescendiente con la corporación mediática que los ataca, te invito a revisar las etiquetas Clarín y Medios de este blog un día que tengas tiempo.

5) No creo que sea cierto que el único programa en que los invitados se permiten criticar su línea editorial es 678. Ustedes han mostrado al Chino Navarro, a Luis D'Elía, a Daniel Fanego o al propio Pinti en los programas del Grupo, dándoles duro. Lo que digo es que se ve que ustedes en lugar de recibir esos cuestionamientos con alegría, como una oportunidad de demostrar la apertura a la crítica de que pueden gozar, lo viven de un modo persecutorio. Ayer, la noche después de la visita de Presman y el debate que se abrió, se los veía auto-conmiserándose, enojados, con ganas de disipar las dudas planteadas en lugar de seguir abriendo una auto-crítica del medio.

6) Un amigo te dijo: "¿para qué le vas a dar identidad a Cuervo que no es nadie? ¿para qué le vas a contestar si no lo conoce nadie, si no tiene trascendencia?". Vos tuviste la dignidad de no darle bola a tu amigo y condescender a responder a este blog sin trascendencia. ¿Viste? Tengo identidad, a pesar de que no me conozca nadie. Y te digo que te cuides de tener amigos tan pelotudos como el que te dijo semejante lanatismo.

7) Todo esto es opinable: yo hago este blog ignoto, vos hacés un programa del que todo el mundo habla y acá andamos. Te mando un respetuoso saludo.

Debate: ¿678 está agotado?

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