Relámpagos //// 05.03.2018
Tengo cara de orto y soy feminista, por Agustina Plata

“Parece que no alcanza con depilarse, con estar maquillada, bien peinada, ponerse ropa ajustada, sino que ahora también necesitan que sonriamos”.

Desde que tengo uso de razón soy seria. Ojo, seria no es lo mismo que antipática. ¿Ven? Ya estoy aclarando que soy simpática.

Mi cara seria es algo que me caracteriza: ceño fruncido y sonrisa escueta sólo por cortesía. Me pasa que no me doy cuenta de mi cara y sucede que a veces parece que miro mal a alguien en la calle, en el tren. Esto me trajo problemas porque la gente piensa que con mi cara busco problemas. “¿Qué mirás, gila?” me han dicho alguna vez, otras mi familia “che tenés una cara de orto tremenda, ponele onda”. Juro que no lo hago a propósito, me sale así.

Hace poco, desde que me adentré en el feminismo y puedo decir que soy feminista, descubrí un patrón que se repetía debido a mi seriedad. Y era que varias veces (no sé cuántas, pero más de tres seguro) fui blanco de “chistes” que algunos raperos en el transporte público usaban para hacer su show de freestyle. Siempre toman una característica distintiva de alguna persona que viaja y la meten en su canción. Bueno, de mí siempre toman mi cara de orto.

Pero la ficha terminó de caer el sábado pasado. Un varón X en un bar, se dio vuelta, me miró y me hizo con sus manos un gesto de sonrisa. No supe que hacer, ante la duda seguí seria. Y ahí entendí todo, el patrón que se repetía… Parece que no alcanza con depilarse, con estar maquillada, bien peinada, ponerse ropa ajustada, sino que ahora también necesitan que sonriamos. Porque no les importa si yo soy así, o si tuve un día de mierda, o si extraño a mi hijo, o si me echaron del laburo, o si estoy pensando en machismo; sólo les importa que nos veamos felices, como las de las publicidades, maquilladas, bien peinadas, depiladas y felices de tener la vida patriarcal que tenemos.

Pónganse a pensar, es el portero o el remisero que cuando éramos chicas nos decía “epa que seria che, ¿te comieron la lengua los ratones?” o “¿ qué pasa con esa cara no tenés ganas de ir al colegio?”. No les demos el gusto de sonreír para ellos.
Mientras escribo esto resuenan en mi cabeza las palabras de una chica que canta en el tren, que cuando pasa la gorra nos pide que seamos felices, que sonríamos, y yo por dentro pienso que mi cara de orto al final es mi trinchera feminista.

*Estudiante de Puericultura, feminista y madre.

RELAMPAGOS. Ensayos crónicos en un instante de peligro. Selección y producción de textos: Negra Mala Testa. Fotografías: M.A.F.I.A. (Movimiento Argentino de Fotógrafxs Independientes Autoconvocadxs).