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Relámpagos //// 29.05.2017
Renovación: una apuesta kirchnerista, por Rodrigo Lugones

“Se plantea entonces, por primera vez en muchos años, la posibilidad de pensar un marco de unidad desde la adscripción a un programa político”.

2017 y después

Lo que se está discutiendo en esta elección (aunque el ruido de las roscas impida que lo entendamos), es la posibilidad de construir una fuerza propia que prescinda de aliados circunstanciales que nos resten identidad y nos impongan condiciones al tiempo que restringen nuestra posibilidad de confrontar al poder real (a los cuales además tendremos que otorgarle innumerables concesiones), o aceptamos sus condicionamientos y llegamos mucho más limitados a construir una opción contra-hegemónica realmente alternativa en 2019. 

El intento por forzar una candidatura de CFK para el 2017 y frenar la posibilidad de que un candidato que no provenga del Partido Justicialista pueda imponerse como nueva figura política de peso aportando una victoria electoral de medio término, forma parte de la tarea que se han fijado los sectores de la mal llamada “renovación”. En síntesis, la discusión de fondo es si la famosa “renovación” la realiza el Partido Justicialista o los y las militantes del kirchnerismo, y el amplio abanico de fuerzas populares que comprenden al movimiento nacional bajo la conducción de Cristina.

Está claro que el objetivo central es ponerle un freno al proyecto económico del gobierno de los ceos que expresa la Alianza Cambiemos, pero, lo que está en discusión, fundamentalmente, es qué tipo de freno y qué tipo de construcción política será la que imponga ese freno, bajo qué condiciones, con qué actores y desde dónde podrán sumarse.

Se plantea entonces, por primera vez en muchos años, la posibilidad de pensar un marco de unidad desde la adscripción a un programa político. La Argentina podría pensar la política más allá de las roscas y las conveniencias que suscita cualquier alianza en contextos electorales para supeditar cualquier acuerdo político a una unidad de concepción y de acción. Es decir, unidad a partir de definir un enemigo común y un plan de acción concreto traducido en medidas puntuales para revertir problemáticas definidas. Quien no entienda de la misma manera la realidad social nacional podrá construir desde otro espacio, o bien, podrá sumarse, pero en una posición distinta a la de aquellos que sí comprendan los problemas nacionales desde la misma óptica (las identidades, por lo tanto, estarán mucho más claras y definidas). Esto evita, desde luego, el acercamiento de sectores que no coinciden ideológicamente con el proyecto y el programa kirchnerista, pero lo necesitan para captar los votos que su máxima referente aglutina: ahorra oportunismos políticos y “osciladores” no deseados.

Discursos de la amplitud

Este planteo se opone a la tesis del “Frente Amplio Anti-Neoliberal” que defienden los sectores que han cuestionado la conducción de CFK. El problema de la visión “amplista” de los sectores históricamente conservadores (sectores sindicales ortodoxos, jefes comunales de alta volatilidad ideológica, etc.) es que no ponen el eje en aquello que debemos hacer para llevar adelante un agresivo proyecto de redistribución del ingreso y de combate abierto a los dueños de la Argentina, sino en poder posicionarse mejor en un armado electoral, al mismo tiempo que buscan restar la injerencia electoral de las juventudes políticas que se han sumado a la disputa por el Poder desde la identidad kirchnerista. 

La discusión es de “lugares”, no de programas, y cuando se profundiza podemos correr la tierra discursiva y comprender los reales alcances de estos proyectos políticos que hoy asumen el ropaje “randazzista”: construir una fuerza propia que autonomice al Partido Justicialista y lo vuelva electoralmente competitivo al margen de todo kirchnerismo. Lo han intentado con Massa, no pudieron, y hoy Randazzo servirá de punta de lanza para esta avanzada de reconstrucción de la estructura política pejotista. El cuestionamiento de fondo es a la conducción de Cristina, porque no se reconocen ni en la identidad kirchnerista, ni en la batería de derechos que entregó al campo popular, aunque la necesitan electoralmente. La nota del oligarca y ceo Sergio Patrón Costas (funcionario menor del municipio comandado por Gustavo Menéndez y miembro de una histórica familia feudal de Argentina) en el pasquín Infobae, ilustra perfectamente éste planteo que de tan reaccionario pasa a ser pintoresco.

Por primera vez en mucho tiempo estamos ante la oportunidad de construir una fuerza popular con opciones reales de poder sin hacerle concesiones a los poderes fácticos. Este es el desafío de esta nueva etapa. Del otro lado, el de la concepción “amplista”, se encuentran quienes buscan reconstruir un peronismo pre-kirchnerista, con nula o muy baja discusión y confrontación con los poderes reales que controlan la economía argentina (los Patrón Costas de la vida).

Cristina o el don de elegir

En el terreno estrictamente electoral, los jefes comunales del conurbano bonaerense intentan forzar una candidatura de Cristina. Quieren impedir que surja otro candidato fuerte, con capacidad de captar a grandes mayorías que esté por fuera de su propuesta “renovadora” del peronismo. “Si no va Cristina, Randazzo debería ser el candidato”, dispara el jefe comunal de Merlo, Gustavo Menéndez, cada vez que se le pregunta por el candidato que apoyará en 2017 (desde luego no puede desconocer la alta adhesión que Cristina despierta en su distrito, más allá de que haya intentado diferenciarse de ella en los últimos meses operando en contra del propio Máximo Kirchner). 

Cristina ha manifestado que si es prenda de unidad, ella será candidata. Randazzo ha contestado que, aunque Cristina se presente, él desea ir a las PASO. Lo que dejaría fuera de juego a CFK, si es que hemos interpretado correctamente su mensaje: no será candidata si no hay lista de unidad (nos arriesgamos a proponer que, aunque se logre la lista de unidad y el acuerdo con Randazzo, la discusión que planteamos entre la autonomización del PJ y el crecimiento del kirchnerismo está lanzada).

En éste posible escenario lo óptimo sería poder construir un candidato propio del kirchnerismo, (poder traducir la discusión de fondo que, según entendemos, es Kirchner Vs. Macri; dos modelos de país expresados en dos apellidos y “herencias”), que aglutine igual o similar cantidad de votos que CFK (¿Máximo Kirchner?), logrando, por añadidura, poner un coto a aquellos que no vienen  a unirse al FpV por una afinidad programática, sino porque buscan el caudal de votos que la candidata de los huevos de oro les puede proveer. 

Para esto, necesitamos poder aglutinar o unir prescindiendo de actores como aquellos que nos llaman a ser amplios y en nombre de esa supuesta amplitud, fraccionan o tensan para después ver con quién o qué acuerdan (cuatro lugares más para ellos, tres lugares menos para otros). Esa ingeniería electoral tiene que estar supeditada a una fuerza que podamos reunir, al margen de las condiciones que ellos nos puedan imponer. Este es un desafío.

Después de la derrota

Desde luego, siempre existe la posibilidad de que el FpV vuelva a incurrir en los mismos errores del pasado. En un tiempo nuevo como el que nos toca sería un grosero error pensar la política y las respuestas que ésta pueda proveer de manera análoga a como lo hacíamos previo a la derrota electoral del 2015. Adelante no está atrás. El riesgo, siempre latente, es que las listas no sean un espejo de lo que ocurre en las calles (fruto de las roscas a las que siempre está sometido el armado electoral) y también, que no logren expresar con claridad todo ese tipo de “formas de hacer la política” que representan aquello que el o la votante del FpV rechaza (voto pro-fondos buitre, voto pro-presupuesto y endeudamiento, voto pro-reparación histórica de aquellos que se consideran “compañeros del movimiento nacional y popular”). Es sabido que la política suele ser un “un gran restauran de batracios”, sostenemos que ésta época está poniendo a las bases por delante de los dirigentes. Una ingeniería electoral que no aprenda de ello, caerá en una compleja trampa de representación.

La incapacidad para dar una disputa a aquellos espacios que buscan la autonomización del Partido Justicialista y la incapacidad para entregar lugares estratégicos a quienes han trabajo de manera leal, coherente y consecuente defendiendo el liderazgo de Cristina (no sin críticas) aún en los momentos de mayor adversidad, configuraría un error histórico. La lección que debe dejarnos el 2015 es confiar más en nuestras propias posibilidades de construir, disputar y tomar el Poder. 

Aquellos actores que, a pesar de mantener diferencias y matices con la conducción política de Cristina, han sostenido su conducción, forman parte de las fuerzas del campo popular más capacitadas para ésta nueva etapa, quienes pueden proveer no un seguidismo ciego, sino una defensa de su liderazgo y una construcción capaz de parir un nuevo proceso de liberación en Argentina. Esperemos que los focus groups propios no empañen a éstos nuevos actores y actrices de una Argentina que está naciendo, re-pensando reformas estructurales para la creación de una patria justa, libre y soberana a tono con las discusiones que el mundo se está dando en el contexto de la profundización de una crisis económica planetaria del capitalismo.

RELAMPAGOS. Ensayos crónicos en un instante de peligro. Selección y producción de textos: Negra Mala Testa Fotografías: M.A.F.I.A. (Movimiento Argentino de Fotógrafxs Independientes Autoconvocadxs).