Relámpagos //// 15.11.2018
¿Quiénes somos para decirles a las demás cómo deben experimentar el feminismo?, por Nurit Engelberger

"Estos días se viralizaron videos de chabones explicando qué es la violencia de género, y hay quienes se indignan porque 'ahora que hablan pibes sí escuchan'. Compañeras, la agenda es nuestra, y los forzamos a escucharnos hace rato". Por Nurit Engelberger.

Por Nurit Engelberger

Compañeras, no es momento para gilada.

Como toda marea arrasadora, el feminismo es lo suficientemente plural y diverso como para tensar la convivencia al interior del movimiento, pero lo necesariamente urgente y apasionante como para coexistir y resistir a la par. No se trata de una diferenciación de categorías analíticas o de una discusión academicista que se revuelca sobre su pretendida iluminación, sino de una praxis política que tiene efectos reales sobre la vida de las personas.

Parece que algunas compañeras confunden empoderamiento con soberbia, perdiendo la humildad en el tránsito hacia nuevas maneras de vincularnos, hacia un horizonte emancipatorio que construimos desde ya, acá y ahora, día a día. Reproducir las lógicas del patriarcado a la hora de asumirnos protagonistas nos puede transformar en opresoras: ¿quiénes creemos que somos para decirles a las demás cómo deben ejercer y experimentar el feminismo? Contradicciones en reflexiones que discuten la línea asumida por parte de un movimiento que desea empoderarse individualmente para eliminar cada violencia de su vida, pero a nivel colectivo se olvida de la clase y acusa con el índice a aquellas que no son "lo suficientemente feministas". La boca dice sororidad pero del otro lado todavía suena a competencia y a pedantería, a egocentrismo e individualismo. Es diametralmente opuesto a habitar lo común, a apostar a la vida comunitaria.

Siempre hubo quienes creen tener todas las respuestas amasadas. Error inmenso en un momento en el que necesitamos efectivamente unidad de la que se toca, de la que enfrenta al capitalismo neoliberal en la cotidianeidad de nuestras construcciones políticas. Pero acá radica la vocación y la decisión ética de discutir y hacer hegemonía: ¿qué implica construir un feminismo eminentemente popular? Cansan las pibas que hablan en nombre de otras y después pretenden ir a los barrios a explicarle a las compañeras cómo tienen que vivir. ¡Hipócritas! No les interesan los saberes populares, no les interesa proponer. Si de imposiciones se trata, cuánta impugnación a procesos abiertos, a exploraciones en curso. No hay manuales, pero parece haber reglas que te incluyen sólo cuánto más libre te muestres frente al mundo -o frente a las redes sociales, el nivel de la farsa-. Y no se trata de mostrar un carajo, se trata de compartir y de empatizar.

Estos días se viralizaron videos de chabones explicando qué es la violencia de género, y hay quienes se indignan porque "ahora que hablan pibes sí escuchan". Compañeras, la agenda es nuestra, y los forzamos a escucharnos hace rato. La lucha la venimos dando hace siglos en Nuestra América. ¿En serio nos vamos a preocupar en lugar de alegrarnos de que a algunos pibes el mensaje le llegue a través de otros pibes? ¿Pero no es eso lo que les exigimos a nuestros compañeros? ¡Que hagan algo con sus masculinidades! Y si lo intentan, habrá quienes se amparen en ser más feministas que otros y que otras, porque a esa deconstrucción aún se le nota el patriarcado. ¡Claro que se le nota el patriarcado!, como a cada uno de nuestros vínculos mientras los resignificamos, mientras nos transformamos.

Denunciemos la pobreza que pesa el doble o el triple sobre las mujeres y las disidencias de nuestros barrios, y aprovechemos las grietas que se abren en este sistema para hacerle daño desde adentro. Nosotras y nosotros laburamos con pibes a los que estos videos les hacen caer un montón de fichas. Les sacude sus historias, sus identidades, sus culturas, sus maneras de pensar la vida. Se revisan y se angustian para querer ser mejores, y lo logran -les juro que lo logran-. Tal vez nunca hablaron con ellos. Quizás están muy lejos, muchas veces hasta viviendo en las mismas ciudades. Seguramente sea más sencillo no involucrarse, para mantener bien limpito el feminismo. Al final sí se trata de purismos. Y desde la comodidad de lo conocido cualquiera agita un montón de consignas brillantes.

Que el shibré no nos tape al enemigo, compañeras. De este lado estamos quienes salimos todos los días a trabajar con otros y con otras por la dignidad de nuestro pueblo. Del otro lado están los Macris, los Bolsonaros, los Trumps. Del otro lado está en FMI. No gastemos cartuchos contra los y las mejores que tenemos frente a tanta mierda que nos quiere de su lado. Disciplinamiento ni a patadas: que las críticas sean para animarnos a someternos a transformación, no para ser funcionales al imperialismo.