Relámpagos //// 29.07.2018
Indio Solari: el artista inspirado, por Juan Ciucci

Hace un tiempo ya que el Indio ha comenzado a entreabrir la puerta hacia el interior de su creación, intentando escapar del mito viviente en que se/lo han/hemos convertido. El artista argentino más influyente de las últimas décadas nos brinda ahora una información vital para interpretar su universo. Agencia Paco Urondo reflexiona sobre algunas de sus influencias.

Ilustraciónes: Sergio Pisani y Leo Sudaka

Por Juan Manuel Ciucci

Cuando un/a artista revela sus influencias, nos abre la puerta a diversos caminos que podemos elegir transitar. Por un lado, nos plantea el desafío por descifrar qué vemos de aquello que conocemos en su obra. De lo que desconocemos, nos instala una intriga que nos moviliza por acceder a esa información. Así, la obra comienza a transformarnos, merced a la guía que nos parece ofrecer.

Pero si además esta/e artista pertenece a quienes nos han marcado profundamente, esa guía ofrecida nos intriga en demasía. Sucede que en el arte de tapa de su nuevo disco El ruiseñor, el amor y la muerte, el Indio Solari ha reunido un conjunto de imágenes de artistas que lo han conmovido y contribuido en la construcción de su imaginario. Hace un tiempo ya que Solari ha comenzado a entreabrir la puerta hacia el interior de su creación, intentando escapar del mito viviente en que se/lo han/hemos convertido. El artista argentino más influyente de las últimas décadas nos brinda ahora una información vital para interpretar el universo solariano.

Nombres que van de Luis Buñuel a Herzog, de Bergman a Jarry, de Wagner a Leonard Cohen, de La Pasionaria a Evita. Reaparece así una vieja leyenda de la contracultura, un modo de retomar un derrotero posible por las propuestas artístico-políticas que salten por sobre los decorados que el sistema nos provee. Ese lector abismado que es Solari expone parte de su biblioteca, intuyendo la sed que en sus cultores despierta por informes que excedan los oropeles de la sociedad del espectáculo. Si Tommy de los Who fue devorado tras El tesoro de los inocentes, el banquete ahora se presenta un tanto más abigarrado y ecléctico. Las bandas recorrerán entonces bibliotecas mundanas o virtuales, buscando bibliografía de aquellas intuiciones que “El Míster” ha elegido compartir.

Hay sin dudas un tono de despedida en esas voces que escuchamos por detrás del Ruiseñor, casi como una herencia compartida, personal pero no por eso única. Es que recorre obras que antaño eran transitadas por un submundo cultural que parece destinado al olvido, y desde allí Solari nos invita a no perder esa memoria difusa, contrahegemónica.

Impactado por el Blackstar de Bowie, acuciado por dolencias físicas de las que siempre renegó, nos brinda esta vez el Indio una trastienda visual y sonora como nunca antes se había atrevido a revelar. Nos veremos leyendo a Jarry en los trenes, escuchando a Floreal Ruiz en el bondi, indagando a Tarkovski en las pantallas. Solari nos sorprende ofreciéndonos un universo por conocer, casi como para que no nos duela tanto este olor a despedida. "Yo sé / dejé / jirones de mi vida aquí".

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