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Relámpagos //// 08.03.2019
El feminismo a las urnas, por Florencia Di Paolo

"No hay un proyecto político posible y viable que no contemple las demandas del feminismo. Porque las demandas del feminismo son las demandas del pueblo. Entonces no hay una construcción de pueblo posible por fuera de este movimiento". 

Por Florencia Di Paolo
Fotografía: Paloma Baldi

El Estado destina aproximadamente once pesos por mujer, dejando fuera a personas de géneros disidentes, para la prevención de violencia de género. Once pesos por día: gasto más en criar a mi gato. El año pasado, como es costumbre en Cambiemos, arremeter contra los sectores vulnerados, despidieron a trabajadoras de la línea 144 que trabaja con víctimas de violencia doméstica en la provincia de Buenos Aires, otro golpe a los derechos humanos de los tantos que llevó y llevará adelante este gobierno. Porque no les importamos.

Es un año electoral y hay que tener las cosas, en la medida de lo posible, claras. El movimiento que le da pelea al liberalismo es el feminismo. El movimiento que le da pelea a todo lo rancio del universo es el feminismo en todas sus formas ­obviamente dejando fuera a las terf, que más que feministas son fascistas, digamos todo­, el movimiento que debe cargar en sus hombros con las demandas de las mujeres, las trabajadoras sexuales y comunidades LGBT es el feminismo. No hay un proyecto político posible y viable que no contemple las demandas del feminismo. Porque las demandas del feminismo son las demandas del pueblo. Entonces no hay una construcción de pueblo posible por fuera de este movimiento.

Es nuestro deber como votantes exigir a nuestros representantes que estén a la altura de las circunstancias. No queremos un peronismo que fuerce a parir a una nena. No queremos un peronismo que fuerce a nadie a parir. No queremos un peronismo que sostenga en sus cúpulas y en sus orgas a abusadores. No creemos en la orgánica ciega, creemos en una militancia que construya a partir de mayorías en las calles. Hay quienes llaman orgánica a lo que es en realidad complicidad machista, y si se fuerza a una militante a dejar de formar parte de una organización se le amputa la alegría y la libertad de abrirse paso en la arena de la política partidaria. No queremos votar conservadores ni que nos quiten la alegría y la libertad. Queremos que nos escuchen y que las bancas que se ocupen en el Congreso sean verdes. Queremos que la bajada de línea de todo lo que se vote sea verde. Sabemos que en política todo se negocia, pero no nos disponemos a negociar el aborto legal. No negociaremos nunca nuestra libertad y decisión sobre nuestros cuerpos.

No le pedimos a las y los dirigentes que sean feministas, eso sería muchísimo, cómo saber si se es feminista o no. Les pedimos que sean estrategas y sepan leer el momento histórico que estamos viviendo. Les pedimos que legislen por la libertad colectiva, el deseo y el amor al pueblo construido desde el barro y los cimientos de lo que se disuelve entre los gritos de sororidad y justicia social. El feminismo es justicia social.

Muchas mujeres heterosexuales llegaron al movimiento desde relaciones en las que los hombres eran crueles, desagradables, violentos e infieles. Algunos de ellos eran pensadores radicales que participaban en movimientos por la justicia social y hablan en nombre de los trabajadores y los pobres, o sobre justicia racial. Pero en lo que se refería a la cuestión del género eran tan sexistas como los conservadores (hooks. 2000; p. 93).

Las primeras perjudicadas en el capitalismo somos las mujeres y las personas de géneros disidentes. La verdadera justicia social es el feminismo. No hay vuelta que darle, no vamos a parar de marcar la cancha para que se tomen las decisiones correctas en el Congreso. Y ante nuestro avance se paran de manos los sectores conservadores. En toda Nuestramérica lo vemos y en todo el mundo. En España, país con el que tenemos varias cosas en común en cuestiones de construcciones políticas, las compañeras están retomando la lucha para no perder el derecho al aborto que supieron conquistar hace ya varios años. Surgió, en este mismo país, un partido conservador que ganó en Andalucía, VOX. Vemos una foto de Albert Rivera, presidente de Ciudadanos, otro partido conservador liberal, rodeado de mujeres de su partido como legitimando algo. Debemos cuidarnos de todos estos personajes siniestros e igualmente dentro de los sectores progresistas, marcar la cancha para que no la pifien. Marcar la cancha para que los varones aliados sepan cuándo y cuánto tienen que ceder. Hoy el único partido nacional que le moja la oreja al poder es el peronismo, el problema es preguntarse qué están dispuestas y dispuestos a ceder y negociar sus dirigentes. Nosotras lo tenemos en claro, queremos el aborto legal, queremos que se implemente la ESI, queremos que dejen de matarnos, de encarcelar putas y personas trans.

Para que la lucha por los derechos de las minorías sexuales y de género tenga el cariz de una búsqueda de justicia social, es decir, para que sea caracterizada como un proyecto democrático radical, es preciso que se reconozca que somos algo más que un grupo que se ha visto, o puede ser sometido a la precariedad y a la privación de derechos. Además los derechos por los que luchamos son de carácter plural y no se limitan a la identidad; es decir, que no es una lucha a la que únicamente puedan adscribirse unas identidades en concreto, sino que se trata de una lucha que sin dudas quiere ampliar lo que entendemos por nosotros. Podríamos decir que el ejercicio público del género, de los derechos del género, es ya en sí mismo un movimiento social; en nuestro caso un movimiento social que se apoya en los vínculos que unen a las personas más que en cualquier noción de individualismo (Butler. 2017; p.71).

Somos una mayoría real y una minoría simbólica. Adivinen: Estamos hartas. Vamos a ir por todo y lo vamos a conseguir. Hace casi un siglo la palabra que más miedo daba era sufragista, ahora es aborto legal y siempre fue el feminismo. El feminismo es lo que nos va a salvar del odio, porque es amor desprejuiciado, un abrazo fuerte en tiempos de crisis y una palabra de aliento en el apocalipsis que fragmenta nuestras vidas para llegar a fin de mes y ser ­al menos un poco y por momentos­ felices.

Que sea ley.

 

*BIBLIOGRAFÍA:
BUTLER, Judith. Cuerpos aliados y lucha política: hacia una teoría performativa de la asamblea. 2017; Paidós.
HOOKS, bell. El feminismo es para todo el mundo. 2000; Traficantes de sueños.