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Relámpagos //// 05.06.2019
Cristina desencarnada: triunfo de una (auto)crítica

"Este porvenir que se nos viene estará cargado de conflictos a resolver, que afectarán intereses contrapuestos. No parece ser la moderación el mejor de los caminos, como no lo es ahora para ilusionar con ese futuro".

Por Juan Manuel Ciucci
Foto: Daniela Morán

Esperando allí nomás, en el camino, 
la bella señora está desencarnada. 
Cuando la noche es más oscura, 
se viene el día en tu corazón

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota

 

Un gesto político, una movida excepcional, una apuesta sacrificial que da cuenta de la diferencia abismal que la separa del resto. Un modo de entender el poder diverso al imperante. Para afianzarlo, Cristina ha elegido una de las autocríticas posibles, que sin embargo viene recubierta con las ropas de un otro, que supo ser propio. Esta propuesta triunfadora es justamente la moderada, que explica ciertos apoyos y contentos en el contexto de un escenario político y social conservador. Más aún en la región. La avanzada de las derechas en Suramérica explica la suerte aciaga que transita Venezuela, ese gran cuco que el liberalismo exhibe ahora a nuestras clases medias. 

¿Qué pasa con las otras, con las propias? ¿Quién guarda la memoria de esas autocríticas que parecen hoy ponzoñar la unidad, y por tanto estamos eligiendo no decir? ¿Quién las personifica en este frente? Algo de esto aparece en un muy buen texto de Marta Dillon y en lo dicho por Horacio González en Marca de Radio. Faltan nombres y se espera una amplia convocatoria para pensar esa Argentina futura. Pero sin el paradigma que estipula a ciertos conflictos abiertos como algo evitable con otros modos y entenderes. Este porvenir que se nos viene estará cargado de conflictos a resolver, que afectarán intereses contrapuestos. No parece ser la moderación el mejor de los caminos, como no lo es ahora para ilusionar con ese futuro. El moderado Lousteau (que acercó Alberto) tomó una decisión que según él creía no traería mayores problemas aplicar, y nos llevó al mayor conflicto destituyente que atravesó el kirchnerismo. Así de compleja es nuestra realidad.

¿Quedará perdida quizás aquella que lamentaba no haber profundizado lo suficiente como creíamos necesario en la campaña 2011? ¿O la que cuestiona la relación con el extractivismo? ¿O la que cree que sigue siendo determinante retomar los planteos fundamentales de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, garantizando que se imponga la adecuación de los grandes medios como votó el Congreso? ¿Y la que dice que debe encararse la seguridad desde otro paradigma, que garantice la vida y prevenga el delito? ¿Cuántas otras ya no son dichas? ¿Cuándo es tiempo para volver a decirlas? 

Parece no ser éste el momento para muchas, o eso nos decimos, ya que el triunfo y la unidad son los mantras del 2019. Un deseo tan colectivo, al borde de la desesperación en que nos deja esta ceocracia. No queremos que nada venga a entorpecer nuestro camino de regreso a la conducción del país, del Estado. Sin embargo, hay que pensar hoy cómo dejar fuerte la huella que vamos a necesitar recuperar cuando estén abiertos los conflictos. Esa memoria de las decisiones que fueron para adelante, con riesgos y disputas, pero siempre de cara a nuestro Pueblo. Eso que define también cómo somos, y que algunos quieren con discursos de unidad, enterrar.