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Relámpagos //// 13.10.2019
Chequeado y la lectura literal del debate presidencial, por Nicolás Adet Larcher

Una metáfora o una hipérbole ¿se pueden chequear con datos? ¿cuáles son los límites del método de Chequeado? ¿los datos pueden aislarse de las lecturas políticas? Por Nicolás Adet Larcher

Por Nicolás Adet Larcher

El debate presidencial dejó mucha tela para cortar. Ya nos reímos de los memes de Gómez Centurión, el timing ralentizado de Lavagna, la platea pubertaria de Espert, el dedito de Alberto y la postura del presidente en las fotos del backstage. En una noche nos horrorizamos, nos aburrimos y festejamos algunas ocurrencias. Del otro lado, Twitter ardía. El celular en la mano, un ojo en el televisor y el otro en las redes. Los hashtags, las menciones y los tuits también aportaban lo suyo por fuera de los atriles y los equipos de campaña.

Esa noche, una discusión emergió en las réplicas de los tuits de la cuenta de Chequeado, la organización que desde el 2010 se dedica a la “verificación del discurso público” a través de distintos métodos y secciones. ¿Qué hace Chequeado? ¿Es un medio? según su página oficial, “Chequeado es el principal proyecto de la Fundación La Voz Pública. Somos un medio digital no partidario y sin fines de lucro que se dedica a la verificación del discurso público, la lucha contra la desinformación, la promoción del acceso a la información y la apertura de datos”.

Para trabajar, “selecciona afirmaciones de políticos, economistas, empresarios, sindicalistas, periodistas y personas públicas, medios de comunicación u otras instituciones formadoras de opinión, entre otros, sin discriminar por su orientación partidaria o ideológica”.

A partir de esa elección, Chequeado califica una frase con categorías como Falso, verdadero, engañoso, verdadero pero, insostenible, inchequeable, discutible o exagerado. A partir de esa calificación, luego expone una explicación sostenida en varias fuentes para desarrollar la elección de esa etiqueta.

En la noche del debate presidencial, Chequeado tomó con cierta literalidad frases que Alberto Fernández había pronunciado desde su atril y las calificó como falsas, sin matizar que aquellas frases podían ser tomadas como hipérboles. Por ejemplo, una corrección llegó cuando dijo que “Cuando llegó al gobierno (Macri) la deuda era del 38% del PBI y hoy es del 100%”. En el desarrollo de ese chequeo, Chequeado sostuvo que la deuda para 2019 en realidad era del 81%. O cuando Alberto dijo “pasaron siete semestres, presidente. No entró un centavo a la argentina de inversiones de esas potencias” y el chequeo para ese caso también fue falso.

Para Chequeado si habían ingresado inversiones (en el mismo porcentaje que al final del mandato de Cristina), aunque en el detalle no se especificaba si esas inversiones pertenecían a esos países a los que Macri y Alberto hacían referencia en su contrapunto. Al final de la nota quedaba claro que las inversiones no habían aumentado y que no podíamos saber si venían de esas potencias o no, que básicamente era el punto de discusión.

Lo mismo llegó con la frase de “Los abuelos no tienen celulares”. Varias cuentas de Twitter tomaron al chequeo en vivo de la organización para su consumo irónico y viralizaron memes con la rigurosidad del “método” que nos podía matar de literalidad.

 Vale reconocer que los chequeos de la organización fueron importantes para abordar varios temas de interés público, desmentir fake news y organizar la información para quienes trabajamos en medios de comunicación. Sin embargo, como pasó durante la noche del debate presidencial, las limitaciones del método trajeron al debate algunas puntas para repensar estas dinámicas de trabajo. Y, así como aparecieron en el debate, también aparecieron en momentos anteriores.

Fake news y Facebook

Hace un tiempo, Chequeado estableció una alianza con Facebook para controlar y erradicar las fake news que tantos dolores de cabeza le habían causado a Mark Zuckerberg. El año pasado, la polémica tocó la puerta cuando la red social decidió reducir la circulación de una nota publicada en el portal Primereando por considerar que era falsa. La nota se refería a una medida anunciada por el Ministerio de Hacienda, asentada en el acuerdo con el FMI, que consistía en la venta de activos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de ANSES. La nota interpretaba el texto del anuncio.

Para desmentir la noticia, Chequeado tomó como fuente las palabras del propio ministerio y la voz de la economista Noemí Brenta, que reconocía que esa decisión podía quitarle operatividad al organismo. A partir de ahí, la discusión dio vueltas y planteó la necesidad de evaluar hasta qué punto el análisis de una medida de gobierno podía ser considerada una fake news. ¿Qué es real? ¿Una cita de autoridad oficial deslegitima un análisis?

En el terreno inestable que habitamos de un gobierno que dice que la economía crece, mientras los números dicen lo contrario y que afirma que aplica medidas para combatir la pobreza, mientras la pobreza crece; el criterio para evaluar la información que circula abrió los primeros interrogantes sobre el método. La inestabilidad de las fake news impide que haya un criterio uniforme que permita a algoritmos reconocer cuando una noticia es falsa, cuando es una ironía, cuando es un análisis o una declaración.

Precarización y desinformación

El segundo caso tuvo lugar hace poco. Una foto de una mujer con su bebé se había hecho viral en las redes. La mujer tenía la mochila de Pedidos Ya! sobre su espalda y sostenía a su hija. Muchas personas la compartieron, alertando sobre las políticas del gobierno nacional que fomentaban el trabajo precario. Miren como esa mujer tiene que arrastrar a su hija a su trabajo para juntar unos pesos. Chequeado (a través de Reverso, la alianza con medios contra las fake news), tomó la iniciativa de entrevistar a la mujer y contar su historia.

El informe la presentó como “una víctima de la desinformación” y brindó un espacio para que contara que, en realidad, no trabajaba con su hija en brazos, que en ese momento la estaba dejando en el jardín y que los textos que se difundían acompañando la foto eran falsos. Y como contaba en cámara, era falso que ella circulaba con su hija, como decían los estados de muchas publicaciones.

 Era necesario aclararlo. Sin embargo, al poner el foco en ese detalle, la nota omitía el fondo: la precarización laboral. La mujer decía que era venezolana, que había llegado al país hace un año, que era ingeniera en Sistemas pero trabajaba en Pedidos Ya!. En Twitter, muchos usuarios destacaron esa omisión del contexto y su relación con otras experiencias de vida similares. Personas sobrecalificadas para los trabajos precarios que realizaban.

Reverso

Este proyecto colaborativo reúne a más de 100 medios y empresas de todo el país con el objetivo de “intensificar la lucha contra la desinformación durante la campaña electoral”. Este proyecto fue convocado por Chequeado y tiene como aliados a medios como Clarín, Ámbito Financiero, Página/12, El Cronista, La Nación y otros diarios, revistas, radios y canales. Al igual que Chequeado, Reverso se encarga de contrastar datos duros con noticias virales que circulan por las redes sociales. Un ejercicio que dio buenos frutos durante el año electoral y que permitió desterrar notas falsas sobre candidatos y candidatas de distintos partidos.

En septiembre, la alianza de Reverso también encontró otra zona gris interesante para discutir cuando desde la página de Radio Mitre (aliada del proyecto) se publicó una noticia falsa que sostenía que uno de los asesinos de José Luis Cabezas era asesor de Florencia Saintout, candidata a intendenta del Frente de Todos. ¿Qué pasa cuando un medio que integra un proyecto que combate fake news publica fake news? Mitre subió la noticia a su página y la compartió en Facebook y Twitter. Unas horas después, Reverso corroboró que la información era falsa y los propios medios que habían publicado la noticia tuvieron que desmentirla. Las fuentes de Chequeado para verificar el discurso público tienen la fortaleza de ser diversas (algo poco común en los medios), pero tienen la debilidad de carecer de una lectura política, más abierta que el molde de sus categorías, sobre hechos que fluctúan constantemente. A eso también se puede sumar la ausencia de chequeos a otros protagonistas del tablero político (empresarios, por ejemplo) que también aportan a la construcción de un mapa informativo un poco más completo para las audiencias.