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Relámpagos //// 06.02.2020
Alberto Fernández, entre el liderazgo moderno de Cristina y la estética posmoderna de Macri, por José Cornejo

A casi dos meses de mandato presidencial, Alberto Fernández camina por un delgado sendero entre el decisionismo presidencialista y la horizontalidad del siglo XXI.

Foto Daniela Moran

Por José Cornejo*

Cuando Horacio Verbitsky entrevistó al presidente le preguntó por la lentitud en la designación de cargos. Alberto Fernández reconoció que se estaba tomando su tiempo para evaluar a los candidatos. A juzgar por los hechos, es cierto que hay un equilibrio notable entre las fuerzas que vienen del riñón de CFK y las suyas propias. Pero también hay cargos vacantes con la consecuente parálisis de firma y continuidad de macristas, algo que resulta irritante para trabajadores estatales y buena parte de la militancia.

En materia de comunicación, el protagonista es el vocero Juan Pablo Biondi. Sin embargo, por prudencia o porque el método aún no se ha definido, los ministerios están empezando a cerrarse con similitud a lo que acontecía hasta 2015. Tampoco está muy claro aún cómo coordinará Biondi con el sistema de medios que conduce Francisco Meritello. Por su parte, Alberto busca romper esta inercia dialogando directamente con muchos de los periodistas que le escriben.

Estos dos ejemplos son claramente diferentes a cómo funcionaba el kirchnerismo entre 2007 y 2015. Cristina Fernández, estudiosa y amante del siglo XX, tenía un liderazgo muchísimo más vertical. La decisión la tomaba ella, los funcionarios ejecutaban. Realmente era muy difícil que un funcionario con una filiación partidaria adversa se mantuviera en el cargo. Y en materia de comunicación, las cadenas nacionales o en todo caso “la tanqueta” 678 le transmitían a la sociedad cuál era el punto de vista oficial sobre determinadas temáticas.

Por su parte, Mauricio Macri asumió con una estética de horizontalidad absoluta. Impostaba “gabinetes ampliados” donde un millar de funcionarios M debían festejar a su presidente. Pero en vez de mostrarse como disciplinamiento de su fuerza, el discurso oficial era diálogo, discusión y consenso. Lo opuesto a CFK, que “no hacía reuniones de gabinete”. En términos comunicacionales, el macrismo aplanó los medios estatales. No los necesitaba, la propaganda oficial la sostuvieron los medios privados. Práctica que inauguró la consigna “militando el ajuste” que ilustró Guillermo Aquino. El gobierno de Mauricio Macri fue autoritario en sus decisiones – entre otras cosas nombró jueces de la Corte Suprema por decreto – y persiguió a la oposición, incluso judicialmente. Pero logró mostrarle a un porcentaje importante de la sociedad que era un presidente republicano y que todas las verdades eran iguales de importantes.

Alberto Fernández triunfó sobre una coalición muy amplia donde el voto propio no es mayoritario. Para transitar los tiempos sombríos que dejó el macrismo debe aumentar aún más el apoyo social que lo sostiene. Y decidió un camino intermedio entre verticalidad y horizontalidad. La sociedad argentina necesita que la apuesta sea exitosa.

*Director de AGENCIA PACO URONDO