fbpx Transporte y vivienda, demandas de la nueva etapa, por Enrique de la Calle
Política //// 29.12.2010
Transporte y vivienda, demandas de la nueva etapa, por Enrique de la Calle

Capital Federal (Agencia Paco Urondo)

Más allá de las intentonas golpistas o revolucionarias del expresidente Eduardo Duhalde o de los chicos clasemedieros del PO, respectivamente, los hechos ocurridos en Villa Soldati y en Constitución deberían convocar nuestra atención por visibilizar  demandas cada vez más explícitas en esta nueva etapa histórica. 
Sin dejar de señalar las responsabilidades de los primeros, el kirchnerismo debería centrar todos sus esfuerzos en poder canalizar esos reclamos, hacerles frente, para que sirvan como plafón de políticas públicas reparadoras. Es lo que vino haciendo desde 2003. En el Parque Indoamericano se pidió por viviendas, en la estación de trenes, por trabajo digno – los tercerizados – y por transporte de calidad – los pasajeros indignados -.
Néstor Kirchner usaba la imagen del “infierno” para referir a un país caracterizado por la pobreza, la desocupación y el hambre. Los gobiernos k dejaron atrás aquella Argentina. Pero no estamos en el paraíso: más de cerca del purgatorio, la agenda pendiente tiene como ítems, entre otros, el acceso popular al suelo, la formalidad del empleo y la configuración de servicios públicos que aseguren bienestar. Es en ese marco que deberían comprenderse las tomas en el postergado sur porteño o la ira de decenas de personas ante el anuncio de un ramal detenido. Que el anacrónico árbol duhaldista o el de universitarios iluminados no nos tape el bosque. Hacia él vamos.
Tomas y barrios cerrados
En una esclarecedora nota con La Paco Urondo, el urbanista Raúl Fernández Wagner explicó que seis de cada diez personas que acceden a un terreno o a una casa (alquilada o comprada) en Capital y Conurbano lo hacen por medio de la informalidad. No lo hacen por los circuitos “habituales”, sea una inmobiliaria o por compra directa a un dueño. ¿Cómo, entonces? Mediante la toma o la ocupación de predios abandonados o casi. Se instalan allí, lotean – marcan “su terreno” -, soportan el desalojo, negocian con variopinto actores, con un poco de suerte se construyen su propia casa. En los últimos quince años, lo ocurrido en Soldati marca la regla que explica el modo en que se urbaniza la región metropolitana. Al que no entiende esto, diría un glorioso ex jugador de fútbol, se le escapa la tortuga.
En la misma charla, Fernández Wagner apuntó al corazón del problema. Para él, no se trata tanto de que falten viviendas, no haya espacio para edificar o, menos aún, que no haya inversión para la construcción. Lo que habría que analizar, explicó, es qué ciudad se construye. Hasta acá, una en la que los barrios de  lujo para las elites ocupan el doble de la superficie de Capital Federal: en ellos viven 200 mil personas, aunque podrían hacerlo seis millones (con la misma densidad que Buenos Aires). Por lo tanto, espacio hay, hasta casi de sobra. Más, cuando observamos que el déficit habitacional alcanza, según los especialistas, al 1,5 millones de habitantes.
Desde 2003, los gobiernos k encararon una fuerte política de vivienda que para fines de 2011 arrojará alrededor de 800 mil “soluciones habitacionales”, entre casas nuevas y mejoradas (en todo el país). Podríamos sumar las diferentes acciones provinciales. De cualquier modo, estamos ante un escenario inédito en las últimas cuatro décadas. Sin embargo, Fernández Wagner alertó sobre esa focalización en la construcción de casas y, en cambio, propuso diseñar políticas urbanas. “Hay casos donde se construyó lejos, con poco acceso a servicios esenciales. Ahí diste una casa pero diste mala calidad de ciudad”.  Para él se trata de encarar una reforma urbana, que entre otras cosas establezca la función social del suelo, que discipline a los constructores, que discuta la necesidad del alquiler social. ¿Qué otro proyecto político y cultural como el actual puede encarar tamaño desafío?
Ellos van en trenes
Cada día, recorren en tren la región metropolitana Buenos Aires alrededor de 1,5 millones de personas. Lo hacen en algunas de las siete líneas que existen. Son casi el 20% del total de los viajantes diarios (la inmensa mayoría lo hace en colectivo). El actual esquema de transporte combina las tarifas más bajas de América Latina, el consecuente acceso popular, con un servicio que no sobresale por sus niveles de eficiencia y calidad. La explicación debe ser multicausal, pero vale señalar que ahora utilizan los ferrocarriles un poco menos de personas que en 1957, a pesar del crecimiento demográfico.
Una encuesta socioeconómica de los pasajeros (hecha por la Secretaria de Transporte), muestra que los usuarios de trenes son los de menores recursos. La mitad de ellos, pertenece a familias con ingresos que no superan los 1500 pesos. En el caso de la línea Roca, cuyo bloqueo disparó la semana pasada incidentes, se trasladan cada jornada 400 mil personas. Comunica la región sur de la región metropolitana, es decir, a los municipios más postergados. En su mayoría se trata de trabajadores (casi el 70%), con estudios medios completos, y de hogares de clase media, media baja. ¿Conocerán esta faceta del proletariado argentino los jóvenes universitarios del PO?
El universo socioeconómico de los usuarios del Roca es similar al de los otros ramales. En resumen, más de un millón de personas usan los ferrocarriles a diario, en su mayoría lo hacen para ir a trabajar, en promedio sus ingresos están por debajo de la media de los laburantes formales, lo que da cuenta de diferencias al interior de la clase trabajadora. En muchos aspectos las condiciones de tantos de ellos se acercan a las de los tercerizados que cortaron las vías del tren.
Entre esos usuarios indignados y aquellos tercerizados que protestaron, se desarrolla otro núcleo problemático que exige respuestas del Gobierno nacional. Acceso a la vivienda, mejores transportes públicos, trabajo de calidad, son demandas atendibles (entre otras), propias de una etapa superior, caracterizada por un piso de protección social. Sólo el kirchnerismo puede y debe hacerse cargo de ellas. (Agencia Paco Urondo)