fbpx Schocklender y el campo popular, por Diego Fernández
Política //// 10.06.2011
Schocklender y el campo popular, por Diego Fernández

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) En estos días el movimiento popular atraviesa un nuevo embate de la reacción gorila que constituye una de las agresiones más difíciles de responder o resistir, pues se origina en debilidades propias y las estrategias que disponemos para defendernos se asientan en esquemas conceptuales que resultan insuficientes y a veces contradictorios para nuestros propios intereses. Me refiero a las denuncias que involucran a la organización Madres de Plaza de Mayo objetivadas en el accionar de los hermanos Schocklender como integrantes de la misma. La misma Hebe, en declaraciones ante medios afines, se refiere a los mismos como “estafadores”, “traidores”, guiados por “comportamientos propios de su clase”.

En primer lugar, entiendo que este hecho, afecta y debilita la figura de Hebe, de las Madres, de los organismos de ddhh, del gobierno en general y de Cristina en particular, pero, principalmente y lo que considero más grave, el proceso de recomposición del campo popular  que viene siendo posible a partir de los gobiernos de Néstor y Cristina, entre otras cuestiones por  su política de reivindicación de las luchas de generaciones diezmadas por la dictadura.
Hablo del hecho –real, objetivo, reconocido por la misma Hebe- y no de su especulación o manipulación gorila. La manipulación de un hecho según intereses políticos es una práctica común a todos los bandos en la pugna política. Lo utiliza tanto La Prensa como Sucesos Argentinos.
El tema de la reflexión sobre los hechos y lo hecho, y cómo se reflexiona, desde qué encuadre conceptual, es medular para definir el carácter de una práctica política. Si estamos ante una práctica revolucionaria o reaccionaria.
Y lo que se da por estos días como enfoque de sentido común en el discurso a nivel de organizaciones o dirigentes del campo popular respecto del tema fundación MPM, es poner el acento en un nuevo ataque mediático, de las corporaciones o los gorilas contra las Madres, Hebe, y por elevación al gobierno y Cristina. Este enfoque, tratándose de discurso público, puede hasta contemplarse desde el momento que se trata de posiciones en medio del combate político. El tema preocupante desde la militancia popular es cuando el mismo discurso se ordena hacia adentro, al interior del campo popular y sus organizaciones y más aún, cuando a partir de disponer del discurso de respuesta al enemigo rápidamente montado en boca de dirigentes, ni se promueve la reflexión o debate del hecho en sí hacia dentro del campo popular.
Un procedimiento propio de las organizaciones políticas populares y particularmente arraigado en el peronismo, es el de clausurar, suturar cualquier tipo de debate o reflexión genuina sobre la propia práctica o la realidad misma, cuando ante el hecho que se trata, el esquema de conducción orgánica (o liderazgo o dirigencia) ya fijó posición sin promover el debate orgánico previo a la misma. La posición “se baja” y muchas veces ni siquiera eso, directamente es asumida per se por la militancia y la organización como línea para salir a reproducirla. Esta conducta puede ser necesaria en contextos de represión o clandestinidad (y aún puede ser criticable). Pero lejos estamos hoy de tales contextos, entonces bien vale el ejercicio de pensar –más allá del argumento del “hábito” o de la “práctica cultural” consuetudinaria- por qué se reproduce en estos días. Y en pensar en esto, debatir, reflexionar / criticar la práctica militante o política y sus esquemas conceptuales explícitos e implícitos, se define la suerte de cualquier proyecto político serio.
Tanto o más perjudicial que esta práctica acrítica, no reflexiva en el análisis de la realidad por la militancia, resulta un esquema conceptual también reiterado, por no decir dominante o hegemónico, que generalmente acompaña tal práctica. Cual es el de analizar la realidad o los hechos con parámetros maniqueos. Este enfoque fue predominante al interior de las organizaciones político militares en los ’70, particularmente del ’73 en adelante y compone uno de los factores de la derrota (anticipados lúcidamente no con el diario del lunes o el resultado puesto, ya por los ’70, en el “Documento Verde” de los Sabino, entre otros. La realidad, los hechos, son analizados en el esquema de ángeles ó demonios, de buenos ó malos, donde el polo virtuoso siempre se ubica en el sector que ocupamos, cualquiera sea el contenido de la práctica o el hecho que se analiza. Por lo mismo, lo repudiable siempre es externo, ajeno. Observación: no estoy haciendo una crítica a la lógica aristotélica o binaria –no soy tan pretensioso-, menos al encuadre amigo/enemigo, que es un encuadre que comparto para pensar la realidad y la estrategia de lucha y que entiendo definido por la realidad histórico-política en si misma en nuestro país, más que un dato análitico. En “Los Resistentes”, vemos a Mabel Di Leo liquidar con firmeza revolucionaria el maniqueísmo de pensarnos en la lucha de los 70 como soñadores gandianos frente al ejército de los cipayos, cuando dice, más o menos,  “digámoslo: nosotros poníamos bombas, no éramos buenitos, …”, y que la violencia y el odio perfectamente cabían en un militante popular en la búsqueda de justicia.
Estos dos planos, el de la práctica y el conceptual, confundidos, han estado expresados en el tratamiento que la militancia (no digo los gorilas, “la corpo” y demás agentes de la reacción), dirigentes y expresiones del campo popular le vienen dando al tema Schocklender. Las organizaciones rápidamente fijaron posición de defensa de Hebe y en ella del gobierno, caracterizando la situación y cuestionándola como de “un nuevo ataque” gorila. O sea, en el esquema maniqueo, el problema está afuera. El tema de que el problema está afuera, en política revolucionaria es mortal para la organización que lo sostiene como criterio de hierro en el análisis político. Primero y fundamentalmente, porque abandona como premisa un concepto clave cual es el de que la realidad es dialéctica y de tal modo nos relacionamos con la misma en la intervención política. Entonces, la visión de que hay espacios de clausura, compartimentos que desde el encuadramiento e identidad  orgánica definen lo bueno, lo que está exento de crítica, y lo que se ubica fuera del perímetro organizativo aloja lo malo, todo lo impugnable, es berreta y reaccionaria. Y por lo tanto, lejos está de aportar a cualquier proceso de transformación político-social en serio.
Hebe es una luchadora, una militante y dirigente política de aquellas. No le cabe el tratamiento de viejita adorable, de “madre eterna”, de afecto filial diferencial que se propone muchas veces en contextos políticos afines a su lucha. Es a la vez una mujer que contribuyó a cambiar con su lucha la cultura y la historia del país en los momentos más negros y aún en democracia, enfrentando a poderes a los que mucha de la dirigencia que hoy la “protege”, se cansó de encubrir con un tratamiento “políticamente correcto” no hace muchos años. Hebe hizo de Verdad y Justicia una consigna que estructuró su lucha, su vida y la lucha del campo popular en su conjunto. Por lo mismo, es a quien menos le cabe la impunidad, formulada ésta en términos de ausencia de autocrítica.
Entonces, cabe preguntarse: ¿de qué ámbito, experiencia política militante provienen los hermanos Schocklender?; ¿en qué ámbito o circunstancia militante se debatió y acordó el lugar que ambos pasaron a ocupar como dirigentes de una de las principales organizaciones populares argentinas?; ¿Hebe descubrió hace 15 minutos que Sergio es un burgués estafador y traidor?; ¿Es un traidor, realmente? ¿A quién o a qué causa traicionó?. Un burgués puede estafar, ¿pero traicionar?, ¿o sólo despliega las tareas y conductas propias de su clase?; ¿Quién es responsable de que este burgués ocasione el daño que ocasiona a la organización popular y conceda armas al enemigo?.
Opino que Hebe y todos nosotros deberíamos estar promoviendo este debate, autocrítica mediante, al interior del conjunto de la organización popular. Es vital no sólo para Hebe, las Madres y la causa de los ddhh, sino también, y fundamentalmente, para criticar y superar así el estado de conciencia y organización del conjunto del movimiento popular en argentina, lo cual es estar en las mejores condiciones para sostener, defender y profundizar el proyecto popular. (Agencia Paco Urondo)