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Política //// 12.01.2020
Primer mes de gobierno de Alberto: audacia y moderación

Pelearse y no pelearse más con Cristina Fernández de Kirchner. Convencerla de publicar un libro y ser candidato presidencial. Convencer a propios y ajenos y ganar. Con esta previa, los primeros 30 días de Alberto en la Presidencia no iban a ser menos intensos. Por José Cornejo. 

Por José Cornejo* | Foto Daniela Morán

Llegó el temor y lo liberó
Lastimaduras en la inocencia de su niñez.
Y de ahí en más, enderezó
también mi vida con la conciencia que la asomó.

Carlos “Indio” Solari, El tío Alberto en el Día de la Bicicleta.  

Cuando en mayo de 2019 Cristina Fernández anunció que sería compañera de fórmula del candidato presidencial Alberto Fernández se desató un terremoto político. No solamente en Cambiemos, que salió veloz a convocar a un peronista (Miguel Pichetto) para contrarrestar “la reflexión y decisión” de CFK.  Sino también en el heterogéneo entramado político y cultural que es el peronismo – kirchnerismo. Por arriba, festejos y línea de largada para militar la campaña. Por debajo de la superficie: “Che, ¿Alberto?”.

Alberto Fernández no parecía medir mucho en las encuestas. Pero además estaba el plano ideológico: se había ido en medio del conflicto con las patronales agropecuarias y con críticas durísimas a la misma CFK. El kirchnerismo le devolvió gentilezas, tratándolo de liberal, cavallista o amigo de Clarín. A propósito de esto, en una de sus primeras apariciones luego de la derrota de la Resolución 125, Néstor Kirchner asistió a la Biblioteca Nacional y cuando fue cuestionado por la alianza que había tenido hasta entonces con el Grupo Clarín, Kirchner lo señaló a Fernández, que estaba presente. Fue el 12 de julio de 2008. El 23, Alberto renunciaría.

El regreso de Fernández devino un acierto detrás de otro. Convenció a CFK de publicar un libro que no solo fue la antesala de la carrera presidencial, sino que al decir de Infobae: “Nadie imaginó lo que ocurriría con Sinceramente, el libro de la actual vicepresidenta. Rompió récords de ventas”. Y ya en campaña, Alberto gradualmente fue diluyendo las inquietudes sobre su figura. Prometió medicamentos gratis a la población pasiva, defender el trabajo y congelar las tarifas de los servicios públicos: “Sé los intereses que represento” señaló en varias oportunidades. Y respondiendo a aquella pregunta subterránea: “Con Cristina no me peleo más”.

Alberto y CFK ganaron y llegó la jornada maratónica del 10 de diciembre. El sol y la humedad habían convertido el microcentro porteño en una sartén. El piberío se arracimaba en la única fuente con agua de Plaza de Mayo, reconstruyendo un escenario muy 17 de octubre. 

Alberto manejó hasta el Congreso en su propio auto. “Quise emular a los uruguayos manejando mi propio auto, pero los argentinos somos muy apasionados y me abollaron todo el coche” le señaló riendo al periodista Luis Majul. Vino el traspaso de mando, siguió el rictus de CFK ante el saludo de Mauricio Macri cuya mente estaba en una reposera en Capri, el discurso ante la Asamblea Legislativa y de regreso a Casa Rosada. Jura de los ministros en el Museo del Bicentenario, cuyo techo de cristal generó un efecto invernadero. Este cronista devino aguatero de las Madres, bajo supervisión de Horacio Pietragalla. Y por fin los dos discursos frente a la multitud de la Plaza de Mayo. Es muy común que los discursos peronistas dialoguen con su público, pero Cristina primero y Alberto después le agregaron un dueto entre ellos que también dio material periodístico. Es aconsejable releerlos. 

Una vez asumido y rápido de reflejos, Alberto estableció una batería de medidas impositivas para darle racionalidad al presupuesto nacional. Uno de los mejores resúmenes lo hizo Enrique de la Calle para esta misma Agencia. De hecho, hasta el miércoles 8 pasado, último dato publicado por el Banco Central, las arcas habían recuperado 1.400 millones de dólares. La batalla central será el acuerdo o no con el FMI y hasta el momento, este se ha expresado en repetidas oportunidades en favor de las medidas del nuevo gobierno. En su página oficial proyectan un leve crecimiento económico y una sensible reducción de la inflación. En el órgano más sensible del ser humano, el bolsillo, todo lo que podía hacerse bien se hizo. Guzmán, el jugador del mes. 

¿Y el equipo de Alberto?

Sobre el gabinete de Alberto se pueden proponer algunas características generales.

Primero un marcado recambio generacional. Van algunos ejemplos: Santiago Cafiero (40), Juan Cabandié (41), Victoria Donda (42), Eduardo de Pedro (43), Nicolás Trotta (43) y Elizabeth Gómez Alcorta (47). Destacándose en la lista Guzmán, con sorprendentes 37 años. Segundo, un fuerte sesgo progresista, algo bastante esperado en oposición a lo que fue la experiencia macrista. Debe incluirse aquí la creación del ministerio de la Mujeres, Género y Diversidad. También tiene que ver esta visión la reconstitución de un ministerio de Ciencia y Tecnología. Un gabinete quizás más progresista que el del gobernador bonaerense Axel Kicillof, como se vio en las posiciones encontradas entre la ministra nacional Sabina Frederic y su par provincial, Sergio Berni. Tercero, un balance equilibrado entre los actores y actrices albertistas de aquellos más vinculados a Cristina. Esto es menos visible pero en muchos casos, detrás de una primera línea albertista hay una más Cámpora con acceso a resortes estratégicos.

Quedará pendiente para los meses ver si el progresismo es compatible con el pragmatismo que requiere la gestión de Estado y la juventud con la veteranía necesaria. Otros interrogantes es cuál será el rol del sindicalismo, que parece desdibujado entre los ministeriables. Emerge un tono sombrío en las declaraciones de Hugo Moyano. Lo mismo para otros sectores militantes que no parecieran encontrar su lugar, caso emblemático Juan Grabois. En cuanto a medios, se optó por referentes muy moderados, habrá que ver si están a la altura si la grieta vuelve a ensancharse. Y la interlocución con las patronales, que en el pasado estuvo ordenada a través de Ignacio De Mendiguren, hoy no se ve con claridad. 

¿Debe el gabinete expresar a todas las organizaciones libres del Pueblo? ¿O debe, más bien, ser un músculo ágil de quien está a la cabeza del Poder Ejecutivo? El porcentaje de cada respuesta está siempre en el cálculo de un o una dirigente peronista. Alberto Fernández parece tener en claro el problema, ojalá acierte en la dosis.

* Director AGENCIA PACO URONDO.