fbpx La guerra de Malvinas es una guerra antiimperialista en el Atlántico Sur, por Mario Oporto
//// 20.11.2010
La guerra de Malvinas es una guerra antiimperialista en el Atlántico Sur, por Mario Oporto

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Disertación realizada en el Primer Congreso "Malvinas, una Causa de la Patria Grande", organizado por el Observatorio Malvinas de la Universidad Nacional de Lanús (28 de Septiembre de 2010)

Voy a hacer una breve exposición que da cuenta del papel que tiene la historia y la interpretación del pasado en el reclamo soberano de las Islas Malvinas y en la unidad de Suramérica. En primer lugar, siempre es bueno cuando uno comienza a hablar del tema Malvinas, decir algo muy simple y obvio: lo primero que hay que decir es que las Malvinas son argentinas. Me parece que es un tema que hay que repetirlo para poder, a partir de allí, hacer interpretaciones de la historia, de la soberanía argentina en las islas y de la guerra del Atlántico Sur de 1982. Esta guerra ha tenido muchos matices e interpretaciones y seguramente los seguirá teniendo porque caracteriza la historia que las generaciones sucesivas hagan preguntas sobre los acontecimientos del pasado. Pero las interpretaciones de la cuestión de las Malvinas y la guerra de la última dictadura pusieron extremo hincapié en cuestiones internas. Y se desarrollaron muchísimas críticas, tal vez injustas en muchos casos, a la acción de las Fuerzas Armadas argentinas en las islas. Hubo expresiones de autocrítica de las relaciones internas en las Fuerzas Armadas, pero ninguna de esas interpretaciones tiene que olvidar que la usurpación del Reino Unido en Malvinas es una ocupación imperialista. Y que la guerra de Malvinas es una guerra antiimperialista en el Atlántico Sur.
Nosotros creemos que la causa de Malvinas está íntimamente vinculada a la unidad del continente. Y la unidad del continente está vinculada al destino del continente, usando las palabras de un libro de Manuel Ugarte, El destino de un continente. El destino de este continente está en la unidad, pero la interpretación que se haga del pasado va a favorecer o no a la unidad. En el caso de Argentina, la escuela cumple un papel fundamental en lo que es la construcción del pasado, la difusión popular de la construcción del pasado. La escuela argentina ha tenido un papel decisivo en la construcción de la nacionalidad a fines del siglo XIX y gran parte del siglo XX. La Argentina que vivía el impacto inmigratorio, posterior a las guerras civiles, tuvo en la escuela la construcción de los ritos, de las ceremonias, de los proceratos que alrededor de la escuela se hizo en la construcción de la nacionalidad.
Estoy convencido que si la escuela no construye la idea de unidad del continente, esta unidad va a ser mucho más difícil. No va a haber unidad si no hay cultura de la unidad. Podría haber mercado común, discusión arancelaria, pero lo que no va a haber es unidad de los pueblos confederados si no hay cultura de la unidad. Y en ese sentido la construcción del pasado es decisiva para ello.
¿Qué pasado? ¿Cómo miramos el pasado? En primer lugar, no lo miramos neutralmente. En segundo lugar, lo miramos desde un presente y con una necesidad del presente. Y casi hay tantos pasados como interpretaciones de él tenemos y en él debatimos. Nuestro pasado fue construido a fines del siglo XIX en adelante con la idea de argentinidad, peruanidad, el Uruguay; es decir, países independientes que no tenían relaciones entre ellos o eran muy débiles, y que sí tenían relaciones, y fuertes, con el mercado externo.
Fuertes relaciones vinculadas a uno o dos productos que les daban desarrollo a algunas zonas de América Latina. Realmente hemos construido un pasado de la división, el pasado de las hipótesis de conflicto. El Brasil como enemigo histórico, el conflicto con Chile, todo a favor del imperialismo. A favor de quienes nos dividían y nos juzgaban o desarrollaban sólo una parte de nuestro territorio, aquellos que se podían vincular a partir de las oligarquías latinas al mercado mundial. Esa era, en forma clásica, la antinomia de “civilización y barbarie”. Tampoco la idea de introducir América Latina en nuestro imaginario colectivo y en el pasado que nos enseñan en las escuelas sirve si se hace a partir de las historias particulares de cada país. Sólo si se hace la idea de un continente que fue unido y las vicisitudes políticas destruyeron.
Realmente cuando hablamos de unidad de América Latina tiene que incluir siempre a las Malvinas. Cuando hablamos de la unión de América Latina en realidad de lo que estamos hablado es de re-unión de América Latina, porque es re-unir lo que estaba unido y que la guerra de la Independencia, las posteriores guerras civiles y las falsas guerras interestatales que eran en el fondo guerras civiles de aquellas zonas que se iban fragmentando de los Virreinatos llevaron a cabo. Estos países, cuando se los compara con el proceso de la Unión Europea, no viven ese mismo proceso, porque si la Unión Europea lo logra frente a la relación pacífica y extraordinaria de dos naciones enfrentadas históricamente como Francia y Alemania, América Latina lo hace desde un mismo pasado histórico, desde una misma lengua, una misma creencia, las mismas vicisitudes; y por lo tanto, del mismo porvenir. O sea que esto es re-unión de una independencia que se logró a costa de la unidad, somos independientes a costa de ser unidos y ése fue el drama que vieron nuestros pensadores del siglo XIX.
¿Es una extravagancia pensar a la Argentina en la Unión Suramericana? Yo creo que no. No es ni una extravagancia ni una cuestión de moda o del presente. Argentina tiene una larga tradición de pensamiento vinculado a la unidad del continente. La unidad del continente se puede mirar de muchas maneras, nosotros vamos a elegir mirarlo desde la unidad de los pueblos, con posturas democráticas y antiimperialistas. Uno lo puede ver desde el Panamericanismo, lo puede ver desde la Alianza para el Progreso, desde el Área de Libre Comercio de las Américas, desde distintas visiones de la unidad. Nosotros creemos que la unidad válida es aquella que se hace en defensa de los intereses de las mayorías populares y de los intereses nacionales de toda la región. Argentina, si uno recorre su historia, puede aportar una larga tradición de pensamiento para ello, y es bueno hacerlo. Es bueno porque es un gran aporte que hace un país que, por lo menos su litoral estuvo siempre muy vinculado al pensamiento europeo. Y es bueno hacerlo porque también genera autoestima de pensamiento argentino.
Cuando digo “autoestima de pensamiento argentino” no quiero caer en un nacionalismo que reniega del pensamiento universal. No creo en los nacionalismos restauradores, pero tampoco creo en aquellos que piensan que todo lo que pasó en nuestras tierras es producto de ideas y de pensares que vienen de afuera de nuestro continente. El pensamiento de la unidad latinoamericana es por lo tanto un pensamiento de la tradición antiimperialista y de la cuestión social. Yo creo que el nacimiento hace doscientos años de estos países o de estas naciones independientes estuvo vinculado a la cuestión social, a la cuestión de la independencia y a la cuestión de la unidad. La formula sería: es imposible resolver la cuestión social si no logramos la independencia nacional. Pero es imposible lograr la independencia nacional si no somos capaces de mantenernos unidos.
En 1802, Mariano Moreno hizo su tesis de doctorado y lo hizo en una universidad boliviana, lo cual es bueno remarcar ante tanto prejuicio, y también es bueno recordar que el primer presidente de un gobierno independiente hace doscientos años era un boliviano del Potosí: Cornelio Saavedra. Y que estas tierras habían permanecido dependiendo de Lima casi el mismo tiempo de lo que hoy dependen de Buenos Aires, un poco mas de doscientos años fuimos peruanos. Por lo tanto, Mariano Moreno hace su tesis de doctorado sobre la servidumbre indígena. Es una tesis donde no habla ni de la unidad de América Latina, ni habla de la independencia; pero ya se vislumbra en ella la cuestión social. No podemos emanciparnos personalmente, no podemos liberar a los siervos explotados de las economías latinoamericanas si no se quiebra el modelo colonial de explotación. La cuestión de la servidumbre indígena es la cuestión obrera y la cuestión de los desocupados de acuerdo al tiempo en que esto ocurre.
Estos hombres se sentían americanos. Juan José Castelli pensó en la unidad del continente. Manuel Belgrano planteó la monarquía incaica para plantear que era, primero la unidad y después la forma de gobierno; primero la independencia y la unidad. San Martín, Güemes y hasta López Jordán en cada una de sus proclamas se planteaban ser americanos, luchar por la unidad de l continente. El legado de Bolívar en la Argentina era el de Deán Funes, también un pensador con visión americana. De todos ellos yo quiero destacar el extraordinario trabajo de Bernardo de Monteagudo, escrito pocos días antes de ser asesinado en 1824 y pensado para el Congreso de la Unidad de Panamá planteado por Bolívar. El trabajo de Monteagudo, la tesis de licenciatura Juan Bautista Alberdi en la década del 40 en Santiago de Chile, pensando la unidad con una visión más económica, más jurídica, más de mercado común; los trabajos de Manuel Ugarte. La extraordinaria conferencia de Juan Perón en 1953, donde plantea la unidad estratégica con el Brasil. Todos son hitos de un pensamiento argentino que aporta desde la visión de políticas de Estado a esta unidad.
Termino con esta idea: las Malvinas están vinculadas a la larga lucha de la independencia nacional todavía, al tiempo largo de la independencia nacional, que son doscientos años. Las Malvinas están vinculadas, en tanto independencia nacional, a la unidad del continente. Si no hay unidad del continente no vamos a recuperar Malvinas, nos va a costar mucho más recuperarlas. Si no hay unidad de continente va a ser mucho más dificultoso industrializarnos y generar un mercado fuerte que genere pleno empleo y que genere, por lo tanto, el bienestar para nuestros pueblos. Ocupación para los desocupados, buen nivel de vida para los obreros y emancipación para los que todavía viven bajo servidumbres de distintas formas en algunos territorios de nuestra nación. Las causas siempre son las mismas, la soberanía se divide en una idea de soberanía nacional y de soberanía popular. No hay democracia si no hay soberanía sobre el territorio y no va a haber soberanía que se mantenga si no hay democracia. Hoy tenemos que profundizar la democracia, la defensa de los derechos humanos, la idea de patria, la defensa integral del territorio argentino y suramericano, la justicia social, los intereses nacionales y los intereses de las mayorías populares. Por lo tanto termino como empecé: las Malvinas son argentinas y mientras no sea reconocido por todo el mundo, una parte de nuestra soberanía va a estar dañada.
El autor es el Ministro de Educación de la Provincia de Buenos Aires. (Agencia Paco Urondo)