Opinión //// 25.11.2018
Sobre CFK en CLACSO: Pueblo y proyecto nacional

El historiador Pablo Vázquez reflexiona sobre ambos conceptos, a propósito del discurso de la ex presidenta en Ferro.

Por Pablo Vázquez

Ahora parece que todos descubrieron la pólvora al escuchar a Cristina Fernández hablar sobre el concepto “pueblo” por sobre la idea de derecha e izquierda, a fin de superar al neoliberalismo imperante. Basta sacudir el polvo en los textos de la Doctrina Social de la Iglesia. Varias fueron las premisas que se pudieron recoger en el discurso, más allá de su análisis socioeconómico del momento y de la explicitación de los “logros” de su gobierno. Por un lado la unidad, por sobre todas las contradicciones de los diversos sectores sociales, ante el enemigo en común: 

“Tenemos que acuñar – dijo Cristina -una nueva categoría: un frente social cívico patriótico en el que se agrupen todos los sectores agredidos por las políticas del neoliberalismo, que no son necesariamente de derecha ni de izquierda. Tampoco puede haber una división entre los que rezan y los que no rezan. No es un lujo que nos podamos permitir”. Esto comulga, perdonando la expresión para los sectores agnósticos, con el planteo que Perón le realizó por carta a Scalabrini Ortíz el 18 de marzo de 1958: “Las soluciones para el país son peronistas y quienes no lo comprendan girarán en el vacío. Lo cual a su vez impone a nuestro Movimiento la obligación de desechar sectarismos absurdos y planteos miopes, para constituir la gran fuerza que integre los empeños para realizar el gran destino nacional”.

Y por el otro la superación de los conceptos eurocentristas de derecha e izquierda – casi en clave joseantoniana – enarbolando la idea de pueblo, allí donde Laclau, sí, pero también Perón y Francisco, pueden dar alguna pista sobre esto. Aún Marx, desconfiado de toda idea organicista. Pueblo trabajador, descamisado, humilde, frente a sectores policlasista, colectivos de género, y demás. Todos (y todas) juntos, más no revueltos, en un proyecto superador del neoliberalismo. Jacques Maritain entrevió, en las primeras décadas del siglo XX, que “o las masas populares se apegarán cada vez más a las diversas clases de materialismos… o bien es al cristianismo al que pedirán una filosofía del mundo y dela vida, y mediante el cristianismo, por la formación de un humanismo teocrático, cuyo valor universal podrá reconciliar entre ellos, hasta en el dominio temporal y cultural, a los hombres de todas las condiciones, su voluntad de renovación social llegará a realizarse y tendrá acceso a la libertad de persona mayor”.

Si bien el hoy es mucho más complejo que un siglo atrás, por multiplicidad de intereses contrapuestos, esbozar el concepto pueblo, las premisas de antaño puede servir para superar el eclecticismo progresista y la brutalidad neoliberal en momentos en que se precisa alguna certeza. Y esa certeza debería ser la antinomia popular – antipopular. Será un desafío para el progresismo aceptar que muchas de las premisas del cristianismo y el peronismo, si de pueblo se trata, pueden ser recuperadas en pos de un frente social cívico patriótico. Pero también el peronismo y los sectores cristianos, tan como pregonó el propio General cientos de veces, deberían abrirse a considerar ciertos tópicos que los nuevos colectivos tienes para aportar para analizar la complejidad del actual tejido social.

Frente al neoliberalismo – siguiendo a Cristina – que “no sólo trabaja con economistas, también con psicólogos y psiquiatras para generar nuevos sentidos comunes, nuevas subjetividades”, debemos oponerle, según Francisco,“la cultura del encuentro, una cultura en la que todo el mundo tiene algo bueno que aportar, y todos pueden recibir algo bueno a cambio”, tal como entendemos nuestra cultura nacional, la cual – siguiendo a Perón en 1947– será: “instrumento indispensable para que la vida política se desarrolle con tolerancia, honestidad y comprensión”.

Estas palabras de Cristina significaron una apertura interesante a debatir que futuro queremos, partiendo en identificar “nuevas formas de representación e institucionalidad” y como debemos configura un proyecto nacional con base en el pueblo, así, parafraseando a Francisco, que: “debemos devolver la esperanza a los jóvenes, ayudar a los viejos, abrirnos hacia el futuro, difundir el amor. Pobres entre los pobres. Debemos incluir a los excluidos y predicar la paz”.