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Opinión //// 17.09.2019
Si vos querés, abrázate al ridículo también

"La defensa honesta y valiente del futuro presidente a Juan Grabois, nos previene de un típico mecanismo de las corporaciones económicas, mediáticas y políticas liberales: el aislamiento, la cooptación y la humillación de los referentes emergentes de los sectores populares". Por Gabriela Carpineti.

Por Gabriela Carpineti*

Sin dudas, el mejor texto político que leí y escuche este año, fue hasta ahora, el discurso homenaje de Lucrecia Martel a Pedro Almodóvar. Y fue el mejor, porque me ayudó a pensar sobre los hechos sociales que construyen algunas organizaciones libres del pueblo que conforman el amplio océano de los movimientos populares de estos rincones del sur global, menos cools que Venecia, las bienales y los Festivales de Cine, pero bien realistas y mágicos. Allí, una argentina arrancó homenajeando a un español al decirle al mundo que "Abrazar al ridículo para volverlo un arma sin precedentes contra el maltrato", fue y es también un acto de resistencia contra el neoliberalismo. Mostrar lo feo, lo indecible, lo incorsetable, lo deforme, lo antiguo, lo que "no ha lugar", es el flashmob de los marginados de todo margen. De las trabas, las madres solteras, las disidencias, los guachos de toda orfandad, en primera plana, en el prime time, en pantalla gigante. Y ese fue el arte de Almodóvar. Darles protagonismo a todos esos y a todas esas. Que el silencio sea el de los otros. Que los que enmudezcan boquiabiertos ante él ridículo, esta vez no sean los humillados de siempre del capitalismo. Bienvenidos los artistas privilegiados y mimados que nos brindamos y servimos al ridículo para decir lo que creemos que más importa, con anticuerpos de clase para enfrentar la denigración que a los olvidados de siempre les cuesta la vida, cuando quieren discutir la línea de riqueza.

Cuando vas a un shopping con un megáfono a gritar que es ridículo que en un país que produce alimentos para más de 400 millones de personas, haya pibes cagandose de hambre, en medio de las elecciones presidenciales, sos ridículo. Sí, todo es ridículo. Muy ridículo. Cuando un dirigente social con responsabilidades políticas invade las tierras televisivas, gráficas y las redes sociales al galope de "reforma agraria" es ridículo. Sí, todo es ridículo en un país que el 70% de la tierra funciona bajo la modalidad de arrendamiento. Y que el 0,94 por ciento posee casi el 34% del territorio argentino. Una locura total hablar de Reforma Agraria y pedir a gritos la emergencia alimentaria en el Patio Bullrich. Si todo es tan ridículo, habrá que pasar por ridículos para denunciar lo ridículo. Ancho mata Ancho.

Con mucho tino y justeza, y ninguna tibieza, hermanos y compañeros, las amistades buena leche de ese gran océano en el que navegamos los militantes, quijotes salvavidas de cuerpos que el neoliberalismo ahoga y hunde con sus ridículos maltratos, se preguntan, nos preguntan, por qué mierda, no se consultan estas acciones ridículas contra la ridiculez mayor neoliberal antes de escenificarlas, de llevarlas al cine. Por qué no conversamos el rodaje, la acción, el guion, la dramaturgia de la cosa. Y tienen razón. Porque del programa siempre fuimos parte todos  los que levantamos no desde hoy ni ayer, la reforma agraria, para conquistar la soberanía alimentaria, núcleo duro del buen vivir.

 ¿Cómo compatibilizar el efecto sorpresa, el programa, la oportunidad política, la coyuntura, el sujeto social, el vocero oficial, el representante real con una estrategia normal? La mejor repuesta hoy, es que cada cual, se sepa un pedacito, una parte, y no arrogarse todo el melón. En un mundo de dueños, hay que desapoderarse a veces como señal alternativa. Así los melones se van acomodando. Reconocer lo propio y lo del otro. Sin esposarse, sin callarse, sin censurarse. Con cuidado, sí. Cautela también. Soberbia, evitémosla. Y que cada cual pueda responder en nombre y organización propia. Sin arrebatar ni el asado propio ni el anejo. Ni el de todos en tiempos de democracia, elecciones y gobernabilidad necesaria. En dos semanas, desde el Frente Patria Grande logramos que empiece a rodar el capítulo "Reforma Agraria". También los Movimientos populares lograron la media sanción de la Emergencia Alimentaria. Dos caras de la misma madeja. La primera discute la concentración de la riqueza, la segunda la atención de la pobreza.

La defensa honesta y valiente del futuro presidente a Juan Grabois, nos previene de un típico mecanismo de las corporaciones económicas, mediáticas y políticas liberales: el aislamiento, la cooptación y la humillación de los referentes emergentes de los sectores populares. Gracias por eso. Pero también desnuda la trama del drama: "que los hombres y mujeres sensibles que conocen la pobreza se ocupen de eso, y que los políticos expertos se ocupen de los ricos". Ocúpate de contener a los costados, que de los negocios de Galperin me ocupo yo. Sinceramente, creemos que la pobreza extrema en la Argentina puede resolverse sin dañar de muerte al capitalismo. Pero la desigualdad estructural en materia de acceso a la Tierra, al Techo, al Trabajo no se resuelve si no se tocan nichos concentrados de privilegios y se coloca el conflicto social de intereses en el centro del espectáculo político.

"El Silencio es Salud", rezaba el slogan que había colocado López Rega al frente del Ministerio de Desarrollo Social que presidía cuando Perón regresó a la Argentina. Bueno, no. Cuando el gobernador de la provincia más rural del país, Santiago del Estero, tomando un café en un shoppings el mismo día del flashmob de los pobres, con un joven político progresista de la Ciudad, ambos eslabones perdidos de la transversalidad de los radicales k, agradecieron haberse retirado minutos antes del comienzo de la acción, dan cuenta de un buen síntoma de la clase política que se hará cargo de los espacios centrales del gobierno que viene. Un aullido aturde, medio insoportable. Hay que responderles algo, rendirles alguna cuenta, sentarse, escuchar un poco a los movimientos sociales. Y ese disciplinamiento inverso vale. Tanto como abrazarse al ridículo para volverlo un arma sin precedente para desarrollar un programa, una enunciación y una fuerza social y política que haga crecer desde el pie, en la comunidad y en el Estado, una política de la clase peligrosa. Si vos querés.

*Dirigente de Tres Banderas del Frente Patria Grande