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Opinión //// 13.10.2018
Por otro 17 de octubre, por Enrique Martínez

"Quien escribe esto pertenece a una categoría de involucrados visceral y a la vez racionalmente en la política, que consideramos imprescindible tener un diagnóstico y unos ejes de acción de carácter estructural, que permitan explicarnos a fondo la calesita en que estamos desde hace 40 años y cómo salir de ella para bien. O sea: conseguir de verdad que el neoliberalismo nunca más sea una opción". 

Por Enrique Martínez*
Foto: Manu Fernández

El 17 de octubre de 1945 fue una pueblada histórica, que buscó recuperar un proyecto del que ya se conocían varios elementos desarrollados a lo largo de dos años.

No fue una revuelta contra un proyecto antipopular sino lo contrario: asumir masivamente el derecho de elegir el camino a seguir.

Todas y cada una de las protestas de estos años, por el contrario, forman parte de una resistencia popular frente al despojo y la asimetría distributiva, ejercidas desde instituciones públicas a las que un grupo político accedió por aplicación de reglas de juego aceptadas por todos los ciudadanos.

En consecuencia, los éxitos alcanzados por las protestas consisten en desbaratar intentos regresivos del gobierno, sin que eso lleve a reemplazar las acciones oficiales por otras que beneficien a las mayorías. En la mejor de las situaciones se consiguen paliativos, que atenúan los daños de alguna medida. Esa dinámica comenzó a poco de asumir Cambiemos y parece prolongarse indefinidamente.

Supongamos que en ese contexto se llega a las elecciones de 2019 y los opositores a Cambiemos logran una alianza con potencial ganador en las urnas. ¿Sobre qué construirá su prédica?

Seguramente repetirá la estrategia de De La Rúa en 1999 o Macri en 2015: Poner el eje en lo que resulta indigerible para mucha gente, del gobierno a vencer.  La propuesta puede tener variada densidad de dibujos, pero en lo esencial, es probable que transmita este mensaje: no cometeremos los mismos errores; no dañaremos a los compatriotas. No mucho más.

Quien escribe esto pertenece a una categoría de involucrados visceral y a la vez racionalmente en la política, que consideramos imprescindible tener un diagnóstico y unos ejes de acción de carácter estructural, que permitan explicarnos a fondo la calesita en que estamos desde hace 40 años y cómo salir de ella para bien. O sea: conseguir de verdad que el neoliberalismo nunca más sea una opción.

Sin embargo, debemos admitir una pregunta dura: ¿cuánta gente reclama estos análisis para optar por otro tipo de gobierno? ¿Acaso muchos compatriotas no optaron en base a atributos menores de aquellos a quienes votaron y sobre todo de aquellos a quienes no votaron?

Podemos hacer una lista, larga lista, de frases vacías emitidas por personajes igualmente vacíos, que cosecharon millones de votos en este siglo. ¿Por qué se modificarán los criterios de esos votantes? ¿Sólo porque pagan un fangote de gas o electricidad y el desempleo es una amenaza creciente?  

 ¿Acaso algo importante los convoca a pensar con alcance comunitario; cuáles son las causas y soluciones para la pobreza; entender por qué la pequeña producción agropecuaria es relevante para su vida; o mil preguntas más que son pertinentes para su destino y nunca se han hecho?

El 17 de octubre de 2018 nadie saldrá a la calle a defender conquistas sociales que surgieron de la galera de un líder inesperado, como sucedió en 1945. Tampoco esa emergencia será fruto de discutir teóricamente qué debe suceder al capitalismo, con modalidades que utilizaban los sindicatos de principios del siglo 20.

Si se produjera una movilización sería seguramente para resistir, para oponerse al vaciamiento de nuestros bolsillos, pero seguramente en términos que reclamarían a Cambiemos que nos deje de joder, que no nos asfixie. Ni siquiera tendríamos consenso para reclamarle qué debería hacer, para conseguir un armisticio en su agresión masiva.

Eso no es suficiente. No solo para volver a enamorar, como decía Antonio Cafiero allá lejos. No es suficiente para trasladar el eje de la angustia popular hacia terrenos más fértiles, en que nos animemos a construir espacios de apropiación comunitaria, que alimenten nuestra ansiedad por defenderlos de cualquier agresión.  Organizarnos para garantizar la producción y el consumo de alimentos o de indumentaria; para saber cómo se logra el mejor acceso a la vivienda popular y presionar al poder para contar con los recursos; para recuperar el sentido comunitario de los servicios públicos y el derecho de todo argentino a disponer de ellos; son ejes convocantes, atractivos para muchos, que les dan sentido a muchas peleas. Son ejes que a poco de comenzar pensados y ejecutados, construirán liderazgos sociales diferentes del marketing berreta que ya lleva demasiados años desde que un berreta pudo vencer en las urnas a un político de fuste con consignas como “alica, alicate”. Esos liderazgos sociales representarán soluciones concretas para mucha gente, lo cual reforzará en muchos compatriotas las ganas de pelear por ellas.

Tal vez entonces sea imaginable otro 17.

*Instituto para la Producción Popular