Opinión //// 12.11.2018
Pensando el Estado más allá de los Rodríguez Larreta, por Daniel Ezcurra

"Suponer que la voluntad política de transformación de la conducción de un proyecto popular puede ser implementada por cualquier equipo técnico manteniendo la orientación doctrinaria de origen, comprende errores". Por Daniel Ezcurra.

Por Daniel Ezcurra | Historiador. Asesor Parlamentario. Miembro del Instituto Patria. 

Si analizamos la relación entre Estado, gobierno, herramienta política y sociedad estamos pensando en un nudo central de la dinámica de nuestras sociedades.

Pensar que un proyecto popular puede absorber "técnicos idóneos" más allá de su ideología porque se llega a tener la temporal conducción del gobierno durante 4 años: es no tener mucha idea y menos experiencia real, de cómo funciona el Estado ni de la relación social que expresa.

Suponer que la voluntad política de transformación de la conducción de un proyecto popular puede ser implementada por cualquier equipo técnico manteniendo la orientación doctrinaria de origen, comprende dos gravísimos errores: 

El primero; pensar que el Estado es una botonera neutral que está ahí para que nosotros sólo apretando los botones correctos elaboremos políticas públicas populares. El segundo, que existe la neutralidad técnica.

El Estado es la materialización de una relación social y de una correlación de fuerzas. Y ganar una elección para conducirlo es sólo el primer paso de una larga serie de transformaciones que es imprescindible concretar para convertirlo en una herramienta que sirva a los intereses de las mayorías.

No parece ser un buen camino hacer, a-críticamente, "de la necesidad, virtud" como dice el dicho; es decir no calibrar las dificultades que implica el habitual déficit de cuadros técnico-políticos de cuando llegamos a conducir el Estado, más allá de la premura de tener que utilizar los existentes (es decir los formados y formateados por el liberalismo). 

Justamente uno de los grandes problemas que padecen los gobiernos populares es que la potencia de las orientaciones más transformadoras se disipa, deforma, esteriliza en la larga cadena de procesos (en manos de técnicos supuestos asépticos) que implica convertirlas en políticas públicas.

Ni la asepsia técnica, pero tampoco la voluntad militante por sí misma, suplen la participación de la comunidad organizada, de las organizaciones libres del pueblo y de la formación y participación de cuadros técnicos con conciencia nacional y popular en la determinación del conflicto que implica establecer la "cuestión pública" que el Estado debe atender para diseñar el esqueleto de nuestro proyecto.

Es de una liviandad que raya el infantilismo pensar que se puede conducir a los "Rodríguez Larreta" sin costo. Esto, en modo alguno tiene como contrapartida suponer que alcanza con un selecto equipo de mujeres y hombres para conducir el Estado. Entendemos que ambas visiones son caras de una misma moneda que minimiza la importancia de crear las condiciones necesarias para que la participación popular construya una agenda pública que impregne las decisiones estatales. 

Esto último que hoy existe muy precariamente, es tarea fundamental de las organizaciones sociales, reivindicativas y políticas bajo la conducción de un liderazgo capaz de convertir todo ese haz de energías diversas en potencia para intervenir en la historia: un liderazgo como el que expresa Cristina Fernández de Kirchner.

Construir mayorías para llegar al gobierno es el eh paso. Hacerlo con una conducción estratégica como CFK es una necesidad. Reconstruir la comunidad organizada y un Estado que sea su servidor será un largo proceso de reafirmación de una densidad nacional que necesitará la mayor profundidad que podamos construir en las acciones y debates colectivos.