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Opinión //// 14.03.2018
Italia: "Los cinco años de un superhéroe normal"

El martes 13 se cumplió el primer lustro del Pontificado del Papa Francisco. En esta nota, Salvatore Izzo -periodista italiano especializado en la temática- ofrece elementos para analizar qué significó (y significa) el ascenso de Bergoglio en el escenario global, la política italiana y, fundamentalmente, la vida vaticana. 

Por Salvatore Izzo (*) 

El Papa Francisco, que este martes 13 celebró cinco años de Pontificado, realmente se parece al superhéroe diseñado por Mauro Pallotta, también conocido como Maupal, famoso por sus murales en Borgo Pio. El artista romano nos lo presenta como un personaje muy humano: tiene un poco de panza, anteojos y una bufanda de San Lorenzo, que de alguna manera representa su fe terrenal hacia cosas muy simples y comunes, como el fútbol. La intención es acercarse de esta manera a las personas comunes, siendo un Papa por naturaleza dispuesto a ponerse en contacto con cualquier ser humano. Bergoglio, que más tarde cambió de opinión acerca de esta pintura, se había quejado de ser retratado como un "superhéroe", porque el Papa se siente nada más que una persona normal, encargada por cierto de una misión complicada, que enfrenta con gran sentido de realidad. Y, a menudo, revela su miedo al "ridículo".

Incluso el gran imitador Maurizio Crozza produjo una parodia igualmente acertada de Bergoglio (ver al final de la nota), cargando una heladera por Salaria mientras los cardenales lo alaban, pero teniendo cuidado de no darle una mano. Ambas imágenes  son muy divertidas y apropiadas para ayudarnos a entender el momento complicado que atraviesa el extraordinario Pontificado que comenzó el 13 de marzo de 2013, es decir, dos días y un mes después de la dramática renuncia de Benedicto XVI.

El arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, había llegado a Roma para el cónclave con un equipaje liviano, sin siquiera llevar un segundo par de zapatos. A diferencia de todos los papas de los últimos cien años, además, el recién elegido Francisco no tenía siquiera una secretaria o asistente. Había viajado solo desde Buenos Aires a Roma y, tan pronto como fue elegido, resolvió no rodearse de sus colaboradores anteriores, a los que decidió no distraer del servicio de lo que a menudo llama “la otra diócesis”.

Pocos días después de la elección, fue a Castel Gandolfo para encontrarse con su predecesor, y entonces recibió de sus manos el informe detallado de los tres cardenales (Herranz, Tomko y de Giorgi) que habían investigado el caso Vatileaks, es decir, acerca de los venenos que contribuyeron a la pronta conclusión del pontificado de Ratzinger.

Desde entonces, han pasado cinco años y Francisco ha sido capaz de promulgar reformas importantes, empezando por la de las causas de anulación, para las cuales ha creado un canal extrajudicial que permite a los fieles que tienen tras sus espaldas un matrimonio fallido recuperar la paz de la conciencia sin quemar años de la vida y grandes sumas de dinero. Pero precisamente por esto se ha enemistado con el mundo de los canonistas, jueces y abogados, que pierden ingresos y poder. Y ellos también comenzaron a alimentar esos venenos que todavía fluyen como un río cárstico en la Curia romana. En efecto, el proceso anterior al cónclave, aquel del mayordomo Paolo Gabriele, fue seguido, en el Tribunal de la ciudad del Vaticano, por otros dos: Vatileaks 2 (concluido con la condena al sacerdote español Vallejo Balda y la relacionista pública Francesca Inmaculada Chaouqui) y otro (en curso) por el desvío de fondos de la Fundación “Niño Jesús” para un uso inadecuado en la reestructuración del mega-ático del cardenal Tarcisio Bertone. Un caso que es una clara advertencia a todo el Colegio de cardenales llamados a renunciar a ese lujo en obras que se alejen de los pobres y del Evangelio.

Es evidente, de hecho, que no todos los interesados han aceptado dócilmente la “nueva línea”, como lo demuestra la propagación de ataques virulentos y a menudo muy injustos en los blogs de la galaxia traduccionista. Pero Francisco no parece desanimado ni demuestra signos de fracaso. Por el contrario, continúa impávido e insistiendo en aquellos puntos fijos que colocó como estacas, el primero de los cuales se refiere al comportamiento de los pastores, que deben ser una expresión del pueblo y no una suerte de príncipes que viven lejos de él. Como denunció en el reciente viaje a Colombia, criticando a un episcopado que parece querer proteger a la oligarquía y no los derechos de los postergados.

“¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!”, confesó Francisco tres días después de la elección, en su primer encuentro con periodistas. Y el Papa continúa midiendo la distancia (prácticamente insalvable) que existe entre la Jerarquía y las personas a quienes está llamada a servir. “Muchas veces -observó en una reciente homilía en Santa Marta- vemos las noticias o la portada de los periódicos, las tragedias... pero miren, en tal país los niños no tienen que comer, en ese otro los niños son soldados, en ese país las mujeres están esclavizadas, en ese país... ¡oh, qué calamidad! Pobre gente... Pero doy vuelta la página y paso a la telenovela que viene después. Y eso no es cristiano Y la pregunta que haría ahora, mirándolos a todos, y también a mí: ¿puedo tener compasión? ¿Rezar? Cuando veo estas cosas, me las traen a casa, a través de los medios... ¿se me revuelven los intestinos? ¿El corazón sufre con esas personas, o lo siento, digo ‘pobre gente’, y así…?. Y si no podés tener compasión, pedí la gracia: ‘¡Señor, dame la gracia de la compasión!’”.  “Dios -recordó- tuvo compasión: se acercó a nosotros en su Hijo, y nos restauró a todos a la dignidad de los hijos de Dios. Él nos ha re-creado a todos".

Y la Iglesia debe “hacer lo mismo”: seguir el ejemplo de Cristo, acercarse a los necesitados, no ayudar “de lejos”, porque algunos están sucios, “no se duchan”, o “tienen mal olor”. Casi una respuesta a las quejas de los cardenales que viven en los edificios de Rusticucci y Pfeiffer, en departamentos de trescientos metros cuadrados en adelante. Y que consideran desagradable el olor y la vista de la “carne de Cristo”, como el Papa llama a los pobres.

Pero como en el caso de los migrantes en la política italiana (a partir de los efectos de los rechazos que no respetan el derecho a emigrar, reconocido por la ONU, y de hecho a menudo ni siquiera el derecho a la vida), incluso allí, en el patio del Papa, se pisotea a los pobres para alejarlos de lugares donde cultivaron relaciones y pudieron sentirse protegidos de alguna manera.

Más de una vez, al hablar de las enfermedades de la Curia y en general de la vida eclesiástica, el Papa que las critica fuertemente y las pelea en aparente soledad (como en la parodia “profética” de Crozza, aquella de la heladera como una cruz sobre los hombros de Francisco), dijo que a pesar de los muchos testimonios y evidencias en contra, hay en la Curia, como en general en la vida eclesiástica, algunos que en cambio viven como “santos”. La Biblia nos habla de la promesa de Dios de no destruir Sodoma si viera que hay al menos una persona recta entre sus habitantes. Obviamente en el Vaticano hay varias, y si Dios quiere será suficiente al pequeño Estado con aquella única “celda” del convento penitenciario franciscano, actualmente ocupada por un monseñor que descargaba imágenes de pornografía infantil en su computadora, insensible incluso al hecho de que los niños eran violados y asesinados para obtener ese infame “espectáculo”.

 

(*) El periodista italiano Salvatore Izzo se desempeña en la Agenzia Giornalistica Italia (AGI) y el diario digital Faro di Roma, donde fue publicado originalmente este artículo. Izzo es vaticanista desde 1986 en la AGI, para la que a su vez edita el blog Il Papa pop, y es coautor de la transmisión A sua immagine, de la RAI.