Opinión //// 30.03.2018
Entre la tonfa y la 9 milímetros

Para eludir el repudio social que sacude al gobierno nacional ante el gatillo fácil, la gestión bonaerense volvió a instaurar la tonfa. El argumento es que será “un paso intermedio en el uso de la fuerza” y evitará la utilización de armas de fuego. Sin embargo, las señales del oficialismo a las fuerzas de seguridad van en sentido opuesto.

Por Juan Carlos Martínez

El gobierno de la provincia de Buenos Aires ha puesto en práctica aquel antiguo método del garrote proveyendo a unos 55 mil efectivos policiales del bastón que antiguamente utilizaban los milicos en sus rondas.

El garrote que recibirán los policías se conoce como tonfa y según han explicado los burócratas de turno, se trata de un instrumento para la defensa personal que comenzó a ser utilizado en el siglo XVIII en Japón y que entre nosotros se había dejado de usar hace tiempo.

La información oficial explica que ahora se los reincorporará para que los uniformados tengan un elemento intermedio a la hora del uso progresivo de la fuerza. 

El diario La Nación dice que “el personal policial no tiene elementos de ataque; sólo posee herramientas de trabajo (sic) para actuar en forma defensiva y preventiva”.

Y agrega que “el tonfa permite al policía actuar en determinados hechos sin tener que usar un arma de fuego, cuando no lo amerita”, todo lo contrario de lo que hizo el policía Chocobar cuando fusiló por la espalda a un pibe ladrón “con su arma de trabajo”.

Una salvajada que ha sumado decenas y decenas de víctimas del gatillo fácil.

Entre las instrucciones para el manejo de la tonfa, se recomienda a la policía “un accionar adecuado estrictamente al principio de razonabilidad, evitando todo tipo de actuación abusiva, arbitraria o discriminatoria que entrañe violencia física o moral contra las personas, así como también al principio de gradualidad, privilegiando las áreas y el proceder preventivo y disuasivo antes que el uso de la fuerza, y procurando siempre preservar la vida y la libertad de las personas”.

La contradicción entre lo que se dice y lo que se hace es más que evidente. Por un lado, el policía volverá a portar la tonfa como instrumento disuasivo y recién cuando el garrote no resulte suficiente, podrá usar su “arma de trabajo” (la nueve milímetros) cuando las circunstancias lo ameriten.

Por otro lado, el propio presidente ha ponderado la teoría Chocobar y hasta recibió y felicitó en su despacho al “héroe” del gatillo fácil. Por si fuera poco, la ministra Bullrich ha dicho que eso de elegir el momento para apretar el gatillo es sólo un detalle.

Mientras no se modifique la cultura del gatillo fácil, es decir, la vieja costumbre de tirar primero y preguntar después, no hay duda de cuál será la elección del policía a la hora de optar entre la tonfa y la nueve milímetros.

 

(Foto 1: publicación del diario La Nación con las recomendaciones respecto de qué partes del cuerpo golpear con la tonfa, incluyendo zonas de aplicación “libre”. Foto 2: Mauricio Macri, al recibir al policía Luis Chocobar, procesado por el homicidio de Juan Pablo Kukoc).