fbpx El apagón debe dejarnos enseñanzas | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Opinión //// 27.06.2019
El apagón debe dejarnos enseñanzas

La necesidad de lograr un desarrollo tecnológico autónomo aparece como una de las grandes conclusiones tras el inédito y casi total apagón del domingo 16. El ingeniero Daniel Malec, profesor de Gestión de la Tecnología en la UTN de Avellaneda, aporta su análisis. Tarifazos que no se vuelcan a inversiones y ausencia de políticas públicas de desarrollo. 

Por Daniel Malec (*)

El domingo 16 de junio se produjo el apagón de energía más grande que se recuerde en nuestro país.

El Día del Padre, que este año coincidió con el Día del Ingeniero, nos despertó a oscuras a toda la población que habita nuestro suelo -con excepción de Tierra del Fuego, que obtiene su energía eléctrica desde una red independiente- y a parte de nuestros países limítrofes.

La gravedad del hecho, que pudo ser peor si el mismo se registraba en un día y horario laboral, con sus consecuencias y repercusiones, nos deja muchos temas para reflexionar y debatir.

Empecemos por valorar a la tecnología, y en particular a la energía eléctrica, porque en este mundo contemporáneo, al igual de lo que sucede a veces con alguna persona querida, nos damos cuenta que es necesaria cuando no contamos con ella.

Más allá de los chistes que circularon durante y después del apagón, que demuestran el gran sentido del humor con el que contamos aún en situaciones difíciles, lo que sucedió no es ninguna broma. El corte de energía masivo se dio en un momento de baja demanda y, al momento en que escribimos esta nota, oficialmente aún no se sabe el motivo exacto que lo provocó. O no nos lo quieren decir. Porque si el secretario de Energía nos quiso tranquilizar ese día en la conferencia de prensa, cuando el apagón ya llevaba sus horas, diciéndonos que no volverá a ocurrir, es porque sabe la causa y la oculta o dijo cualquier cosa porque piensa que no va a pagar ningún costo político por lo que ocurrió.

Además este colapso se da en un contexto de tarifas altísimas, que para poder pagarlas algunas empresas -sobre todo las PYMEs, las cooperativas y los pequeños comercios- tienen que reducir otros gastos, y ni hablemos de los usuarios residenciales que son cada día más los que se encuentran impedidos de afrontarlas.

Nos venían diciendo que sin esos tarifazos es imposible la inversión para garantizar el servicio eléctrico. Entonces... ¿a dónde va el dinero que pagamos todos los meses a las empresas concesionarias que se encargan de que podamos contar con esa energía? ¿En qué invierten las empresas que se encargan de la generación y el transporte?

Frente a los hechos del domingo 16, pero sobre todo al estado actual de nuestro sistema eléctrico, por lo menos permítannos dudar que las inversiones sean las adecuadas y, sobre todo, las necesarias.

Es que nosotros partimos del siguiente razonamiento lógico: las empresas que gestionan la red eléctrica son concesionarios privados y lo que buscan, como toda empresa, es maximizar sus ganancias y minimizar sus costos. Junto con las privatizaciones, en 1992 se creó el ENRE, organismo público que debería controlar y regular el accionar de estas empresas. Y acá tenemos dos inconvenientes: uno coyuntural pues hoy la conducción de este organismo tiene vínculos comprobados con principales accionistas de estas empresas; y otro más profundo, que tiene que ver con que la red eléctrica es concebida como una mercancía, con la que se pueden hacer grandes negocios, y nosotros sostenemos, que la energía, como toda tecnología, es un bien social y por lo tanto el Estado es quien debe estar presente para garantizar que llegue a toda la población.

Este acontecimiento también nos deja como saldo cuán vulnerables estamos pues, al ser la energía eléctrica un recurso tecnológico totalmente imprescindible, no contar con  ella altera nuestra cotidianidad, nuestro crecimiento y en varios casos la vida misma.

Estos acontecimientos nos deben servir de enseñanza y dejar como mensaje que, para crecer como país y como sociedad, necesitamos tener un desarrollo tecnológico autónomo. Para lograrlo necesitamos políticas públicas que lo fomenten, que impulsen a las empresas locales para que produzcan  de acuerdo a nuestras necesidades; políticas que pongan el foco en la generación de más científicos y tecnólogos, con universidades que formen profesionales con conciencia social y comprometidos con ese “estilo tecnológico” que pregonaba nuestro recordado Oscar Varsavsky. Ahí es donde debe estar apuntada una parte importante de la inversión necesaria para salir de esta crisis que cada vez golpea a más gente.

(*) El ingeniero Daniel Malec es profesor de la materia Gestión de la Tecnología en la Facultad Regional Avellaneda de la Universidad Tecnológica Nacional.