Opinión //// 10.07.2018
Carrió y su recomendación de no cortar con la limosna

"Es lógico que Carrió hable de propina, algo que el gobierno popular de Juan Domingo Perón consideraba como limosna, y por eso sancionó el laudo en el gremio gastronómico en 1945". Por Fernando Latrille

Por Fernando Latrille 

“Lo que más me indignaba al principio de la ayuda social era que me calificasen de limosna o beneficencia. Porque la limosna para mí fue siempre un placer de los ricos: el placer desalmado de excitar el deseo de los pobres sin dejarlo nunca satisfecho. Y para eso, para que la limosna fuese aún más miserable y más cruel, inventaron la beneficencia y así añadieron al placer perverso de la limosna el placer de divertirse alegremente con el pretexto del hambre de los pobres”. 
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“Yo sé que esa desesperanza existe, que hubo un impacto sobre los salarios. Por eso, lo primero que le quiero recomendar a la clase media y media-alta es que dé propinas y changas, aunque le cueste. Hay más de dos o tres millones de personas que viven de esas changas, y a veces, cuando nos ajustamos, lo primero que hacemos es dejar de dar propina, y es ahí cuando cortamos un círculo, un esfuerzo solidario como el que se hizo con los cartoneros en 2001", expresó Elisa Carrió en el programa de TN  “Desde el Llano” que conduce Joaquín Morales Solá.  

Las recomendaciones de Carrió parecen ser una confesión de las inútiles políticas llevadas adelante por la Alianza de la que forma parte. “Nosotros acompañamos al campo en los momentos dificiles, bajamos las retenciones, la sociedad acompañó... ahora les digo a ellos: No retengan la soja, empiezen a liquidar para que ingresen divisas”, escribió desde su cuenta en Twitter el 1O de mayo. Pero el sector no le hizo ni hace caso porque fue el gobierno del que forma parte la Diputada el que permitió que no tengan plazo para liquidar las divisas, formando parte de esas desregulaciones implementadas desde que asumieron que son parte del cóctel explosivo de la crisis actual que han generado y que Carrió cree que se resuelve con “propinas y changas”. 

Es lógico que Carrió hable de propina, algo que el gobierno popular de Juan Domingo Perón consideraba como limosna, y por eso sancionó el laudo en el gremio gastronómico en 1945, que consistía en la aplicación de un porcentaje a adicionar a la factura por consumición que se debía repartir entre el personal del restaurante. Para la liquidación el dueño debía presentar una planilla con las ventas mensuales, día por día, que debía ser certificada por el delegado del personal obteniendo de allí el porcentaje de laudo que luego distribuía según el porcentaje otorgado a cada empleado dada su función: el maitre y el cocinero recibían más, el lavacopas, menos.  

Esa medida implicó para los dueños de restaurantes una intromisión del personal en su contabilidad, y alegaron que afectaba el derecho patronal. Al tiempo que se instituyó ese sistema el gobierno lanzó una campaña para abolir la propina, considerada limosna, ya que estaba reemplazada por el laudo. El sistema se dejó sin efecto después del ’55, y para cualquier dueño de restaurante de aquellos tiempos ‘el laudo gastronómico’ quedó como una afrenta a la que jamás debería volverse, al igual que las retenciones para el sector agroexportador al que la Diputada Elisa Carrio representa.