Opinión //// 29.08.2018
Aborto legal: la asignatura pendiente de la democracia con las mujeres

"Insistiremos con el proyecto para sacar de la clandestinidad y de la muerte a las mujeres y a las personas gestantes que desean interrumpir un embarazo". Por Dora Barrancos. 

Por Dora Barrancos

Tal vez, sin que nada lo hiciera pensar debido al estrechamiento de las prerrogativas conquistadas - y al retroceso general de los derechos -, el gobierno dio un giro y autorizó a su bancada, “Cambiemos” a hacer lugar al tratamiento parlamentario del aborto. La interpretación de la oportunidad es un secreto a voces: en diciembre la imagen gubernamental se deshilachaba debido- entre otras cosas-, al escandaloso cambio del régimen previsional, en especial al cálculo del ajuste de los beneficios que constituía uno de los logros más enfáticos de la era Kirchner. Pero esta circunstancia coincidió con la ola “me too” que en Estados Unidos subvertió el largo silencio de las víctimas de diferentes formas de acoso sexual en los ambientes del espectáculo, y que fue emulada en otras latitudes. Una gran cantidad de mujeres pusieron punto final al secreto y se manifestaron públicamente acerca de las conductas habituales de “celebrities” que confiaban en la impunidad de su poderoso blindaje. En fin, todo cede cuando se despierta el sujeto sometido. La preservada información por parte de las acosadas se tornó valerosa palabra denunciante que también movilizó a las afectadas en nuestro medio. Creo recordar que fue especialmente durante enero de este año que vinieron a tono las voces de diversas mujeres vinculados a los medios locales aventando las lamentables escenas de las arremetidas sexuales de varones del ambiente, y también las patéticas justificaciones de otros machos intempestivos acerca de sus privilegiadas facultades fálicas. Y lo notable fue que las denuncias de las mujeres fueron acompañadas por una ola de simpatía y de identificación solidaria, síntoma renovado de que en nuestra sociedad ha calado hondo la larga marcha feminista, el reverbero de subjetividades que “se han dado cuenta”, el golpeteo multiplicado en todos los rincones del país de las marchas “NI UNA MENOS”. Conclusión elemental: las mujeres han cambiado notablemente, se digan o no feministas, no pueden ser doblegadas con groseras artimañas sexopáticas, y no se espere que guardarán silencio si son brutalmente forzadas. Lo cierto es que el clima estival irradió un doble impulso, la caída de la imagen gubernamental y el ascenso del beneplácito por la conducta de las denunciantes de acosos y persecuciones sexuales.

Creo que para el laboratorio de los focus y de las encuestas que nutre el “minuto a minuto” de las decisiones gubernamentales, la propuesta de que el Congreso deliberara sobre aborto fue una estrategia de bajo calibre en materia de sinceridades, aunque significó una aliviadora huida hacia adelante. Pero se imaginó muy mal si se pensó que en pocos días la plaza estuviera entretenida y los resultados fueran menguados. A menudo hemos sostenido que no ha sido raro en América Latina conquistar derechos femeninos en encrucijadas contextuales, y basta pensar en algunas circunstancias, a saber: la conquista del derechos al sufragio bajo las dictaduras de Rojas Pinilla en Colombia y de Stroesner en Paraguay, y el avance de los derechos civiles en nuestro país durante la dictadura de Onganía, cuando el Ministro Borda decidió igualar jurídicamente a las mujeres. Repasemos esto último. En 1968 quedaba la rémora de la necesaria gerencia por parte del marido de los bienes propios de la cónyuge, y Borda, pensando desde luego en el patrimonio de las mujeres de su clase, derogó la última barrera en materia de derechos civiles y terminó con esa historia de que el marido debía autorizar la enajenación de bienes que no le pertenecían.

Desde la segunda ola del feminismo – mediados de los años 1960 – la legalización del aborto ha sido una de las luchas centrales en todos los países occidentales. Debe recordarse que la Unión Soviética fue la primera cuenca despenalizadora en 1920, aunque más adelante promulgó algunas figuras restrictivas. En la Unión Europea todos los países lo acataron, y las tentativas de regresión en España y Polonia encontraron firme resistencia de las mujeres y no puedo restaurarse su penalización. En América Latina, Cuba dispone de legalización del aborto desde 1965, el ex Distrito Federal de México desde 2007, y nuestra vecina Uruguay desde 2012 (debe recordarse que unos años antes, la ley había sido vetada durante el gobierno de Tabaré Vázquez). Hace muy poco la inflexible Irlanda se vio obligada, por la voluntad expresa de la gran mayoría de sus habitantes, a legalizar la interrupción voluntaria del embarazo.

Me he pronunciado muchas veces en el sentido de que la legalización del aborto es una derecho humano fundamental porque se basa en el proto derecho de soberanía decisional sobre el cuerpo. No hay ciudadanía completa para las mujeres si se retacea nada menos que su capacidad para llevar o no adelante una gestación. Hay consideraciones sociales profundas, ya que se subraya de modo ominoso la diferencia de clases entre las mujeres, las más pobres están condenadas incluso a morir a causa de su decisión soberana de interrumpir un embarazo no querido, mientras que las mujeres de las clases medias y altas pueden concurrir a lugares seguros y crípticos. Pero insisto en mi punto de vista central: la democracia nos debe la democratización de la sexualidad. Es injurioso para la dignidad humana que los varones cis tengan franqueada la inconsecuencia de sus actos heterosexuales, mientras toda mujer en edad fecunda tiene completamente restringido el disfrute sexual ya que no hay transacción hetero que para una mujer no contenga la sombra fantasmática, amenazante, del embarazo que no procura.

El voto mayoritario negativo del Senado – cuyos representantes se arrogan la delegación de “toda “la población de sus distritos pero que tan sólo cumplieron con la presión de sus purpurados – ha significado una traspiés, la derrota en una estación del camino andado. No deja de admirar, aunque estaba en el cálculo, la incuria del Poder Ejecutivo para conseguir la sanción de esta ley, poniendo en evidencia que se trataba de un artilugio en el sentido ya descripto. Tampoco admira que gran parte de las/los Senadores adversos nutran las filas de la coalición gobernante – lo que evidencia la endeblez de la plataforma liberal que parece la base de su ideología. Desde luego, hay otras defecciones oportunistas, y muy probablemente algunos electorados del interior no se olviden tan fácilmente.

Pero el derrame feminista, la masiva subjetividad que se ha despertado sobre todo en las más jóvenes – la “revolución de las hijas”-, el reto a las canteras patriarcales, significa que ya no habrá retroceso. No cejaremos, en lo inmediato para que haya protocolo en todas las provincias, en consonancia con el Fallo FAL de la Suprema Corte de Justicia que se refiere a la obligación de atender la interrupción de un embarazo cuando obren las causales del artículo 86 del código Penal. Desde luego, exigiremos que haya efectivo cumplimiento de la Educación Sexual Integral – ESI -, y esperamos que algunas/os representantes cuya retórica descansó en la necesidad de desarrollar contenidos de educación sexual, se pongan al frente en sus respectivos distritos. En tercer lugar, cooperaremos aún más para que el voluntariado de socorristas que ayudan ejemplarmente a las mujeres que no quieren llevar adelanto embarazos, puedan hacerlo sin riesgos. Y por último, insistiremos con el proyecto para sacar de la clandestinidad y de la muerte a las mujeres y a las personas gestantes que desean interrumpir un embarazo. Conquistar la legalización del aborto significará un paso notable para hacer más digna la vida. La marea verde no se detendrá hasta la conquista de ese derecho.