Miércoles 22.10.2014
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Por Grupo de Estudio John William Cooke I El 10 de enero el Dr. Nelson Castro publicó en el diario La Nación una nota acerca de la operación de la presidenta, titulada “Todo parece sacado de una mala novela”. Valiéndose de una supuesta autoridad que le confiere su título como médico anuncia al lector en el primer párrafo que relatará “los hechos”.

Tres días más tarde, el médico especialista de Cirugía de Cabeza y Cuello en el Hospital Británico de Buenos Aires,  Dr. Adrián R. Cameron, responde desde el mismo diario a las críticas de Nelson Castro (sin mencionar explícitamente su nombre) a la Unidad Médica Presidencial. El especialista afirma que “En similar situación y medios, no hubiese dudado de intervenir quirúrgicamente y efectuar la misma operación a la señora presidenta que la efectuada. Cualquier opinión diferente es una conjetura con el diario del lunes, sin sustento de la realidad diaria”.

“Como médico, evito opinar sobre temas o indicaciones de otra especialidad”, agrega en su nota Cameron. Evidentemente Nelson Castro no se rige por esta regla, ya que no tuvo reparos a la hora de criticar duramente a sus colegas, y hasta culpó a la presidenta y a la Unidad Médica Presidencial de traer “desprestigio a la medicina argentina y zozobra a muchos pacientes”. Quien causa la tan criticada “zozobra” es él mismo, y así lo entiende, con nosotros, el Dr. Cameron, quien afirma que “una consecuencia probable de las repercusiones y los dichos de estos últimos días podría afectar la objetividad de los informes de los citólogos de ahora en adelante, evitando ser concluyentes en una lesión que tiene todo el aspecto de ser un carcinoma papilar de tiroides”.
 
De la contraposición de las dos opiniones se desprende que Nelson Castro utiliza sus conocimientos sobre medicina para realizar una crítica que no es médica, sino fundamentalmente política. Cuando habla en términos médicos, sus argumentos son fácilmente rebatidos desde la altura de un verdadero especialista en el asunto. Cuando habla en términos políticos, en cambio, nos deleita con frases como “en el mundo K todo contacto con la prensa equivale a un encuentro cercano del tercer tipo con el mismísimo Satanás”.

Detrás de supuestas discusiones técnicas, lo que se esconde es la intención política de sembrar dudas y sospechas sobre el círculo que rodea a la presidenta. Fue menos sutil aun Hermes Binner, quien tuvo el atrevimiento de pedir “explicaciones” sobre el tema; nosotros, al igual que Nilda Garré, le seguimos pidiendo explicaciones sobre los temas que le competen, como el asesinato de los tres jóvenes militantes del Frente Popular Darío Santillán en Rosario.

“La Unidad Médica Presidencial, que actúa dominada por el miedo, debería preguntarse si esa es la forma de cuidar la salud de su paciente principal: la presidenta de la Nación” concluye Nelson Castro. Ese intento de sembrar confusión es desactivado por Cameron, quien claramente expresa: “‘Hubo mala praxis’ se dijo por allí. NO, y en mayúsculas lo planteo. Se entendió, diagnosticó y trató a la señora Presidenta de acuerdo con el buen arte de la práctica médica”. Los militantes del campo popular debemos estar siempre alertas a este tipo de operaciones, que son tan inhumanas como para mentir sobre la salud de la presidenta con tal de obtener un mezquino rédito político.

 

La medicina desmiente a Nelson Castro

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