fbpx Una cronología de la militancia juvenil K, por Leandro Ciriaco
Militancia //// 15.01.2011
Una cronología de la militancia juvenil K, por Leandro Ciriaco

La Plata, Buenos Aires (Agencia Paco Urondo, publicado por Aluvión Popular) Mucho se ha dicho en los últimos días sobre la infinidad de jóvenes que concurrieron al velorio del ex presidente Néstor Kirchner, pero poco se conoce de la profundidad de un fenómeno que sorprendió a los medios de comunicación, siempre dispuestos a denostar a la juventud argentina. En este artículo nos proponemos  investigar cómo se conforma esta juventud kirchnerista, quienes la conducen y hasta qué punto es o será protagonista del nuevo mapa político nacional.


El liderazgo de Néstor Kirchner siempre promovió el romance entre su conducción y la incipiente Juventud Peronista que comenzó a seguirlo a mediados del 2007.
Era habitual en los actos en los que se presentaba el ex presidente, un extenso preámbulo donde las barras de la JP le dedicaba canciones de aliento y él las escuchaba en silencio desde el estrado, absorbiendo toda esa energía que brotaba de las tribunas. Por momentos dejaba deslizar un  gesto de agradecimiento o algún saludo cómplice.Kirchner fue el primer dirigente, luego de Perón, capaz de dialogar con el Pueblo.
Era frecuente, en la multiplicidad de actos a los que concurría, que el público le planteara alguna cuestión mediante una consigna entonada con fervor y que él respondiera desde el palco dando una extensa argumentación a modo de respuesta a la demanda. Con la juventud, este diálogo alcanzaba una dinámica sorprendente, llegando por momentos a ser un verdadero contrapunto.
Detrás de esta enorme efervescencia se gestaba un proceso de organización popular que todavía no parece haber encontrar su techo. La estrategia de alejar de la política a la sociedad en general, había sido muy exitosa durante los años del menemato.“La privatización de las empresas del Estado y las relaciones carnales no enamoran”, se quejaba un dirigente de la Juventud Peronista por esos años, cuando el Partido Justicialista se parecía más a un club de gánsters que a un partido político.
Mientras la estructura oxidada del PJ se conmovía con la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia partidaria en 2008, el transversalismo progresista se espantaba por la incorporación del justicialismo al Proyecto Nacional. En las calles, la sociedad argentina comprendía, a causa del golpe “agromediático”, que la pelea del kirchnerismo contra el neoliberalismo y contra los enemigos internos del país, era real y profunda.
En mayo de 2003, Néstor Kirchner asumió la presidencia de la Nación. A poco de tomar el mando afirmaría: “No voy a dejar mis convicciones en la puerta de la casa de gobierno”; acto seguido se acercó a Carlos Kunkel que estaba a su lado y le aconsejó, al oído: “Apurate a armar antes de que se den cuenta que somos 20″. En los próximos años, la aplicación de medidas económicas, políticas, sociales y las de reparación histórica, como las de Derechos Humanos, le dan al kirchnerismo un caudal de nuevos militantes que superará holgadamente esa cantidad.
De los Jóvenes K a la Juventud Peronista
“Apurate a armar antes de que se den cuenta que somos 20″. Era exactamente así. En los primeros años de su gobierno, Néstor Kirchner debió conducir al país sin contar con un partido político. Estos habían colapsado tras la sucesión de traiciones dirigenciales que habían llevado a la Argentina “al infierno”. Con el PJ en manos de Eduardo Duhalde, la CGT en manos de los “Gordos”, la estructura del Estado minada de liberales heredados de la gestión de la Alianza y el menemismo, la capacidad de articular una propuesta de política era muy vaga y poco prioritaria. Había que sacar a la Patria de la crisis más profunda y terminal que registraran los libros de historia.
En las calles, los piquetes y la protesta social no aflojaban; pero Kirchner supo articular un gran Frente Nacional denominado como “Transversalidad”; eso, la transversalidad, contenía desde Alberto Fernández, reluciente yupi de la derecha liberal, hasta al docente Luis Ángel D`Elía, morocho piquetero de La Matanza profunda, también líder de movimientos sociales, ex concejal matancero y ex diputado provincial. Todo esto sin fijar ningún tipo de márgenes orgánicos ni nada que se le pareciera.
Era muy frecuente que los militantes se quejaran por no encontrar con lugares donde militar. Y eso era verdad. El único jefe que tenía el Movimiento Trasversal era Néstor Kirchner que debía gobernar un país en llamas; por lo tanto no existían interlocutores entre el conductor y los posibles militantes. Durante estos tiempos, la propuesta kirchnerista para la Juventud la organizó un tal Nicolás Trota quien había fundado una agrupación denominada Jóvenes K. Pero los orígenes menemistas de Trota y de su grupo, el cual provenía de la escandalosa gestión de Matilde Menéndez en el PAMI, no generaba confianza en la incipiente militancia de la Juventud Peronista. Los “Jóvenes K” traspiraban pizza con champagne y su intento de insertarse en el kirchnerismo tenía más que ver con mantener lugares en la estructura del Estado que con impulsar el Proyecto Nacional que pregonaba Néstor Kirchner.
Por esta razón es que comenzaron a surgir, espontáneamente, una infinidad de grupos de Juventud Peronista en todo el país; esos nucleamientos no contaban con ningún tipo de coordinación centralizada ni con una línea política homogénea; lo único que los unía eran las ganas de acompañar “al pingüino”. Tampoco tenían mucha llegada a la dirigencia kirchnerista, que no visualizaba el fenómeno que se estaba gestando muy lenta pero sostenidamente. Para mediados del 2006 ya se destacaban los agrupamientos de Juventud Peronista que se reconocían como kirchneristas duros, tales como la JP Evita, comandada por Gildo Norato, la JP Liberación Nacional, liderada por Guillermo “Nano” Cara, la Juventud Presente, orientada por Andrés “Cuervo” Larroque, el Movimiento 26 de Julio, el Peronismo Militante, JP Identidad, entre otros.
Por su parte los grupos de JP, ligados a los intendentes bonaerenses, miraban con escepticismo el proceso de la Trasversalidad; todavía debían sacudir los últimos resabios de duhaldismo que conspiraban desde las casas partidarias, y lo harían con éxito, pero no nos adelantemos.
Del engorde a una orgánica nacional
A mediados del 2007, la estrategia ya estaba definida. Las cosas no podían continuar en un estado tan laxo si se pretendía profundizar el Modelo. La lectura era correcta: las peleas que se esperaban dar en 2008 requerían de una militancia multitudinaria, bien organizada y bien pertrechada. A los pocos días de asumir Cristina Fernández la presidencia, Néstor Kirchner tomaba control del Partido Justicialista (PJ) Nacional y dejaba de lado la Transversalidad. Conocedor de la potencialidad que tenía el proyecto entre los jóvenes, Kirchner se dio una política específica para contenerlos y ordenar la situación; eso fue denominado “La Cámpora”.
Asesorado por su hijo Máximo, Kirchner se puso a imaginar el flamante encuadramiento juvenil. Imaginó el nombre y la posibilidad de que esta nueva identidad funcionara como un paraguas que contuviera a todos los grupos que habían florecido en forma silvestre a lo largo y a lo ancho del territorio nacional. Pero Máximo no podía ser el conductor. Con Cristina como presidenta y él como titular del PJ, el denominado matrimonio presidencial podría haberse convertido en la familia presidencial y ese no era el mensaje que Kirchner quería proyectar a la militancia. Sin embargo, la influencia de Máximo en el armado sería determinante. Ese hecho  generaría reiteradas chicanas del monopolio Clarín.
Para conducir el nuevo Modelo sería designado un “Triunvirato” compuesto por Marian Gras, proveniente de una intensa militancia sindical en el gremio de los Judiciales quien fue designada directora Nacional de Juventud. El segundo integrante fue Juan Cabandíe, uno de los nietos recuperados por la Abuelas de Plaza de Mayo, que se ganó el afecto Néstor Kirchner tras pronunciar su discurso en un acto en la Esma, lugar donde nació hace 33 años. Cabandíe fue designado en la Secretaria de Juventud del PJ Nacional, y se convirtió en un símbolo más que en un actor con capacidad objetiva para liderar a la tumultuosa JP, ya que no contaba en ese momento con ninguna militancia política anterior.
El tercero sería José Ottavis, un gran conocedor del paño de la JP y que ocuparía una secretaría de Coordinación a pocos metros del despacho de Oscar Parrilli, en la Casa Rosada, quien llegaba con el mandato de articular a todos los grupos de juventud.Era la alquimia perfecta: Mariana Gras en la gestión de los programas estatales, Juan Cabandíe como símbolo de un legado histórico presente en la nueva JP y José Ottavis como el líbero que debía articular a todos los grupos en torno a La Cámpora. A poco de andar, la realidad de la flamante agrupación no había logrado modificar el panorama anterior. La Cámpora era la mera identidad a la cual todos los grupos decían pertenecer, pero en la práctica cada quien resolvía sus problemas como mejor le parecía, sin consultar a nadie más que a su conciencia y sin que esto tuviera ningún tipo de consecuencia.
En las elecciones del 2009 apareció otro actor en la escena de la política nacional. La Confederación General del Trabajo (CGT) había superado una extensa disputa interna de la cual resultó fortalecido el camionero Hugo Moyano, quién inmediatamente orientó a la central hacia un perfil más propositivo en lo político. Con la excusa de disputar lugares en las listas del justicialismo en las legislativas de 2009, Moyano convocó a los trabajadores a concentrarse en la Avenida 9 de Julio, frente al histórico edificio de Obras Publicas en donde se realizó el Cabildo Abierto entre los “grasitas” y María Eva Duarte de Perón, Evita.
La concentración superó todas las expectativas. Trescientos mil trabajadores se reunieron para escuchar a su secretario General que manifestó “el apoyo incondicional de la CGT al gobierno de Cristina Fernández”. Una de las lecciones más sorprendentes que dejó esa tarde, fue la visión de los rostros jóvenes de los trabajadores movilizados. Se trataba de la enorme marea de nuevos obreros incorporados al mundo del trabajo a partir de la reactivación económica que logró Néstor Kirchner en el país. Para 2010, la CGT también contaba con su propuesta para la juventud. Al frente de la iniciativa estaría Facundo Moyano, que llegó a la conducción de Sindicato de Peajes con tan solo 24 años de edad.
Este mismo año, José Ottavis cruzó el riachuelo para hacerse cargo de la JP de la Provincia de Buenos Aires. En apenas en unos pocos meses Ottavis logró articular a todos los grupos de JP ligados al PJ Bonaerense, los cuales habían permanecido al margen del armado kirchnerista hasta ese momento, un poco por no compartir la lógica de acumulación política de La Cámpora y otro poco por falta de una convocatoria acordada con los jefes distritales.Romance y despedida
En apenas unos cuantos meses, un centenar de cuadros de la JP habían realizado un trabajo de hormiga, extenso y minucioso, que logró organizar una gran cantidad de voluntades a partir de la figura de Néstor Kirchner.
En marzo de este año decidieron poner las cartas sobre la mesa con una enorme columna unificada, incalculable en su extensión, que ingresó a la Plaza de Mayo el 24 de marzo para homenajear a los desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar.En agosto, José Ottavis y su JP Provincia marcharon hasta la Quinta presencial de Olivos: más de 5.000 jóvenes provenientes de las barriadas del Conurbano le pedieron a Kirchner que fuera el candidato a presidente en 2011 y que Cristina lo acompañara como vice.
Tres días más tarde, Facundo Moyano concentró a otras tantas miles de voluntades, en el Luna Park, pero a diferencia de los anteriores venían vestidos con ropa de trabajo. Eran también más de 5 mil militantes de base, de los distintos sindicatos, que participan en la Juventud Sindical; ellos asistieron para escuchar el mensaje de “Hugo y Néstor”.Luego de estas enormes demostraciones de fuerza por parte de la JP y la JS, Kirchner le solicitó a Andrés Larroque, a cargo de La Cámpora por esos días, que organizara una acto que sintetizara a toda la juventud kirchnerista. La fecha de la convocatoria fue prevista para el 14 de septiembre, también en el Luna Park. La salud del ex presidente comenzaba a mostrar síntomas desalentadores.
Apenas un día antes del acto, Néstor sufrió una recaída y debió ser intervenido quirúrgicamente; la oradora fue la presidenta, Cristina Fernández. A pesar del enorme estrés de la operación Kirchner asistió al acto para estar con sus militantes más jóvenes. Un mes más tarde, mientras los argentinos nos despertábamos para esperar a los censistas, una noticia escalofriante comenzó a recorrer los medios de comunicación: había muerto Néstor Carlos Kirchner. El Pueblo argentino salió de sus casas para intentar encontrar el consuelo en las plazas, junto a otros desconsolados. La mayoría eran argentinos que por primera vez asumían un compromiso político. La muerte de Kirchner se convirtió en un mandato que potencia lo que él mismo planificó de cara a la juventud. La imagen del Eternauta con el rostro de Kirchner, logotipo del último acto de la JP en el Luna, se convirtió accidentalmente en metáfora de este héroe colectivo que viaja por la eternidad llevando un mensaje de liberación nacional y popular.
La superación histórica
Las décadas del ´60 y ´70 arrojan lecciones muy valiosas para la historia política nacional. Es una época plagada de  nuevos paradigmas que permitieron imaginar un mundo distinto al conocido hasta ese momento. Se trata de un mundo que debía ser cambiado, drásticamente, mediante la creación de un nuevo modelo de hombre, con conciencia social, solidario, y dispuesto a entregarse por completo a la transformación.
La Juventud Peronista de aquellos años fue producto de este pensamiento, pero también cayó en profundas contradicciones que la llevaron a una derrota sin precedentes. La contradicción que dividía al mundo y lo hacia girar, la protagonizaban dos sistemas en apariencia antagónicos: el capitalismo en Occidente y el comunismo en Oriente. A pesar de la teoría pendular entre ambos imperialismos, sostenida por el conductor del Movimiento, el General Perón, la cual intentaba generar condiciones para lograr un camino a la liberación nacional poco cruento y efectivo, el Movimiento se vio tan afectado por esta contradicción externa que se abrió una grieta irreconciliable entre izquierda (tendencia revolucionaria a la cual adscribía la JP y la derecha (sectores del sindicalismo y del nacionalismo católico) la cual condujo al Movimiento una fractura irreconciliable.
El Movimiento Peronista no fue ajeno a esta división ideológica. Fue tan profunda la fractura entre estos dos grupos, que ni el General Perón logró evitar que se comenzara una guerra interna que culminaría en una escalada sin precendentes.Han pasado a 35 años de aquellos días en que la juventud se convirtió por primera vez en un sector con dinámica e identidad propia, que logró su legitimidad con el retorno de Perón a la Patria, luego de 18 años de exilio. Esta experiencia funcionó como una sombra permanente para las futuras generaciones de jóvenes que veían en aquellos años `70 una leyenda mítica demasiado difícil de empardar.Es innegable que la Juventud Peronista actual capitalizó la experiencia histórica tomando lo mejor de aquella JP, pero advirtiendo el peligro de caer en contradicciones falsas que debiliten al Movimiento.
Néstor Kirchner un militante de la JP
La Juventud Peronista es un invento de otras épocas. Cuarenta años atrás, la clase media argentina asumía al peronismo como una salida a la dictadura de Juan Carlos Onganía (1966-1970), quien había decidido convertirse en dictador vitalicio. La Juventud Peronista era hasta ese momento un pequeño dispositivo político fundado en 1957 por Gustavo Rearte, quien coordinaba a trabajadores jóvenes que militaban en la Resistencia Peronista, constituida en torno a los sindicatos que continuaron leales a la conducción del General Perón.
El 29 de Mayo de 1970 es secuestrado el General Aramburu por un comando Montonero. Es juzgado mediante un tribunal revolucionario, a causa de los fusilamientos de militares peronistas sublevados en 1956, cuando intentaban restaurar el gobierno peronista derrocado un año antes. El tribunal lo encontró culpable y lo condenó a muerte. El encargado de ejecutar la sentencia sería Fernando Abal Mendina, de 24 años de edad, jefe de los Montoneros. Ese mismo año, Abal Mendina caería, combatiendo, en una emboscada tendida por las fuerzas de seguridad en la localidad de Willian Morris; cayo Abal Medina junto otro comandante Montonero, tan peronista y tan joven como él: Gustavo Ramus.
Ante estas bajas, heredaría la conducción Mario Eduardo Firmenich, de 20 años de edad, para conducir a la organización  en lo sucesivo, a la organización político-militar más grande e importante de América Latina. Los Montoneros no eran demasiado románticos, aunque lograron enamorar a una juventud ávida de participar en política. Luego de 18 años de proscripción y represión indiscriminadas, la consigna “Perón Vuelve” fue el catalizador de la incorporación de miles de jóvenes a las filas del principal frente de masas de la tendencia revolucionaria del peronismo que hegemonizaban los Montoneros, nos referimos a la Juventud Peronista.
No es casual que Néstor Kirchner se vinculara tan intensamente con los jóvenes. Él conocía su potencial político; 40 años atrás, cuando apenas era un estudiante de la Facultad de Derecho en La Plata, se incorporó a militar en el Frente Universitario para la Revolución Nacional (FURN), el cual daría origen, años después, a la Juventud Universitaria Peronista (JUP). Allí la conoció a Cristina Fernández, con quien formaría una familia y una de las parejas políticas más destacadas de la historia argentina y americana. Por aquellos años, las contradicciones internas del Movimiento Peronista eran cada día tan intensas como artificiales. Preocupados por el estado de salud del líder, los del entorno presionaba a Perón para que ungiera a su heredero.
Apenas unos días más tarde, el líder salió al balcón de la Rosada para dirigir otra de las multitudinarias asambleas; allí disparó una frase que pocos entendieron: “Mi único heredero es el Pueblo”. En la Plaza escuchaban el mensaje miles de rostros anónimos; uno de ellos era el de Néstor Kirchner; ese hombre joven comprendió el mensaje.Los operadores, o rosqueros como se los suele llamar, incapaces de interpretar el discurso, supusieron que era una salida de Perón para no hacerse cargo de la interna que él mismo había generado con su política pendular entre izquierda y derecha. Nada más alejado de la realidad. El General venía preparando el famoso “Trasvasamiento Generacional” desde hacía muchos años. Ya en 1952 depositó en la Plaza de Mayo una carta dirigida a los jóvenes del año 2000, la cual fue profanada por la Revolución “Fusiladora”.
Ese mismo año, Eva Perón prometería al mismo Pueblo, en la misma plaza, que “aunque deje jirones de mi vida en el camino, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la Victoria”. Tenía 33 años y un cáncer que la llevaría, en pocos días, a la tumba. Pero como prometió, ella vuelve una y otra vez en las banderas y en las consignas de la Juventud Peronista; esa juventud que la eligió como paradigma de la militancia justicialista. El peronismo tiene mucho que ver con los trabajadores, es indudable, pero también tiene una raíz ineludible en los jóvenes. Tanto es así que en la actualidad, la JP, es una de las columnas vertebrales del proceso que supo construir Néstor Kirchner y que continúa legítimamente Cristina Fernández. (Agencia Paco Urondo)