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Militancia //// 12.10.2010
Ke duda Kabe, por Luis Rodeiro

 
Villa María, Córdoba (Agencia Paco Urondo) K es una letra que se transformó en palabra. Es la K de Kambio. Es la K de Néstor, la K de Kristina. Sí, es una letra, una sola letra, con pretensión de palabra. Ke duda kabe. Ya todos saben que K es programa en construcción, nacional y popular, que K es Kristina al frente de una marcha solidaria. La mina tomó la posta para continuar y profundizar, para rescatar y proyectar, para asumir e innovar.
 
Al principio la K fue recuperación del papel del Estado, redefinición de las principales pautas económicas donde se asentaba el modelo neoliberal, jerarquización de la Justicia como poder autónomo, participación activa en la lucha contra la impunidad y castigo a los culpables del genocidio, rescate de la política, reapertura de la negociaciones de los contratos de trabajo entre patrones y obreros, fin de la represión a las protestas sociales, inserción en una nueva realidad latinoamericana. Eso y mucho más. Todo en su medida y casi armoniosamente. Progresista y racional, había dicho Néstor. Al principio, era una K flaquita, surgida del 22% de los votos ciudadanos. Pero marchando, se había producido en lo político y en lo económico una innegable mejoría. Habíamos salido del infierno, pero no habíamos alcanzado el cielo. Tampoco ahora. Los grandes grupos económicos se habían beneficiado, sin duda, de un país reactivado; pero los trabajadores habían recuperado un poquitín de dignidad y pedían más. Los primeros recelaban de los “aires” peronistas, aquellos aires originales, del 45, los auténticos; los aires “populistas” (calificaban con un gesto de asco, los “grandes” empresarios). Los trabajadores, en cambio, por las mismas razones, pararon las orejas. Ke duda kabe kabrón, aquí algo está pasando, se dijeron.
 
En eso, apareció Kristina, la segunda K, como promesa de continuidad y profundización. Para convertir la letra, esa letra difícil, en palabra. Kambio. Para dejar de ser un apellido y transformarse en proyecto. Los números decían que ya había una K más robusta. El 22 por ciento se había ensanchado. El 45,29% fue otro cantar, ke duda kabe kabrón. Trabajadores y pobres votaron lealtad. Mea culpa: yo no me animé. A continuar y profundizar, vino Kristina. Los estrategas de los grandes grupos económicos, recelosos de los aires peronistas y latinoamericanos, especularon que dentro de todo no estaba mal. Esta K es mujer, será más permeable a las presiones, más débil a los condicionamientos, más “racional” a nuestros intereses, más frágil si es necesario echarla, pensaban.
 
Se equivocaron los cabrones, digo los gorilas. Se equivocaron los gorilas. Para profundizar, para redistribuir, había que apretar. Para avanzar había que comenzar a desarmar el modelo neoliberal. Es justo que paguen los que más tienen, se dijo la frágil mujer presidenta, a la que se podía atropellar. Hay que atinar en el blanco de los intereses económicos. Hay que comenzar a dar en el blanco del poder. Con inspiración peronista, hablamos en serio, la histórica negro, cuando la gran renta agraria sirvió para sostener un proceso de industrialización por sustitución de importaciones, Kristina pensó en las ganancias extraordinarias de los sojeros y planteó –con errores e improvisaciones pero convencida del objetivo popular, ke duda kabe- retenciones diferenciadas para los productos agrarios, en un planteo de país, en un reclamo solidario. Pisó un callo. Más de uno. Apretó la víscera más sensible. Cuestionó de costeleta el modelo agrario, que los capitalistas, nacionales y foráneos, fueron construyendo desde Onganía, desde Videla, desde Martínez de Hoz, con grandes beneficios sectoriales, alta concentración y dependencia tecnológica donde la gran idea de producción de alimentos en cantidad y calidad, dio paso a la producción de forrajes baratos para la exportación. Dinero rápido, seguro y cuantioso, sobre la exclusión, la marginación y la represión de los más, de los muchos. 6.900 privilegiados son dueños del 49,7 % de la superficie cultivable y productiva, según el censo de 2002. 936 terratenientes poseen 35.315.000 has. (casi toda la superficie en cultivo). Y enloquecieron.
 
Con el espíritu de grandeza y compromiso social que los caracteriza, los patrones agrarios salieron a las rutas para hacer piquetes (que tanto despreciaron cuando lo hacíamos los negros porque atentaban contra la libertad de tránsito); eso sí piquetes de lujo, con camionetas 4 por 4 y vestimenta gaucha del Cardón, embanderados reclamando su original argentinidad, sólo compartida con obispos y generales. 129 días. Era el momento de doblegar a la frágil mujer, se propusieron, alineándose los grandes grupos económicos soliviantados por la prensa canalla, ante la amenaza de que crezca el gobierno popular, que no haya retorno. ¿Qué quiere hacer esta loca de mierda, dijeron los poderosos? Frágil mujer convertida en ¡¡Yegua!!, en las bocas gorilas. Fue cuando surgió Carta Abierta y denunció públicamente la intención destituyente.
 
Y Kristina se plantó con firmeza. Aguantar de pié. Aprender de los errores de dimensión. Y se jugó y con sentido democrático fue al Congreso y perdió, perdimos, por un voto, el voto de un miserable personaje y los agrarios intereses festejaron con champagne. Y ya no sólo era la ¡¡¡Yegua!!!, era la loca, la soberbia, la montonera, la que no soñara con terminar el mandato. Y cosas vedere Sancho, sonrió Don Quijote, allí mismo, desde la derrota, la letra K, la duodécima del diccionario de la lengua española y la novena de sus consonantes, comenzó a convertirte en palabra lo que había sido solo un deseo, un pedazo de esperanza; un sinónimo de Kambio ahora, lo que había sido un tartamudeo apenas ayer; el nuevo nombre argentino del proyecto nacional y popular en marcha, más cerca, más cerquita, de América Latina y de sus líderes progresistas.
 
El cerco gorila era fuerte. Como decían los “cartos”, recorría la Argentina la fanfarria de una restauración conservadora, expresión de una derecha vieja y nueva. Con arrebatos cambiantes, a veces con estridencia, muchas veces en la penumbra. Pero el dilema, no había otro, era restauración conservadora o profundización del Kambio. No era cuestión de recular, invocando prudencia. Así lo entendió Kristina. Había quienes prescribían “concesiones ante grupos de presión; otros, la defensa de las políticas económicas sostenidas”. Estuvimos entre quienes, como decía Carta Abierta, pedíamos más, “porque consideramos que esa defensa sólo puede desplegarse sobre la constitución de un horizonte político, sobre el hallazgo colectivo de un proyecto que exceda y desborde la actualidad, sobre el sueño común de reinvención de lo público. Sin esa dimensión utópica, sin esa perspectiva que reinscriba los hechos cotidianos en un relato que los excede y potencia, no hay renovación de las posibilidades gubernamentales pero tampoco de las políticas populares”.
 
Y se vino la seguidilla: Re-estatización de Aerolíneas Argentina; re-estatización de la Fábrica de Aviones; re-estatización de las Jubilaciones y Pensiones poniendo fin a la estafa de las AFJP; incorporación de dos millones y medio de argentinos desahuciados a ser beneficiarios de una jubilación o una pensión; créditos y subsidios para defender los puestos de trabajo; aumentos automáticos –todavía limitados- a los jubilados y pensionados; despenalización de las calumnias e injurias para expresiones de interés público; ley de Medios para acabar con la políticas monopólicas de las grandes empresas de comunicación; televisación del fútbol para todos; política de regularización masiva de inmigrantes y la posibilidad de hacer valer sus derechos de sindicalización, de demandas laborales y de acceso a los sistemas de protección social; golpe a la concepción neoliberal de las funciones del Banco Central; pago de la deuda para terminar con la extorsión de los organismos financieros internacionales; asignación universal por hijo. ¡Carajo! Y podríamos seguir. Ke duda Kabe que la K es cambio. Y Kristina firme y esto no acabó. Instaló la pasión. No hay democracia sin confrontación, porque hay lucha de clases y de intereses, Kris pasión. Y para colmo es mina, y para colmo es inteligente, y para colmo sabe expresarse. Y para colmo no arruga. “Esta mujer es más que Chanel y Louis Vuitton”, exclamó Juan Montes. Esta mina es una militante.
 
Empuñó la guitarra El Sojero Descolocado, montado en la 4 x 4, pañuelo al cuello y vincha patria y cantó: “De dónde salió esta mina / que solo obedece al bizco / mientras la plata del fisco / se va a bolsillos privados (¿?) / y los ahorros ganados / los despilfarra en carteras, / botox, joyas, peluqueras / haciéndose la que es fina”. Y, allí nomás, le respondió el Payador del Pueblo: “Salió de acá de Argentina / para despertar la inquina / de los necios de este mundo / salió del país profundo, / salió del Sur y del Norte / con inteligencia y porte / pa´ que tiemblen los gallinas”.
 
Sí, esta mina, que en los setentas tenía veinte, se prendió a la utopía; enarboló la pancarta con la foto de Evita, ésa con el pelo al viento; que se quemó las pestañas mamando en Jauretche y en Hernández Arregui; descubriendo con Cooke la potencialidad revolucionaria del peronismo; que se deleitó con Marechal y fue peronista universitaria; que estuvo en la calle apoyando al Tío y que, a la hora del balance, criticó la militarización, reconoció infantilismos políticos, reduccionismos teóricos, pero –como le había enseñado León- supo guardar todo en la memoria. Lo esencial de la utopía que permite caminar.
 
Ke duda Kabe, que falta un montón. Ke duda Kabe, que hay impostergables pendientes. Pero Ke duda Kabe que K es cambio. Ke duda Kabe ke Kristina es una etapa en la construcción del proyecto nacional, popular y latinoamericano. Pasión, inclusión, igualdad, liberación. Cuánto dice la letra que se recibió de palabra.
 
(Texto concluido el 28 de Julio de 2010, día en que D10s, echó a los mercaderes del templo, a uno por mentiroso y al otro por traidor y Kristina dijo ¡Aguante, Maradó!!)

 

El autor se define "Periodista, negro, peronista y con el bobo a la izquierda". (Agencia Paco Urondo)