fbpx Situación del trabajo doméstico en América Latina, por Bernardo Kliksberg
Más información //// 23.07.2010
Situación del trabajo doméstico en América Latina, por Bernardo Kliksberg

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, publicado en Periodismo Social) Millones de mujeres transcurren sus días en trabajos que en pleno siglo XXI casi no tienen derechos laborales, en donde están aisladas, y que son “puertas adentro” invisibles para la sociedad. Son las llamadas "trabajadoras domésticas”. Una prestigiosa organización americana, Wiego, describe así su situación: “trabajan largas jornadas por una paga mísera, generalmente no tienen prestaciones laborales como seguro médico, pensión para el retiro o tiempo pagado por maternidad' las leyes de protección son frecuentemente ignoradas por los patrones y no son ejercidas por las autoridades' aquellas que viven en la casa de sus patrones dependen totalmente de la buena o mala voluntad de sus jefes”.
 
En América Latina y el Caribe entre el 10% y el 18% de las mujeres que tienen un empleo trabajan en el servicio doméstico. Representan el 18.3% de la mano de obra femenina ocupada no agrícola en Brasil, el 17.9% en Argentina, el 20.1% en el Paraguay, el 14.3% en Chile, el 11.2% en Colombia. Llegan a esta condición laboral por falta de alternativas. Muchas son migrantes. Las empleadas domésticas de la región son hasta un 60% de los migrantes internos, y de los que inmigran a otros países. La miseria, en las áreas rurales, y la pobreza dura las llevan a irse de países más pobres como Bolivia y Paraguay a otros más desarrollados como Argentina y Chile.
Las mujeres que migran de México y otras partes de América Latina son actualmente la mayor parte de la fuerza laboral de servicio doméstico de USA. Inmigrantes, pobres, discriminadas, este es uno de los pocos trabajos en que pueden tener inserción. Son “trabajos de mujer” no atractivos para los hombres y no deben mostrar títulos. La OIT ha observado además un alarmante crecimiento del número de niñas utilizadas en estas tareas. Forman parte del trabajo infantil, esa forma de trabajo esclavo que está combatiendo activamente. Calcula que más niñas menores de 16 años trabajan en esta área que en cualquier otra categoría de trabajo infantil. Se estima que 175.000 niños menores de 18 años son empleados domésticos en América Central, y más de 688.000 en Indonesia.
Los salarios de las empleadas domésticas tienden a ser menores que los de las mujeres en otra área. El problema está ampliamente generalizado. Un reciente editorial del New York Times analiza la situación de las 200.000 mujeres que trabajan en servicio doméstico en la ciudad. Considera que son vitales para ella, y enfatiza que “es una cruel injusticia que mientras las nannies y cuidadoras hacen posible que las parejas de profesionales puedan balancear su trabajo y su familia, ellas no tienen normalmente tiempo para estar con sus propias familias cuando afloran enfermedades o accidentes”. Restituir derechos. Hay salidas. Uruguay ha sido reconocido mundialmente por la legislación de avanzada que viene dictando tratando de igualar los derechos de las trabajadoras domésticas a los de los trabajadores formales. El 50% ya se halla plenamente registrada y formalizada frente a un 15% promedio en América Latina. La ley reconoce el salario mínimo, el descanso semanal, la maternidad, las vacaciones, la protección por despidos, y el país es uno de los primeros que está pagando seguro de paro a empleadas domésticas. En Argentina se ha promovido su registro mediante desgravaciones fiscales para sus empleadores, y ha aumentado notablemente el número de las formalizadas lo que les da acceso al seguro público de salud, y al seguro previsional.
En Brasil resumiendo los grandes temas de discriminación, y violación derechos humanos que están en juego, el Gobierno, la Federación de Trabajadoras Domésticas, y OIT, y Unifem, lanzaron la campaña “Respeto y dignidad para las trabajadoras domésticas: una profesión como cualquier otra”. Es hora de restituir derechos en todo el Continente en este tema que dice mucho sobre la calidad moral de una sociedad.
El autor es asesor principal de la dirección regional para América latina y el Caribe del PNUD. (Agencia Paco Urondo)