fbpx Santa Fe: El PJ se declara cristinista (desplante a Reutemann)
Más información //// 07.01.2011
Santa Fe: El PJ se declara cristinista (desplante a Reutemann)

Santa Fe (Agencia Paco Urondo, por Jorge Fernández, vicepresidente del Partido Justicialista - provincia de Santa Fe) El peronismo nació a la vida política como una original síntesis de diversas corrientes o ideologías que aisladamente lo habían precedido, corrientes en la que un conocido escritor ubicó al “nacionalismo sin pueblo”, el “sindicalismo sin trabajadores” y el “socialismo sin patria”. Nació, es cierto, desde un gobierno que, mientras adquiría las características del Estado Benefactor, gestaba desde la Secretaría de Trabajo y Previsión profundas modificaciones en la legislación laboral y en la relación con el movimiento obrero, pero adquirió su identidad cuando el sujeto político PUEBLO ocupó la Plaza de Mayo el 17 de Octubre de 1945 y estableció con contundente claridad que el Coronel Perón era su LIDER. La ejecución de un modelo económico industrialista, autónomo y direccionado al mercado interno, más la creación de un organismo – IAPI –, que operó como redistribuidor de una riqueza que antes se concentraba en pocas manos, manos que sin lugar a dudas podemos calificar como la Oligarquía Terrateniente y los capitales extranjeros, permitió la construcción de una Nación con crecimiento y justicia social que constituyeron la esencia del Peronismo, su matriz, su base de sustentación, su aporte inigualable a la vida política nacional. Millones de Argentinos, especialmente los “descamisados de la Patria”, encontraron en dicho Peronismo el movimiento que los incorporó al “tren de la historia”, a la Argentina de la “movilidad social ascendente”, a la dignidad del trabajo y de la participación política. Ese Peronismo se construyó y tuvo su hora más gloriosa en un trípode: PERON, pero también EVITA; el Estado de Bienestar generado a partir de 1943; y el sujeto político PUEBLO, lo que alguien denominó “el subsuelo de la patria sublevado”.
Desde esas esencia, con aciertos y con errores, con fortalezas y debilidades, con gestos heroicos y con traiciones, con distintas vertientes o matices, con diferentes metodologías o encuadramientos e incluso con desiguales ideologías y lecturas de la realidad, el Peronismo transitó los años posteriores al 17 de Octubre de 1945 pero – tanto en el gobierno como en llano – su impronta se mantuvo inalterable: Crecimiento con distribución equitativa de la riqueza, inclusión social y autonomía nacional, con activa participación del Estado Nacional, adaptando las políticas públicas o los reclamos a los siempre cambiantes tiempos de la historia pero en el marco de lo antedicho.Es comprensible que se produjeran dudas en los años 80 en el seno del peronismo. En primer lugar, porque en Octubre de 1983 la derrota ante el Radicalismo coloca a nuestro Movimiento por vez primera en la historia ni como oficialismo ni como la resistencia a la proscripción tanto de gobiernos democráticos como militares. En segundo lugar, porque las agujas del reloj internacional parecían haberse corrido en relación al mundo de la posguerra . En tercer lugar, el denominado “Proceso de Reorganización Nacional” no sólo había desvastado las organizaciones populares con su doctrina de la “seguridad nacional” y la represión institucionalizada sino que básicamente había comenzado a destruir las bases del Estado del Bienestar. Era lógico que, en consecuencia, entraran en crisis algunos de los paradigmas del Justicialismo y era saludable y necesario que el debate interno y la elección democrática de autoridades permitieran reacomodarse a las nuevas circunstancias siempre sobre la base de nuestras esencias y del rol histórico de representar, en cualquier circunstancia y antes que nada, a los sectores más humildes y postergados. Lo que no es justificable es que en la década del 90, en nombre del peronismo, se terminará de ejecutar la eliminación del Estado del Bienestar, completando la obra siniestra iniciada por la Dictadura Cívico-Militar de 1976, mediante el desguace del Estado Nacional por la vía de las privatizaciones y desregulaciones, la destrucción de los restos del aparato industrial, la flexibilización laboral, las reiteradas políticas de ajuste, las privatizaciones de las empresas provinciales, el congelamiento y/o las reducciones salariales. Lo que no es justificable que se renunciara – aún en los tiempos de la globalización – a la posibilidad de la autonomía nacional y la unidad latinoamericana, reemplazando esos objetivos por las “relaciones carnales” con los poderosos del mundo y la subordinación a los organismos internacionales que siempre representaron a los mismos. Lo que no es justificable es haber generado a sabiendas un sociedad con “pobres estructurales” sin trabajo, con vastos sectores medios en pronunciada cuesta abajo, con índices de pobreza y de indigencia nunca vistos y con una vergonzosa concentración de la riqueza en pocas manos, más concretamente en las corporaciones financieras y mediáticas, convertidos en los “nuevos” protegidos de un Estado Nacional ausente para los históricos aliados y destinatarios del peronismo. Lo que no es justificable es haber subordinado la política a los intereses de los sectores más concentrados de la economía y el Estado a los “requerimientos” del Mercado. Lo que no es justificable es haber traicionado las banderas de Perón y Eva Perón, haciendo añicos los sueños de millones de hombres y mujeres que habían depositado en el peronismo la esperanza de un futuro mejor. Lo que no es justificable es haber pretendido convertir en inútil la lucha de centenares de miles de compatriotas que habían peleado por una sociedad nacional libre y justa. Es cierto que la oposición, devenida en la Alianza, no sólo no modificó esta realidad sino que la profundizó. Es cierto que es difícil determinar si los peronistas que no compartían este modelo neoliberal debían conformar una fuerza política distinta, como algunos lo hicieron, o pelear dentro de las estructuras del Justicialismo, como otros lo intentaron. Pero también es absolutamente cierto que el grupo gobernante, en clave menemista y con cultura de farándula, se resignó con placer y claudicó sin pelear. En Diciembre del 2001 la sociedad Argentina conoció el infierno y en el 2003 había detenido su caída pero seguía ardiendo en las llamas. En Mayo de ese año, Néstor Kirchner asumió la Presidencia, con un estilo distinto – saco cruzado abierto, mocasines, sin cara de circunstancia, jugando con el histórico bastón, rompiendo con el protocolo – pero también con una decisión diferente expresada maravillosamente en la frase “no vengo a la Casa Rosada para dejar mis convicciones fuera de ella”. Y para sorpresa de todos y alegría de muchos empezó a actuar con la laboriosidad de nuestros antepasados inmigrantes, la fortaleza de los criollos y la sagacidad de los pueblos originarios y comenzó a modificar la lógica política del Consenso de Washington de “quedar bien con los de afuera”, “quedar bien con los de arriba” y “quedar bien con la corporación política”. Y comenzó a recuperar el Estado Nacional, la política de unidad latinoamericana, el desarrollo industrial direccionado al mercado interno, los niveles de empleo y los derechos laborales, lo que permitió reducir la pobreza y la indigencia, todo en el marco de una política de Derechos Humanos basada en la memoria y la justicia, sin claudicaciones ni resignaciones. Los intereses económicos subordinados a la política y el mercado al Estado, implicaban claramente la idea de reconstruir una Sociedad del Bienestar enraizada en las más puras tradiciones del mejor peronismo, mientras la política exterior nos reconciliaba con los sueños de la Patria Grande Latinoamericana y modelaba una alianza política e ideológica ampliamente superadora de las políticas neoliberales que habían saqueado el continente en los años anteriores. Néstor Kirchner, con sus decisiones gubernamentales y con sus alianzas políticas, permitió que la Argentina saliera del “infierno” en los cuatro años de su gestión presidencial. Cristina Fernández de Kirchner significaba en este proceso el mantenimiento de la política de integración latinoamericana, consolidación del Estado Nacional, sustentabilidad del proceso de desarrollo industrial, continuidad de la política de derechos humanos, profundización de la distribución del ingreso y de las medidas destinadas a la inclusión social pero también la consolidación de la supremacía del Estado y la Política frente al mercado y las corporaciones. Ante ello, y reordenada la actividad productiva y con un crecimiento relativamente asegurado, los sectores concentrados de la economía y las corporaciones tradicionales pretenderán plantear los objetivos de la nueva Presidenta: Consenso, calidad institucional, coparticipación federal, todas palabras que – más allá de su valor – escondían en realidad su negativa a ceder sus privilegios y su desesperación por la recuperación de la POLITICA y del ESTADO NACIONAL como un instrumento al servicio de las mayorías populares. Los conflictos generados en ese marco provocaron confusión en la población pero también deserción en la filas del oficialismo. Nacieron así los autodenominados “peronistas federales” con fuerza en la región Litoral y en algunos feudos provinciales de marcado signo tradicional y autoritario. Si nacieron porque predominó en ellos el “espíritu de la resignación” ante los poderosos o la amistad con las corporaciones o el pragmatismo sin convicciones adquirido en los Noventa, pasa a ser una cuestión accesoria porque lo principal es que se convirtieron en voceros de las susodichas corporaciones y de los sectores más concentrados de la economía, incorporándose activamente a una oposición disciplinadamente ordenada para destruir lo iniciado en el 2003, una oposición conducida por quienes – por acción u omisión – habían posibilitado la hiperinflación de 1989 o la crisis del 2001, con el acompañamiento de algunos nostálgicos de Marzo de 1976. Como aquellos radicales antipersonalistas que se opusieron a Hipólito Yrigoyen y terminaron como socios del “orden conservador”, estos “peronistas federales” desde mediados del 2009 se hicieron empleados de una oposición dominada por las corporaciones mediáticas y económicas que lucraron con las políticas neoliberales en detrimento de los sectores populares.La fortaleza de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, la profundización de las medidas adoptadas hasta entonces en vez de la claudicación propuesta por la oposición, y las convicciones de muchos dirigentes y militantes del campo nacional y popular, impidieron que se consumara una de las más feroces operaciones de los sectores dominantes para conservar sus privilegios, golpe institucional incluido. Pero fue necesaria la muerte de Néstor Kirchner para que se viera con claridad el rostro de la Argentina real. con cientos de miles de compatriotas consternados por el fallecimiento del ex-Presidente pero ratificando el rumbo del modelo con la frase “Gracias Néstor, Fuerza Cristina”. Y así como el 17 de Octubre de 1945 los trabajadores ocuparon la plaza de Mayo cambiando el rumbo de la historia, ese día en la misma plaza alumbró una nueva Argentina, una Argentina que recupera las esencias del peronismo originario y los sueños del 11 de Marzo de 1973 pero que al mismo tiempo refleja y representa las nuevas demandas de la sociedad nacional que enarbolan por sobre todo las jóvenes generaciones nacidas al amparo de la democracia pero también en épocas de implementación de políticas neoliberales, con su secuela de exclusión, desintegración, desempleo, ausencia de sueños y de esperanzas de un futuro mejor. Si, ese día doloroso nació una síntesis entre aquellas mayorías populares que iniciaron el peronismo y que Eva Perón llamó “los descamisados de la Patria” con las nuevas expresiones o demandas de la sociedad no contempladas por los movimientos populares en sus contenidos originales, ese día – en la plaza y en medio del dolor y la consternación – se unieron el histórico reclamo por un trabajo y un salario digno con los requerimientos de las pequeñas radios comunitarias, caminaron juntos los que soñaron con la Patria Justa, Libre y Soberana con los representantes de los pueblos originarios, se estrecharon en un abrazo los partidarios de la unidad latinoamericano con los que – Néstor y Cristina mediante – se sentían con derechos ante situaciones que antes tenían que esconder en el ropero, todo ello en clave popular.Es probable que estemos en presencia de una adaptación del peronismo a los nuevos tiempos aunque esta vez desde sus esencias y no desde la antípodas. Pero también es factible que estemos iniciando un nuevo movimiento histórico. El tiempo lo dirá pero mientras tanto lo que une, lo que identifica, lo que expresa esa fusión de viejos sueños con nuevos derechos, tiene nombre y apellido: Néstor y Cristina Fernández de Kirchner y se identifica con la sigla FRENTE PARA LA VICTORIA-P.J..En ese marco, los peronistas de Santa Fe que nos identificamos con el proyecto nacional, bajo la referencia indiscutible de Agustín Rossi, hemos planteado con la firma de más de 200 congresales que el Partido Justicialista de Santa Fe se encolumne en el camino que hoy transita el gobierno nacional con el apoyo de las grandes mayorías populares y que los dirigentes del autodenominado “peronismo federal” expresen las disidencias parciales que dicen tener en el seno del nuestro Movimiento y no como parte del núcleo opositor. No le pedimos subordinación ni menos claudicación ni tan siquiera que – como en muchas otras ocasiones – acompañen pragmáticamente “los vientos favorables”. Tan sólo le requerimos que recuerden los sueños de Perón y Eva Perón, que no se olviden de la resistencia peronista, que tengan presente los ideales del 11 de Marzo de 1973, que vuelvan a ver las fotos del 17 de Octubre de 1945, que memoricen el retorno de Perón el 17 de Noviembre de 1972, que piensen – como antes – en los trabajadores, en los excluidos, en la autonomía nacional, en la unidad latinoamericana, que se olviden de los ajustes y las privatizaciones y recuperen la fe en la posibilidad de que el Estado Nacional distribuya la riqueza. Si quieren pueden hacerlo, las puertas están abiertas para expresar la unidad en el proyecto nacional y manifestar las disidencias en la interna abierta del Justicialismo y en el marco de la alianza electoral que el partido viene realizando en el orden nacional. Compañeros, nuestro compromiso es con el modelo nacional que encabeza Cristina Fernández de Kirchner, nuestro objetivo principal es consolidar dicho modelo con el triunfo en las elecciones nacionales de Octubre de 2011 y en ese camino creemos que la Provincia de Santa Fe requiere un proyecto que nos integre a todas y a todos, que contemple todas las regiones, que articule crecimiento con inclusión. Los santafesinos no podemos quedar entrampados en comparar las viejas administraciones justicialistas con la actual inoperancia socialista más inclinada al maquillaje marketinero que a la solución de los problemas concretos de los ciudadanos.Para finalizar, puede un congreso provincial del Partido Justicialista plantear una política de alianzas distintas a las que se implementan en el orden nacional? Puede un congreso provincial del Partido Justicialista plantear una propuesta programática que no contemple los aspectos centrales del proyecto nacional que encabeza Cristina Fernández de Kirchner?. Dudoso aunque a lo mejor pueda en el análisis frío de los textos legales. Pero nosotros sabemos que en el sentimiento y las aspiraciones de los peronistas santafesinos está que recuperemos la Provincia para aplicar en Santa Fe las políticas que Néstor y Cristina Fernández de Kirchner implementaron en el orden nacional. Allí está la posibilidad de hacer una Santa Fe para Todas y Todos. Allí está la posibilidad de articular crecimiento con inclusión e integración. Allí está la posibilidad de la victoria, más allá de las siglas. Entre todos construyamos la posibilidad de Cristina Fernández de Kirchner Presidenta y Agustín Rossi Gobernador. Es posible y necesario pero depende de nosotros. Con profundo afecto y en la esperanza que en el 2011 se cumplan nuestros sueños. Jorge Raúl FernándezVicepresidente del Partido JusticialistaProvincia de Santa Fe
(Agencia Paco Urondo)