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La mano de Dios //// 21.12.2017
Estamos mal pero vamos bien: ganan los oficialismos en los clubes

A pesar de los discursos que circulan sobre la situación del fútbol argentino actual, en los clubes denominados grandes los oficialismos fueron reelectos por márgenes considerables.

Por Iván Sandler

Hay un discurso que circula con fuerza en el mundo del fútbol: los clubes están en crisis, los dirigentes son un desastre y todo da más o menos lo mismo. Pero si nos ponemos a mirar de cerca la situación, nos vamos a encontrar con algunas líneas que van en esa dirección, y otras en la contraria.

Los clubes se sostienen como asociaciones civiles pese a los embates del gobierno nacional para introducir las sociedades anónimas deportivas. Pero a la vez, los mecanismos de acceso a la información y de participación por parte de los socios siguen siendo deficientes, mientras la actividad política crece respecto de otros tiempos, sin volverse una práctica mayoritaria.

¿Cuáles serían las contradicciones? Récords en cantidad de socios que votan, por un lado, contra bajos porcentajes de participación en relación al total del padrón (menos del 50% y muchos casos del 40%). Críticas a las dirigencias vigentes y reelección de esos mismos oficialismos, con más del 60% de los votos (salvo Angelici en Boca).

Yo te conozco

Boca, River, Independiente, Racing, San Lorenzo y Huracán comparten el hecho de que sus presidentes lograron las respectivas reelecciones en los últimos años. En 2015, Daniel Angelici sacó el 44% de los votos y renovó su mandato en el Xeneize, quizás el caso más atípico de todos. En 2016, Matías Lammens y Marcelo Tinelli se volvieron a imponer en el Ciclón con un 88%. En 2017, lo hicieron Alejandro Nadur en el Globo (64%), Víctor Blanco en la Academia (62%), Hugo Moyano en el Rojo (89%) y Rodolfo D’Onofrio en el Millonario (75%).

En general, diferencias aplastantes sobre oposiciones que encuentran muchas dificultades para participar de la vida política de las instituciones más allá de los procesos electorales. Las minorías suelen estar tan licuadas en el día a día que terminan siendo espacios testimoniales. Inclusive, no se reconocen demasiado ni siquiera los vocales de las listas ganadoras.

La crisis causó nuevos espacios

Para analizar cualquier proceso político es necesario partir de situaciones puntuales, de los contextos en los cuales las instituciones se inscriben. Boca es un caso distinto porque no sufrió grandes crisis económico-futbolísticas en el siglo XXI. Desde 1995 gobierna el macrismo más o menos explícito. Con el propio actual presidente de la Nación, con Pompilio (falleció en el cargo y lo reemplazó Ameal, dirigente con diferencias con Macri), o con el operador judicial Daniel Angelici. La construcción de la marca y la recurrencia constante a las estrategias de marketing han ido expulsando a ciertos sectores del club para darles paso a los hinchas-consumidores. Esto ha generado tensiones internas que provocan que éste sea el único caso con oposiciones en capacidad de dar la disputa política.

River, Independiente y San Lorenzo son casos muy similares entre sí. Los tres tuvieron gestiones que complicaron estructuralmente a los clubes, seguidas por otras que solamente empeoraron la situación. Son Aguilar-Passarella, Comparada-Cantero y Savino-Abdo, respectivamente. Los primeros dos terminaron incluso en un descenso deportivo, mientras que el tercero ganó la promoción, ya bajo el mando de una nueva comisión directiva.

La situación de Racing es la más compleja desde lo económico-jurídico porque venía de una quiebra y gerenciamiento. En 2009, Rodolfo Molina resultó vencedor en las primeras elecciones post salida de Blanquiceleste S.A. En 2012 lo hizo Gastón Cogorno, aunque por disputas internas dentro del oficialismo renunció y desde entonces el presidente es Víctor Blanco.

Alejandro Nadur fue elegido como presidente de Huracán por primera vez en 2011 en unas elecciones que fueron adelantadas por el saliente Carlos Babington, luego de consumado otro descenso del club de Parque Patricios, que además atravesaba una situación económica sumamente compleja.

Festejos para todos

Estos seis equipos también comparten otro aspecto: bajo los mandatos de estos presidentes todos dieron, al menos, una vuelta olímpica. ¿Es el único elemento que tienen en cuenta los socios a la hora de votar? No, incluso el propio Angelici ganó la elección en Boca después de un título de la gestión de Ameal. Pero no cabe la menor duda de la vigencia de aquella idea que sostiene que el éxito deportivo está directamente relacionado con el dirigencial, aunque esto no se corresponda necesariamente con la realidad.

Y acá nuevamente nos encontramos con la excepción Boca: las expectativas puestas en los títulos internacionales que todavía no llegaron pesaban como una espada de Damocles sobre el operador judicial. Sin embargo, consiguió un par de títulos locales de liga y de copa. En este sentido, carga con una deuda que fue promesa de campaña.

San Lorenzo y River fueron campeones locales, pero también llegaron a lo más alto de América con las Copas Libertadores 2014 y 2015. El Millonario sumó además dos Copas Argentinas y una Sudamericana, título que Independiente consiguió hace pocos días, el primero bajo el ala de Hugo Moyano.

Racing se coronó en el Transición 2014 para añadir otra página de gloria reciente después del título 2001. Huracán se quedó con la Copa Argentina 2014, la Supercopa Argentina correspondiente y además llegó a la final de la Sudamericana 2015.

A sortear el modelo

La realidad del fútbol argentino, con un modelo de exportación de talentos, no le escapa a estos clubes. Resulta imposible sostener estructuras por un tiempo prolongado y las vertiginosas necesidades futbolísticas chocan con los plazos necesarios de maduración de las piezas de recambio.

Una vez más, Boca es el que menos sufre esas variaciones, pero en general todos se las han arreglado más o menos para que la situación no se vuelva caótica cuando se empieza a desmembrar un equipo ganador. Esto ha permitido que más allá de las modificaciones de plantel se mantenga la sensación de protagonismo. En los casos más extremos también han funcionado como fusibles distintos entrenadores.

Por otro lado, estos clubes se fueron nutriendo de diversos talentos de otros lugares del continente, con suerte diversa. Colombianos como Edwin Cardona, Teófilo Gutiérrez, Frank Fabra, Andrés Ibargüen, todos con presencia en sus selecciones. Uruguayos como Carlos Sánchez, Gastón Silva, Nahitan Nández o Martín Campaña también enriquecieron el fútbol local. Si comparamos con la situación de hace una década atrás, las instituciones ahora son dueñas de mayor cantidad de fichas de jugadores, en comparación con los que estaban a préstamo.

Estamos en camino

Los mayores ingresos por la vía del Fútbol para Todos, que además acentuaban las diferencias con otros clubes, sirvieron para mejorar las situaciones económicas. Además, muchas de estas dirigencias mejoraron contratos de marketing, evitaron la fuga de talentos por porcentajes irrisorios y hasta contaron con la posibilidad de renegociar mejor las deudas y sus intereses.

Pese a que para los hinchas el club “siempre está mal” y además “lo cagan desde la AFA”, la situación objetiva se impone y los oficialismos ven avaladas sus gestiones. Pero esto no es suficiente: ellos cuentan con mecanismos internos que les permiten un mayor contacto con el socio, mientras que las oposiciones deben encontrar resquicios para tratar de hacer llegar sus políticas o sus ideas. Inclusive es innegable la existencia de aparatos que responden a los intereses de los que manejan los destinos de estas instituciones.

Cinco de estos seis clubes mencionados están rompiendo todos los récords de participación en las elecciones (en Independiente bajó de aproximadamente 8 mil a 6 mil de 2014 a 2017), pero esto responde más a un déficit histórico que a una mayoría involucrada: solamente en Huracán se superó el 50% del padrón. En el resto incluso hay casos que no llegan al 40%. Sin embargo, el crecimiento nunca es despreciable, y menos todavía cuando en el horizonte asoma la intención privatista. Esa que muchas de las actuales dirigencias (con excepción de una, adivinen cuál) rechazaron abiertamente.