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La mano de Dios //// 08.12.2015
Apuntes de Academia: cuestión de preferencias

La despedida de Cocca tuvo de todo: Racing ganó y perdió ante Independiente, en un partido eléctrico y con mucho fútbol, que dejó ovaciones varias, grandes actuaciones individuales y algunas incógnitas. La Academia disputará su segunda Copa Libertadores consecutiva.

Por Diego Kenis
Ante su gente y en una magnífica tarde de domingo, Racing perdió frente a Independiente en el cuarto clásico del año pero ganó la serie final de la Liguilla Pre Libertadores y se clasificó por segunda vez consecutiva, como no ocurría hace casi medio siglo, al certamen continental. Estos Apuntes, este año discontinuos, tendrán en 2016 mucha actividad.
El corazón, ese músculo que se mueve (y se muere) involuntariamente, latió emociones en cada minuto de la tarde dominical de Avellaneda. El partido tuvo de todo, y fue en verdad dos. Enormes juegos, de los mejores de los últimos tiempos. Tanto la ida como la vuelta mostraron a un Gustavo Bou en toda su dimensión, acompañado en el primer juego por Oscar Romero y en el segundo por Marcos Acuña, dos exponentes de enlace zurdo que hacen a la fe del fútbol.
Independiente tampoco careció de zurdos y tuvo una apuesta interesante para salir a remontar el inicial 2 a 0 de ayer, pero naufragó en el nerviosismo que evidenciaron las expulsiones, una en la ida y dos en la vuelta. También se apuntan la ausencia de Diego Vera en el segundo partido y la disminución de Cristian Rodríguez en toda la serie.
El equipo de Mauricio Pellegrino, que con menos trayecto y sin títulos reúne un porcentaje de eficiencia similar al altísimo de Cocca, salió a jugar. Tocó, trianguló, esperó que los espacios se abrieran ante una pelota que iba de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, la peor propuesta para un Racing que marcaba en zona. Lo importante es la pelota, y desde esa amistad casi lo gana.
No tuvo éxito, pese a que la defensa de Racing no lució como en otras paradas. Leandro Grimi debió ocupar más espacios de los que su velocidad le permite, y acabó interviniendo cómo líbero en algunas jugadas. En otras, ese rol lo ocupó el propio Saja.
El cuadro se comprende si se tiene en cuenta que Independiente apostó a la circulación y el desmarque y Racing necesitó además a su defensa como lanzadora de ataques, de la buena pegada de Luciano Lollo al aguante de Bou. Demasiado poco el tránsito por el medio, si se tiene en cuenta la capacidad de manejo y panorama de Luciano Aued y Francisco Cerro, limitado a sus funciones de quite y relevo.
La marcación zonal trajo complicaciones, que se evidenciaron sobre el minuto final con el segundo gol y ese casi, que dejó a varios corazones a punto del infarto, porque Racing debe ser fiel a sus propias mitologías. Paradojas: el gol local llegó por un error de marca, pecado original de mirar la pelota que llega y no al cabeceador que la busca. A propósito: memorable desafío de Lollo a la física.
 
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Memorias del futuro. Obviedad de mañana, revelación de hoy: los recuerdos futuros se escriben en tardes del presente. La del domingo no dejó minuto sin emoción, mientras se hacía noche. Estuvo atravesada por una general: la despedida del entrenador Diego Cocca, casi un año después del título obtenido en 2014 después de trece años. Cocca saludó al Cilindro colmado como el técnico de mejor cosecha de unidades promedio, que le retribuyó varias ovaciones en la tarde.
Su llegada había estado marcada por dos polémicas de ética de vuelo bajo. Una de ellas, por haber hecho explícita su preferencia: antes de su primer clásico frente a Independiente, Cocca había dicho que prefería perder el partido pero salir campeón. Muchos descreídos de la chance de un título lo cuestionaron, y las críticas se incrementaron cuando el partido finalmente fue para el rival de siempre. Sobra decir cómo concluyó la historia.
El domingo, en su última presentación del año, la ecuación podría haberse hecho más compleja: prefiero perder el partido, ganar la serie y clasificar a una Copa que no jugaré. Racing tendrá otro entrenador en la Libertadores 2016.
El último partido de Cocca ilustra su paso. Racing cayó en su cancha después de casi un año. La última derrota local había sido en el estreno del título, la primera fecha del torneo, y por un gol azaroso en el minuto después de que Sebastián Saja rompiera el récord de minutos sin goles en contra con el buzo racinguista. Con su ahora ex entrenador, Racing fue campeón en 2014, peleó hasta el cierre en 2015, estuvo entre los cuatro primeros de la Copa Argentina, quedó a un centímetro de las Semifinales de la Libertadores, la mejor clasificación en dieciocho años, y tuvo al goleador del certamen que volverá a jugar dentro de un trimestre. Ganó casi siempre, y el porcentaje de efectividad superó el 65 por ciento.
Promisoria carrera de un joven entrenador, que hace menos de un año y medio agarró el primer equipo de un club que suele vivir presionado por un éxito esquivo y embebido de recuerdos de tiempos gloriosos y felices. Cocca superó la prueba, que incluyó el desafío de dirigir a un plantel que ya tenía director: Diego Milito, ídolo indiscutido, multicampeón en Europa, vigente jugador y casi de la misma edad que el entrenador. En ese futuro que hoy comienza a desandarse, hay pibes de la cantera que ilusionan. Militos del mañana.
La identidad es esencia, y se transmite a través de ejemplos. Aquí es central respetar los deseos de volver de los referentes históricos. Para que los que están viniendo sepan que podrán llegar mañana y volver pasado mañana a bañarse en una gloria de despedida. Pensar en diez años el retorno de Bou para repetir la historia de Milito y acompañar con sapiencia a una revelación no asoma como un mal proyecto, dentro de nuestro limitado modelo exportador.
 
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El entrenador no fracasó demasiado en los refuerzos a los que apuntó en su año y medio, aunque algunos rindieron más y otros menos. Qué decir Bou, que llegó etiquetado como el relleno que no puede faltar en cada libro de pases. No son sólo sus números los que hablan de él.
Con nada, hace todo. De lo que se trata no es de entender el juego, sino de transformarlo. Bou lo hace, en el juego sin pelota y en la búsqueda instintiva del espacio vacío cuando le llega. El arco no se mueve, Bou sí: fatal para el arco. Rara es la foto que alcanza a tomarlo en el momento del veloz zarpazo: Bou suele ganarles, y el retrato es ya el del distendido festejo.
Su llegada a Racing causó polémica, pero más interesante es elevar la potencia al cuadrado, polémica de la polémica: era un jugador del montón, representado por el representante del entrenador que lo pidió. ¿Era poco ético llevarlo? La costumbre es pensar mal, suponer la trampa o el robo, como primera reacción. ¿Todos querremos robarnos entre nosotros? Mejor y más sencillo habría sido pensar que por algo antes Cocca le recomendó a su representante representarlo también: en Bou anidaba el que es, para nada flor de un día. Pasado un año y medio, no se cae. O se cae, se levanta, gana el espacio sin pelota, gana la pelota, dispara, gana la red. Racing, el campeonato.
¿Habría sido más ético que Cocca eligiese a otro, para no llevar a un futbolista representado por su representante? Es la vieja trampa de cuestionar la parte pero dejar a salvo el todo: quizá lo malo es que el fútbol esté tan mercantilizado que deba haber representantes, no que uno de ellos lleve jugadores a un club. Bou habría jugado en algún equipo de todos modos, y sus goles académicos nunca habrían nacido.

 
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Preferencias. Siempre metáfora del país que acompaña, Racing despidió una atípica etapa feliz de su vida deportiva días antes del cierre de los doce años kirchneristas. Como al pueblo, su próximo conductor lo encontrará más seguro de sí mismo, con recuperado orgullo y mejores herramientas para construir su propio sendero. Se vislumbran disímiles los caminos para ambos albicelestes en lo inmediato, con mejores perspectivas para la Academia aunque no conozca el nombre de su próximo responsable. O quizá por eso mismo: el país sí. De cualquier modo, los años felices ya no quedarán tan lejos, ni parecerán –por ello- una leyenda que pese en el lomo por inalcanzable. En ambos casos.
Por estas horas, el futuro del banco académico parece haberse reducido a tres nombres. Los tres son respetables, aunque algunos tienen más que ver con la historia albiceleste que otros. Los hay también que ya no se mencionan y que la ilusión de esta página no descarta, aunque la realidad parezca gambetearla: Marcelo Bielsa, Osvaldo Ardiles o Ángel Cappa.
En la vida, como enseñó Cocca con su elección exitosa, todo es cuestión de preferencias.  Estos Apuntes, que nacieron con aquella defensa del técnico en aquel inaugural 0- 4 ante Tigre, seguirán esa conducta y disfrutarán de ver y analizar el juego y no de instalar rebeliones contra entrenador alguno.
Puestos a elegir el ítem, quizá sería justo darle la chance de conducir este momento plácido a quienes han debido timonear las más feas tormentas. Si no es un zurdo y goleador de buen pensar y escribir, saquemos de una galera, mágica y elegante, otro.  En la memoria de anteriores copas Libertadores académicas podrá encontrarse su nombre, que todavía no ha recibido las oportunidades que su exquisito zurdaje merecía. Esta historia continuará.