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Géneros //// 04.02.2020
Prostitución, "empoderamiento" y privilegios de clase

La lluvia de críticas ante la publicidad que el equipo de Jimena Barón eligió para su próximo videoclip dio lugar a seguir debatiendo un tema que divide el feminismo e invita a la reflexión.

Por Carolina Micale 

Debatir el feminismo conlleva encontrar posturas contrapuestas. Las subjetividades, la forma de entender un movimiento social, aun cuando se aborda desde adentro, atraviesan todas las luchas a lo largo de la historia. Cuando se habla de prostitución o trabajo sexual, se discute desde diferentes perspectivas. El supuesto “oficio más antiguo de la historia” se encuentra con dos grandes extremos (por supuesto, con grises en el medio): el abolicionismo (busca prohibir la prostitución y erradicarla) y el regulacionismo (aboga por la legalización y regulación por parte del Estado). En el medio de estas definiciones, está la constante reflexión acerca del cuerpo de las mujeres y disidencias como mercancía, el capitalismo, la lucha de clases, la opresión patriarcal y el derecho a elegir.

“Empoderar” desde el privilegio 

Jimena Barón es una artista argentina que produce música y difunde su trabajo por medio de sus redes sociales. Desde el comienzo de su carrera como cantante, se posiciona como feminista y se manifiesta en contra de la violencia de género y a favor del aborto legal, seguro y gratuito. En un tema tan controversial como el trabajo sexual, ella se ubica a favor de “las putas”, al igual que una gran cantidad de “voceras feministas” en los medios de comunicación. En correlación, decidió utilizar esa postura para publicitar su próximo videoclip. Publicó algunos afiches con su cuerpo en la calle, como grandes réplicas de los papelitos que se encuentran por toda la ciudad, con un número, fotos de mujeres semi-desnudas y nombres de fantasía. Esos que vemos siendo pegados por un varón a las tres de la tarde por Avenida Corrientes. Ese formato que está íntimamente ligado con las víctimas de trata y los proxenetas. 
Ante un aluvión de críticas, Barón borró las fotos, pero reafirmó su postura regulacionista al hacer una publicación junto a Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas). 

Independientemente del punto de vista sobre el que se pare una artista, y todo un equipo detrás que piensa y decide cómo publicitar su trabajo, ubicarla en el lugar de una “puta” para “empoderar” a 6 millones de seguidorxs pierde sentido cuando todos los días desaparecen chicas para ser explotadas. Cuando detrás de esos papeles hay pibas violadas, heridas y drogadas. Cuando aparecen cuerpos destrozados, como el de Johana Ramallo. Debatir sobre prostitución es tan válido como abordar cualquier otro tópico que competa al feminismo, pero banalizar el tema es una pésima elección marketinera que debería estar por fuera de cualquier discusión. 

“Mi cuerpo, mi decisión” es una consigna que el movimiento sostiene. ¿Cuándo dejó de tener un sentido colectivo para convertirse en algo individualista? ¿Cuándo se perdió de vista el sufrimiento de nuestras compañeras? Hablar de elección y trabajo sexual se vuelve sencillo cuando se mira desde una posición económica privilegiada, y  cuando no se discute, con seriedad, las condiciones que el capitalismo (y con éste, el patriarcado) imponen para tener que pensarnos a nosotras mismas como mercancía. En definitiva, abordar el feminismo también es debatir cómo las elecciones individuales afectan la vida colectiva. 

Es necesario entender que estas situaciones deben servir para reflexionar hacia adentro del movimiento, sin lapidar a quien piensa diferente. La crítica dentro del movimiento debe ser desde el respeto y el apoyo mutuo. Desde el entendimiento y la empatía. No se trata de feministas atacando feministas. Se trata de repensar los lugares de poder y el alcance de una voz privilegiada. En ese proceso, todas somos necesarias.

La contra respuesta: “Con la yuta o con las putas”

Desarmar el lugar que la sociedad construyó para las mujeres no es una tarea sencilla. En el medio de toda la vorágine, analizamos el lugar del cuerpo, del deseo, del consumo y la explotación. Pero allá afuera están las mujeres migrantes, las afro-descendientes, las trans y las pobres, poniendo en práctica toda la supuesta teoría. Pensar en las putas que no tienen voz, y quieren escapar de la opresión, no es estar del lado de “la yuta” (como se quiere hacer creer mediante otra frase hecha que anula el debate y agranda la brecha). No tiene nada que ver con el cristianismo, el moralismo o el feminismo “blanco”. Se trata de escuchar a quienes no pueden elegir. A quienes continúan sometidas por un sistema ultrajante. 

“Parate en mi esquina, donde yo no estoy, porque estoy reunida con filósofxs, antropólogxs y estudiantes de letras para reglamentar la prostitución y el uso de cuerpos adormecidos. […] Parate en la esquina así llega tu putero maloliente y te coje salvajemente mientras vos gemís fingiendo placer, ocultando el dolor y la bronca. Al fin y al cabo, todxs somos explotadxs. Parate en la esquina así te llevas el pan a tu casa y tu cuerpo deshecho, mientras yo doy charlas en la universidad explicando que ser puta es autónomo, redituable y muy glamoroso, todo eso a costa tuyo”. Fragmento de Parate en mi esquina, donde yo no estoy, de Delia Escudilla, sobreviviente de la prostitución e integrante de la AMADH (Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos).