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Géneros //// 15.05.2020
Mujeres gestantes: ¿Qué es una doula?

AGENCIA PACO URONDO dialogó con Julia Gentile, doula, profesora de Yoga y co-fundadora de Fecunda. Formación de doulas. "El rol de la doula en el proceso del nacimiento evita intervenciones innecesarias como el uso de peridural o cesáreas que no hacen falta", dijo. Por Sabrina Domínguez

Por Sabrina Domínguez. Foto portada: Susana Berrio

AGENCIA PACO URONDO: ¿Qué es una doula (se pronuncia dula)?

Julia Gentile: Una doula es una persona que acompaña a las personas gestantes y a sus familias en los procesos de gestación, parto y puerperio. Sin embargo, hoy me encuentro acompañando otros procesos que tienen que ver con la vida sexual y reproductiva de las mujeres, por ejemplo, duelos gestacionales, abortos, menopausias precoces, cambios de ciclo. Hay algunas doulas que acompañan a las niñas cuando tienen su primera menstruación o los procesos de menarca.

APU: ¿Qué resulta imprescindible en la construcción del vínculo de la doula con la mujer? ¿Qué rol cumple la pareja en este vínculo?

J. G.: Lo imprescindible es la confianza y que la doula sea una persona transparente, que pueda ser confiable para la persona que está acompañando y para la familia entera. En cuanto al rol de la pareja, en general, hay una idea preconcebida de que la pareja queda afuera en el proceso de acompañar a la persona gestante porque está la figura de la doula. Muy por el contrario, ésta es una figura que acompaña todo el proceso de las parejas en su devenir como padres, y esto implica comprender las necesidades de una persona gestante y puérpera, las necesidades de un bebe pequeño. En todos estos procesos, la doula puede acompañar y asistir desde un lugar de confianza a toda la familia, brindando información y contención.

Muchas veces, este vínculo trasciende el tiempo. Por ejemplo, me encuentro haciendo consultas de crianza con familias a las que asistí en sus nacimientos y que hoy están atravesando otros procesos como control de esfínter, introducción a la alimentación, comienzo de escolarización. Entonces, lo imprescindible en este vínculo es la confianza que se da, no solo con la mujer gestante sino con toda la familia; es demostrarse humana y vulnerable, y poder estar en un lugar de par y no en un lugar de poder, que es un poco lo que sucede con el sistema médico.

 APU: ¿Consideras entonces necesario que la figura de la doula debería tener un reconocimiento por parte del sistema de salud?

J. G.: Desde mi punto de vista sería ideal porque permitiría que el rol de la doula no se vea solamente limitado a un sistema privado de contratación, en el cual las personas pueden acceder solo si tienen un nivel socioeconómico que lo permite. En el otro extremo, en algunos hospitales públicos sucede que las doulas tienen que hacer trabajo comunitario gratis sin poder cobrar por su tiempo.

También sería ideal que esto sucediera porque está comprobado que el rol de la doula en el proceso del nacimiento evita intervenciones innecesarias, disminución del uso de la peridural y de la posibilidad de ir a cesárea; por otra parte, aumenta la confianza de las mujeres en el proceso; les permite tener un parto libre de elección de cómo desean hacerlo, como también informarse sobre cómo atravesar procesos desde un lugar autónomo, no tan dependiente del sistema. En síntesis, si fuera un rol establecido y reconocido desde el sistema de salud, todo sería un poco más fácil para las personas.

APU: ¿Cómo surge tu propuesta y la formación de doula que estás iniciando?

J. G.: Este año inicié “Fecunda. Formación de doulas” con dos compañeras y muchas otras profesionales del área. Es una formación multidisciplinaria que elegimos hacer porque nos dábamos cuenta de que las formaciones de doulas que habíamos recibido nosotras habían sido parciales o escuetas. A través de muchos años de trabajo y de distintas formaciones pudimos encontrar una manera integral de trabajar que permite abordar multiplicidad de procesos, no solamente los que están cien por ciento atados a la fisiología de manual sino todo lo que se desprende de ellos: procesos de la vida personal que muchas veces requieren de otras áreas y conocimientos.

Por otro lado, nos dábamos cuenta de que la riqueza de una doula no radica tanto en lo que sabe o en cuántas técnicas domina, sino en quién es. Y ese “quien es” no es algo taxativo, no es un don mágico que lo tenés o no lo tenés, sino que es el resultado de mucho trabajo personal. Entonces, queríamos hacer una formación que implicara necesariamente un desarrollo de evolución personal para las propias mujeres en formación de doula para que esto pudiera ser expansivo a nivel de lo humano. Suena grandilocuente cuando lo digo pero cuando lo estamos haciendo nos damos cuenta de que ese es el camino verdadero para nosotras. Así que elegimos una formación más larga de la que había en oferta y en la cual las personas se comprometen a revisar su historia. Y a partir de los elementos de la propia historia, crecer, sanar y desde ahí poder acompañar a otras personas en sus procesos.

APU: Cuando se habla de una doula, parece que se habla de una mujer gestante o una pareja de clase media, con buenos ingresos. ¿Es necesariamente así? ¿O es una figura que puede ir más allá de determinados sectores sociales?

J. G.: En general, sí. Las doulas no estamos reconocidas por ninguna institución, no tenemos obra social, somos trabajadoras autónomas, y por lo tanto, tenemos que cobrar por nuestro trabajo. Aparentemente -y a priori- es un servicio caro; esto es lo que habitualmente recibimos como respuesta, como si fuera un servicio de clase alta.

En general, una persona que fue acompañada por una doula va a decir que no es caro, porque una vez que lo transitaste, se entiende lo completo y lo complejo de la disponibilidad emocional y de tiempo en ese proceso que es tan largo. A veces las doulas decimos que un buen doulaje puede significar lo mismo que diez años de terapia; entonces, si tomamos cuánto cuestan diez años de terapia y pensamos cuánto cuesta un doulaje, este último es bastante barato. Sin embargo, es cierto que hay un tema económico de por medio porque las doulas cobramos por nuestro trabajo.

En lo personal, espero que ninguna mujer se quede sin mi asistencia por temas de dinero: comunico mis honorarios y les digo que paguen lo que puedan de este monto. En general, la mayoría de las familias intentan pagar el total, esto me pasa muy a menudo. También es cierto que tengo una agenda muy limitada porque soy una persona sola y tengo otros proyectos, una vida y no puedo tener cuarenta partos al mes porque no llegaría, con lo cual esto que hago yo es algo personal, y no puedo saber si todas las doulas lo hacen.

Parte de la formación y de que haya doulas que están empezando tiene que ver con esto de tener gente que está queriendo aprender para poder hacer su trabajo ad honorem o con honorarios bajos para que puedan acceder más personas. Entonces, es una buen posibilidad darle a las doulas nuevas las familias que menos recursos económicos tiene para que nadie se quede sin asistencia y ellas también puedan ir fogueándose con un coaching desde nuestro lugar. También hay doulas voluntarias en el hospital de Tigre, el hospital de Morón, en la maternidad Sardá. Pero no llegan a ser la mayoría. También es cierto que las doulas de hospitales no pueden hacer el mismo vínculo que una doula privada que va a tu casa cuatro o cinco veces antes del parto, que la conocés, que conoce tu casa, tu hogar, tus hijes, tus fobias, tus miedos, tu historia. A la doula que está en la clínica la ves el día del parto, y entonces tiene el mismo valor que una linda partera, lo cual es hermoso, pero el vínculo queda medio trunco así; veo difícil que a nivel global se pueda extender. Es un gran deseo que tenemos con algunas compañeras de llegar a los barrios y a la gente con menos recursos.

Desde mi lugar he ido a dar clase para informarles a las mujeres sobre los derechos que tienen, sobre cómo es la violencia obstétrica y de qué se trata. Hay muchas doulas que hacemos esto como una militancia pero no llegamos a acompañar en privado a las familias porque son muchas; entonces, estamos acompañando a otras y sucede esto que queda limitado a una clase social determinada. De todas maneras es algo que hay que deconstruir porque no es algo inaccesible.

APU: Respecto a los embarazos y los partos durante la cuarentena y el miedo de muchas parejas de asistir a una clínica, ¿qué trajo de nuevo la pandemia? ¿Se hizo más visible la necesidad de acompañamiento de mujeres embarazadas? ¿Crecieron las consultas?

J. G.: Lo que trajo de bueno es que a las mujeres embarazadas no las hacen ir a la clínica tan a menudo, les disminuyeron los controles al mínimo indispensable, tienen teleconsulta con los obstetras y tienen los análisis muy acotados. Eso me parece bueno porque es como si la mujer embarazada estuviera a prueba y tuviera que ir al médico con una cartilla que dice “estoy sana, estoy bien, no tengo nada”. Eso genera mucho estrés, y el estrés es un disruptor hormonal que interviene en los procesos sanos y naturales que son las gestaciones. Las mujeres se están encontrando un poco más con su cuerpo, con sus necesidades, con su bebé. Sin embargo, hay muchas personas a las que ésto les genera mucha ansiedad, mucha angustia, porque no estamos acostumbradas a este tipo de atención, porque creemos que necesitamos lo otro.

Las mujeres embarazadas siguen siendo asistidas en los lugares donde se atienden personas enfermas y en este contexto de pandemia se ve clara la necesidad de separar las maternidades de las clínicas, porque el embarazo y el nacimiento son procesos sanos y fisiológicos. Puede ser que necesiten asistencia pero está bueno que no la obtengan en el mismo espacio donde van personas con procesos patológicos. En este contexto de pandemia, entonces, se ve clara la necesidad de que existan casa de nacimiento o maternidades separadas de las clínicas.

En este momento crecieron las consultas, estamos haciendo consultas virtuales. También tenemos grupos de embarazadas, grupos de yoga, y todo eso está buenísimo porque genera mucho empoderamiento y conocimiento, al punto que muchas mujeres ya se dieron cuenta de que no dependen del obstetra para parir; de hecho, aumentaron las consultas de parto en casa.

APU: ¿Creés que el movimiento feminista tuvo que ver con la visibilización y expansión de la figura de la doula?

J. G.: Sí, un sí rotundo. También tuvo que ver con la liberación de este preconcepto que mencioné antes respecto de que la duola interviene en la relación de pareja como un elemento disruptivo, o de que la doula solo puede acompañar gestaciones y partos fisiológicos, y no es así. Una mujer o una persona acompañando el proceso de otra es una doula, no necesariamente tiene que ser un proceso de nacimiento. Y en ésto, el feminismo abrió muchas puertas y muchas cabezas también.