Géneros //// 28.06.2019
Espacios, visibilidades y potencia: los besos que son políticos

"Precisamente en ese marco -el del acontecimiento- es donde ocurren estas prácticas, estas disputas por el espacio y quién puede habitarlos: desde lo imprevisible, en lo inesperable. En la acción y reacción de los cuerpos que no dejan de tener una carga política".

Por Ailén Montañez
Foto: Ailén Montañez

“Si las identidades dejan de ser permanente para volverse performáticas, según el momento y la emoción, lo que mostramos dice mucho más de cómo queremos ser que cualquier etiqueta.”
Revista PEUTEA #4 - Feminidades y Arte

La visibilidad logra configurar nuevas formas de ser y estar en el mundo, de ponerlo en escena, de comportarse y habitar lo público; de esa manera se reclama una cierta subjetividad política , un derecho de acción y voz, de lenguaje, de presencia respetada. Como decíamos en un texto anterior, un derecho a ser y estar en determinado lugar sin sufrir violencias. Por eso hemos tomado besos lesbianos tomados como ejemplo, porque corresponden a la lucha de poder habitar un espacio,  normalizar y actuar como sujeto político en tal escena. 

Las formas de llamarnos y de actuar con nuestros cuerpos son políticas, y así las entendemos dentro de una teoría de género. Reflexionar sobre estas violencias nos permite entrenderlas mejor para poder apuntar hacia prácticas emancipadoras, tener herramientas de comprensión y, tal vez, de defensa en tales situaciones. Preguntarnos por estos sucesos en que las feminidades sufren - sufrimos con nuestros- con sus cuerpos, son ejercicios políticos. La pregunta al por qué de una violencia es política, y por lo tanto la respuesta en acto también: Nuestros besos son políticos.

Preguntarnos sobre cómo suceden estas violencias para intentar desmantelar los mecanismos, y dejar de sufrirlas, es algo que aquí ni cerca está de agotarse. El interés de estas palabras fue ofrecer un marco de lectura para tales acontecimientos. Precisamente en ese marco -el del acontecimiento- es donde ocurren estas prácticas, estas disputas por el espacio y quién puede habitarlos: desde lo imprevisible, en lo inesperable. En la acción y reacción de los cuerpos que no dejan de tener una carga política.

El poder del cuerpo en acto en un espacio público tiene momentos de grandes cargas sorpresivas. El 14 de Junio por la mañana afuera del Congreso Nacional, miles de feminidades se unieron en un sólo grito de ¿festejo y liberación? un grito que hizo presencia desde lo único. Ese grito nos hace pensar que ocupar esos espacios, siendo identidades que buscan su reivindicación política, derechos y visibilidades, no es un dato menor, sino un precedente con una gran potencia.

Tal vez hasta haya prácticas que excedan a la esfera de lo público y lo físico- presencial que puedan contribuir en la(s) emancipación(es) de género; también desde medios, enunciaciones, producciones, narrativas, pensando en cómo se consumen hoy subjetividades desde lo digital que nos atraviesa. ¿Subvertir lo esperado en torno a deslizamientos de género, en cada plaza, estación, mercado y show de rock,  producirá las subjetividades emancipatorias de mañana? Esa pregunta plantea el límite de estas reflexiones; y la atención a que habrá que estar allí para ver qué resuelve la tensión social de este conflicto.