Géneros //// 08.03.2018
"Ellas hacen": un programa estatal con perspectiva de género que el macrismo quiere desarticular

Iris Pezzarini fue Directora Nacional Formación de Cooperativas del Ministerio de Desarrollo Social hasta Diciembre 2015. Su visión sobre el programa "Ellas hacen", destinado a 100 mil mujeres en situación de vulnerabilidad.  

Por Enrique de la Calle

APU: El programa "Ellas hacen" se concibió con una clara perspectiva de género. ¿En qué consiste esa acción estatal?

IP: El programa "Ellas hacen" nació con la incorporación de la perspectiva de género desde su planificación a la ejecución, con mucho trabajo, a fines del 2013. Fue una política pública destinada a 100.000 mujeres de casi todas las provincias del país, de sectores muy vulnerables, que estaban atravesando situaciones de violencia de género, cobraban la Asignación Universal por Hijo, eran madres de 3 niños hijos o más o tenían una discapacidad. El Ministerio de Desarrollo Social en ese entonces, a cargo de Alicia Kirchner, fue quien diseñó el programa, con una clara perspectiva de género y de educación y organización popular, en articulación con el Consejo Nacional de Mujeres.

El pilar del programa tenía que ver con la reinserción de sus destinatarias a la vida social y laboral. Se trataba de poder incluir a miles de mujeres que habían sido expulsadas, descartadas y confinadas a sus hogares por las políticas económicas y sociales de gobiernos anteriores.

Se buscaba para ellas una inclusión no solo laboral, sino también educativa, social y cultural. Para llevarlo adelante el Ministerio de Desarrollo Social articuló con casi todas las carteras de Nación y con la mayoría de las Universidad Públicas de Bs As y demás provincias. Y también contaba con un dispositivo territorial con equipos en cada distrito que garantizaba el vínculo diario y directo con las mujeres.

APU: ¿Cuántas destinatarias tuvo el programa?

IP: Hasta 2015, alrededor de 100 mil mujeres, titulares de derecho. El programa les brindaba al ingresar: un incentivo económico, asociarse con otras compañeras bajo la matricula de una cooperativa y completar sus terminalidades educativas primarias, secundarias o iniciarse en oficios o carreras terciarias de interés. En simultáneo también participaban de otros procesos pedagógicos de formación teórica práctica más integrales como ser en: salud comunitaria, agroecología, hábitat, comunicación popular, prevención y abordaje de violencias de género, etc. Atravesados todos (tanto las titulares como los formadores) por perspectiva de género.

APU: ¿Fue exitoso el programa?

IP: El programa logró impulsar procesos emancipatorios de escala y calidad (difícil conjugar ambos) Era un Estado que reconocía y veía las luchas de sectores postergados como lo eran estas mujeres, las reconocía, las confirmaba y las convocaba a apropiarse de esa política pública pensada para ellas. Las convocaba a recuperar sus voces, a levantar sus miradas, a reconocerse en otras mujeres, a compartir espacios colectivos de confianza y aprendizaje mutuo. A volver a creer en proyectos personales y colectivos, a rescatar y recuperar las redes vinculares y comunitarias rotas producto de las situaciones de violencia y encierro.

Fue relevante para mí, como el estado vio esa necesidad que estuvo latente durante décadas en esas mujeres y creo la herramienta del programa, pero más revolucionario aun fue el modo con que esas mujeres se hicieron cargo activamente de ella, asumiendo como derecho propio el compromiso del espacio social que iban reconociendo. Pusieron el cuerpo y la voz al espacio y no cumpliendo meramente una contraprestación. Ahí había un compromiso compartido. Una política pública que se responsabilizaba de ser provocadora pero también soporte, sostén y promoción de las mujeres, un grupo social históricamente castigado y postergado, pero que lejos de victimizarse, demandaba y exigía mas política. Las mujeres del programa Ellas Hacen producían movimiento, cuestionaban y con ello comenzaban a desnaturalizar zonas cristalizadas de las relaciones de poder y del patriarcado estatal.

Ese estado llegó a conmoverse por y con ellas y se visualizaban atisbos de nuevos organizadores sociales, de pensamientos, de acciones y de gestión colectiva muy poderosas.

APU: ¿Por qué remarca la importancia de la articulación en redes?

IP: En principio porque las redes comunitarias se habían desarticulado, ya anteriormente con las políticas neoliberales de gobiernos anteriores y fue un largo proceso promover su trama nuevamente. Y en particular, respecto a las mujeres del Ellas Hacen, porque estaban pasando por situaciones de violencia de género y considerábamos que para salir de una situación de violencia de género se necesitan redes, la mayoría de ellas venían de vivir en situaciones de opresión y encierro intra-hogar, sin redes afectivas activas ya que como sabemos, lo primero que hacen los varones es hacer que la mujer se aisle de su red familiar, de sus amigas. El programa fue la oportunidad para que muchas, que eran vecinas puedan reconocerse y fortalecerse.

Por eso era clave encontrar dispositivos que les permitiese animarse( y poder) salir a la calle y encontrarse con un equipo local constante, sistemático (centros de atención locales del Programa) que esté dispuesto y capacitado en acompañar ese largo proceso de empoderamiento, encontrarse y reconocerse en otras pares, buscando recuperar la organización colectiva. La estrategia fue fortalecerlas de herramientas pedagógicas, comunitarias y económicas.

Cuando hay vivencias o historias de situaciones de violencia es clave el desafío de lo colectivo. El programa buscó pensar la identidad, la sexualidad y el género en íntima relación con el Estado. Esos ámbitos son claves para resolver situaciones de violencia y para promover relaciones sociales más justas. Por eso se trabajó desde una perspectiva de género y educación popular, para que esas mujeres puedan recuperar sus propios saberes, sus experiencias, y así recuperar la autoestima, empoderándose colectivamente.

APU: Hasta 2015, ¿cuál es su evaluación del funcionamiento del programa?

IP: Creo fue una política pública cuanti y cualitativamente relevante, de inflexión. Se evidenciaron transformaciones sustantivas en la vida de la mayoría de sus destinatarias.

APU: ¿Cuáles fueron los desafíos que el programa no pudo resolver, que quedaron pendientes?

IP: Se tenía planificado para el 2016 y 2017 dar escala a algunas experiencias productivas, de hábitat y algunos oficios que rompían estereotipos en cuanto a género. Y lograr vincularlas a otras cadenas productivas económicas buscando la posibilidad de autosostenimiento en el tiempo. En esa proyección el estado iría reorientando su acompañamiento a otros ejes. También darle más profundidad a la conciencia cooperativa lo cual implicaba más tiempo en el proceso de empoderamiento de las mujeres.

APU: ¿Qué pasó a partir de 2015 con la llegada del macrismo?

IP: La perspectiva actual refleja un cambio notable en relación al paradigma de intervención y de interlocución con las destinatarias del programa. En este nuevo momento pareciera que el programa ha perdido desde la integralidad, hasta el nombre. En principio, se evidencian modificaciones en la forma de intervención pasando de lo colectivo a lo individual y sin garantizar como eje transversal la perspectiva de género. Se proponen meros recorridos de capacitaciones algunas dictadas por ONG’s/Consultoras donde parece importar más que las mujeres realicen acreditaciones varias y aisladas más que procesos formativos integrales con contenidos de calidad. Hoy cada mujer puede hacer su propio recorrido, la idea “slogan” que resuena es si ¡una sola quiere, una sola puede! No desconfió en el poder y la capacidad que las mujeres igualmente tendrán para aprovechar la herramienta disponible. Las compañeras de Ellas hacen son muy poderosas, pero miro críticamente la intención del Estado de desvanecer los procesos de empoderamiento colectivos locales.

El Ministerio actualmente, pretende transferir los equipos locales (CAL) a ANSES y priorizar así la atención individual, centralizada y virtual enfatizando lo administrativo, lo cual refuerza nuevamente la idea de debilitar los vínculos entre las mujeres y las redes cercanas que habían sido recuperadas como recurso estratégico de nueva sociabilidad y acompañamiento. Esta reorientación parecería además un desentendimiento de la responsabilidad del Ministerio de Desarrollo en la implementación de esta política pública y desde ya de la situación laboral de lxs trabajadores de esos equipos con tanto acumulado y experiencia territorial.

Esta modalidad parece regresarnos a políticas públicas similares a las vividas en los 90, con una fuerte lógica de fragmentación de los espacios de colectivización, de exaltación al individualismo…Esto puede conducir a pensar al sujeto/a de derecho de una política social nuevamente como un mero beneficiario/a.

Sabemos que toda política de Estado se supone inserta en un modelo de país, con su carga ideológica y política. Si consideramos que primero existe la definición de un proyecto de país y luego, en función de ese proyecto, se educa, se orienta culturalmente, se deciden los lineamientos económicos y también, se tiene la mirada sobre la cuestión social. Seguramente este cambio en el Ellas Hacen sea consecuente con el proyecto de país de la actual gestión de gobierno.