Géneros //// 08.03.2019
"Construir legitimidad y consenso en la sociedad es construir poder popular"

En 2017, las trabajadoras de la Unión de los Trabajadores de la Tierra (UTT) formaron la Secretaría de Género. Rosalía Pellegrini Holzman, su coordinadora, reflexionó sobre el rol del Estado, el impacto de las políticas neoliberales y el horizonte de los feminismos populares campesinos.  

Por Paula Carrizo
Fotografía: Mauro Bustos

Para comprender la magnitud y potencia de una organización gremial como la Unión de los Trabajadores de la Tierra (UTT), hay que imaginar en primera instancia a más de quince mil familias rurales, pequeño productoras, desplegadas a lo largo de quince provincias, despertándose cada madrugada a producir los alimentos que diariamente consumimos en la Argentina. La lechuga, el tomate, la berenjena: todas esas economías regionales que vienen de la agricultura familiar y campesina. A su vez, es necesario tener en cuenta los números que arroja la lucha que llevan por delante: 200 mil trabajadores/as de la tierra poseen tan sólo el 13% de la misma, a la par que producen más del 60% de los alimentos.

Las mujeres rurales cumplen un rol clave en el sostén de estas economías productivas, cumpliendo la doble función que suponen las extensas jornadas de trabajo en las quintas y el asumir las tareas de cuidado al interior de los núcleos familiares. Son poseedoras además de una sabiduría respecto a la naturaleza, que se enfrenta y constituye una alternativa a las lógicas del extractivismo y el despojo de las grandes corporaciones. En vísperas de la tercera edición del Paro Internacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans, Agencia Paco Urondo dialogó con Rosalía Pellegrini Holzman, coordinadora de la Secretaría de Género de la UTT, reflexionando respecto a las deudas pendientes por parte del Estado hacia el campesinado argentino, así como el impacto de las políticas económicas neoliberales, y las estrategias para la construcción de alternativas de vida, potenciadas por el afianzamiento de los feminismos populares campesinos locales.

Agencia Paco Urondo: ¿Qué balance realizan de los feriazos y verdurazos? ¿Qué respuesta tuvieron por parte de la gente durante los mismos?

Rosalía Pellegrini: Nuestro balance es muy positivo, consideramos que fue una estrategia acertada. Pensamos esta herramienta a partir de la reflexión de cómo seguir la resistencia, cómo llevamos a través de la lucha las iniciativas de nuestro sector de una manera creativa en un momento en que un gobierno neoliberal ganó las elecciones por el voto de las mayorías. Eso habla de un momento especial de la sociedad. Nuestro principal objetivo fue hablarle a dicha sociedad, porque entendemos que construir legitimidad y consenso en la sociedad es construir poder popular.

Desde el 2016 no paramos de crecer en apoyo, en lazos con organizaciones, vecinos, vecinas. El año 2017 abrimos los almacenes en la Ciudad, y ahí tenemos un lugar donde la gente va y puede concretizar su apoyo no sólo comprando sino yendo, hablando, conociendo la organización. A su vez, presionando para que la pregunta de “¿Quién produce los alimentos que comemos?”, y ¿En qué condiciones se produce?” -sin acceso a la tierra, a derechos, etc- empiece a formar parte de la agenda política.

APU: ¿Qué lectura hacen de la represión al verdurazo realizado el 15 de febrero en Constitución?

RP: Se da en un momento en el cual la UTT venía de acciones fuertes en la calle, con mucha visibilización. A la par, por parte del gobierno con una actitud de ninguneo, de no mencionarnos, no hablarnos. Nosotros somos campesinos, agricultoras familiares, pero producimos toneladas de alimento. Somos un actor clave en la sociedad, sin embargo no tenemos lugar en ninguna mesa de negociación de este gobierno. No existimos.

El 15 de febrero fue de alguna manera el momento en el cual el gobierno nos dio bola, y la manera de darnos bola fue clarísima: represión. Lo que sucedió fue una pelea de poder por el control del espacio público, una pulseada. Decir “no te voy a dejar, no te voy a permitir”, y les salió claramente mal. La foto reprimiendo agricultores y agricultoras, vecinos y vecinas con las verduras en la mano les costó carísimo, y la jornada del 27F lo demostró.

APU: Una consigna que se pudo visibilizar bastante es “Somos el otro campo y la estamos pasando mal”. ¿De qué manera impactan las políticas económicas que viene implementando el actual gobierno en ese otro campo, y en las trayectorias de vida de las mujeres rurales?

RP: Por una parte hay una situación estructural que no la está resolviendo ningún gobierno. Acá en Argentina no hubo reforma agraria, no hay acceso a la tierra. Los que producimos alimento no somos dueños de la tierra que trabajamos. Vivimos en una situación de injusticia y precariedad constante, y eso no lo inventó este gobierno. Esto a las mujeres nos afecta muchísimo. Somos quienes sufrimos ese desarraigo. Cada tres años te estás mudando, no podes tener una vivienda digna para tus hijos, un lugar, tus animales, tus plantas, tus flores, tu terruña. Es muy fuerte cómo impacta en las mujeres el hecho de estar todo el tiempo desarraigadas. Es una situación que da mucha tristeza.

Desde que asume el macrismo todo esto se agudiza cada vez más. Primero con la subida del dólar. Es todo un tipo de producción, el de la verdura puntualmente, que está asentada en insumos a precio dólar, desde las semillas hasta el nylon para un invernadero. En segundo lugar, con lo que son los tarifazos, el aumento de la luz, los combustibles. Todo eso para un productor que produce una hectárea y es pobre, imagínense cómo impacta. Tenés que gastar miles y miles de pesos para producir, pero en el bolsillo te quedás sólo con cien pesos para comer. Y somos las mujeres las que tenemos que inventar qué vamos a comer con cien pesos. A su vez, el varón es el que maneja la plata dentro de ese paquete tecnológico, que es el impuesto por las seis multinacionales que controlan la producción de alimentos en el mundo. Es un paquete que nos esclaviza, del cual nos queremos zafar, y estamos luchando para ello, pero sin acceso a la tierra es muy difícil.

APU: A fines de 2017 inauguraron la Secretaria de Género de la organización. ¿Cómo fue el recorrido previo transitado?

RP: Cuando empezamos a trabajar en el eje género, y comenzamos las primeras juntadas entre mujeres, costó muchísimo. Fueron varios años de estar juntándonos hasta que encontramos la vuelta. No hablábamos de feminismo: nosotras hablábamos del machismo, de la violencia de género, de nosotras, nuestra realidad. De las increíbles historias de vida que tienen las mujeres campesinas, que vienen migrando desde el norte, de lugar en lugar. No hablábamos de feminismo, porque el feminismo era algo que teníamos que ir construyendo. Éramos feministas pero no nos dábamos cuenta.

Así fuimos avanzando, dándonos cuenta que lo que queríamos era construir la igualdad, una vida de libertad, plenitud, felicidad, de lazos de amor con los otros. No de sometimiento ni de poder. Y nos dimos cuenta que todo eso era el feminismo. Un feminismo popular en el que nos aceptamos como somos. No vamos a estar exigiéndonos como mujeres trabajadoras de la tierra que encajemos en algún rol o en algún molde de lo que deberíamos ser como mujeres feministas, sino al contrario, valorizando todo lo que somos, todo el poder que tenemos las mujeres trabajadoras de la tierra. El poder que tenemos por nuestra capacidad de laburo. Las compañeras trabajan en las quintas quince horas, vuelven a la casa y siguen laburando.

APU: ¿Qué líneas de trabajo se desprendieron a partir de la creación de la Secretaría?

RP: La Secretaría de Género se lanza a fines de 2017, con una campaña que se llamó “Mujeres de la tierra contra el machismo”. Se buscó instalar un esquema de promotoras de género que sean compañeras trabajadoras de la tierra, que estén insertas en el territorio y puedan en primer lugar formarse. Se llevó adelante todo un proceso de capacitaciones, tanto en la sede de la UTT, como en la Universidad de la Plata con un seminario que presentamos en la facultad de Trabajo Social. Estuvo focalizado en poder hacer carne nuestros derechos como mujeres, trabajar protocolos contra la violencia de género, cómo manejarnos, y  en el empoderamiento. Empezar a cuestionar distintas cuestiones, los roles, la sexualidad, la crianza, qué es el patriarcado, cómo surge.

Por otro lado, estas promotoras de géneros dan charlas en cada base/asamblea de la UTT, concientizando acerca de qué es el machismo, cómo se vive en cada quinta, en cada chacra. Lo hacen de maneras creativas, haciendo teatro, usando carteles, dinámicas. El resultado fue muy positivo. Al mismo tiempo que irrumpen en la asamblea con esta temática y dan esa discusión, se transforman en referentes en su asamblea por si hay casos de violencia, que los hay. Surgen así por todos lados cuestiones de acompañamientos, situaciones que compartimos colectivamente. Aprendimos a ver que la salida es colectiva, entre las mujeres que construimos confianza, solidaridad, apoyo. Eso fue y es una línea muy importante de la organización que sigue, que no para nunca porque la organización aparte es muy grande.

Ahora vamos a implementar cada 15 días, un mes, una psicóloga con perspectiva de género para las promotoras de género. También hacemos muchas actividades de distracción, creemos que hacer uso del tiempo libre también es feminismo, es un posicionamiento de liberación para las mujeres.

APU: ¿Cómo piensan la tarea del maternar y la crianza en este contexto de trabajo rural?

RP: La responsabilidad de tener los chicos y las chicas en la quinta recae siempre en las mujeres, que cargan con sus hijes a cuestas. Una compañera siempre da el ejemplo de una mujer que tenía una cinta de riego atada en la cintura, y esa cinta atada a un cajón de madera, con su bebé adentro. Iba trabajando la tierra con su guaguita a cuestas. Así fue como surgió la idea de construir un jardín, con una propuesta desde la educación popular y con perspectiva de género. El proyecto educativo tiene que ver con los valores como forma fundamental de recrearnos como hombres y mujeres nuevos para una nueva sociedad. La soberanía alimentaria, empezar a cuestionarnos qué es lo que comemos, de dónde viene, valorar lo que nosotros mismos producimos. La perspectiva de género, entendiendo que es desde la niñez en donde se construyen los estereotipos de género, como poder desarmarlos desde chiquitos. El respeto por los niñes como sujetos críticos que tienen sentimientos y opiniones que están en formación pero que valen.

APU: En el último tiempo realizaron encuentros de “mujeres, saberes y plantas medicinales”. ¿En qué consisten estos espacios de encuentro, y cómo circula el conocimiento?

RP: Nosotras trabajamos la recuperación de saberes por parte de las mujeres respecto a la naturaleza. Estamos en un proceso que se cruza con la alimentación sana, con la agroecología y la recuperación de esos saberes de agricultura, salud, que siempre tuvimos y que fueron menospreciados, desvalorados, que significaron como atraso y fueron reemplazados por un ibuprofeno, una pastilla. Reflexionando detectamos que forma parte de esta hegemonía construida por las corporaciones multinacionales que tiene que ver con lo impuesto por las grandes empresas farmacéuticas, que casualmente están ligadas con las corporaciones del agronegocio de la producción de alimentos. La fusión de Bayer/Monsanto es ejemplificadora.