Géneros //// 03.06.2016
Las luchas por la igualdad de género en la industria cinematográfica

Desde hace tiempo, varios artistas se han vuelto la cara visible de estas luchas en los distintos géneros o estilos del arte. Este fenómeno que ya ha cobrado una dimensión mundial no escapa a la industria cinematográfica.

Por María Brun Lubatti
Las luchas por la igualdad de género no son ajenas al ámbito artístico. Distintas actrices se han pronunciado a favor de ellas y principalmente como reclamo ante la falta de derechos laborales por la condición de género, han levantado su voz ante  las cámaras. El último caso mediático fue el de Robin Wright, actriz que interpreta a Claire Underwood en la serie House Of Cards junto a Kevin Spacey. Lo que algunos medios reconocidos titularon como “la amenaza de la protagonista” no fue más que un digno reclamo por condiciones de igualdad salarial en comparación a su coprotagonista masculino. En 2014 Spacey ganaba por episodio US$500.000, mientras que la actriz ganaba US$80.000 menos. Ese mismo año Wright ganó un Globo de Oro por este papel.
Según testimonios de la propia actriz, ambos personajes son igual de importantes en la serie. "Hay pocas series o shows de TV en los que el patriarca y la matriarca son iguales. En 'House of Cards' lo son", declaró Wright en una conferencia de la Fundación Rockefeller en Nueva York. Su reclamo se respaldó en estadísticas que demostraban que, en determinados momentos de la serie, su personaje era inclusive más popular que el de su compañero masculino.
Esta crítica se enmarca en las condiciones desiguales que suele padecer el género femenino con respecto al masculino: el salario promedio de una mujer que trabaja a tiempo completo en EE.UU. es de US$39.621, a diferencia de los hombres que ganan aproximadamente US$50.383, según el estimativo en el último informe del censo de 2014 - Income and Poverty in the United States: 2014-. De esta forma, las mujeres ganan solo 79 centavos por cada dólar que ganan sus compañeros hombres. Esta desigualdad afecta al género femenino en todas las profesiones, ámbitos laborales y todos los  países. En Estados Unidos en particular, la brecha es del 64%, lo que significa que las mujeres ganan más o menos dos tercios de lo que los hombres ganan por un trabajo similar.
En la última celebración de los Premios Oscars, Patricce Arquette -nominada a mejor actriz por su papel en la película Boyhood-, llamó a luchar por la igualdad de salarios entre hombres y mujeres. Esto generó el grito alentador de Meryl Streep, quien ha enviado cartas a cada uno de los congresistas de EEUU en apoyo a la Enmienda por la Igualdad de Derechos y  el aclamado reconocimiento del público en general de esa noche. Otra de las actrices que ha hecho énfasis en sus reclamos en materia de género ha sido Emma Watson, quien declaró suspender su carrera cinematográfica para centrarse en la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres. La actriz ha estado muy involucrada en este aspecto como embajadora de la ONU, especialmente en la campaña He For She. Esta busca visibilizar y concientizar a los hombres sobre la lucha feminista. La actriz sostiene que se debe perder el miedo al feminismo: "si luchas por la igualdad, entonces eres feminista. Perdona que te lo diga, pero eres feminista".
Otras artistas han denunciado también las diferentes discriminaciones en materia de género que atraviesa esta industria. Jennifer Lawrence alzó su voz por la desigualdad salarial, mientras que Lena Dunham ha denunciado la misoginia en el rap y los abusos sexuales en fiestas. Esto se hizo presente en la última entrega de los Academy Awards: tanto el vicepresidente de los EEUU como como la artista Lady Gaga hicieron mención acerca de la importancia de generar conciencia sobre el machismo y el abuso sexual.
Las disputas por la igualdad salarial no se remiten sólo a los Estados Unidos. Según el Informe Mundial sobre Salarios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), mundialmente, los salarios promedio  de las mujeres son entre 4 y 36% inferiores a los de los hombres. La desigualdad está basada en la discriminación no justificada de género en los distintos mercados laborales. esta discriminación no refiere a parámetros o niveles de educación o capacidades para determinados puestos. Si estos fueran los parámetros de medición de los salarios,  la brecha salarial se invertiría inclusive la mitad y las mujeres ganarían más que los hombres, ya que estas representan un porcentaje alto en la educación universitaria a nivel de mundial.
Este informe hace especial hincapié en las respuestas políticas para la eliminación de esta discriminación, políticas que deben ser reforzadas en los casos de maternidad, paternidad, entre otros,  para resolver esta desigualdad tanto en el ámbito laboral como en el hogar, reforzando. “Superar la disparidad salarial entre hombres y mujeres es esencial para garantizar el crecimiento inclusivo y requiere esfuerzos constantes a diferentes niveles”, declaró Manuela Tomei, Directora del Departamento de Condiciones de Trabajo e Igualdad de la OIT.
La Organización declara que la legislación debe garantizar el derecho a la igualdad de remuneración por un trabajo de igual valor, en conformidad con el Convenio sobre la igualdad de remuneración y el acceso al sistema judicial para exigir este derecho.
La visibilización que conlleva lo mediático le asignó a los casos mencionados el carácter de discriminación en un ámbito laboral que busca problematizar esta situación. Genera cierta ambigüedad, ya que por un lado podría considerarse como un espacio ganado el hecho de que las luchas de género ocupen hoy la pantalla grande de los espectáculos, pero por el otro, deja ver la dimensión e impunidad que la discriminación de género puede llegar a alcanzar, así como la configuración de un nuevo espacio de lucha que configuran las actrices.
Los reclamos por la equidad del salario en una misma actividad para los distintos géneros es parte de una lucha por la igualdad que no sólo se acota a lo económico, sino que transpola a lo político, lo social, al ámbito educativo, entre otros ámbitos.  Consensuar, permitir y avalar estos tipos de discriminación en el siglo XXI sólo genera la demora de la evolución de una generación en todos los niveles conocidos. Debe ser tarea de los responsables políticos generar la transformación de las condiciones que generan esta desigualdad, a través de la reglamentación de legislación que busque consolidar esta transformación social, de la mano de los distintos movimientos y actores sociales.