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Fractura //// 22.06.2019
“En qué ayer del mismo río”: el deseo y la ausencia

Fractura, suplemento literario de APU, dialogó con Mariana Sonego sobre su segunda novela. La escritora se refirió a la importancia que da al modo de narrar, al trabajo que realizó con el lenguaje y a las poetas que la influenciaron.

Por Analía Ávila

A partir del título En qué ayer del mismo río de la escritora y psicoanalista Mariana Sonego, intuimos que la novela tendrá vuelo poético, y que el recuerdo, el olvido y el agua tendrán un rol importante. La obra fue publicada en 2018 por editorial Indómita Luz y en su contratapa el escritor Marcelo Rubio expresa: “El libro es una indagación profunda sobre los vínculos más íntimos que, con una prosa madura, elegante, y una voz narradora por momentos al borde de lo poético, despierta en el lector al mismo tiempo, la curiosidad en la trama y el placer por descubrir el modo de narración”.

El gesto de Mariana fue centrarse en la forma de narrar, más que en la trama misma. Hay un trabajo exquisito con el lenguaje que sumerge a quien lee en atmósferas perturbadoras, de ensoñación, y por momentos asfixiantes. Los protagonistas son Luna y Pedro que se reencuentran después de mucho tiempo, y a lo largo de un día dialogan en una isla del Delta. Ellos tratan de reconstruir una historia dolorosa del pasado en común, con el recuerdo de un crimen, del desamor, de lo no dicho y de las ausencias también. La tensión del texto va in crescendo al mismo tiempo que aumenta la tensión erótica de los cuerpos que, con culpa y miedo, tratan de evitar la tentación del contacto.

Los instintos, lo salvaje y lo primitivo se manifiestan en ese clima húmedo a orillas del río. Las comparaciones otorgan a los protagonistas una esencia animal: Luna tiene “la fragilidad de un cachorro en la intemperie”, “un centelleo de escamas” en la piel, o el enojo “de los perros ante quien les arrebata el hueso que están a punto de morder”. Pedro da vueltas en círculo como una “triste pantera confinada” o “sacude la cabeza para quitarse el exceso de agua, como hacen los perros, las fieras, todas aquellas bestias para las cuales el instinto es el único modo de ser”.

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Fractura, suplemento literario de APU, dialogó con la escritora para conocer más acerca de su libro:

Agencia Paco Urondo: ¿Estás de acuerdo en decir que en tu novela En qué ayer del mismo río importa más la forma de contar que la trama misma?

Mariana Sonego: Estoy de acuerdo con lo que decís: en la novela importa más la forma de contar que la trama. En mi escritura priorizo el trabajo con el lenguaje y, si no encuentro un modo que me resulte atractivo de contar una historia, pierdo el interés en ella.

APU: En el Epílogo hay un epígrafe de Clarice Lispector, y en el texto algunos símbolos nos recordaron la poesía de Federico García Lorca. ¿Fueron una influencia para tu escritura?  

MS: La tuve muy presente a Lispector durante la escritura, sobre todo a su libro La manzana en la oscuridad, que siempre me pareció una enorme indagación en torno al deseo y, aunque no volví a leerlo mientras escribía, recordaba esa voz narradora incompleta, amnésica, anonada por experiencias que no comprende y que deben ser rebautizadas a cada paso. No creo haber tenido presente a Lorca, -al menos no en forma consciente-, pero fue una lectura que me impactó mucho en mi pre-adolescencia, así que es probable que estén sus huellas.

Sí estuvieron presentes las otras dos poetas citadas, Chantal Maillard y Marguerite Duras (Sí, la considero poeta). Ambas utilizan un narrador que se corrige sobre la marcha y en su escritura parecen volver sobre una escena que las impacta y en torno a la cual van construyendo una serie de hipótesis. Son voces narradoras que parecen estar mirando, que no saben, sino que utilizan el texto para comprender lo que ven, y en este punto encuentro similitud con mi forma de narrar en general y, especialmente en esta novela. Son textos no estabilizados, construidos alrededor de voces que se desdoblan, se preguntan, fabulan y si bien son el pulso del relato, poco dicen sobre sí mismas, se fantasmizan y permanece como incógnita.  La de Duras, además, es una voz en la que están muy presentes los climas, una voz atmosférica, donde la temperatura, la humedad impregnan al texto, y este es otro punto de conexión.

Resultado de imagen para En qué ayer del mismo ríoAPU: ¿Podemos decir que tu novela es una historia sobre el deseo?

MS: Sí, es esta sin duda una historia sobre el deseo, y en ese sentido no podían faltar  el crimen, la ley y la culpa como ordenadores de ese deseo. Pero creo que es también y sobre todo una novela sobre la ausencia, captura una ausencia y vuelve sobre ella hasta que la ausencia se devora lo demás.

APU: ¿Por qué elegiste el escenario del Delta?

MS: El escenario del Delta no fue elegido sino que fue lo que convocó a la historia. Yo estaba viviendo ahí y escribía una novela que transcurría en la estepa. En algún momento el escenario se impuso, y tuve que interrumpir la historia anterior para escribir esta nueva historia que surgía. El texto está íntimamente ligado al agua. El agua es más que una metáfora sobre el deseo y su fuerza arrolladora, incansable, creo que el relato no podría haber ocurrido en otro lugar. El clima y el espacio forman parte indisociable de su génesis y contribuyen a la erotización. Que sea en una isla tampoco es casual, aun en lo abierto del río, aparece en primer plano la cerrazón y la asfixia de los personajes.

APU: En la novela hay referencias bíblicas como la costilla, la manzana, la culpa, el soplo de la vida, además el apellido de los protagonistas es Luján. ¿Cómo trabajaste este ideario en el texto?

MS: Fui a un colegio católico, y si bien soy atea y reniego de la Iglesia, el ideario judeocristiano estuvo muy presente en mi formación. Me gusta poner a trabajar ese ideario, extremarlo, llevarlo casi al grotesco, para visibilizar sus marcas en la cultura. Si Eva nació de la costilla de Adán, esa no puede haber sido sino una relación incestuosa, y la manzana (el pecado) por la cual fuimos expulsados del paraíso, es entonces nada más y nada menos que el deseo incestuoso que dio origen a la humanidad.

La elección de los nombres tiene que ver con ese ideario, pero también con el escenario del Delta. Luján es también el nombre del río que da ingreso al delta, y la Procesión de la Virgen remite a una procesión que se hace en Tigre todos los 8 de diciembre.

Biografía:

Mariana Sonego nació en San Fernando, provincia de Buenos Aires, Lic. En Psicología y maestrando de la Maestría en Escritura Creativa (UNTREF), reparte su tiempo entre la práctica del psicoanálisis y la escritura. Ha publicado la “nouvelle” Siete noches mudas (Ed. Vinciguerra, 2011) y junto al fotógrafo chileno J.F. Bascuñán Muñoz, el libro La mirada original (Financiamiento del Fondo Nacional de Fomento del Libro, Ed. Planeta Sostenible, 2010).