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Fractura //// 25.04.2020
Dossier Fractura: Cine Gonzo, docu-ficción

Un dialogo entre las obras literarias de Hunter S. Thompson y el cine. Cinematografía documental de alto riesgo.

Por  Carlos Bermúdez Gallardo.

Todos sabemos que la realidad se construye y se transmite de forma directa, en tiempo presente, pero con Hunter S. Thompson el aquí y el ahora no importa, lo esencial es el testimonio.

 

INT./ NOCHE / SALA DE CINE. ESC. 1

                                                VOS EN OFF

                                               (Voz enérgica)

                                            -Silencio en la sala.

                                             (Se abre el telón)

                           -Sean todos muy bienvenidos al CINE GONZO

 

Para recorrer los caminos cinematográficos de Hunter, hay que partir recordando una de las más importantes frases de Aristóteles: “El arte imita a la vida”. En aquellos tiempos la narrativa buscaba de ejemplificar la realidad, se trataba de mostrar los signos que se interpretaban en ella (teatro de máscaras, bufones).

En la actualidad una de las características más notables de la narrativa, es la sutil, versátil y no menos arriesgada mezcla entre ficción y realidad, que a momentos nos distrae y confunde, al no saber si estamos presenciando una película o un documental.

Hunter S. Thompson ofrecía crónicas, donde en su mayoría se podía encontrar una construcción dramática muy similar a las escenas de un guión cinematográfico, pero mezclándolas con el punto de vista omnipresente de un periodista, una participación directa en los hechos narrados, muy característico de los novelistas, con mecanismos propios de la prosa.

Y en este punto dramático, es donde comienza el cine gonzo, comienza la adaptación y la participación creativa, la voz omnipresente.

Cabe remarcar que la imagen del doctor Gonzo, como personaje cinematográfico con gafas oscuras, gorra de pesca blanca y el eterno cigarro en los labios, fue compuesto por Johnny Depp en la película de culto Miedo y asco en Las Vegas (1998), de Terry Gilliam.

La adaptación hace hincapié en reforzar el protagonismo de un incorruptible narrador, en sus inicios como periodista. Y es aquí donde nace un Thompson pre-gonzo.  Ya se puede vislumbrar  de su provocativo estilo. Estructurando en una especie de collages, que reivindicaban la subjetividad como único camino a la fidelidad de los hechos.

Los relación entre de Hunter y el cine tiene su punto de partida en 1980 con la memorable Where the Buffalo Roam, basándose en dos relatos, donde el protagonista lleva el nombre de Hunter S. Thompson. Jugando al filo entre la ficción y la crónica. Protagonizada por Bill Murray, la película le hace justicia al espíritu del genio que la creó.

Where the Buffalo Roam (1980)Esta película detalla las aventuras del señor Thompson (Bill Murray) y su abogado y fiel compañero, Oscar Acosta o Laslow (Peter Boyle), con quien hace buenas migas desde el inicio. Hunter S. Thompson lleva a cabo su trabajo influenciado por su apetencia del momento y sin tener en cuenta lo ético y moral de la situación. En esta ocasión le ha tocado cubrir los eventos que hacen referencia, primero, al Super Bowl, y en segundo lugar, a las elecciones presidenciales del año 1972. En el trascurso de dichos reportajes, Thompson, junto a su compañero de aventuras, Laslow, se adentra en una divertida misión que, tanto a él como a su amigo, les hará experimentar qué se siente cuando uno trata de escapar de la policía.

Esta película es dirigida por Art Linson (productor de importantes filmes como 'El club de la lucha', 'Hacia rutas salvajes' y 'Los intocables de Eliot Ness') y protagonizada por Peter Boyle, Bill Murray, y Bruno Kirby.

Es inevitable volver a "Fear and loathing in Las Vegas" del ex-Monty Python Terry Gilliam (Pescador de ilusiones, Brazil, 12 monos, etc.). Con una comedia aberrante, no en un sentido peyorativo, sino, en esta especie de distorsión visual que nos intenta mostrar de la mano de drogas. Guiados por un convertible rojo que atraviesa el desierto, en algún lugar cerca de Las Vegas, sus ocupantes son el periodista, Raoul Duke, (Johnny Depp) y su abogado, el inestable y misterioso Dr. Gonzo (Benicio del Toro). El maletero del coche es una auténtica farmacia: dos bolsas de marihuana, 75 pastillas de mescalina, cinco hojas de ácidos y muchas otras sustancias. Conducen a máxima velocidad, alucinando un ataque de estridentes murciélagos y tratando de evitar las noticias de la guerra de Vietnam en la radio. Enviados por un editor a cubrir una carrera de motos en el desierto, se refuerzan con tantas sustancias alucinógenas como pueden encontrar para iniciar su viaje al corazón de la decadencia de los Estados Unidos. Rebosantes de energía sintética, se pierden toda la carrera y se meten en un lío tras otro, con la aparición de una cantidad de extraños personajes.

Este es “tal vez” el viaje más extraño y distorsionado que haya podido filmar director alguno, tomando como eje las drogas y la cultura pop de los "florecientes" años '70. Gilliam se divierte. Por si no se entendió, "Gilliam se divierte". Sabe qué filma porque vivió aquellos años del auge de la libertad a ultranza y del uso exploratorio de drogas y el amor libre. Con lentes apropiadas, planos precisos y una música ad hoc, reproduce las alucinaciones y convulsiones -verbalmente inexplicables- que produce el uso de estas sustancias. Depp resulta tan extraño como creíble, y Del Toro se asemeja a un Tom Waits panzón no tan bien como en otros papeles pero adecuado.

Gilliam uitilizó una compleja adaptación para volver a la pantalla. Nunca le importó demasiado lo que diga el resto de los mortales: una forma bastante coherente y respetable de moverse en este mundo.

Esta película está cuidadosamente filmada y es divertida. Pero indiscutiblemente no es recomendable para todos. Hay risas, hay imágenes inolvidables, hay guiños deliciosos al conocedor; y la incertidumbre por saber cuál será la próxima locura mantiene la expectativa. Sólo para conocedores y fanáticos, de Gilliam por supuesto.

Cada uno de los relatos de Hunter, nos entrega un estímulo sobre adictivo, un personaje en construcción, una historia inconclusa, una vida perpetuamente borracha en ron.

Con un registro cómico El diario del ron narra la estancia de Paul Kemp (alter ego de Thompson) en San Juan de Puerto Rico durante el año 1960, cuando el joven escritor trabajó en una publicación local. En su descripción del ambiente periodístico formado por jóvenes  que querían romper el mundo en dos.

La película narra la cada vez más desquiciada historia del itinerante periodista. Cansado del ruido y la locura de Nueva York, así como de los opresivos convencionalismos de unos Estados Unidos en las postrimerías de la era Eisenhower, Kemp viaja a la isla de Puerto Rico para trabajar en un periódico local, The San Juan Star, dirigido por el apesadumbrado editor Lotterman. Perfectamente adaptado a la rutina de la isla, que básicamente consiste en sumergirse en ron, Paul se siente inmediatamente fascinado por Chenault (Amber Heard), una mujer de Connecticut, de salvaje belleza, y novia de Sanderson (Aaron Eckhart). Sanderson, un hombre de negocios implicado en sospechosos asuntos inmobiliarios, es uno más del creciente número de empresarios norteamericanos decididos a convertir Puerto Rico en un paraíso del capitalismo al servicio de los más pudientes. Cuando Sanderson encarga a Kemp que le escriba un artículo a favor de su último proyecto deshonesto, el periodista se encuentra ante la disyuntiva de utilizar sus palabras para beneficiar económicamente a los corruptos empresarios, o bien emplearlas para desenmascarar a esos bastardos.

Hunter S. Thompson nos abofeteó constantemente con sus crónicas, relatos y por qué no, su cine, que aunque no lleve su nombre, ha influenciado la narrativa cinematográfica desde la no ficción, la no realidad, ocupando mecanismos propios de la novela, hasta recursos de la prosa, donde el narrador da un paso adelante en la conquista del espectador, acariciándonos con el simbolismo, la cadencia y la ironía de la imaginación.

Desde el hoy lo bautizamos: cine gonzo